La educación online, ante su reto más importante

IMAGE: Marina Shemesh on Flickr (CC - BY SA)

Me ha divertido muchísimo encontrarme una noticia que detalla cómo algunas personas están utilizando vídeos de sí mismos prestando atención y reproducidos en bucle, como forma de poder hacer otras cosas mientras asisten supuestamente a una reunión o clase a través de la red. Imaginarme a mis alumnos simplemente escuchándome de fondo «por si acaso» los llamo, mientras se dedican a jugar o a cualquier otra cosa me ha resultado francamente divertido. La posibilidad, además, resulta sumamente sencilla: en el contexto de una reunión virtual como las que muchos estamos teniendo constantemente en estos días de confinamiento, incluso el pequeño salto que generaría el reinicio del bucle sería prácticamente imperceptible y se confundiría con un simple glitch o salto de la conexión.

Afortunadamente, soy un privilegiado cuyos alumnos, por lo general, mantienen un nivel de atención consistente con el dinero que han pagado por su educación y con el proceso de selección por el que han pasado para acceder a la misma. La relación funciona simplemente mediante la confianza: unos quieren recibir una enseñanza lo más productiva posible, y otros queremos impartirla de la mejor manera posible dadas las circunstancias.

En algunos casos, particularmente en los cursos en los que recurro al viejo Adobe Connect (en fase de retirada) para su impartición, es evidente que la interacción se resiente, y lo que solemos hacer es que el profesor hable mientras los alumnos lo ven en cámara y comparte la pantalla con su presentación, mientras los alumnos plantean sus preguntas o responden a las que les hace el profesor a través del chat (podrían utilizar el micrófono, pero termina siendo más farragoso e incómodo, y pocas veces se justifica). Cuando utilizamos herramientas más avanzadas, como puede ser en nuestro caso la WoW in a Box o, en el de otras universidades, Zoom, GoToMeeting, Webex, Google Classroom o similares, la interacción se resiente muy poco, el profesor puede ver las caras de sus alumnos, darles paso cuando levantan virtualmente la mano y, tras alcanzar una cierta práctica en el uso, la experiencia es bastante comparable a la de una clase presencial. En otros casos, particularmente en los programas que ya estaban diseñados para ser impartidos a distancia, la interacción sigue siendo a través de foros asíncronos con moderación constante del profesor (esta semana estoy impartiendo uno de esos grupos) y, ocasionalmente, con alguna conferencia mediante vídeo.

Las diferencias son evidentes, y plantean un debate fundamental: ¿es la educación online todavía un sustitutivo de la presencial para cuando, por la razón que sea, no puedes tener acceso a esta, o estamos ya en un punto en el que podría considerarse homologable o incluso una mejor experiencia? La respuesta es compleja. Cuando una persona tiene las expectativas de una formación presencial, si el sustitutivo para un caso de emergencia se plantea como una interacción a través de foro o de una plataforma con limitaciones, la satisfacción desciende, porque surge un aparente gap en esas expectativas, y el alumno podría preferir, en un momento dado, la posibilidad de aplazar su formación y esperar a que la situación de excepcionalidad termine. Si la sustitución se lleva a cabo con una herramienta rica en interacción, ese fenómeno se da menos.

Sin embargo, hay otro componente, que es el que lleva a que los cursos online, en el caso de IE University, estén entre los que generan la mayor satisfacción evaluada mediante la retroalimentación recibida de los alumnos: las discusiones en un formato de foro (suplementadas con algunas oportunidades para la interacción en persona y otras para conferencias online mediante vídeo interactivo), tienden a ser muchísimo más ricas que las que se producen en un entorno cara a cara. Sé que suena provocativo, pero así es, y es un argumento que llevo poniendo a prueba muchísimo tiempo, considerando que mis primeras experiencias en entornos online fueron ya hace nada menos que veinte años: mientras en una discusión en clase, un alumno solo puede participar, si tiene suerte y el profesor le da la palabra, uno o dos minutos (antes de que sus compañeros se impacienten), y tiene que hacerlo únicamente de viva voz y con lo que tiene en su cabeza en ese momento, en un entorno online asíncrono puede participar cuando quiere, puede componer su intervención con más tiempo, e incluir si quiere otros recursos, desde enlaces a artículos hasta, si quiere, vídeos. El resultado, a partir de una curva de aprendizaje relativamente sencilla, son discusiones con más profundidad y mejores oportunidades para el aprendizaje.

Otra cuestión es que, como hacen muchas instituciones, llamemos educación online al simple desarrollo de herramientas autoadministradas, a contenidos en los que el alumno avanza por su cuenta a través de ejercicios y se somete ocasionalmente a pruebas de evaluación. Esta metodología, que posiblemente pueda ser suficiente para ciertas materias, corresponde a un concepto completamente distinto, en donde el profesor aparece generalmente poco, o incluso es sustituido en su interacción con los alumnos por tutores que se encargan de contestar a preguntas de forma más o menos mecánica. De nuevo, hablamos de un producto completamente distinto, que no necesariamente es malo – de hecho, si se corresponde con las expectativas del alumno que se matriculó en él, la satisfacción puede ser elevada – que juega, simplemente, en otro tipo de escenarios, y que generalmente tiende a tener porcentajes de aprovechamiento que se quedan en un solo dígito: es perfectamente habitual que tan solo el 2% o el 3% de los inicialmente matriculados terminen consumiendo todos los contenidos disponibles en el curso.

Ante un período de confinamiento como el que vivimos, debería ser el momento de plantearse experimentos, de probar herramientas y de tratar de proporcionar a nuestros alumnos una experiencia lo mejor posible, comparable con las expectativas que les habíamos generado cuando empezaron sus programas. Si no somos capaces de hacerlo, no podremos pasar a la siguiente fase, que sin duda comenzará tras la cuarentena: que todos los cursos se desarrollen simultáneamente cara a cara y online, de manera que cualquier alumno pueda, en cualquier momento, decidir si asistir presencialmente a la clase o seguirla – con el nivel adecuado de interacción – a través de la web para cuando, por ejemplo, tenga una simple gripe o cualquier otra enfermedad potencialmente contagiosa. Ya hablemos de una clase o de un examen, el reto es que todo se pueda mover con tranquilidad entre una plataforma presencial y una virtual, sin que ello conlleve una experiencia diferencialmente mejor o peor.

Creo sinceramente que la siguiente fase será esa, porque seguramente tardaremos bastante en mirar con tranquilidad a alguien a quien veamos con una simple congestión nasal. Si creemos que simplemente estamos en una situación de excepcionalidad y que, tras la cuarentena, todo volverá a la normalidad y a ser como antes, creo que nos equivocamos. La educación está ante uno de sus retos más importantes, seguramente cambiará bastante tras este episodio (con todo lo que ello conlleva de oportunidad para quien sepa planteárselo adecuadamente), y va a ser fundamental estar a la altura.


This article was also published in English on Forbes, «How coronavirus is going to change education forever«


6 comentarios

  • #001
    Justo Fernandez - 24 marzo 2020 - 18:09

    Curioso como cambian los tiempos. Recuerdo que la gente se pegaba por entrar en las clases del catedrático de Física, y la de los «otros» estaban vacías. Simple pero la selección natural del profesorado existía. No había listas de asistencia. Había exámenes comunes. Si se hubiera impuesto el profesor obligatorio hubiera aprendido un 10% de lo que aprendí con el catedrático. Ya se sabe los que no valen para otra cosa a que se dedican: a tener las clases vacias o con policias

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  • #002
    Gorki - 24 marzo 2020 - 19:06

    Vuelvo a repetirme, la digitalización de los procesos físicos pasa por tres fases:
    .
    1º Crear un «sucedaneo digital»

    En la banca el cajero automáticnuestro, que paga y da movimientos.

    En nuestro caso Zoom, Sesione on line de grupos.o

    2º Poner estroides tecnologicos al «sucedaneo»

    En los cajeros, añadiendo prestaciones como cesion de pequeños crédito, compra de entradas para espectaculos, actualización de la libreta de ahorros, obtención y cambio de contraseñas olvidadas Recarga de tarjeta monedero. Ingresos
    de dinero.enviar dinero al extranjero, pago de servicios públicos,
    ….
    En nuestro caso, WoW mas toda la panoplia de herramientas multimedia, sonodos envolventes, control anticopia de examenes, los foros ofline,… etc., mas cosa que van apareciendo con el uso y la la inventiva colaborativa, como los avatares presenciales de alumnos y foros online paralelos a la clase de de alumnos, a espaldas del profesor etc..

    3ª Fase Clases met gráficas, , pensadas y realizadas especificamente para un medio digital que no puede se r efectuada en directo

    En el caso del banco la banca telefónica que ya casi esta implantada por conpleto

    En nuestro caso aun no existen, pero yo pienso que seran algo inspirado en los juegos de ordenador, (el producto mas netgrafico que existe), donde los alumnos avanzan en el conocimiento adquiriendo conocimientos y destrezas, que les serán útiles para avanzar a la siguiente plataforma, de modo que si no los han adquirido, «·Game Over» y vuelve a intentarlo.
    Unas clases que el conseguir acabarlas sea el incentivo mayor para la estudiante.
    .

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  • #003
    Xaquín - 24 marzo 2020 - 19:30

    «La relación funciona simplemente mediante la confianza: unos quieren recibir una enseñanza lo más productiva posible, y otros queremos impartirla de la mejor manera posible dadas las circunstancias» (EDans).

    Una buena interacción educativa no pude darse sin la necesaria dosis de confianza entre el docente y el discente. Incluso siendo el docente de apoyo un «simple» algoritmo. También es cierto que, en edades no adultas, la querencia por aprender bien resulta poco medible, para algo están madurando.
    Pero si está muy claro que se nota perfectamente, aunque sea de forma intutiva, cuando el alumnado «quiere» estar con determinado profe. Siempre claro está que el profe interactúe de un forma positiva con su alumnado. Si no les mira a los ojos poco puede ver.

    Las circunstancias que nos rodean son muy importantes, para definir un acto de interacción positiva. Y la confianza (o desconfianza) del alumnado, profesorado, inspección y padres del alumnado resulta un conjunto de variables tremendamente complejas en su uso cotidiano.

    Muy fácil teorizar, pro muy difícil experimentar. Además cuando el resultado de la experimentación será imprescindible en el feedback del proceso educativo.

    En fin, trato de acortar, porque el tema de la educación es muy complejo. Y por eso me gusta usar últimamente las entradas made in Dans.

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  • #004
    Animaciones infantiles aeiou valencia - 25 marzo 2020 - 02:33

    bueno, en estos días creo que está quedando claro que no es una alternativa sino una necesidad obligatoria. Al menos tener los medios para ello

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  • #005
    Juan T. - 25 marzo 2020 - 13:00

    Creo que , provisto que lo memorístico no es necesario ya que todo el contenido lo tenemos en la red a disposición en cualquier momento y a traves de multiples dispositivos, lo que va a ser clave es ser diestro en buscar información y saber relacionarla y eso es lo que estoy viendo en colegios que se reconvierten teniendo en cuenta las ultimas tendencias en educación.

    El profesor pasa a ser un coordinador de grupos de estudiantes a los que se les asignan proyectos y a los que se les sugieren los medios que necesitan.

    En definitiva lo que te tienen que formar es el criterio para buscarte la vida por tu cuenta y también para saber colaborar en grupo, y de paso el sentido critico para sobrevivir en la era de las fake news.

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  • #006
    DANIEL RUIZ NODAR - 26 marzo 2020 - 08:25

    Pero si apuntamos que «…mantienen un nivel de atención consistente con el dinero que han pagado por su educación y con el proceso de selección por el que han pasado para acceder a la misma…..», es obvio que hablamos de un nicho de la sociedad, no del común de los estudiantes, entonces, ¿estas afirmaciones que hace el post se pueden extrapolar a la Universidad Pública?

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