El fundador tecnológico y su responsabilidad

IMAGE: Weston27 (CC BY SA)

Es muy poco habitual ver a un cofundador de una compañía tecnológica luchar abiertamente y hacer campaña con artículos de prensa y con colaboración con las autoridades contra la compañía de la que proceden y a la que deben su fortuna. En la historia de Facebook, Chris Hughes es el cofundador no tecnológico: mientras Mark Zuckerberg, Dustin Moskovitz y Andrew McCollum colaboraban a distintos niveles en el desarrollo de las funcionalidades y de la arquitectura tecnológica de la red social y Eduardo Saverin intentaba desarrollar su negocio y daba forma a sus finanzas, Hughes se dedicaba a sugerir funcionalidades, a mejorar la usabilidad, a hacer de beta tester, y sobre todo, a las relaciones externas, precisamente en la fase en la que la compañía salió del campus de Harvard y se extendió meteóricamente al resto del mundo. De ese grupo de cofundadores originales, amigos y compañeros de residencia en Harvard, únicamente Zuckerberg permanece en la compañía.

Obviamente, cuando un cofundador abandona una compañía suele ser, de una manera u otra, porque siente que algo en ella no concuerda con su visión. La salida de Hughes en 2007 fue para unirse a un proyecto sin duda ilusionante en el ámbito de la política: la campaña que llevó a Barack Obama a la presidencia de los Estados Unidos en el año 2009. Una campaña con un fortísimo protagonismo de las redes sociales en el que Hughes, proveniente de una Facebook que era entonces la estrella ascendente de la web social, tuvo sin duda un papel indiscutible, en una época en la que introducir las redes sociales en una estrategia para hacer campaña política era algo por un lado muy novedoso (el precedente inmediato en ese sentido había sido Howard Dean en 2004, cuando las redes sociales estaban comenzando su andadura) y, por otro, estaba aún libre de las connotaciones negativas de manipulación que posteriormente adquirió con Donald Trump y con la probada interferencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016.

Para Hughes, ver cómo Facebook pasaba de ser una red social centrada en mejorar la interacción de sus participantes, como era razonable en un proyecto inicialmente destinado a funcionar dentro de campus universitarios, para convertirse en una especie de monstruo con más de dos mil millones de participantes en todo el mundo y capaz de hacer y deshacer a su antojo, de tomar decisiones sobre lo que sus usuarios ven o dejan de ver, o sobre el uso que hacen para acosar a otros, para manipular elecciones o hasta para propiciar planes genocidas como en el caso de Myanmar ha tenido que ser, sin duda, una experiencia dolorosa. Por mucho que una compañía te haya hecho inmensamente rico y haya cambiado tu vida, ver desde el otro lado cómo provoca cambios en la sociedad a los que adscribes un fuerte componente negativo tiene que generar sensaciones muy incómodas. Si además, ves esos cambios desde un lugar tan prominente y vehementemente afectado como la dirección de campaña de Hillary Clinton, sin duda más aún. Chris Hughes, que dedicó esfuerzos para alimentar a la criatura en sus inicios, ha tenido la oportunidad de ver, desde una privilegiada primera fila, cómo esa criatura se convertía en una amenaza ya no solo para los proyectos en los que trabajaba, sino para la democracia y para el conjunto de la sociedad.

El camino para llegar allí es por todos conocido: a lo largo de los últimos años, Facebook no solo ha cimentado su dominio, sino que ha adquirido o copiado a prácticamente toda aquella compañía con capacidad de hacerle sombra. La práctica no ha sido exclusiva de la red social: otras compañías tecnológicas han incurrido en ella con cierta frecuencia, hasta el punto de despertar la inquietud en los legisladores. Pero nadie la ha ejecutado como Mark, un convencido de que, en su industria, es fundamental evitar a toda costa el dilema del innovador expuesto por Clayton Christensen, cueste lo que cueste: antes de que algo se coloque en la posición para generarte una disrupción, genératela tú mismo.

Con Chris Hughes, los legisladores cuentan con un arma interesante: aunque lleve más de quince años fuera de la compañía, entiende lo que era en su momento y en lo que se ha convertido, y puede ser fundamental para conseguir testigos de esa evolución. Hughes entiende perfectamente cuál es el problema de los aprendices de brujo como Zuckerberg, capaces de mezclar los componentes adecuados para obtener un poder que indudablemente ha escapado a su control: una herramienta hoy fundamental a la hora de definir el tejido conectivo de nuestra sociedad, en manos de un auténtico irresponsable con un poder omnímodo pero sin más experiencia de trabajo que la del puesto que ocupa, que jamás ha tenido que reportar a nadie ni ha podido aprender de nadie más que de su propia y muy limitada experiencia. ¿Qué podría salir mal?

Los fundadores o cofundadores de compañías tecnológicas con probada capacidad para cambiar el mundo tienen que tener una responsabilidad que vaya más allá de maximizar el beneficio de sus accionistas. Tienen que ser ampliamente conscientes de los dilemas morales que son capaces de generar. Y eso es algo que Mark Zuckerberg, claramente, no ha entendido. Chris Hughes, en cambio, sí. Lo suyo no es una traición, sino una apostasía consciente. Lo ha aprendido, además, a lo largo de una carrera con los mayores éxitos y también con los mayores fracasos, como se deben de aprender esas cosas. Si Hughes, como otros que trabajaron en el éxito de Facebook, cree que es fundamental escindirla y ponerla bajo control, tiene sin duda buenas razones para ello. Seguramente sería una muy buena idea estudiar con cuidado esas razones y tenerlas en consideración de cara al futuro.


This article was also published in English on Forbes, «Chris Hughes and Facebook: what are a founder’s responsibilities?«


10 comentarios

  • #001
    Gorki - 30 julio 2019 - 19:00

    Hoy toca Facebook.

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  • #002
    Jesus Sanz - 30 julio 2019 - 19:12

    En el antiguo mundo comunista aquellos que se encargaban en hacer cumplir las consignas se les denominaba comisarios políticos. En este caso estamos hablando tenemos un capitalismo vigilante.

    Parece que tiene que haber guardianes de la moral que digan a los aprendices de brujos que pueden y que no pueden hacer de acuerdo a lo que se entiende que deben ser capaces de reaccionar a determinados dilemas morales. En definitiva tiene que haber comisarios políticos que les vigilen, al estilo de los Soviets.

    El propio curriculum de Hughes tiene una buena estrella que denomina Enrique como ilusionante al trabajar para Obama. Desde luego que para cualquier asesor lo sería. Sin duda.

    ¿ Sería aplicable, si ese proyecto hubiera sido encumbrar a Trump?

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    • Enrique Dans - 30 julio 2019 - 19:31

      Lógicamente no, porque Obama, como comento en el artículo, se dedicó a utilizar las redes sociales para difundir su programa y acercarlo sin manipular, sin polarizar y sin noticias falsas a una audiencia determinada, como habían hecho tradicionalmente las campañas políticas pero a través de un nuevo canal, y en cambio Trump se dedicó a manipular a toda la sociedad con ayuda de un estado extranjero interesado en la desestabilización del país, algo que terminará llevándolo a la cárcel.

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      • Jesus Sanz - 30 julio 2019 - 19:55

        Era una pregunta retórica, completamente de acuerdo con tus afirmaciones sobre el personaje.

        Podríamos entonces decir quel el malo es el asesor, en este caso Steve Bannon, y pensar que el aprendiz de brujo es un descerebrado…

        igual que aquí asesoró a Abascal. Pero parece que tenemos un país menos proclive a las manipulaciones populistas. Ahí está la bajada en el CIS de los populistas. Bueno de todos menos de uno.

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  • #005
    Ángel "el bueno" - 31 julio 2019 - 08:16

    Enrique,
    Te leo con atención siempre que puedo pero yo ya no sé si es que he perdido mi capacidad de comprensión o de lectura.
    ¿He entendido bien? ¿Has llamado aprendiz de brujo, irresponsable sin experiencia al todopoderoso Zuckemberg…? Yo ya no sé si es que no soy capaz de seguirte o no te entiendo.
    Te recordaré una cita del Dr House qué dice: «algo estás haciendo mal si nadie te odia».
    O me equivoco o… ¿Te preocupas muy mucho de hacer las cosas bien…?
    Que por otro lado me quito el sombrero.
    Un día me gustaría hablar contigo en privado sobre este aprendiz de brujo del que no me creo nada.

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  • #006
    Alberto - 31 julio 2019 - 09:49

    Mucho están tardando en introduzca la ética en el diseño de una tecnología social que se ha diseñado de forma deliberada para generar adicción, fomentar el uso compulsivo y sin control de nuestra atención, manipular nuestras decisiones (incluido el voto), alterar nuestra forma de pensar, incluso generar crispación e incitar al odio con noticias falsas. Por no hablar del descarado monopolio GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon), un imperio digital demasiado poderoso que está arrasando con toda competencia, evadiendo impuestos a escala global, generando desempleo y precariedad laboral, violando nuestra privacidad, manipulando los datos…

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  • #007
    Ab - 31 julio 2019 - 10:20

    Creo que si hubiera sido Obama el que hubiera usado las redes sociales de esta forma, y un gobierno extranjero lo hubiera apoyado, no se hubiera montado este pollo. En cuanto a las fake news, me parece que desde hace siglos existen. Los políticos son los primeros en difundirlas, y los medios de comunicación (grandes generadores históricos de fake news, manipulación, noticias sesgadas) las escupen. Lo que pasa es que ahora se ha democratizado, y todo el mundo tiene acceso a crear su propia campaña. Eso pone nerviosos al establishment. Si Howard Dean hubiera hecho la campaña de Obama con Facebook más desarrollada, ¿no hubiera intentado conseguir que ganara Obama con más margen? En el fondo me parece que todo este tema se ve de forma distinta dependiendo de si el que hace el mal es uno que nos cae bien, o nos cae mal. Escandaloso por ejemplo que la directiva de Google se vistiera de luto el día en que ganó Trump, y declararan que debían hacer todos los esfuerzos posibles para evitar eso en un futuro. ¿Me dices que no manipularán en contra de Trump? ¿Que no lo están haciendo? ¿Te parece mal que digan eso? No. ¿Por qué? Muy sencillo. Por que Trump nos cae mal. Es el malo. El que no deja entrar inmigrantes. El que En el fondo da igual si manipulan o no. Lo importante es quién manipula (si nos cae bien, o mal sus políticas, ética, etc.)

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  • #008
    Enrique - 31 julio 2019 - 11:47

    Tiene bemoles que os indigne ahora el uso de las redes sociales de algún político (sólo de un espectro), pero se agrava mucho más que sea gente de este país.

    Justo este país en el que el monopolio de los medios de masas lleva malviviendo décadas gracias a los favores políticos y que tan bien han sabido devolverles el favor.

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  • #009
    Jesus Sanz - 31 julio 2019 - 12:24

    Cada uno puede tener sus ideas sobre Obama/Trump, y reduciendo el debate moral a la de un niño de 5 años y quitando matices, parece que sería:

    * Obama bueno
    * Trump malo

    La vida en B/N es más sencilla, y va al fondo de la cuestión. Pero esto no va de lo de acuerdo que podamos estar con ese sesgo, sino como muy bien me dijo ED de las prácticas que uno(Hughes)u otro(Bannon) ponen en juego para conseguir sus resultados.

    El hecho es que un triunfador empresarial con su negocio o aprendiz de brujo (ED lo aplica a tecnología pero el concepto es ampliable) puede llegar a conseguir con los medios un poder casi ilimitado, y pdríamos preguntarnos si debería limitarse ese poder, o al menos vigilarlo. Ponerle un VIGILANTE al omnipotente novato.

    Pero, ¿se resuelve por poner un vigilante al idiota moral? o tenemos que preguntarnos una vez más que quien vigila al vigilante…

    Creo que la figura del COMISARIO, y con la experiencia que tenemos, no es tampoco solución de nada… resumiendo nos quedamos igual en agua de borrajas, salvo que alguien saque una certificación al estilo de Cisco: CCNP (Comisario Certificado en Novatos con Poder)

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  • #010
    Xaquín - 31 julio 2019 - 17:01

    Supongo que el cofundador tiene mucho que contar sobre el producto producido. Donde no me salen las cuentas es en creer que un producto «pensado» para el cotilleo universitario, puede ser producido sen taras de nacimiento.

    ¿No será que, al cofundador le joda mucho que también puedan «cotillear» los pobres del mundo? Seguro que al nigeriano medio, se la suda mucho lo bien que podían estar las harvardianas (o los harvardianos).

    Ser de Harvard (Yale, MIT… o Silicon Valley) no garantiza en absoluto un uso medianamente humano del cerebro idem.

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