Más sobre biometría: el programador bajo la lupa

IMAGE: Rukanoga - 123RFUn estudio de la Universidad de Zurich ha desarrollado un sistema capaz de prever los errores en el software creado por un programador a partir de datos biométricos obtenidos mientras lo creaba.

En las pruebas, un grupo de programadores llevó a cabo su trabajo habitual mientras utilizaban un brazalete y un pulsómetro con una banda pectoral en los que se recogían datos como la frecuencia cardíaca, la velocidad de la respiración o la conductividad epidérmica, para encontrarse con que las variaciones de estos parámetros terminaban siendo un indicador superior a la hora de detectar errores en el software que generaban que todas las demás metodologías clásicas de detección de errores. Las métricas permiten averiguar, por ejemplo, el nivel de dificulta al que se enfrenta un programador cuando trata de resolver una problemática determinada, y es posible desarrollar un algoritmo que establezca una correlación adecuada entre la evolución de este tipo de métricas y la aparición de errores en el código.

¿Cómo reaccionar ante una cuestión así? Por un lado, los errores en el software cuestan dinero, deben tratarse de minimizar y plantean un problema de productividad, cuando no algo más complejo. Encontrar sistemas que permitan detectar esos errores lo antes posible y mejorar la calidad del software parece un fin deseable, algo que todos los implicados en el proceso, desde los creadores del software como tales hasta los usuarios o los destinatarios finales del mismo deberían apreciar. Pero por otro lado, la idea de trabajar conectado a una serie de sensores que avisan cuando te equivocas suena a pesadilla total, a auténtica «granja avícola» en la que son «los programadores son los que trabajan programados», o como comentan algunos, «como un examen de programación interminable y en el que además tienes que estar desnudo».

¿Nos imaginamos desarrollando nuestro trabajo conectados a una serie de wearables que permiten monitorizarnos mientras lo llevamos a cabo? Durante mis clases, en algunas ocasiones, por pura curiosidad, chequeo mi Fitbit para ver mi ritmo cardíaco, que es la variable que tengo configurada inmediatamente después de la hora (lo que hace que la pueda ver con tan solo un golpecito, algo razonablemente discreto). Sería sumamente fácil detectar, monitorizando mi pulso, los momentos de la clase en los que me encuentro más relajado discutiendo un tema que me gusta, más nervioso porque me cuesta entender el acento del alumno que interviene, o más ansioso (o en ocasiones frustrado) porque no consigo que las intervenciones lleven la discusión  al tema que me interesa tratar. Pero la idea de pasar de una métrica informal para mí que consulto en ocasiones por pura curiosidad, a convertirla en un indicador de mi desempeño de cara a una hipotética evaluación por un tercero me resulta, de entrada, completamente inaceptable. Por otro lado, sugiere visiones de auténtica ciencia-ficción en las que las personas exhiben sus datos biométricos de manera sistemática y transparente, y resulta fácil saber si alguien está mintiendo, si a alguien le gusta alguien o si alguien está enfermo o en apuros, simplemente mirando sus indicadores.

En el momento en que algunos escenarios de ciencia-ficción empiezan a materializarse gracias a – o por culpa de – las posibilidades que ofrece la tecnología, es el adecuado para reflexionar sobre ellos. ¿Tiene sentido ofrecer a un trabajador una herramienta para mejorar su trabajo, y el stress generado por su uso termina cuando se da cuenta de que en realidad, termina trabajando mejor así? ¿O por el contrario, genera una ansiedad contraproducente, una situación contraria a la dignidad humana, o incluso un control casi consciente de esas variables hasta el punto de ser capaz de engañar hasta cierto punto a los sensores? ¿Positivo, negativo, o directamente absurdo?

Obviamente, una buena parte de la respuesta está no en la herramienta en sí, sino en cómo se utilice – suponiendo que se llegue a utilizar. Proponer un sistema así como una herramienta para el trabajador, que monitoriza él mismo y que utiliza para mejorar su trabajo, frente a configurarlo como un sistema de control en manos de un tercero o una métrica de evaluación del rendimiento. En cualquier caso… ¿terminaremos viendo escenarios en los que determinados trabajadores desarrollan su tarea mientras se les mantiene bajo la lupa, o la sola idea resulta directamente demencial?

 

This article is also available in English in my Medium page, “Biometrics: putting the programmer under the microscope«

 

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