El Blog de Enrique Dans

Una cuestión de disponibilidad y precio

Escrito a las 1:42 pm
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Movie Not AvailableEn respuesta a una consulta del gobierno australiano, Google remite una carta al ministro de Comunicaciones, Malcolm Turnbull, en la que deja muy claras sus recomendaciones de cara al futuro desarrollo legislativo relacionado con la propiedad intelectual y las descargas, y lo hace con un análisis que coincide con lo que muchos llevamos muchísimo tiempo afirmando: que la mal llamada “piratería” es simplemente una cuestión de disponibilidad y precio, y que no hay posibilidad de corregirlo mediante medidas legislativas draconianas.

La frase utilizada en la carta de Google es la siguiente:

We believe there is significant, credible evidence emerging that online piracy is primarily an availability and pricing problem. Google takes many steps to work with copyright owners to protect the rights of copyright owners online. We would encourage the Government to promote new business models and a free marketplace for legal purchasing of content. We would be disappointed if the Government decided to go down the route of overly harsh regulation to combat piracy without considering the evidence from around the world that this would likely be costly for business to implement and with little effect.

(Creemos que hay evidencias significativas y creíbles que apuntan a que la piratería en la red es fundamentalmente un problema de disponibilidad y precio. Google toma muchas medidas para trabajar con los propietarios de derechos de autor para proteger sus derechos en la red. Queremos alentar al Gobierno a promover nuevos modelos de negocio y el desarrollo de un mercado libre para la adquisición legal de contenidos. Nos decepcionaría si el Gobierno decidiese seguir el camino del progresivo endurecimiento de la regulación para combatir la piratería sin considerar las pruebas que demuestran en todo el mundo que esto obliga a las empresas a incurrir en significativos costes y posee muy poco efecto.)

Es, cada día más, una evidencia palmaria: las quejas de la industria no tienen que ver con la protección de los contenidos, y mucho menos con la protección de los creadores. Se refieren únicamente a la preservación de mecanismos de producción y distribución completamente obsoletos y fuera de lugar, mecanismos que sería lo primero que habría que cambiar y que, en caso de hacerlo, supondrían la resolución del problema. Mientras Google lo tiene extremadamente claro, la industria y los gobiernos están… en las antípodas.

La trasnochada respuesta de la industria es siempre igual: que esto es muy complicado, que no hay posibilidad de cambiarlo, y que los que lo analizamos somos unos simplistas y unos ignorantes, además de unos delincuentes. Que lo queremos “todo gratis”, y que “así no funciona ninguna industria”. Que el que una obra que ya está disponible en medio mundo no esté a disposición del otro medio es de alguna manera “normal”, y que “no es para tanto” tener que esperar quince días o un mes para disfrutar de ella. Que el que una plataforma online tenga disponible tan solo una pequeña fracción del catálogo de obras o no las ofrezca hasta que hayan pasado meses de su estreno es “lo normal”, es “como debe ser”, y lo que tenemos que hacer es abonarnos a todas las que hay. O que el precio tiene que calcularse a partir de lo que costaba antes de internet, cuando incluía costes de fabricación, logística y distribución que ahora ya simplemente no existen… cualquiera de estos argumentos no resiste ningún análisis mínimamente riguroso. Y sin embargo, ahí siguen, inasequibles al desaliento, y aún consiguen convencer a gobernantes de medio mundo para que, por ignorancia o directamente por corrupción, sigan dedicándose a endurecer leyes que está demostrado que no sirven para absolutamente nada.

Si no eres capaz de poner el producto a disposición de tus clientes en las condiciones en las que tus clientes lo quieren, ni a precios que tus clientes estimen razonables, el problema no lo tienen tus clientes, lo tienes tú. Si además te dedicas a pensar que el problema deriva de lo malvados, piratas y ladrones que son tus clientes, entonces tu problema ya es de verdad muy serio. Y si para terminar de liarla, te dedicas a hacer lobby ante los poderes públicos para obtener un marco legislativo que te permita perseguir mejor, multar y enviar a la cárcel a tus clientes, en ese caso tu problema ya es todo un caso de libro para la psicología clínica.

El problema de la industria de los contenidos no son los piratas que hay ahí fuera, sino los incompetentes que hay allí dentro.

 

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Esquemas de gestión del talento e innovación en las organizaciones

Escrito a las 11:53 am
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IMAGE: Le Moal Olivier - 123RFResulta interesante plantearse qué esquemas de gestión de talento e innovación siguen las organizaciones, o de qué manera podríamos modelizar algunas de sus dinámicas. Partamos de la base de que una organización debe incorporar personas de manera más o menos constante, que esta incorporación tiene lugar con distintos niveles de edad y experiencia, y que existen diversas variables que influyen en su mayor o menor éxito a la hora de hacerlo.

A partir de ahí, los modelos pueden ser variados, y yo suelo evocarlos de la siguiente manera:

  • Esparta: compañías que típicamente tienden a atraer talento en fases tempranas, y que procuran dotarse de mecanismos para que ese talento únicamente se encuentre a gusto si rinde a un elevado nivel. Organizaciones exigentes, que tienden a medir y evaluar de manera constante, y que habitualmente dan lugar a un cierto culto al desarrollo profesional exitoso, a esas personas que si permanecen en la organización, es debido a unos méritos que nadie discute. Típicamente, culturas de reconocimiento y tangibilización del esfuerzo: si no estás a la altura, lo normal es que te encuentres incómodo y te veas forzado a abandonar el sistema. En cierto sentido se puede encontrar en organizaciones de consultoría sometidas al modelo up or out, o asciendes en la pirámide jerárquica, o vas a tener que irte.
  • Mar Muerto: el modelo antagónico del anterior. Se da en muchísimas organizaciones, aunque ninguna lo reconocerá abiertamente: se incorpora talento en diferentes fases, pero tras un cierto período de adaptación, ese talento se encuentra con que la fricción es demasiado elevada y no le permite expresarse como desearía, y opta o bien por adaptarse en el seno de una situación claramente subóptima, o por irse, desmotivados y/o atraídos por lugares en los que poder expresar mejor su talento. Generalmente, aquellos que se quedan tienden a tener un nivel de motivación y ambición reducido, lo que unido a políticas poco activas en la formación interna, termina por convertirlos en personas que difícilmente podrían moverse para tratar de encontrar trabajo a un nivel de responsabilidad similar o mayor fuera de la organización, pasan a constituir un “sedimento” que se perpetúa en la organización y que, a su vez, la convierten en menos atractiva para los nuevos entrantes. Típico de organizaciones altamente burocráticas, del funcionariado, o de las que ofrecen sistemas basados en tenure, pueden reconocerse casi inmediatamente por los patrones de rotación.
  • Escalafón: organizaciones que suelen incorporar talento a niveles junior, y en las que el ascenso se da por criterios casi puramente de calendario, de experiencia y tiempo transcurrido en una posición determinada. Son cada vez menos abundantes, provienen de una concepción cada vez menos implantada de “empresa para toda la vida”, y algunos de sus elementos pueden coincidir con las dos anteriores.
  • Nursery: la empresa maternal, la que procura buscar el entorno más cómodo, que permite que el empleado se pueda centrar en su trabajo y trata de reducir todo lo posible la fricción implicada en el mismo. Compañías basadas en la retención de talento, de las que no resulta fácil irse porque la sola idea de volver a tener que organizar todos los factores que la compañía hacía por ti resulta una idea muy poco apetecible. Muchos perks o beneficios extra-salariales, sistemas de mentorización y coaching, planes de participación accionarial, y sistemas de evaluación que aseguren que aquellos que son incentivados a quedarse son, en efecto, aquellos que deben quedarse, dado que el quedarse es el reflejo natural en la organización y, por tanto, en ocasiones hay que “invitar a irse” a aquellos que no ofrecen el nivel esperado.
  • Ajax: el nombre hace referencia al equipo de fútbol holandés, hablamos de organizaciones “cantera”, que típicamente son capaces de atraer talento en fases tempranas, contribuir a su formación o expresión mediante formación y adquisición de experiencia, pero que son incapaces de retenerlo por no ser capaces de ofrecer los incentivos oportunos. Las personas no se van desmotivadas, sino atraídas por mejores posibilidades de desarrollo en otros sitios, por sueldos más elevados o por condiciones más atractivas, y la salida suele considerarse un triunfo, una nueva etapa casi asumida. En algunas organizaciones se produce de manera forzada: en muchas universidades de prestigio norteamericanas se utiliza un modelo al que se suelen referir como “American universities never eat their own sh*t”, según el cual los graduados de programas doctorales nunca son contratados por la propia universidad en la que se han formado.
  • Meca: el modelo que evoca el lugar de peregrinaje sagrado del Islam, al que todo fiel tiene que viajar al menos una vez en su vida, supone un factor ideal para incrementar la capacidad de atracción de talento de una compañía, pero lógicamente, no está al alcance de cualquiera. Típicamente son compañías que ofrecen un nivel muy elevado de cross-fertilization, de compartición de información, de trabajo e integración eficiente en equipos, de oportunidad de desarrollo personal y profesional. En algunos casos, las compañías que saben que tienen este factor de atracción ofrecen salarios significativamente más bajos en las posiciones de entrada porque son conscientes de su capacidad de atracción de talento por otros motivos, salarios que pueden aumentar después o no hacerlo para incentivar la rotación, siguiendo otros modelos ya citados. Es muy típico en empresas con elevada reputación que se convierten en una “muy buena línea de currículum” que ofrecen el incentivo de trabajar con profesionales muy buenos o de integrarse en una cultura muy valorada. Modelos como los de Johnson & Johnson o Procter & Gamble en marketing, o los de algunas compañías tecnológicas de prestigio.
  • Hotel California: como en la canción, “you can check out any time you like, but you can never leave”. Organizaciones que procuran mantener lazos con la comunidad de personas próximas a ellas, con ex-trabajadores, ex-alumnos o ex-directivos de todos los niveles, con el fin de dinamizar una red que en ocasiones puede ser muy amplia y que se puede poner en valor. En ocasiones se usa para complementar otras estrategias: una persona debe salir fuera para triunfar, pero no solo se mantiene vinculado a la comunidad de su compañía anterior, sino que se plantea volver a ella más adelante en otro momento de su carrera profesional. Empresas de servicios profesionales que se apalancan en su comunidad de ex-empleados para abrir puertas en las organizaciones en las que estos se incorporan, etc.

Sin duda hay otros, estos son únicamente los que a mí me suele resultar interesante citar cuando hablo de estos temas, y con los términos que suelo utilizar para evocarlos. La forma en la que las empresas gestionan este tipo de cuestiones tiene una influencia fortísima en su cultura, en la generación de innovación, y en muchos de los elementos que las convierten en exitosas o sostenibles: son aspectos que suelen ser enormemente difícil cambiar, que requieren de un compromiso muy elevado, y que cuando se intenta hacerlo, pueden generar resultados en ocasiones impredecibles. Pero eso no quiere decir que no valga la pena reflexionar sobre ellos…

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Models for managing talent and innovation in organizations“)

Jelly y las dinámicas de la participación en la web

Escrito a las 7:13 pm
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Jelly logoDos meses después del lanzamiento de Jelly, la aplicación móvil de preguntas y respuestas creada por Biz Stone, las preguntas en torno a ella tienen poco que ver con su viabilidad comercial (algo que, por otro lado, parece casi “marca de la casa”) y más con las interesantes dinámicas que rodean la participación en la web.

La aplicación, en efecto, no tiene realmente nada que mostrar en cuanto a su éxito como modelo de negocio: el propio Biz afirma que se trataba de una idea que en ningún momento estuvo pensada para convertirse en una compañía, que su lanzamiento había sido prácticamente “accidental”, y que su función era más bien la búsqueda de la empatía entre las personas y la búsqueda de la sensación de “ser útil”.

Pero independientemente del éxito de la aplicación , de la calidad de las respuestas que ofrece o del aparentemente ausente planteamiento de modelo de negocio (Google, en su momento, tampoco lo tenía demasiado claro, y Twitter mucho menos, por poner un par de ejemplos), lo que sí permite Jelly es plantearse qué tipo de mecánicas llevan a los usuarios a invertir un rato en entrar en una aplicación, explorar las preguntas que se encuentran en ella, y contestar a algunas de ellas. ¿Qué obtenemos con ello? ¿Por qué razón lo hacemos? Pensemos en algunas posibilidades:

  • Sentirme útil: sé la respuesta, o creo que puedo encontrarla rápidamente. En una aplicación caracterizada por una muy buena usabilidad y una orientación a respuestas cortas o incluso gráficas, el esfuerzo para responder es tan bajo, que no resulta disuasorio, y me deja el buen sabor de boca de “haber sido útil”, similar al de la “buena obra del día”.
  • Imagen: responder a la pregunta me permite de alguna manera exhibir mi conocimiento sobre un tema, delante de la persona que pregunta o de las personas que conforman su red.
  • Recompensa en forma de atención: en cierto sentido, los agradecimientos enviados a través de la aplicación, las calificaciones de “Good” o los Shares sirven como un “quick reward”, una forma de recompensa o gratificación psicológica rápida.
  • Esperanza de reciprocidad: respondo porque espero que, de alguna manera, cuando tenga una duda y necesite una respuesta rápida, la aplicación funcionará igualmente bien para mí.
  • Contacto: la respuesta, adecuada o no, ofrece de alguna manera la oportunidad de ponerse en contacto con la persona que pregunta, sea un conocido o alguien con quien por la razón que sea, nos interesa contactar. Una función, de la generación de contexto, que ya hemos visto funcionar en muchos casos en aplicaciones sociales.
  • El tema me interesa: puede que tenga o no una respuesta, pero el tema me interesa y quiero ver qué tienen que decir otras personas al respecto, o cuánto interés genera. Le pongo una estrellita, y la aplicación me notifica cuando aparecen respuestas nuevas. Para la exploración de temas, aplicaciones como Quora orientadas a la respuesta larga y detallada y en las que resulta habitual ver responder “a Elvis, no al cuñado de Elvis ni al representante de Elvis” pueden ser más relevantes, pero las dinámicas de su participación son completamente distintas, con una demanda de esfuerzo sensiblemente superior.
  • Construcción de engagement: más pensado en el caso de marcas con un objetivo de búsqueda de implicación, contestar a preguntas hace que la imagen se vuelva más próxima, más empática.
  • Proporcionar ayuda sobre un tema: también más típico para el caso de marcas, servicios de este tipo pueden servir como una manera de proporcionar servicio al cliente.
  • Humor: tenga o no la respuesta, se me ha ocurrido algo muy divertido que responder. Relacionado con “imagen”, pero posiblemente con motivaciones diferentes.
  • ¿Otras? Seguro que sí…

 

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Getty Images y el triunfo de la lógica web

Escrito a las 2:02 pm
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HindenburgComencemos por evitar la lectura fácil: el que escribe es un autor que, voluntariamente, decide compartir todos sus contenidos en la web de manera completamente gratuita y abierta, a cambio únicamente de que se cite su autoría. Sin embargo, es la misma persona que de manera habitual, para ilustrar entradas en su página, utiliza los servicios de 123RF, una página de fotografía de stock por cuyas imágenes paga religiosamente. Además de pagar de manera habitual por numerosas apps, licencias, servicios e infinidad de cosas más en la web. Sacar mi tarjeta de crédito de la cartera cuando estoy delante del ordenador es para mí un gesto bastante habitual. Cualquiera que pretenda simplificar esta entrada con cualquier frase que contenga las palabras “todo gratis” o “gratis total” se equivocará de parte a parte.

Getty Images cambia su modelo de negocio y pasa de intentar exigir a los usuarios que paguen por eliminar la marca de agua de las fotografías de su catálogo para poder utilizarlas, a ofrecer una herramienta de inserción que permite su uso gratuito bajo determinadas condiciones. De manera efectiva, el mayor repositorio de imágenes del mundo ha pasado a ofrecerlas gratis, algo que ha sido definido como “cínico” y  que ha generado las protestas de muchos de los fotógrafos que licencian sus creaciones a través de su servicio. Con el cambio, Getty Images pasa a señalar un auténtico “momento Hindenburg” para todos aquellos que pretenden ir en contra de la lógica de la web: como ya dije hace mucho tiempo, si tu modelo de negocio consiste en impedir el acceso de otros a tus bits, vete cambiando de modelo de negocio.

¿Quiere eso decir que todos estamos abocados a ofrecerlo todo gratis en la web? Pocas ideas resultan más absurdas que esa. Analicemos brevemente los condicionantes de la decisión de Getty Images: hasta ahora, el uso de las imágenes de su catálogo debía realizarse tras realizar un pago en concepto de licencia. El proceso de compra de una imagen implicaba lógicamente la necesidad de enseñarla, algo que Getty Images, para evitar la posibilidad de una captura de pantalla, llevaba a cabo superponiendo a la imagen una visible marca de agua.

Sin embargo, ¿qué ocurría tras ese pago? El cliente en cuestión obtenía el derecho a mostrar la imagen en su página, lo que permitía que cualquier usuario pudiese encontrarla fácilmente mediante algo tan sencillo como un buscador de imágenes, y descargarla o capturarla desde allí. En la práctica, todas las imágenes del catálogo de Getty Images que habían sido previamente utilizadas estaban, en realidad, disponibles libremente y fácilmente accesibles en la web en las páginas de sus clientes, y eran en efecto utilizadas por infinidad de usuarios que en modo alguno habrían pagado nunca los precios que Getty Images solicitaba. Esos usuarios, a todos los efectos, nunca llegaron a ser clientes de Getty Images, y más que probablemente estaban destinados a no serlo en las condiciones anteriores. Eso sí: eran MUCHOS. Y los intentos de Getty Images de perseguirlos judicialmente o de intentar “ejemplificar” con denuncias resultaron absurdamente inútiles, además de generar una muy mala imagen para la compañía.

La situación anterior era mala a todos los efectos: Getty Images no era capaz de plantear un negocio interesante que atrajese de manera eficiente a un público dispuesto a pagar por su servicio, los autores que integraban sus imágenes en su catálogo no llegaban nunca a tener ingresos significativos, y los usuarios vivían una situación de escasez incómoda y el riesgo de que les llegase una factura y una demanda por una cantidad absurda que jamás iban a pagar. Básicamente, una situación mala – o al menos, subóptima – para todos.

La situación tras la decisión de Getty Images supone que cualquier creador de una página web, blog o medios sociales puede hacer uso de cualquier imagen que encuentre en su colección y que específicamente lo permita, mediante una herramienta que posibilita el embebido de dicha imagen, siempre que la finalidad no sea expresamente comercial. Puedes usarlas para informar, para ilustrar, etc. en cualquier página o medio social, siempre que no sea para vender algo o como elemento publicitario. Y el movimiento no se reserva demasiado: un breve paseo por el catálogo muestra que existe una amplísima variedad de imágenes disponibles en estos términos. Eso sí: a cambio, el usuario está en realidad cediendo un espacio de la página que administra a Getty Images, que se reserva el derecho de hacer que la imagen elegida deje de estar disponible, pase a no mostrarse, o muestre publicidad seleccionada por la compañía. Unas condiciones que, lógicamente, no toda página está dispuesta a aceptar.

En la práctica, el movimiento asegura una presencia mayor de las imágenes del catálogo de Getty Images en la web social, proporciona a muchos administradores de páginas una fuente de materiales interesantes, y posibilita el desarrollo de modelos de negocio basados en atención. Sin duda, un incremento de la propuesta de valor, y la posibilidad de unos ingresos que Getty afirma que, cuando tengan lugar, serán repartidos con los autores en función del uso de sus creaciones. Por un lado, Getty hace que páginas y usuarios que nunca iban a ser sus clientes, acepten sus condiciones de uso y regularicen su situación de cara a una hipotética explotación. Por otro, limita el uso de su herramienta, al menos de manera mínimamente aceptable, en aquellos sitios que sí tendría lógica que fuesen sus clientes – grandes publicaciones, sitios comerciales, etc. – a los que sigue ofreciendo su esquema anterior.

¿Gratis total? En absoluto. El uso de las imágenes de Getty Images sigue estando sujeto a unas condiciones que, para sus clientes, tienen una cierta lógica. Pero para los que no son ni iban a ser sus clientes a los actuales niveles de precios, Getty Images ofrece otras posibilidades que incluye convertirlos en potenciales fuentes de ingresos o de popularidad.

¿Quiere decir esto que no es posible cobrar por nada en internet? Esa idea es simplemente absurda, y denota una patente incapacidad para entender la web. La cuestión está en ofrecer condiciones aceptables. Mi caso, por ejemplo: con una página como la mía, pretender que pague por el uso de una imagen tal y como eso solía definirse hace años habría sido imposible. Pero a partir del momento en que llega una empresa que me ofrece unas condiciones de precio que me parecen razonables y, sobre todo, una comodidad enorme en la localización y el uso de su catálogo, me convierto rápidamente al pago. No por miedo, sino por conveniencia.

Si una empresa trata de seguir vendiendo cualquier cosa – música, películas, imágenes, noticias – a precios comparables a los que tenían cuando la web no existía y eran necesarios complejos sistemas de almacenamiento y logística para llegar a sus clientes, fracasará. Sin embargo, si se esfuerza en ofrecer a sus clientes propuestas de valor adecuadas a precios razonables, asumiendo otros usos por parte de aquellos que no son ni iban a ser sus clientes, puede tener buenas posibilidades de adaptación. En realidad, dado que bajo ningún concepto vas a poder impedir la circulación de los bits, tendrás que tratar de ofrecer que tu propuesta de uso sea percibida como adecuada, a un precio que el mercado considere correcto y con unas condiciones aceptables, e intentar que una parte sustancial de ese mercado acepte dicha propuesta.

Eso incluye, entre otras cosas, tratar a tu mercado con respeto, no insultarlo, no perseguirlo judicialmente, no acosarlo tratando absurdamente de cambiar las leyes. Pedirle que te compre, convencerlo de que tu propuesta es adecuada, nunca tratar de obligarlo a ello. Creer que tu trabajo tiene algún tipo de derecho a ser compensado es absurdo: tu trabajo solo obtiene compensación cuando eres capaz de convencer al mercado para que lo demande bajo tus condiciones. Si no lo consigues, te quedas sin remuneración. Es lo que hay. Lógica elemental, pero que parece muy alejada de las cabezas de muchos. Y lo mejor que podrían hacer esas empresas hoy en día es precisamente eso: alejar de su gestión a los que siguen empeñados en pensar así. Frases como “gratis total”, “piratería” o “cambiar las leyes” denotan una patente incapacidad para entender el mundo de hoy, y deberían estar castigadas inmediatamente con el alejamiento de todo puesto directivo.

Si tenías un producto digitalizable por el que antes de la popularización de la web se pagaba y ahora ya no se paga, quiere decir que tendrás que replantearlo para que a algunos usuarios les interese pagar. El precio de referencia no va a tener nada que ver con el de antes de la web, ese no te vale para nada. Tampoco necesariamente con tus costes, sobre todo si insistes en no cambiar tus estructuras para adaptarte al nuevo medio. Tendrá que ver con lo que el mercado esté dispuesto a pagar, con nada más. Y siempre considerando que el mercado no es “todo el mundo”, y que siempre habrá quien pueda acceder a tu producto digital sin pasar por tus condiciones: si esas condiciones son consideradas excesivas, estarás en realidad estimulando al mercado a que se las salte. Si son adecuadas, una parte significativa del mercado las aceptará, aunque nunca puedas evitar que algunos – que de hecho, no eran tu mercado – puedan seguir obteniendo el producto por otros medios.

El movimiento de Getty Images podrá salir bien o salir mal. Pero sin duda, marca el momento en el que un gran proveedor de productos digitales abandonó el absurdo pensamiento de que las cosas no habían cambiado, y decidió empezar a abrazar la lógica web.

 

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Leyendo las noticias: mi columna en Expansión

Escrito a las 8:54 am
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Leyendo las noticias - Expansion (pdf, haz clic para ampliar a un tamaño decente)Mi columna de esta semana en el diario Expansión se titula “Leyendo las noticias” (pdf), y utiliza el ejemplo de la adquisición de Zite por parte de Flipboard para ejemplificar la evolución de la lectura de noticias en la web, lo natural que resulta acceder a las noticias desde un número de fuentes cada vez mayor, y el absurdo conceptual que supone pretender “cobrar” a cada una de esas fuentes de tráfico por el uso de titulares y fragmentos de esas noticias. Un reciente manifiesto escrito por Paul Williams hace precisamente referencia a ello: A manifesto for newsroom decision makers: focus on how people get to your news site.

A medida que la web evoluciona, los usuarios lo hacen con ella, y pasan a superponer al modo de acceso tradicional unidireccional a la información una serie de metodologías basadas generalmente en lo social, en la agregación llevada a cabo en virtud de una amplia variedad de criterios, o simplemente en cuestiones estéticas o de conveniencia. Flipboard, por ejemplo, gestiona revistas formateadas de una manera específica con el titular superpuesto, en canales propios asignados a cada fuente o en agregaciones decididas por el autor de cada revista.

Hay infinidad de modelos. Techmeme utiliza a seis editores para seleccionar y filtrar noticias de tecnología de diversas fuentes, y las ofrece agrupadas y tematizadas junto con formatos de publicidad propios, respetuosos con el usuario y de valor añadido. En mi revista de Flipboard, por ejemplo, puedes acceder (más de cuatro mil quinientas personas lo hacen habitualmente) a noticias compiladas de más de cincuenta fuentes y reunidas en función de un criterio: lo que a mí me parece relevante en el panorama tecnológico. Cada uno de los enlaces, titulares y fotografías que lleva esa publicación permite acceder al contenido original, y a ninguno de ellos se le ocurre reclamar derechos de algún tipo por ello: simplemente con modos de acceso a su contenido, y tratan de ofrecer al usuario las mayores facilidades para ello.

Si añadimos aplicaciones como Zite, hablamos de sistemas de recomendación, que aprenden del usuario y le ofrecen contenidos seleccionados, de nuevo, de una amplia oferta. De nuevo, la idea de “reclamar un pago” por el uso de ese contenido en forma de titular y fragmentos no significativos resulta antinatural y absurda. Lo lógico es integrarse en ese tipo de mecanismos, o incluso participar en ellos como ha hecho CNN, que adquiríó Zite en 2011 y la vende ahora a Flipboard.

Exactamente iguales son casos como el de Menéame, Google News, o todos los demás: lo que es absurdo, lo es aquí y en cualquier otro sitio. Intentar convertir la web en un “págame porque este titular lo tecleé yo primero” supone no entenderla, y dar lugar a un proceso que lleva a “colocar aduanas” donde nunca las hubo y donde no puede ni debe haberlas. Es, simplemente, una estupidez que no puede generar nada bueno. Si la AEDE, que se ha quedado sola defendiendo este tema y encarnando a los viejos medios inadaptados a la web, insiste en presionar al gobierno para obtener el cobro de un supuesto derecho que no tiene otro fin más que tratar de sostener su negocio, lo único que logrará será que Google News cierre su actividad en España, que Menéame se relocalice en otro país, que otros agregadores cierren o le sigan, que las aplicaciones como Flipboard o Zite radicadas ya fuera se rían en su cara, y que su tráfico descienda sensiblemente, además de perjudicar su reputación. Decididamente, hay muy poco que ganar y mucho que perder en este tema.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Leyendo las noticias

Esta semana hemos podido ver una noticia muy interesante en el panorama mediático: Flipboard adquiere Zite a la CNN. Por situarnos: Flipboard es una aplicación originalmente pensada para tabletas y móviles pero con una buena versión también para ordenador, que construye un interfaz delicioso, muy estilo “revista de toda la vida”, con páginas que pasan y fotografías grandes con su titular superpuesto, a partir de otras publicaciones.

Ofrece una manera de hojear las noticias visualmente muy atractiva y consolida fuentes por temática, lo que le ha llevado a tener más de cien millones de usuarios, un crecimiento de un cuarto de millón al día, y una valoración que se calcula en torno a los ochocientos millones de dólares.

Zite hace algo muy similar, pero incorpora además un motor de recomendación: si te ha interesado esta noticia, seguramente te interesará leer esta otra. En 2011, la CNN  adquirió Zite por veinte millones de dólares. Ahora la vende a Flipboard, se estima, por unos sesenta.

Cada día más, la web se convierte en un sitio donde lo importante es que la información circule. Flipboard y Zite son recopiladores de información de terceros: hacen su trabajo notablemente bien, recogen material gráfico y titulares, y los organizan para sus usuarios. Techmeme, por ejemplo, es un recopilador vertical de noticias de tecnología: tiene editores expertos que seleccionan titulares y fragmentos de muchas fuentes, y las reúnen en una sola.

Hoy, las noticias se consumen de muchas formas. Cada vez menos personas recurren solo a medios unidireccionales. La mayoría incorporan redes sociales, o utilizan herramientas de valor añadido que las agregan o compilan según sus intereses. Un proceso natural en la red que crea valor para todos.

¿Y tú? ¿Dónde lees las noticias?

 

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Aprendiendo del usuario, artículo en Philips Comparte innovación

Escrito a las 7:35 am
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Aprendiendo del usuario - Philips Comparte innovaciónMi tercer artículo para Philips Comparte innovación se titula “Aprendiendo del usuario“, y habla de la importancia de mantener vínculos con la experiencia real del usuario en  compañías que pretenden mantener una actitud innovadora sostenible.

Cuestiones como el evitar las prebendas de los empleados que los alejan de una experiencia o percepción real de usuario, desarrollo de funciones e ideas apuntadas por estos, tener empleados representativos de determinados segmentos de mercado, y recurso a elementos como el A/B testing para ver qué opciones les parecen más adecuadas. En el fondo, la actitud que lleva a entender quién está al otro lado, y qué elementos llevan a que consuma o utilice nuestros productos .

Sobre el turismo y la red, entrevista en Savia

Escrito a las 7:34 am
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Entrevista - SaviaJavier Sánchez me entrevistó para Savia, revista de economía y gestión de viajes editada por Amadeus, hablando sobre la interacción entre la red y las agencias de viajes, o con la industria del turismo en general. La revista entera está disponible en esta página, mi entrevista está aquí (en pdf).

Hablamos de muchos temas, desde presencia web hasta cuestiones como la transparencia y la generación de confianza, el cada vez más imprescindible enfoque social, el desarrollo de la influencia, la movilidad, etc.

Las fotografías son de Thomas Canet, hechas en IE Business School, en la zona de descanso de alumnos en María de Molina 4. Lo que se ve al fondo son unos murales retroiluminados con tejados de Madrid que la verdad es que quedan la mar de bien… no, no es que tengamos esas vistas :-)

Hablando sobre el canon de AEDE, en TICBeat

Escrito a las 11:57 am
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El debate en torno a la 'tasa Google' - TICBeatJuan Calleja me envió por correo electrónico unas preguntas sobre el canon de AEDE para TICBeat, y ayer publicó algunos fragmentos en su artículo titulado “El debate en torno a la ‘tasa Google’“.

A continuación, el texto completo de las preguntas y respuestas que intercambié con Juan:

 

P. Buenas tardes Enrique. Muchas gracias por dedicarnos unos minutos a estas preguntas para TICbeat.com. Enrique, te has erigido un poco como una de las voces en contra de la aprobación de la propuesta de ley de la Ley de la Propiedad Intelectual y, sobre todo, por la denominada ‘Tasa Google’. ¿Crees que hay solución antes de que se apruebe la Ley en 2015? ¿Cuáles crees que son los caminos para que rectifiquen desde el Gobierno?

R. La solución es lo de siempre: exponer posturas de manera razonada, tratar de explicar los graves problemas que supone esta ley y lo que subyace detrás de la misma, y hacer activismo para defender las cosas que consideramos importantes. En este caso es importante empezar por la terminología: la supuesta “tasa Google” no existe, es una maniobra de intoxicación burda que algunos medios os estáis tragando, y que únicamente pretende atribuir la maniobra del gobierno para retribuir mediante un canon a los medios de la AEDE a un supuesto movimiento contra una empresa grande. Se intenta que los usuarios digan “bah, es solo contra Google” y que renuncien a defender a un grande, cuando realmente es una maniobra contra la libertad de expresión y contra la naturaleza de internet, una barbaridad que criminaliza el enlace y el derecho de cita. Mientras sigáis hablando de “tasa Google”, estáis simplemente haciéndole el juego al gobierno y a la AEDE. Eso no es una “tasa Google”: es el canon de la AEDE.

P. Algunos afectados como Ricardo Galli, fundador de Menéame, comentan que existen varias soluciones como dejar de agregar noticias de los miembros de la AEDE y de CEDRO, migrar sus datos e instalarse en otro país o cerrar. ¿Qué otras alternativas cree que existen para estas plataformas? ¿Podía afectar incluso a Facebook o Twitter, que tienen oficina en España?

R. La única solución es que no llegue a aplicarse, que sea retirada. Todo lo demás convierte a España en un país bananero donde el gobierno se dedica a comprar a los medios que le interesa con el dinero de otros, además de atacar la mismísima naturaleza de internet. Si esta ley sigue su camino y es aprobada como está, habrá que plantear una deslocalización, porque la idea de que las actividades de cualquier página en la red generen un supuesto “derecho irrenunciable” que una entidad de gestión va a cobrar para repartirlo como le dé la gana entre sus socios es algo inaceptable.

P. Muchos medios comentan que puede ser una LPI de referencia en toda Europa y que puede sentar precedente en otros países en el marco que regule a estos agregadores de noticias y contenidos y proteja a las empresas generadoras de contenidos propios como son los medios de comunicación. ¿Cree que esto puede suceder realmente?

R. Me parecería increíble que algún país considerase que la naturaleza de la red y elementos como la cita o el enlace deban ser subvertidos para pagar a un lobby de prensa determinado. Este canon no pretende “remunerar a los creadores”, sino premiar la ineficiencia y la inadaptación al medio digital. Que un grupo de editores de medios no haya sabido evolucionar para adaptarse a internet no merece que se les premie ni que se les incentive, merece que se les envíe a aprender de los que sí saben crear valor en la red. El único premio que merecen los editores de AEDE es el premio Darwin.

P. En el artículo que publicaste en tu blog comentando tu opinión al respecto de esta posible modificación era muy crítico contra el Gobierno calificando esta maniobra como de “censura informativa, en la construcción de un panorama de medios afín al gobierno”. ¿Consideras que esta medida corresponde más a crear este lobby dándoles a los medios afines lo que querían, que es eliminar a los agregadores de noticias, o porque no le quedaba otra que “ayudar” realmente a los mass media a sobreponerse a la mayor crisis económica de sus historia?

R. Los medios son los únicos culpables de su crisis económica. En ningún momento han sido capaces de plantear que la publicidad podía funcionar, se han limitado a molestar a sus usuarios con formatos intrusivos e inaceptables. Nunca han sabido apalancarse en la participación, en la que únicamente han planteado foros absurdos e inmoderados en los que no había el más mínimo valor añadido. No han sido capaces de desarrollar formatos atractivos más allá de copiar el papel, no han sabido desprenderse de los costes que empezaban a resultar absurdos en el panorama actual, no han entendido su papel de generación de información en un medio intrísecamente bidireccional, y se han limitado a criticar a aquellos que sí eran capaces de generar utilidades. Peor aún: cuando se les han señalado sus evidentes limitaciones, han optado por enrocarse y seguir manteniendo al frente del negocio a dinosaurios incapaces de entender la red. Si no les gusta que sus noticias sean agregadas, que se excluyan de los sistemas de agregación, que pueden hacerlo perfectamente. Pero pedir a los agregadores que incluyan tus noticias para luego inventarse un “derecho irrenunciable” que les permita cobrarles un canon es de todo punto inaceptable.

P. ¿Realmente consideras Enrique que los mass media pierden más que ganan con herramientas como Google News, Flipboard o Menéame o, por el contrario, todo suma y cuanto más colaborativos sean más visitas tendrán a su site?

R. En la red, todo enlace ayuda. Ayuda a ser más relevante, a traer visitas, a generar presencia, marca y referencia. Llevo años desarrollando una presencia en la red con mi trabajo, y cuanto más me enlazan, me agregan o me copian, mejor me va. Y eso es aplicable a cualquier negocio basado en el contenido. Pero si intentas explicárselo a los medios, te insultan y poco menos que te echan de la sala, se niegan siquiera a pensar sobre ello. Si se plantea este canon, los medios que lo cobren deberían ser objeto de un boicot lo más generalizado posible en la red. Aquello que amenaza la naturaleza de la red debe ser excluido de ella.

P. Por último Enrique, tú que eres uno de los bloggers más conocidos y seguidos en España y que llevas muchos años siéndolo. ¿Qué pasaría con los blogs que enlazan a noticias de medios? En principio no pasaría nada porque mientras no publiquen la noticia completa y respeten el derecho a cita no habría problema, ¿no?

R. No, no es así. Precisamente lo que pretende esta ley es consagrar un supuesto “derecho irrenunciable” a ser compensado cuando se utilicen titulares y “fragmentos no significativos”. Esta ley no tiene nada que ver con un supuesto problema derivado de un producto de Google con los editores de AEDE, afecta a toda la red. En la red, acciones como enlazar o citar usando fragmentos siempre han sido libres. Son acciones naturales en el comportamiento humano, algo completamente normal cuando se comparte y se difunde información. Imponer ese canon supone una apropiación del procomún que afecta a derechos fundamentales. Es una soberana barbaridad. Y lo que es peor, se está anteponiendo la obsesión de este gobierno con los medios y su interés por contar con una prensa “afín” a algo tan importante como la naturaleza de la red.

Internet desde el cielo

Escrito a las 1:47 pm
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Titan Solara 50

Facebook parece haber iniciado conversaciones destinadas a la adquisición de Titan Aerospace, un fabricante de drones o “satélites atmosféricos” pensados para volar en capas de alrededor de veinte kilómetros de altura alimentados por energía solar, y diseñados para poder mantenerse en el aire durante períodos de cinco años, más de cuatro millones de kilómetros, sin necesidad de mantenimiento.

Vale la pena pasar por la página de la compañía para ver exactamente de qué estamos hablando: artefactos muy grandes, con alas de unos cincuenta metros cubiertas de paneles solares, pero muy ligeros, de unos 160 kilos. Pueden llevar encima una carga de hasta treinta y dos kilos en equipo, y volar a una velocidad de hasta 104 Km/h. El despliegue comercial está planificado para el próximo año 2015, y se prevén utilidades que van desde la monitorización científica, agrícola, meteorológica o de otros tipo, hasta cuestiones como las telecomunicaciones de voz y datos, pasando por la cobertura de zonas tras desastres naturales o el establecimiento de sistemas de mapas o de geoposicionamiento. Ars Technica les dedicó un artículo en agosto del año pasado.

 

 

Parece claro que la posible adquisición de Facebook, cifrada en torno a los sesenta millones de dólares, tendría como objetivo en primera instancia dar cobertura al proyecto Internet.org destinado a poner internet al alcance de los dos tercios de personas del mundo que aún no están conectados. Sin embargo, a pocos se les escapan los paralelismos con el Project Loon de Google, tanto en la similaridad del planteamiento inicial, como en las posibilidades ulteriores de desarrollo: la idea de sustituir a las operadoras tradicionales en aquellas partes del mundo donde estas no han mostrado interés alguno en desplegarse, por considerarlas de escasa rentabilidad. El despliegue de constelaciones de este tipo, de globos o de drones, permitiría llevar un cierto ancho de banda a esas zonas, suficiente para permitir la transmisión de mensajes de texto, aunque todavía muy limitado para el envío de imágenes o vídeo. Sin embargo, sería un paso importantísimo de cara a la obtención de posicionamiento y expertise en el negocio de las telecomunicaciones, en el que Google ya está presente merced a la adquisición progresiva de una gran cartera de fibra oscura y al desarrollo del proyecto Google Fiber, que ofrece conexiones de alta velocidad en un todavía escaso pero creciente numero de zonas en ciudades norteamericanas.

Entre ofrecer alta velocidad en barrios de ingresos elevados de ciudades norteamericanas y hacerlo en algunos de los países más pobres del mundo va una enorme distancia. Pero indudablemente, la filosofía del proyecto es conectar a esos países precisamente para que sean capaces de integrarse en la economía digital y del conocimiento, y mirar a largo plazo de cara a su eventual desarrollo. Una parte altruista, pero otra muy importante de proyección de futuro, y otra, muy posiblemente, de adquisición de know-how. Las operadoras de toda la vida deberían replantearse su papel: de pretender convertirse en los aduaneros de la sociedad de la información, a terminar encontrándose con que sus preciadas infraestructuras son cada vez más sustituibles por otras… que podrían incluso venir desde el aire. No, seguramente no es algo que vaya a ocurrir mañana… pero mucho ojo con el tema.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “Internet: the sky’s the limit“)

 

ACTUALIZACIÓN: Marimar Jiménez referencia esta entrada en su artículo en Cinco Días titulado “Facebook negocia comprar una empresa de drones para impulsar internet“.

ACTUALIZACIÓN (14/04/2014): Finalmente, la compañía ha sido adquirida, pero no por Facebook, sino por Google. Facebook, mientras tanto, seguirá con sus planes mediante acqui-hires de la empresa británica Ascenta.

La era de la comunicación instantánea

Escrito a las 7:03 pm
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IMAGE: Kaisa Savolainen - 123RFLa adquisición de WhatsApp por Facebook ha desencadenado toda una oleada de reacciones que dejan ver con claridad la característica del momento que se avecina: tras muchos años de uso de mensajería instantánea, tras haber superado la era del Messenger, del SMS y de muchos otros, llegamos finalmente a una era en la que la comunicación instantánea pasa a ser parte habitual del día a día de un segmento demográfico cada vez más amplio de la población.

Para explorar las consecuencias de un momento como este, debemos tratar de descontar todo tipo de sesgos. En primer lugar, el de la relevancia. Si en su momento pasaste por el Messenger de Microsoft, o incluso antes con cosas como ICQ, o por Yahoo! Messenger, o por alguno de los mil clientes desarrollados sobre Jabber, es posible que te  cueste entender cómo algo que viene desde tan lejos, una forma de comunicación tan “normal”, puede convertirse de repente en algún tipo de “revolución”. Olvídalo, resígnate… eres un adelantado a tu tiempo. No trates de entenderlo, a no ser que estés dispuesto a estudiarte toda la teoría detrás de la curva de Rogers y la difusión de innovaciones.

El otro gran sesgo es el geográfico: como ya he dicho en otras ocasiones, si tratas de entender algo como la estratosférica valoración de WhatsApp desde el punto de vista de un español, siendo España el país en el que WhatsApp ha alcanzado su mayor cuota de mercado en todo el mundo y en el que hasta las abuelitas corrían a las tiendas a comprarse un smartphone para poder usarlo, te equivocarás. Pero el problema es que si lo haces desde la perspectiva de un norteamericano, en donde WhatsApp tenía un nivel de uso relativamente escaso, y cosas como Facebook Messenger o los mismísimos SMS mantenían una popularidad relativamente elevada, es posible que te equivoques también, y que pienses que WhatsApp es “the next big thing”. O que si lo analizas desde el punto de vista de un tailandés, donde WhatsApp ya estuvo de moda, cayó víctima de la pujanza de Line, y hoy se ve como algo completamente passé, te equivoques también. La lección es evidente: para analizar un fenómeno como este hay que hacerlo con una mirada global, por encima de fenómenos regionales de adopción. Pensar que el hecho de que WhatsApp haya conseguido pasar a formar parte del vocabulario habitual de los españoles significa que de alguna manera “tiene el éxito garantizado” es simplemente carecer de visión internacional.

Visto esto, ¿de qué estamos hablando? Sencillamente, de lo que ocurre cuando la mensajería instantánea pasa de ser algo característico de un segmento particular de la población de una región en concreto, y pasa a convertirse en un modo de comunicación generalmente aceptado. Hablamos de mensajería instantánea como parte de la normalidad, como un canal más en manos de todo el mundo. El what’s next de WhatsApp tras la desmesurada adquisición de Facebook, después de todo, solo puede entenderse así, pensando en un cambio de era, lo que además permitiría entender incluso el intento anterior de la empresa de Zuckerberg de adquirir Snapchat por tres mil millones de dólares.

Por otro lado, no podemos olvidar dos cosas: la primera, que hablamos de un panorama enormemente volátil. La reciente popularidad de Telegram, una aplicación infinitamente mejor que WhatsApp en sus prestaciones, deja claro que a pesar de la gran importancia del efecto red y de encontrarte con que, al instalar una aplicación determinada, las personas con las que quieres hablar ya están en ella, basta con un período de cierta actividad para que cualquier aplicación que hace pocos meses no existía entre en la categoría de alternativa. Si además es capaz de diseñar su proceso de popularización de una manera un poco avispada, de hacerse presente en tu smartphone de forma habitual (cada vez que una persona de tu lista de contactos abre cuenta en ella), y de presentarse como una solución a los muchos problemas de la alternativa anterior, las posibilidades, en principio complejas, se incrementan. Además de la creciente popularidad de Telegram, vemos movimientos como la más que probable salida a bolsa de KakaoTalk, el anuncio de un producto de voz en Line, o la adquisición de Viber por el gigante japonés Rakuten. Decididamente, un mercado que no se está quieto.

La segunda cuestión es la generalización del uso. Para que el uso de la mensajería instantánea pueda considerarse realmente generalizada, tenemos que pensar en hablar de mucho más que nuestra comunicación informal con nuestros amigos: hay que considerarla como algo que llega a imbricarse en todas nuestras actividades, incluyendo cosas como nuestro trabajo, nuestra comunicación con compañías, o incluso cuestiones como la banca. ¿Resulta posible imaginarse a una empresa en su sano juicio utilizando WhatsApp para su comunicación interna? Me consta que las hay, pero desde un punto de vista meramente técnico es una barbaridad impensable que daña incluso su reputación. La empresa que permite que WhatsApp, una aplicación esencialmente insegura en todos los sentidos, se convierta en un elemento de su estrategia de sistemas de información es que está dirigida por irresponsables. El concepto “WhatsApp banking”, que he escuchado en ocasiones dentro de la industria, partía siempre de una base: que WhatsApp no fuese una aplicación tan mala como realmente era, algo que aunque podría cambiar tras la enorme infusión de recursos que supone la adquisición, no ha ocurrido aún.

Es este entorno, el de la mensajería instantánea profesional, donde pueden producirse novedades interesantes. Para cualquier compañía de mensajería instantánea, la adopción por parte del mercado corporativo es una especie de “prueba del 9″, una cierta demostración de confiabilidad. Herramientas como Lync o Yammer, de Microsoft, cuentan con la fuerte implantación de la compañía en el entorno corporativo, pero no parecen haber conseguido, por el momento, generar procesos de adopción mínimamente interesantes o comparables a los de la mensajería instantánea en entornos personales. Skype, igualmente de Microsoft, cuenta con una importante tracción en la comunicación por voz (es desde hace tiempo la “operadora” líder a nivel mundial en número de minutos de voz internacionales), pero no tanto éxito como herramienta de mensajería instantánea en modo texto.

Mención aparte merece la mensajería instantánea de BlackBerry, BBM, que tras haber logrado hacerse con un nicho importante en el mercado corporativo y conseguir su espacio en las comunicaciones personales en una amplia variedad de mercados, se encontró de repente fuera de juego por la fortísima caída en desgracia de sus terminales y la falta de versiones más allá de estos. Cuando finalmente fue capaz de ofrecer versiones de su cliente para otros sistemas operativos, la mayor parte del daño ya parecía estar hecho, y todo indica que uno de los mejores clientes desde un punto de vista estrictamente técnico está ya en franca fase de abandono.

Los hangouts de Google tienen igualmente muchas características funcionales que generan interés y una estrategia de posicionamiento intermedio entre ambos mundos, y no sería descabellado pensar en maniobras que los revitalizasen dada la actividad de la categoría y la privilegiada posición que poseen en la plataforma que supone Android.

Y por otro lado, surgen herramientas aún poco conocidas por el gran público pero con un enfoque directo en el mercado corporativo como Cotap, fundada por uno de los creadores de YammerSlack, de varios de los miembros del equipo fundacional de Flickr; Zula, de Jeff Pulver; o IMBox.me, española y de los creadores de Spotbros (con quienes mantengo una relación de asesoría), pugnando por obtener instalaciones en clientes corporativos que puedan ser considerados como referencia, y ofreciendo propuestas de valor centradas en la simplificación y la eficiencia de las comunicaciones integradas a través de múltiples plataformas.

Ninguna de estas herramientas tiene por qué convertirse en “el estándar” que todo el mundo usa. Es posible que vivamos una fase larga de competencia, de mercados segmentados geográficamente, por tipo de uso, por factores sociodemográficos o por otras variables, y que tardemos bastante en poder observar fenómenos de consolidación. Sin duda, un mercado interesante, que iremos viendo cristalizar de una manera cada vez más evidente, y una realidad: la mensajería instantánea ha alcanzado el momento dulce en su proceso de adopción y está aquí para quedarse.

 

(This post is also available in English in my Medium page, “The age of instant communication is here to stay“)

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