El Blog de Enrique Dans

Transparencia y consecuencia, mi columna de esta semana en Expansión

Escrito a las 8:58 am
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Mi columna de esta semana en el diario Expansión se titula “Transparencia y consecuencia” (pdf), y habla de la presentación del borrador de la importantísima ley de transparencia, de sus agujeros y lagunas, y de cómo la buena idea de abrir una página para llevar a cabo un proceso de revisión del mismo por parte de la ciudadanía trae ahora consigo una lógica consecuencia: ahora, las sugerencias y aportaciones, más de tres mil seiscientas, deben ser tenidas en consideración si se quiere que el proceso tenga realmente sentido y no quede como una simple declaración de intenciones. Tocamos el tema anteriormente en esta otra entrada titulada “La enorme importancia de la transparencia“.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Transparencia y consecuencia

Existen muchas razones para pensar que el recientemente presentado borrador de la ley de transparencia supone un momento crucial para la credibilidad de la política española.

Por un lado, por su radical importancia: España no podía permitirse ser el único país del continente de más de un millón de habitantes que no tenía una ley de transparencia y acceso a la información pública. Por otro, por la decisión tomada por el Ejecutivo de presentar el borrador a consulta ciudadana en una página web, decisión indudablemente positiva, pero que se vería gravemente desvirtuada si, tras ella, no se realizase una incorporación seria de las propuestas más significativas recibidas. Preguntar a la ciudadanía para, posteriormente, ignorar las más de tres mil seiscientas aportaciones emitidas por ésta no sería consecuente.

Además, el borrador manifestaba carencias significativas. En un país asolado por escándalos de corrupción, el borrador propuesto tenía agujeros, excepciones y lagunas que desnaturalizaban claramente sus posibilidades. Así se puso de manifiesto en la reacción ciudadana que llevó a la recogida de más de ochenta y cinco mil firmas en  Avaaz.org, evidencia clara del sentir generalizado. Problemas como el no reconocimiento el derecho de acceso a la información como  derecho fundamental, del principio de publicidad de toda información pública, de la necesaria proactividad en su publicación o la configuración adecuada de las excepciones para evitar su uso abusivo, entre otras carencias, deben ser necesariamente corregidos para dotar de sentido a una ley fundamental para la mejora de nuestra calidad democrática.

Según los mensajes recibidos desde la Cumbre de Gobierno Abierto celebrada recientemente en Brasilia, el texto del borrador será revisado para incluir muchas de estas propuestas. Resulta fundamental, y consecuente con el hecho de haber pedido opinión a la ciudadanía, que se aproveche el momento para dotar a nuestro país de una ley de transparencia fuerte y exhaustiva, que elimine el secretismo y contribuya a poner coto a la corrupción.

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La red de todos frente al modelo de negocio de unos pocos

Escrito a las 7:34 am
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Record labels have a very strong voice when it comes to arguing for their particular business model, which is in fact out of date. The result is that laws have been created which make out as if the only problem on the internet is teenagers stealing music. The world is bigger than that. The internet is bigger than the music industry. The economic impact of the internet is bigger than the music industry.”

Sir Tim Berners-Lee, 18 de abril de 2012

 

(“Las compañías discográficas tienen una gran influencia cuando buscan proteger su modelo de negocio, un modelo a día de hoy obsoleto. El resultado es que han conseguido crear leyes que hacen parecer que el único problema de internet son los quinceañeros que se bajan música. El mundo es mucho más grande que eso. Internet es mucho más grande que la industria de la música. El impacto económico de internet es mucho mayor que la industria de la música”)

 

Berners-Lee: Don’t let record labels upset web openness, ArsTechnica.

Hablando sobre transgresión y campañas publicitarias, en El Confidencial

Escrito a las 9:49 am
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Iván Gil, de El Confidencial, me llamó ayer para hablar acerca de una campaña publicitaria que por lo visto estaba funcionando muy bien en Facebook – o al menos, consiguiendo muchos Likes – al proponer un esquema en el que una modelo se iba desprendiendo de prendas de ropa a medida que la campaña obtenía más respaldo. Hablamos del tema en genérico – yo no conocía la campaña – y tocamos cuestiones como la eficacia de las campañas publicitarias transgresoras, la viralidad bien entendida y mal entendida, el branding, el cortoplacismo en comunicación, la regulación de los protocolos aceptables en la red frente a los de la publicidad en medios convencionales, o el efecto Streisand.

Lo publicó ayer bajo el título “‘Strip for likes’: ‘Si pinchas en ‘me gusta’, me desnudo’“.

Haciendo las cosas bien: Twitter y las patentes

Escrito a las 12:18 am
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Fantástica iniciativa de Twitter: en un entorno como el de la gestión de patentes, en el que las empresas tecnológicas parecen dirigirse cada vez más hacia una peligrosísima, carísima y muy poco práctica espiral armamentística, la empresa del pajarito azul ha publicado su Innovators Patent Agreement (IPA) al que se acogerán todas las patentes que obtenga, y que básicamente permite su uso razonable de manera defensiva, pero impide su uso como arma ofensiva para impedir la innovación por parte de terceros.

Como toda empresa tecnológica con investigación y desarrollo propios, Twitter registra patentes de diversos tipos. Mediante el IPA que han publicado hoy (disponible con licencia Creative Commons de Atribución en Github), la compañía otorga una sub-licencia a los ingenieros autores del desarrollo, con el fin de que puedan utilizarla para contrarrestar un posible uso ofensivo de la propia Twitter. Es decir: Twitter no solo afirma que va a usar sus patentes bien, sino que llega hasta el punto de asegurar que si en algún momento del futuro cambiase de opinión y pretendiese utilizarlas mal, sus ingenieros (los autores de las patentes, estén todavía en la compañía o no) podrían utilizar su sub-licencia para otorgarla a la empresa a la que Twitter pretendiese atacar, con el fin de evitar que esas patentes se utilizasen para dañar la innovación. En realidad, lo que Twitter hace es protegerse incluso de sí misma (nunca se sabe cómo cambian las compañías cuando cambian sus equipos directivos o sus estrategias) y protegerse incluso de quienes, eventualmente, pudiesen adquirir esas patentes con el fin de darles un mal uso, porque la sub-licencia mencionada se desplaza con la patente. Y además, reconoce la labor de sus ingenieros otorgándoles la llave de los productos que generan con su actividad de innovación. La idea es que las patentes puedan ser utilizadas como escudo en lugar de como arma.

Las interpretaciones que más me han gustado al respecto están en sitios como Techdirt, GigaOM, Parislemon o ArsTechnica. Como postura, me parece impecable: ante un sistema de patentes ineficaz y que permite clarísimos usos abusivos, Twitter crea un acuerdo que desnaturaliza los peligros inherentes al sistema, y con el cual se obliga a sí misma a respetar unas reglas de juego mucho más razonables. Obviamente, el sistema no es perfecto: aún podría llegar a haber un escenario en el que una compañía propietaria de una patente sujeta al IPA (que podría seguir siendo Twitter o ser cualquier otra compañía en caso de haber habido una transacción) quisiese utilizarla como arma ofensiva a modo de patent troll, y consiguiese convencer al ingeniero que la desarrolló mediante una contraprestación económica, pero en cualquier caso, el sistema se hace más complejo y desincentiva claramente ese tipo de usos.

La idea de Twitter, sobre todo, es servir como ejemplo: que otras empresas puedan unirse a este acuerdo y acepten licenciar sus patentes de esta manera, con el fin de crear un entorno de desarrollo tecnológico más sano y razonable. Renunciar a la posibilidad de convertirte en un patent troll, a cambio de contribuir a generar un entorno más saludable para la innovación. Sin duda, una iniciativa interesante. Y para Twitter, unos beneficios de imagen enormemente merecidos.

Midiendo audiencias mediante la web social

Escrito a las 8:39 am
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Me ha llamado la atención ver la madurez, a través de una noticia en Mashable titulada Twenty TV shows with the most social media buzz this week que utiliza datos de Trendrr, de los sistemas de medición de audiencia basados en la actividad en la web social.

El tema me lleva a pensar en la importancia que está alcanzando un medio como la web social a la hora de evaluar la actividad de quienes, como en este caso, consumen un medio como la televisión, en principio unidireccional y carente de canal de retorno, y que tradicionalmente ha habido que medir mediante el recurso a complicados e ineficaces sistemas de muestreo.

El audímetro, cuya significación estadística disminuye a medida que se incrementa la base de canales sobre la que tiene que medir (y que se vuelve muy reducida a medida que bajamos hacia canales temáticos, que tienen que ser estimados con una muestra sumamente baja), mide la presencia declarada de una persona ante el aparato de televisión, pero en absoluto el nivel de interés o las percepciones generadas por el contenido emitido.

La participación en la web social, en cambio, ofrece una información mucho más completa: una muestra que puede ser, en países con una penetración elevada, mucho más representativa – no exenta, lógicamente, de sesgos intrínsecos – y una riqueza muy superior en cuanto a las reacciones, que pueden ser analizadas e interpretadas semánticamente para deducir connotaciones positivas, neutras o negativas. El auge de aplicaciones para compartir contenidos televisivos (Miso, GetGlue, etc.) ofrece un campo sumamente interesante para la adquisición de datos, además, lógicamente, de las propias redes sociales generalistas en las que un número progresivamente mayor de usuarios comparten lo que están viendo. Cada vez más, los trending topics de Twitter se convierten en un indicador muy utilizado para medir la actividad del consumo televisivo, en un indicador de popularidad, o en un canal para comentar las incidencias de contenidos tan variados como una serie, un partido de fútbol o un debate político, a medida que aumenta consistentemente el porcentaje de espectadores que recurren a la doble pantalla: una para consumir el contenido, otra – ordenador, tablet o smartphone – para darle una dimensión social.

A medida que la oferta de contenidos se vuelve más compleja y se sofistica mediante tendencias como el consumo diferido, el consumo online, las descargas o la oferta de nuevos medios que emiten a través de la red – Hulu, por ejemplo, está añadiendo cada vez más contenido original – los procesos de medición se vuelven más complejos, y el feedback, sobre todo el más cualitativo, se dirige hacia un medio dotado de mucha mayor riqueza y en el que muchas de las cosas que hacemos o expresamos queda recogido en algún fichero log o puede ser analizado. Al tiempo, el trabajo de gestión de comunidad vinculado a la producción de un contenido televisivo se vuelve cada vez más estratégico: en España, programas como El Barco, La Pecera de Eva, Gran Hermano u Operación Triunfo, con un fuerte enfoque hacia el fomento de la actividad en la red asociada con el programa, o el caso del Twitter de El Hormiguero, líder de audiencia absoluto en su franja horaria, con más de ochocientos cincuenta mil followers y con una actividad febrilmente bidireccional, resulta un claro exponente de la capacidad de la web social o incluso de su valor para aspectos como la relación con anunciantes si se apuesta decididamente por ella. Una tendencia que no puede hacer más que seguir subiendo.

Internet, libertad y amenazas: entrevista con Sergey Brin en The Guardian

Escrito a las 9:03 am
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Imprescindible la entrevista de Sergey Brin de ayer en un The Guardian cuya sección de tecnología lleva ya bastante tiempo convirtiéndose en indispensable.

En ella, el cofundador de Google deja claras sus preocupaciones por lo que considera el momento más comprometido en la historia de la web, en el que sus principios fundacionales de apertura y libre acceso se encuentran más en peligro. Los enemigos son claros y concretos: gobiernos que intentan ejercer un control desmesurado sobre sus ciudadanos, la industria del entretenimiento con su defensa por todos los medios de la propiedad intelectual, y empresas como Apple o Facebook que construyen jardines vallados inaccesibles y restrictivos.

¿Autocrítica? No la busques en esta entrevista, pero es que me da exactamente lo mismo. No es el momento para ella. En este caso, el enemigo de mi enemigo es mi amigo, y estoy cien por cien con Sergey Brin y con su diagnóstico del problema. Necesitamos urgentemente personas y empresas que se conviertan en protagonistas de una lucha cada día más necesaria, que amenaza con destruir la propuesta de valor de una de las herramientas más importantes que como especie hemos conseguido construir y dotar de significado.

Que en la situación actual los controles democráticos fallen estrepitosamente y los gobiernos se conviertan en enemigos de sus ciudadanos, intentando utilizar la red para perpetuarse en el poder y para controlar lo que nunca debió poder ser controlado mediante excusas como la seguridad, la propiedad intelectual o la pornografía infantil resulta de todo punto inaceptable, y requiere grandes dosis de información y, sobre todo, de activismo, para intentar oponerse a ello. Que los gobiernos de medio mundo avancen hacia sistemas de control similares a los que han construido países como China o Irán es de las situaciones más preocupantes que podemos afrontar como sociedad. Que un gobierno pueda reclamar a proveedores de servicios en la web cualquier información sobre sus usuarios, sin necesidad de motivar dicha petición adecuadamente, sin que este se pueda negar a proporcionarla o incluso impidiendo que ponga sobre aviso a esos usuarios cuya información se ve comprometida es una prueba clara de la gravedad de lo que estamos viviendo. Nada justifica algo así.

También para no perdérselo, en el mismo suplemento de The Guardian adecuadamente titulado Battle for the internet, el artículo de Ai Weiwei, China’s censorship can never defeat the internet, en un tono más optimista. Pero no te engañes: para que ese optimismo esté mínimamente justificado, va a hacer falta mucha información, mucha toma de postura, mucho activismo. Y de nuevo, recomiendo vivamente la lectura de Consent of the networked, de Rebecca MacKinnon, del que ya hablé en una entrada anterior, que pronto estará disponible en castellano, y para el que la editorial me ha pedido que prepare un epílogo.

Más que nunca, infórmate. Es tu responsabilidad. Y créeme, es una gran responsabilidad.

RIM, el adiós y la perspectiva

Escrito a las 4:55 pm
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Me he sentido bastante identificado con este réquiem por RIM escrito por Fredric Paul en ReadWriteWeb, en el que comenta cómo fue su relación con los terminales de la marca que utilizó entre 2006 y 2010, y enumera las cosas buenas que echa de menos ahora en sus terminales.

Mi relación con los terminales de RIM fue significativamente más prolongada, entre abril de 2005 y octubre de 2011, y con un nivel diferente, en el que a la relación de analista que evaluaba sus terminales se añadieron en ocasiones acciones de formación a su red, participación en eventos, o incluso una interesantísima entrevista a su fundador. Fueron años en los que continué evaluando terminales de otras marcas y utilizándolos en determinados períodos de tiempo, pero en los que la mayoría del tiempo mantuve una BlackBerry como mi terminal principal.

Pero, como en el caso del artículo que cito, esa relación terminó. Cuando abandoné BlackBerry a finales del año pasado, hacía ya bastante tiempo que llevaba habitualmente otros terminales en el bolsillo que le iban robando progresivamente cada vez más funcionalidad, veía con envidia otros terminales en manos de amigos míos, y llegaba incluso a sentir cierta sensación de obsolescencia tecnológica, algo que llevaba especialmente mal considerando a qué me dedico. Me faltaba únicamente el empujón que supuso la caída de los servicios durante varios días. Desde que tomé la decisión, he utilizado terminales Android de varias marcas con resultados, por lo general, razonablemente buenos.

Pero como ocurre en el caso del autor del artículo que me ha inspirado, hay todavía cosas para las que no he encontrado equivalente. La primera, por supuesto, el teclado. Se puede considerar que ya tengo una familiaridad muy buena con los teclados táctiles… y siguen sin ser en absoluto comparables a los físicos en general, y a los de RIM en particular. Ni en comodidad, ni en versatilidad, ni mucho menos en velocidad. Escribo mucho menos, más incómodo, y me da una notable pereza teclear. Que cuestiones relacionadas con el diseño de los terminales releguen el teclado a un uso casi residual me parece una mala idea, aunque pueda llegar a entenderlo: el teclado es difícil de integrar en un buen diseño de terminal. Pero la funcionalidad diferencial que aporta me sigue pareciendo muy interesante, y sigo lamentando prescindir de él. Y sí, como en el caso del autor del artículo, también sigo echando de menos la ruedita lateral de los primeros BlackBerries que se manejaba con el pulgar (y que llegaba en ocasiones a dejarlo dolorido).

La pantalla: en efecto, la pantalla de RIM era muy mala en cuanto a tamaño y resolución, pero reaccionaba fantásticamente bien a la luz ambiente, y se podía leer siempre. En otros terminales no suele ser así, a pesar de que esto parece, al menos a la luz de mis escasos conocimientos en el tema, un tipo de tecnología relativamente básica. Pero con mis terminales Android me he encontrado incómodo y frunciendo los ojos en bastantes ocasiones para conseguir ver la pantalla.

BlackBerry Messenger: como al autor del artículo, me parece infinitamente mejor que WhatsApp y que la mayoría de sus alternativas, sensación que he tenido hasta que me encontré con Spotbros. Que sí, que tengo relación con el equipo de emprendedores detrás de la iniciativa y no la oculto en absoluto, pero una de las cosas que más me animan de ella es que, habiendo tenido como tuve una buena experiencia con BBM, Spotbros me sigue pareciendo sensiblemente superior en funcionalidad y en planteamiento.

¿Batería? No noto en absoluto una diferencia tan abismal como la que comenta Fredric. En todos mis BlackBerries desde el Pearl tuve que resignarme a llevar una batería extra en el bolsillo, cosa que he tenido que seguir haciendo en mis terminales Android. Y que sigue siendo una de las razones por las que no me planteo iPhone.

¿Planteamiento “e-mail céntrico”? Pudo ser una buena razón en su momento, pero decididamente ya no lo es. Mi abandono progresivo del correo electrónico como alternativa de comunicación es ya tan fuerte, que la idea de usar un terminal fundamentalmente para su gestión ya no me resulta atractiva. Con la funcionalidad de gestión de Gmail que me da Android me resulta más que suficiente, porque el manejo del correo electrónico ya no supone para nada el grueso del tiempo de uso del dispositivo.

¿Aplicaciones? Para mí, al contrario que ocurre con el autor del artículo, resultan fundamentales, y un claro criterio de decisión. Lo fue a la hora de abandonar RIM, y me temo que los planteamientos adoptados por la marca desde entonces lo refuerzan. No veo que dar entrada a las aplicaciones desarrolladas para Android pueda resultar en una estrategia sostenible, y en cualquier caso, parece que ni siquiera eso va a salvar la cara de la compañía.

Y la parte final del artículo, mucho más importante de lo que parece: las prestaciones de administración corporativa. En mi caso no son diferenciales porque nunca las disfruté, pero para RIM, eran – y pretenden que sigan siendo – algo completamente estratégico. ¿Van a seguir siéndolo? Para mí, la respuesta es claramente no. Si una empresa pretende centrarse en el desarrollo de dichas funciones que se enfocan al administrador corporativo y al departamento de IT, me temo que va a encontrarse con que, cada día más, esos departamentos tienen una importancia menor. Cada vez mandan menos. La idea de un departamento de IT que condiciona la vida corporativa, las aplicaciones y terminales que pueden utilizarse, y las posibilidades de la innovación que viene de fuera es cada vez más propia de corporaciones del pasado, con un enfoque para mí incorrecto. De sitios en los que no me resultaría para nada atractivo trabajar. Cada vez más empresas optan por sacrificar determinados niveles de seguridad y estandarización por políticas mucho más centradas en la libertad y la flexibilidad del usuario, por políticas como BYOD (Bring Your Own Device) y similares, y por metodologías basadas en servicios externos y en la nube. Y a pesar de entender perfectamente todos los factores implicados y su peso, me parece un camino inexorable y, sobre todo, sin retorno. Si se pretende que sea la concentración en ese aspecto la que se convierta en la supuesta tabla de salvación de RIM… me temo que la cosa va a estar muy complicada.

Considero el balance de mis años usando dispositivos RIM sumamente positivo: fue mucho tiempo con un dispositivo fiable, sólido, y que se adaptaba de maravilla a mis necesidades, sobre todo en lo referente a los viajes (no he vuelto a encontrar tarifas de roaming como las de RIM, y desde que cambié, opto consistentemente por adquirir tarjetas SIM de compañías locales). Ahora, no volvería a RIM ni loco, y me cuesta muchísimo ver que tal eventualidad pueda llegar a producirse, independientemente de los movimientos y decisiones que emprenda la compañía. Mi impresión es, simplemente, que se quedó atrás. Lo cual, curiosamente, no quita que haya cuestiones que eche de menos, y experiencias de uso que aún no haya conseguido con otros dispositivos. En fin, seguiremos intentándolo…

Esos días excepcionales

Escrito a las 11:53 am
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Ayer, mientras probaba algunas herramientas de Google, me dio por entrar en mi Web History. No es un sitio donde vaya habitualmente, a veces lo hago para recordar cómo llegué a un recurso determinado que no consigo localizar o, las más de las veces, para enseñarlo en clase cuando discutimos Google como caso. Si no lo habéis probado, os lo recomiendo: pasear por la Web History tiene algo de experiencia curiosa, de “viaje en el tiempo”, de evocación constante de “qué hacía yo cuando buscaba esto”… además de una interesante sensación de control y de constatar que “aunque todo esté ahí, podría eliminarlo si quisiese total o parcialmente con solo un par de clics”.

Pero en esta ocasión, lo que me llamó la atención fue algo verdaderamente excepcional: el día 12 de abril aparecía en blanco. De hecho, es el primer día en blanco en lo que llevamos de año, el primer día que no hago ni una sola búsqueda en Google. Los datos de mi Web History no dejan lugar a dudas: lo normal es que en un día, sin diferenciar día de la semana, haga prácticamente siempre más de ciento cincuenta búsquedas.

Acabo de revisarme todo el año 2011: únicamente hay dos días en los que no utilicé el buscador, y ambos fueron días muy excepcionales, como el pasado día 12: un día que pasé en otra franja horaria, seis horas por delante, en el que acabé escribiendo mi entrada el día anterior según horario español, y posteriormente pasé la mitad del día de turismo y la otra mitad metido en un avión. El día anterior había sido el 26 de diciembre, otro día de viaje.

Más de ciento cincuenta veces al día. Cada día. De acuerdo, por el tipo de cosas a las que me dedico, no soy seguramente representativo del usuario promedio. Aún así, no sé a vosotros, pero a mí, que haya un producto que haya utilizado prácticamente todos los días más de ciento cincuenta veces al día durante los últimos varios años y que sea excepcionalísimo que no lo utilice en absoluto me resulta sencillamente impresionante. En muchos sentidos. Verdaderamente, algo para reflexionar.

La cámara de mil millones de dólares, en Expansión

Escrito a las 1:42 pm
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La operación de adquisición de Instagram por parte de Facebook me pilló subido a un avión en vuelo largo: al bajar tenía varias llamadas preguntándome mi opinión, pero ya llegaba tarde. Así que, como no había escrito nada sobre el tema y me parece interesante, aproveché para hacer un pequeño análisis para la columna de Expansión, que titulé “La cámara de mil millones de dólares” (pdf).

Fundamentalmente intento explicar las diferencias entre aquella burbuja de los ’90 que tantos evocan cada vez que hay una adquisición en el entorno de la red como si se les hubiese rayado el disco, y lo razonable de pagar el doble de la cantidad por la que una empresa acaba de ser valorada por otros inversores si con ello adquieres un fenómeno social, una actividad pujante que ha conseguido redefinir la forma en la que la gente se aproxima a la fotografía, un equipo con talento, y unas buenas posibilidades de aportar sinergias y modelos de negocio válidos a algo que previamente no lo tenía. Obviamente, como en todo, habrá que esperar la evolución, el tratamiento del “síndrome post-adquisición”, que el equipo no desaparezca y que no se traicione la confianza de los que ahora más que usuarios eran fans, pero mi opinión general de la operación es esencialmente positiva.

A continuación, el texto completo de la columna, enriquecida con algunos de los vínculos que más me interesaron y que utilicé para documentarla:

 

La cámara de mil millones de dólares

Que una empresa como Facebook, a punto de salir a bolsa con una valoración de alrededor de los cien mil millones de dólares, adquiera otra compañía por mil millones es, sin lugar a dudas, un anuncio importante.

Si añadimos que la compañía adquirida son doce empleados, no tiene ingresos de ningún tipo ni hasta ahora plan alguno de tenerlos, y acababa de ser valorada por otros inversores en la mitad de ese valor, ya lleva a que muchos recuperen el grito de “¡burbuja!” que tenían guardado desde finales de los noventa – y que, en realidad, han venido gritando en cada adquisición realizada desde entonces. Que Facebook, contrariamente a lo que ocurría en los noventa, sea una empresa rentable, con ingresos documentados y un elevadísimo potencial no es algo que parezca ser tenido en cuenta.

¿Que es Instagram? Una aplicación para convertir los smartphones - hasta hace poco únicamente el iPhone, desde hace una semana también los Android – en una cámara sofisticada y social. La aplicación superpone a la cámara un conjunto de filtros preconfigurados que hacen que, en pocos clics, nuestras fotos adquieran un aspecto superlativo, como hechas por un fotógrafo profesional. Instagram explota la vanidad del usuario: con ella, vemos nuestras fotos preciosas, nos sentimos unos fotógrafos impresonantes – aunque en realidad esté prácticamente al alcance de cualquiera – y nos morimos de ganas por compartirlas.

Instagram es la cámara de nuestros días. Ha redefinido el concepto y ha seducido a más de treinta y cinco millones de usuarios intensamente fieles, que adoran la aplicación y  suben a ella más de cinco millones de fotografías cada día. Para Facebook, es comprar actividad, obtener una propuesta de valor sólida para el importantísimo campo de la internet móvil, aspirar a hacerla crecer aún más y a dotarla de ingresos, y oficializar la llegada de la llamada app economy. Quédese con el concepto: se hartará de escucharlo.

La evolución del reloj: el smartwatch

Escrito a las 5:25 am
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La idea de los smartwatch no es en absoluto un concepto novedoso, lleva ya cierto tiempo moviéndose por el mercado y hay ya modelos de marcas relativamente consolidadas, pero aún no parece haber tenido una aceptación real por parte de los usuarios. Por eso cuando ves que Pebble, un proyecto en Kickstarter supera su objetivo de financiación de cien mil dólares en tan solo dos horas y lo quintuplica a lo largo del primer día, te das cuenta de que el mercado debe estar ya realmente empezando a madurar la idea.

Un smartwatch es sencillamente una pantalla en tu muñeca que se comunica con tu smartphone a través de bluetooth, y que te permite hacer un poco de todo, desde cambiar la visualización de la hora entre un montón de posibilidades, hasta que vibre al recibir alertas, SMS, mensajes, identificación de llamadas, utilizarse como monitor para hacer ejercicio, controlar la música o incluso ejecutar determinadas apps. Si además, como es el caso, consigues que sea compatible con Android y iPhone, que la batería dure en torno a una semana, que tenga un precio de alrededor de los cien dólares y que su lanzamiento se acompañe de un cool factor importante a pesar de no ser el primero que avanza el concepto, te puedes encontrar con eso: que tus objetivos de financiación se vean ampliamente superados y te veas poniendo el primer modelo en el mercado con muchas más holguras económicas que las que esperabas tener.

 

 

Siempre me ha llamado la atención la incorporación de tecnología a objetos cotidianos. El reloj tiene muchísimas connotaciones: no solo es un elemento práctico, sino también de estilo, pero a pesar de la progresiva incorporación de tecnología electromecánica que le ha llevado a ofrecer múltiples funciones, resulta evidente con solo pensarlo que está muy por debajo de lo que podemos realmente llegar a hacer con él. Si queremos, claro.

El concepto de smartwatch puede seguir moviéndose lentamente en su proceso de adopción, o tal vez pueda, en algún momento, acelerarse y convertirse en masivo asociado a la penetración del smartphone. ¿Os veis usando uno?

 

ACTUALIZACIÓN: una semana después de haber escrito esto, Pebble está a punto de alcanzar en Kickstarter la asombrosa cantidad de ¡¡cinco millones de dólares!! (inicialmente intentaban obtener únicamente cien mil), y evoluciona para convertirse en una plataforma de desarrollo de aplicaciones para el reloj que puede tener bastante interés para programadores.

ACTUALIZACIÓN: tras haber alcanzado los diez millones de dólares y haberse convertido en el proyecto de mayor éxito en la historia de Kickstarter, el equipo de Pebble decide cortar la entrada de financiación cuando quedaba todavía una semana de plazo. Sencillamente impresionante.

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