El Blog de Enrique Dans

Doce años

Escrito a las 8:42 am
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Doce añosHoy se cumplen doce años desde que empecé a escribir esta página. Doce años es un montón de tiempo: empecé esta página con treinta y ocho años, y este año cumplo el medio siglo, que se dice pronto. Cuatro mil trescientos ochenta y tres días, seis mil seiscientas catorce entradas, y ciento cincuenta y cinco mil setecientos ochenta y dos comentarios, nada menos.

Doce años de muchísimos cambios en el entorno tecnológico comentados en entradas de todo tipo, a veces más informativas, a veces, más reivindicativas, a veces más especulativas, a veces acertadas, a veces desacertadas… pero eso sí, sin más agenda que la de tratar de mantenerme informado, de tener la sensación de que me encuentro suficientemente preparado como para sostener una opinión, y de que otras personas consideren la aportación diaria suficientemente interesante como para pasarse por aquí a leerla de manera más fiel o más ocasional.

Como cada año, muchas gracias a todos.

La Europa incompetente

Escrito a las 11:32 am
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La Europa incompetente - Expansión (pdf)

Mi columna en el diario Expansión de esta semana se titula “La Europa incompetente” (pdf), y viene al hilo de las recientes declaraciones de Barack Obama en la fantástica entrevista realizada por Kara Swisher en las que afirmaba que “Europa ataca a las compañías tecnológicas norteamericanas porque no es capaz de competir con ellas“.

Obama tiene mucha, muchísima razón. Europa está aquejada de una radical incompetencia, de una plaga de estupidez legislativa suprema que ha llevado a que a pesar de los años que tiene la red y de los que tiene el Tratado de Maastricht, sigamos sin tener un entorno propicio para el comercio electrónico, siga habiendo infinitas fronteras que dificultan las operaciones e imponen aranceles arbitrarios, impredecibles y conceptualmente absurdos (lo impredecible es el siempre el peor desincentivo), una inseguridad jurídica que complica la vida a todo el mundo, leyes estúpidas como la de las cookies que obligan a poner mensajes completamente inútiles y molestos que no sirven absolutamente para nada, o aberraciones inenarrables y antinaturales como el supuesto “derecho al olvido” que solo sirven para proteger cosas que no tenía ningún sentido proteger. Mientras los Estados Unidos han sabido desarrollar toda una industria en torno a la red, y hoy cualquier ciudadano norteamericano o residente en los Estados Unidos puede comprar lo que quiera a empresas que tienen a su disposición cincuenta estados sin complicaciones de ningún tipo automáticamente tras su creación, la contribución de Europa a la red son cien mil lobbistas que protegen a incumbentes incompetentes de “las amenazas de la red”, el estúpido “derecho al olvido”, y una ley de cookies completamente innecesaria e inútil.

Hemos creado un entorno absurdamente garantista, burocrático hasta el infinito, que trata de servir a infinitos amos para terminar no sirviendo a ninguno, una complicación inconcebible por cuyos kilómetros de pasillos e incompetencia pululan lobbistas de todos los colores tratando de detener de todas las maneras posibles el paso del progreso. Nunca llegaremos a nada. Lo único realmente bueno que tuvimos en Europa fue una Neelie Kroes hoy ya retirada a la que nunca echaremos suficiente de menos: la única persona con una mentalidad que realmente parecía estar a la altura de los tiempos. Europa es un maldito desastre, y los europeos con criterio y uso de razón deberíamos marchar sobre los edificios de las instituciones europeas y quemarlos, preferentemente con todos sus funcionarios dentro. Por el bien de todos, alguien debería alejar a tantos legisladores incompetentes europeos de la gestión de la red…

A continuación, el texto completo del artículo:

 

La Europa incompetente

El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, ha acusado a la Unión Europea de atacar a las compañías tecnológicas norteamericanas por ser manifiestamente incapaz de competir con ellas. Y lamentablemente, tiene razón. El emprendimiento tecnológico europeo a día de hoy es incapaz de competir con el norteamericano. 

No se trata de ningún problema de predisposición genética. Los emprendedores europeos no son inferiores a los norteamericanos. No están peor preparados. No son más torpes, ni más incompetentes. En igualdad de condiciones, podrían ser tan competitivos como ellos. ¿Dónde está, entonces, el problema? Simplemente, tienen que jugar en un terreno infinitamente más desfavorable. 

Los políticos europeos, en su relación con la red y la innovación, baten récords absolutos de incompetencia. En veinte años, han sido incapaces de generar un entorno mínimamente propicio para el comercio electrónico. Infinidad de entornos normativos imposibles de armonizar, que llevan a que sean poquísimas las empresas que intentan vender en toda Europa. Un emprendedor norteamericano tiene a su disposición cincuenta estados instantáneamente, sin problemas legales ni logísticos. Uno europeo, suerte tiene si consigue vender en un solo país. 

Para leyes estúpidas, Europa. Tras años de estudio, Europa ha generado la legislación sobre cookies más estúpida del mundo civilizado, que no aporta nada a nadie más que mensajes inútiles y molestos. Ha aprobado contra todo pronóstico un imposible, antinatural y absurdo “derecho al olvido” que obliga a eliminar de un buscador – que no de su fuente –  información que resulte no ser del gusto de alguien. Ha generado un entorno de inseguridad jurídica, el peor para el emprendimiento. ¿Incentivar lo digital? ¿Para qué, pudiendo defender a lobbistas e incumbentes analógicos?

Obama tiene razón. Somos incapaces de competir. Y los atacamos por pura incompetencia.

 

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Uber: pivotando en Barcelona

Escrito a las 1:37 pm
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UberEATS

Uber lanza en Barcelona un servicio completamente nuevo, UberEATS, previamente ensayado tan solo en Los Angeles con el nombre UberFresh, consistente en el envío de comida en diez minutos. Los restaurantes, seleccionados a través de PlateSelector, ofrecerán una especialidad diferente cada día, que el usuario podrá encargar a través de la app de Uber, pagar directamente mediante la tarjeta de crédito que tengan asociada a ella, y ver cómo su comida se va desplazando en el mapa hacia donde estén. Por el momento, dos opciones diarias de menú, aunque está previsto ir incrementando el número de opciones a medida que crezca la popularidad del servicio.

El movimiento es un pivot clásico: reutilizar tu equipo y tus infraestructuras en un desarrollo de producto nuevo que mantenga la actividad y permita explorar nuevos negocios basados en elementos conocidos. En este caso, la idea es seguir explorando el concepto de la logística urbana – de mover personas a mover productos, como ya se había ensayado en otros casos – mediante una red de conductores, a los que la compañía exigirá tanto su inscripción como autónomos, como el aporte de sus declaraciones trimestrales. Mientras, la compañía mantiene su pulso legal contra las medidas cautelarísimas impuestas a su producto de transporte de viajeros, UberPOP. Por el momento, la compañía ha renunciado a lanzar servicios con conductores con licencia, como UberBlack, debido a que la escasísima cantidad de licencias VTC que permite la legislación española, empeñada en mantener una carestía artificial que en nada beneficia a los usuarios, haría inviable un parque de conductores que ofreciesen tarifas razonables de manera estable.

El modelo de comida on demand es posible gracias al establecimiento de unas horas determinadas de actividad, que permiten una estimación de la demanda basada en un modelo multifactorial para conseguir que los restaurantes seleccionados puedan trabajar en horas de baja actividad, previas a las horas punta de comida y cena. Al reducir el catálogo a la mínima expresión y dar al usuario únicamente dos opciones (que cambian todos los días), se posibilita la anunciada eficiencia logística que permite poner el producto en diez minutos en una zona muy amplia de la ciudad (l’Eixample, Sarrià ­ Sant Gervasi, el Poblenou y la Barceloneta).

La categoría en la que entra Uber, por supuesto, no está exenta de actividad en todos los sentidos: competidores como Delivery Hero o GrubHub en los Estados Unidos, Just-Eat en el Reino Unido con recientes adquisiciones como SinDelantal, o los alemanes Rocket Internet con Foodpanda o La Nevera Roja. Pero indudablemente, el encaje con la idea de plataforma tecnológica donde se facilita el negocio de terceros, unida a la potencia de fuego que aporta la capitalización de Uber y a la popularidad de su app, va a hacer que el tema dé bastante que hablar.

Uber pretende definirse no como una empresa de taxis, sino como una plataforma logística basada en tecnología. Ha ido probando servicios de diversos tipos, algunos que siguen funcionando, u otros, como UberESSENTIALS, de los que ya se ha anunciado su cancelación. La idea central gira en torno a la logística como servicio, se aplique a lo que se aplique, con conductores o con vehículos autónomos cuando esto sea posible. Recientemente, la compañía fichó a Tom Fallows, ex-director de Google Express (el same-day delivery service de Google), para expandir este tipo de iniciativas. Si un mercado se resiste temporalmente, es cuestión de pivotar ofreciendo otros servicios hasta que los problemas legales sean superados. Si alguien pensó en algún momento que había ganado alguna batalla o que esta historia no tenía más recorrido, que vaya pensándolo de nuevo.

 

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Cardioconsciencia

Escrito a las 11:46 am
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lpm reposo 21 de enero a 17 de febrero - Fitbit Charge HREl pasado enero, Fitbit me actualizó el dispositivo que utilizo para la cuantificación de mi actividad con el nuevo Charge HR, el primero que utilizo con sensor para la monitorización del ritmo cardíaco. Pero más allá de comentar o evaluar el dispositivo, que ya ha sido evaluado en una amplia variedad de sitios, me gustaría comentar los interesantes efectos de lo que he denominado “cardioawareness” o “cardioconsciencia”, las sensaciones que pasamos a tener cuando llevamos encima de manera constante un monitor de ritmo cardíaco.

Mi relación con mi corazón es, por así decirlo, delicada. No me ha dado nunca un problema, pero es un tema que monitorizo con cierto cuidado desde hace bastantes años. A mi edad, mi padre llevaba ya un par de anginas de pecho y un cuadro complicado que, además, viví muy de cerca, de manera que desde hace ya bastantes años me hago revisiones anuales y mantengo una cierta vigilancia, aunque en general – y seguramente debido a esos antecedentes – intente llevar un estilo de vida algo más saludable del que mi padre llevaba a mi edad. Los antecedentes no son más que eso, antecedentes: nada implica necesariamente que mi corazón vaya a seguir los pasos del de mi padre, de manera que básicamente sirven para que, cuando tengo cualquier cuestión relacionada con la salud y hago referencia a ellos, me traten con algunas precauciones adicionales. Pero más allá de eso, mi corazón, aparentemente, funciona bien – y mi padre mantiene, a pesar de sus habituales arritmias, una calidad de vida muy razonable para su edad.

La gráfica de la ilustración representa mi frecuencia basal, la media de frecuencia cardíaca durante la noche, desde el día 21 de enero. Mi frecuencia habitual en reposo tiende a ser bastante estable, alrededor de las sesenta pulsaciones. Esos días, sin embargo, pasó de una elevación discreta los primeros días, a valores sensiblemente más elevados. De hecho, mi señal de alarma vino cuando, el 2 de febrero, empecé a sentir elevaciones muy bruscas de mi frecuencia cardíaca con esfuerzos mínimos, como subir unas escaleras. Acudí al médico pensando en algún tipo de problema de arritmia, para encontrarme con algo completamente diferente: una serie de úlceras duodenales que me habían provocado una anemia fuerte. La elevación del ritmo basal de los días siguientes es precisamente eso: el resultado de un cuadro de anemia: con menos hemoglobina, la sangre disminuye su eficiencia en el transporte de oxígeno, y el corazón necesita latir más rápido.

La idea que tienes cuando incorporas el ritmo cardíaco a las variables que cuantificas de manera constante es que te puede servir para controlar tu ejercicio. Para cuestiones como tratar de mantenerte en un ritmo determinado cuando sales a correr, forzando la permanencia en rangos que permitan precisamente hacer ejercicio cardiosaludable o tratar de quemar grasas de manera más eficiente. Sin embargo, sea porque me ha coincidido una temporada de menos ejercicio o por las recientes complicaciones de mi salud, el hecho de llevar puesto un monitor de ritmo cardíaco se ha convertido en algo diferente. A partir de la primera señal de alarma, modifiqué la secuencia de contadores en la pulsera para poner el ritmo cardíaco como primera variable que se muestra tras la hora, inmediatamente antes del número de pasos, que era la que anteriormente consultaba con más frecuencia. Ahora, a través de la evolución de mi ritmo cardíaco estoy siendo capaz de monitorizar una de las variables indicativas de mi recuperación: sé que debería ir revirtiendo a los ritmos habituales anteriores a la anemia, lo que me resulta una curiosa manera de mantener un cierto control del tema.

Apple, con su tendencia a la redefinición de los dispositivos, parece haber convertido la monitorización del ritmo cardíaco en el auténtico “ser o no ser” de los smartwatches: tras la presentación del Apple Watch, del que parece ser que han hecho una estimación de demanda inicial y consecuente previsión de fabricación de entre cinco y seis millones de unidades, el monitor de frecuencia cardíaca parece haberse convertido en “lo que todo smartwatch tiene que tener para ser considerado como tal”, algo que definitivamente no estaba ahi cuando Pebble volvió a atraer la atención sobre la categoría. Eso implica que, en no mucho tiempo, muchos usuarios tendrán un smartwatch en la muñeca y estarán, por tanto, monitorizando su frecuencia cardíaca como si no hubiera un mañana. Me pregunto cuáles serán los efectos de esa súbita entrada en la “cardioconsciencia”: ¿más neurosis y preocupaciones derivadas de tener esa variable delante de la nariz de manera tan conspicua? ¿Indiferencia? ¿Curiosidad? ¿Usos alternativos, como indicador de otros posibles trastornos? ¿Curiosidades frívolas, como ese detalle “le envío mi ritmo cardíaco a mi pareja” que salía en el anuncio?

Para mí, sin duda, aunque sea por haber coincidido con un momento algo más delicado de mi salud, la cuestión está teniendo su cierto interés. Pero no dejo de preguntarme cuáles serán los efectos futuros de algo así, de la próxima popularización de wearables y smartwatches que cuantifican la actividad cardíaca, de un súbito incremento general de la cardioconsciencia en un cierto porcentaje de la población…

 

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Adicciones tecnológicas

Escrito a las 2:47 pm
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Adicciones tecnologicas - FADBookMi amigo y compañero de los años del MBA José Luis Pérez Lobo, Director Económico-Administrativo de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), me pidió a finales de diciembre una pequeña colaboración para el número 6 de la revista de la entidad, FADBook, y les escribí esta columna titulada “Adicciones tecnológicas” (pdf) que se me había pasado reseñar aquí.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Adicciones tecnológicas

Mientras el mundo evoluciona hacia un entorno en el que la conectividad y la red tienen un peso cada vez más importante, resulta curioso comprobar como en un buen número de colegios y hogares impera una mentalidad cada vez más absurdamente conservadora y retrógrada.

En comunidades autónomas como Galicia o Castilla-León, se ha llegado al punto de aprobar nuevas leyes para prohibir los teléfonos móviles en las aulas: el uso de tecnología es uno de los factores que van a determinar de manera más clara la empleabilidad de nuestros hijos… pero nosotros nos empeñamos en separarlos de sus dispositivos, en prohibírselos o en temer que “se hagan adictos”.

El concepto de “adicción tecnológica” es una de las tonterías más grandes que hemos podido crear en el imaginario colectivo. ¿Existen “adictos a la calle”? ¿Adictos a la correspondencia? ¿Adictos al teléfono fijo? Siempre puede haber patologías, pero su número no se ha incrementado significativamente. El smartphone es uno de los logros tecnológicos que más ha hecho por reducir la brecha tecnológica: antes, era preciso tener un costoso ordenador para integrarse en el mundo digital, una inversión que solía estar cerca de los mil euros. Ahora, un smartphone de alrededor de cien, o menos (la próxima generación de dispositivos Android está previsto que ronde los quince o veinte euros) tiene prácticamente la misma funcionalidad que un ordenador. Y nosotros, en lugar de maravillarnos y tratar de formar a nuestros hijos en todos los aspectos de su uso – incluida la educación y la etiqueta a la hora de usarlo – tratamos de restringírselo, y le explicamos que “para ir al colegio, tiene que desconectarse del siglo XXI y retornar al XX”, un siglo en el que, en muchos casos, ¡ni siquiera había nacido!

La brecha en la adaptación de la educación al nuevo entorno tecnológico radica fundamentalmente en la mentalidad de educadores, profesores y padres. Si dejásemos a los niños organizarse, desarrollarían metodologías para utilizarlos en su educación, como sustitutos ventajosos de los trasnochados libros. El conocimiento y la educación, hoy, ya no están entre las tapas de un libro de texto. Están en la red. Y el smartphone es la puerta de entrada.

España y los procesos de difusión sociales

Escrito a las 2:06 pm
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Campeones en WhatsApp - El País (pdf)Mantuve una interesante conversación telefónica con Thomas Gualtieri, de El País, sobre las posibles razones que hacían que España se convirtiese en un número ya elevado de ocasiones en un auténtico fenómeno de la difusión de herramientas tecnológicas, capaz de alcanzar cuotas de mercado llamativamente elevadas en períodos de tiempo mucho más cortos que los habituales en otros países. Ayer vi el artículo en el que cita algunos fragmentos de esa conversación, titulado “Campeones en WhatsApp” (pdf).

Sociológicamente, España es un país bastante especial. Por un lado, tendemos a ser muy fácilmente influenciables en muchos aspectos, especialmente en aquellos en los que atribuimos a nuestros interlocutores un cierto nivel de expertise del que consideramos que personalmente carecemos. En herramientas tecnológicas, todos tenemos referentes inmediatos personales cuyas recomendaciones de adopción tendemos a tener en consideración. Cuando hablamos de procesos de adopción en los que las barreras de entrada son bajas, esas recomendaciones, habitualmente acompañadas de la exposición más o menos entusiasta de sus beneficios, nos llevan a una toma de decisiones rápida, más aún si la propuesta de valor de la herramienta en cuestión está sujeta a externalidades de red, es decir, la escala, la adopción por parte de un número elevado de personas, forma una parte indispensable de su funcionalidad.

Para el español, ese tipo de procesos son intrínsecamente sociales, y la posibilidad de quedarse fuera de ellos supone un problema: sufrimos una crónica inseguridad que nos lleva a no querer ser “el que se queda fuera”, “el que no está”, “el que no se entera”. Las dinámicas de adopción forman parte de una especie de marca de “prestigio social” con la que buscamos vernos asociados. En el año 2000, en cuanto empezamos a oír hablar en nuestros círculos cercanos de un buscador que resulta ser mejor que los que había, todos en bloque adoptamos Google, y nuestro país se convierte en el primero en alcanzar una impensable y aparentemente inexplicable cuota de mercado de más del 95%, que tomaba completamente por sorpresa a la propia compañía. En 2010, las BlackBerry se convirtieron de repente en compañeros indispensables de todo adolescente como si las repartieran a la puerta de los colegios, a pesar de que su posicionamiento anterior había sido el de un mercado directivo con unas características notablemente distintas, hasta el punto de alcanzar una cuota de mercado elevadísima en un tiempo récord, en otro caso de adopción llevada por las externalidades de red derivadas de su plataforma de mensajería instantánea (que posteriormente fue sustituida por WhatsApp, de nuevo en un fenómeno vertiginoso, debido a la ventaja que le otorgaba el hecho de ser multiplataforma).

Sea por la razón que sea, el caso del mercado español ya es objeto de comentarios entre empresas tecnológicas, y ya ha sido clave en decisiones como la que llevaron a la coreano-japonesa Line a intentar entrar con fuerza en nuestro mercado, incluyendo campañas con actores conocidos en medios masivos: estimaban que el caso español, el ser capaces de entender las dinámicas de difusión social en un mercado con las características del nuestro, podía resultarles clave a la hora de penetrar en otros mercados hispanoparlantes. La adopción tecnológica en España tiene sin duda una base sociológica, derivada sin duda de unas características intrínsecas y diferenciadas, y para la que buscar explicaciones racionales específicas como el coste de los SMS resulta siempre una visión incompleta. Quien lo entienda y aprenda a explotarlo, puede llegar a obtener ventajas muy interesantes.

El fenómeno Slack y la comunicación empresarial

Escrito a las 5:37 pm
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slack-logoSlack alcanza el medio millón de usuarios activos diarios en el año transcurrido desde su lanzamiento, y se convierte según ellos en la aplicación empresarial de mayor crecimiento de la historia, con más de sesenta mil equipos coordinándose a través de más de 1.700 millones de mensajes a través de la herramienta y un crecimiento que ha doblado dos veces su base de usuarios en los últimos seis meses.

Su fundador, Stewart Butterfield, es muy conocido por ser en su momento uno de los creadores de Flickr, la que fue sin duda la mejor aplicación de fotografía antes de que la adquisición de Yahoo! la convirtiese en un zombie – como prácticamente todo aquello sobre lo que ese zombie llamado Yahoo! pone sus manos.

Presentado originalmente como un e-mail killer, Slack otorga el protagonismo a la mensajería instantánea, en forma de una ventana de chat con una barra de herramientas a la izquierda en la que aparecen diversos canales, ordenados de arriba a abajo en función de su nivel de intrusividad (mensaje directo, grupos privados, etc.) Arriba de todo, una lista de canales o temas, que se iluminan cuando te has perdido mensajes relacionados con ellos, junto con un número rojo si has sido directamente mencionado. A partir de ahí, una base de integración de herramientas extremadamente flexible, que ha posibilitado que los equipos que la utilizan hayan integrado funcionalidades como Google Drive, Hangouts, Twitter, Trello, GitHub, Mailchimp, Dropbox, o lo que se les pase por la imaginación. Sistemas de tickets, reportes de analítica, etc., todo en torno a un buscador potente que permite localizar cualquier comunicación, evento o hilo simplemente recordando alguna de las palabras que lo integraban.

El resultado es una base de comunicación infinitamente más eficiente que el correo electrónico, y mucho más “acogedor”, en el que adquirir los elementos culturales de la compañía resulta mucho más sencillo para los recién llegados. Las compañías lo prueban, lo adoptan, integran sus herramientas preferidas… y prácticamente ninguna lo abandona. Y como negocio, un modelo freemium extremadamente abierto, en el que el core del producto puede utilizarse gratis, y simplemente se añaden funcionalidades que resultan útiles para los equipos que se convierten en usuarios recalcitrantes. Durante el primer año, 135.000 cuentas de pago, doce millones de dólares en ingresos recurrentes anuales, y actualmente añadiendo ingresos recurrentes a un ritmo de un millón de dólares cada once días. Recurrentes, por supuesto, mientras se cumpla la máxima que el producto está demostrando hasta ahora: que aquellos que empiezan a utilizarlo y comienzan a pagar por él, siguen utilizándolo.

Por el momento, Slack está probando ser una herramienta extremadamente versátil y recomendable para empresas que empiezan a dar forma a sus esquemas de comunicación, para equipos geográficamente distribuidos, o para obtener una eficiencia comunicativa y una circulación de información que resulta, según he podido escuchar, llamativamente eficiente con respecto a los esquemas tradicionales.

Por supuesto, Slack no está sola en esta idea de reinvención de la comunicación corporativa: herramientas como el Yammer de Microsoft, Cotap, Zula o la española IMbox.me tratan también de hacerse un hueco en este ámbito, en un entorno en el que el éxito no depende únicamente de las características de las herramientas, sino de cuestiones como el apoyo de consultoras o el conocimiento por parte de los directores de tecnología. Pero una estrategia de lanzamiento brillante, que comenzó con más de ocho mil compañías en las primeras veinticuatro horas del primer anuncio, y en la no han invertido absolutamente ni un dólar en publicidad han llevado a Slack a un crecimiento impresionante, y a convertirse en protagonista de muchísimas noticias. Ahora, la compañía ya está logrando hacerse un hueco en los esquemas mentales de cada vez más directivos, y ha comenzado una estrategia de adquisiciones para reforzar la herramienta básica.

Es pronto para declarar vencedores, pero sin duda, estamos ante una tendencia en comunicación interna que va a marcar en muchos sentidos los hábitos corporativos. Posiblemente, tanto como en su momento lo hizo el correo electrónico hace algunos años. 

 

This article is also available in English in my Medium page, “Slack, the next big thing in business communication

De nuevo la escenificación del dilema entre seguridad y privacidad

Escrito a las 5:24 pm
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White House Summit on Cibersecurity and Consumer ProtectionEl White House Summit on Cybersecurity and Consumer Protection celebrado en Stanford ha servido como una nueva escenificación del debate entre seguridad y privacidad, de las tensiones entre el gobierno y las compañías tecnológicas. De hecho, el anuncio de un decreto ley presidencial sobre ciberseguridad que obligaría a las compañías a compartir más información con el gobierno sobre posibles amenazas, cuyo texto no ha sido desvelado aún, hizo que empresas como Google, Facebook o Microsoft se negasen a enviar a ningún directivo a la reunión. 

El CEO de Apple, Tim Cook, sí acudió, y su discurso fue de esos que son dignos de ser vistos con atención y guardados con mimo:

 

 

Una cerrada defensa de la privacidad como derecho universal en la misma línea de la carta publicada el pasado septiembre, y de la necesidad de que las compañías tecnológicas hagan todo lo que esté en su mano para ofrecerla de la mejor manera posible a sus usuarios, para muchos de los cuales, en muchas partes del mundo, puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte. Sacrificar nuestro derecho a la intimidad puede tener graves consecuencias. Si los que están en puestos de responsabilidad en esas empresas tecnológicas no logran hacer todo lo que esté en su mano para proteger el derecho a la intimidad, corren el riesgo de perder algo mucho más valioso que el dinero: de arriesgar su forma de vida.

Obama, por su parte, se manifestó preocupado: por un lado, se muestra claramente a favor de la existencia de herramientas de cifrado fuertes para los usuarios, pero por otro, mantiene que los ciudadanos exigen a su gobierno que les proteja, y afirma que “la primera vez que se produzca un atentado en el que tuvimos pistas que no pudimos seguir, el público va a exigir respuestas”. Respuestas que va a tratar de obtener de las compañías tecnológicas en forma de una mayor cooperación, eufemismo que esconde el desarrollo de herramientas – puertas traseras, etc. – que las compañías tecnológicas no pueden en modo alguno entregar.

El debate de siempre: el gobierno pidiendo mejores métodos de vigilancia, a cambio de ofrecer una falsa sensación de seguridad que ya todos sabemos que es completamente inexistente. Sí, es posible que en el próximo atentado, los ciudadanos se pregunten por qué su gobierno no llevó a cabo una labor de vigilancia mayor. Pero disponer de herramientas para vigilar las comunicaciones de todos los ciudadanos o de herramientas de cooperación capaces de espiar cualquier conversación no va a evitar que esos atentados se produzcan. Por tanto, es el momento de educar a los ciudadanos, de explicarles que su presidente tiene el mismo derecho de utilizar herramientas de cifrado fuertes que ellos, y que eso convierte el espionaje de las comunicaciones en algo completamente inviable. En algo que, a estas alturas y sabiendo ya lo que sabemos, no debería siquiera intentarse. La prevención de atentados tendrá que hacerse de otra manera, en base a otros métodos. Pero las intenciones del gobierno norteamericano, capaz de desarrollar la mayor maquinaria hipertrofiada de espionaje colectivo jamás creada y que no sirvió para evitar que les llenasen de bombas delante de sus narices la meta de un maratón popular, apuntan a que quieren volver a equivocarse de nuevo. A costa de las libertades de todos sus ciudadanos.

 

This article is also available in English in my Medium page, “Privacy vs. security: the dilemma that just won’t go away

Sociedades post-trabajo

Escrito a las 1:54 pm
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Sociedades post-trabajo - Expansión (pdf)

Mi columna de Expansión de esta semana se titula “Sociedades post-trabajo” (pdf), y es una pequeña reflexión sobre la posibilidad, cada día más contemplada por algunos analistas, de que estemos evolucionando hacia un tipo de sociedad marcadamente diferente en la que el trabajo pasaría a tener un papel completamente distinto, un cambio tan estructural y tan de esos que afectan al llamado “sentido de la vida” para muchos que todavía resulta muy difícil de imaginar.

A continuación, el texto completo del artículo:

 

Sociedades post-trabajo

La idea del trabajo es absolutamente central a nuestra sociedad. Ser trabajador o tener un trabajo son elementos fundamentales en la funcionalidad social. El desempleo es visto como un drama, y evaluamos el bienestar de una sociedad en función de cuánto se aproxima al pleno empleo. El trabajo se plantea como “un sacrificio” por el que hay que pasar para obtener otras cosas. Todo, hasta la organización de las ciudades, evolucionó a partir de la idea del trabajo.

¿Y si todo ese sistema de valores estuviese entrando en crisis definitiva? ¿Y si el desempleo estructural siguiese creciendo, llevado por una productividad cada vez más elevada y una tecnología cada vez más versátil y eficiente? ¿Y si no fuese un error del sistema, sino una consecuencia lógica de la evolución del mismo?

Algunos empiezan a plantearse que la concepción del trabajo como elemento vertebrador de las sociedades humanas podría tener una vida limitada. Que podríamos estar evolucionando hacia una sociedad post-trabajo, en la que el trabajo es visto únicamente como algo vocacional, como una superación personal, como una manera de estímulo, como algo que hacemos porque nos apetece o nos interesa.

¿Cómo afrontar una idea que ataca directamente la base de nuestras sociedades? ¿Vamos a seguir creando puestos cada vez más superfluos e innecesarios, para “disimular” que seguimos trabajando? ¿O directamente asumir que los mecanismos que diseñamos a modo de “emergencia” van evolucionando hacia rentas básicas universales, hacia un “ingreso por estar vivos”, mientras el trabajo cambia completamente su connotación? En la sociedad que viene, trabajarán únicamente aquellos que realmente quieran trabajar, que disfruten de su trabajo. Una idea que va a cambiarlo todo. Pero a la que tenemos que ir pensando en acostumbrarnos. 

 

Algunas lecturas adicionales recomendadas sobre el tema:

 

This article is also available in English in my Medium page, “Post-work societies

Sobre mi forma de trabajar

Escrito a las 7:10 pm
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Hands on laptop

Hacía tiempo que no hacía una entrada sobre mis métodos de trabajo. Recientemente me propusieron que la escribiese, así que, como mi metodología suele ir cambiando y adaptándose a distintas herramientas, pensé que podría ser una buena idea. Por supuesto, no pretende ser ningún tipo de ejemplo de nada: es, simplemente, la forma que me funciona a mí, pero encantado si a alguien le puede aportar algo :-)

Es importante recordar que mi página no es ni ha sido nunca un fin en sí mismo. Es simplemente una forma de preparar mis clases, de mantener ordenado el material que utilizo en ellas, y de tratar de asegurarme a mí mismo que estoy al día en las novedades de la industria. Además, es y ha sido siempre una labor exclusiva mía: salvo la parte más técnica de la administración, que corresponde a Blogestudio, y la gestión de campañas publicitarias, que lleva SocialMedia S.L., absolutamente todas las tareas de selección de contenido, imágenes, escritura de las entradas, gestión de comentarios, etc. me corresponden única y exclusivamente a mí, y nunca las delego ni las he delegado a nadie. Simplemente, lo considero parte de mi trabajo como profesor.

Todo el trabajo lo hago en un portátil, desde hace años, un MacBook Pro. Uso la misma máquina en todas partes, aunque si lo uso en el despacho de casa o en el de IE Business School, le añado además un monitor adicional, al que paso las ventanas de correo y redes sociales mientras escribo. Si trabajo desde el salón, que es lo más habitual cuando estoy en casa, ni eso. Ratón, hace muchos años que no lo uso: con el trackpad me sobra.

Suelo empezar el día con Feedly. Ahí monitorizo treinta y tantas fuentes de información (las públicas, aquí), que suelo pasar rápidamente en modo lectura de titulares. De ahí, selecciono las noticias que me llaman la atención, me quedo generalmente con la fuente que más me ha gustado (a veces guardo varias versiones si creo que tienen enfoques que valen la pena), y las guardo en dos sitios: en mi revista de Flipboard, y en este tablero de Pinterest.

Generalmente, esa fase termina con la selección de algún tema sobre el que escribir. No siempre es así: algunos días, como los viernes, ya tengo la entrada predeterminada porque suelo dedicarlos a reseñar mi columna en Expansión (que entrego los miércoles por la noche), aunque si ocurre algo sobre lo que quiero escribir, puedo añadirlo como una entrada más. Lo que no me ocurre es tener algo escrito de otro día: nunca he escrito “para inventario”, no tengo absolutamente nada en las “entradas en borrador” de mi WordPress.

En otras ocasiones, si no he encontrado ningún tema que me llame especialmente la atención o no tengo tiempo, aprovecho para hacer entradas que recojan mi actividad en otros sitios, citas a mi trabajo, preguntas que me hayan hecho, etc. Ese tipo de entradas de reseña son obviamente más sencillas de hacer, y son un alivio cuando vienen días especialmente ocupados con otras actividades o cuando ocurren imprevistos que me impiden una dedicación normal. Para localizar esas entradas, me alimento del clipping de IE Business School, y de algunas búsquedas preconfiguradas de distintas variedades de mi nombre en Feedly, Google News, Twitter, etc. Por lo general, hago esas reseñas en cuanto las veo aparecer, aunque en algunos casos recibo un pdf directamente del editor, en ocasiones (cada vez menos) con la petición de no publicarlo hasta dentro de un cierto tiempo.

Las entradas de reseña son para mí una forma de poner en valor los recursos que invertí en su preparación: si alguien cita unas declaraciones mías, típicamente detrás de ello hubo una conversación, un intercambio de mensajes, la redacción de un artículo o cualquier otra cosa. Además, introducirlas en el blog me funciona como una forma de organizar mi propio repositorio de información.

Terminada la selección de tema, paso a documentarlo. Eso para mí incluye habitualmente dos paradas: la consulta de noticias recientes, que suelo hacer mediante mi propio tablero de Pinterest (la búsqueda es razonablemente buena), y desde hace poco, la Power Search de Feedly, que empiezo por mis feeds y en ocasiones, continúo con el Beyond My Feedly. Lo que suelo hacer es abrir una ventana nueva de navegador con la noticia que me inspiró la entrada, y en ella, abrir pestañas con todo lo que voy seleccionando para documentarla, que típicamente terminan siendo enlaces en el texto final.

El proceso de escritura suele tardar poco, habitualmente menos que la fase de selección y documentación. Empiezo con un título, que suele quedarse así (a veces lo cambio si el proceso de escritura me ha llevado por otros caminos, pero no es lo normal), y busco una ilustración, que puede salir o de una búsqueda si encuentro algo libre de derechos, o de librerías de imágenes como 123RF. Típicamente, imágenes con fondo blanco, o si no, con un simple marco. Cuando termino, le aplico unas palabras clave (de memoria, de ahí que a veces surjan algunas inconsistencias), y sin más, previsualizo y aprieto el botón mágico.

Inmediatamente tras la publicación, selecciono el título, y lo pego en LinkedIn, Facebook y Google+. Paso al enlace, sigo secuencialmente el mismo camino, y finalmente, utilizo los botones de la propia página para Pinterest y Twitter. La ilustración la paso a un directorio llamado Gallery al que recurro mucho en mis presentaciones, o bien se queda en el escritorio hasta que tengo lista la versión traducida, que publico en Medium habitualmente unas horas después.

Ese es el origen y proceso de la inmensa mayoría de mis entradas. En alguna ocasión dedico entradas a alguna experiencia personal, a alguna clase con invitado, a algún evento, a alguna conversación o reunión interesante, a algún producto con el que he tenido una experiencia reseñable o a algún tema que llevo tiempo siguiendo. Jamás escribo por encargo, es rarísimo que dedique entradas a quien me escribe pidiéndomelo. De hecho, pedírmelo suele ser la forma más directa de disminuir las posibilidades de que escriba sobre algo, solo superada por el envío de notas de prensa y por ofrecerme dinero por escribir, que directamente anula toda posibilidad de que lo haga (no sé si tengo un precio, pero por el momento, nadie lo ha encontrado :-) Enviarme un producto para que lo pruebe no asegura nada de nada: solo lo pruebo si me interesa, solo escribo si realmente hay algo que me haya llamado la atención, y avisando de que recibí el producto directamente de la compañía. En cualquier caso, la gran mayoría de los productos sobre los que escribo me los sigo comprando yo como haría cualquiera: tengo un cierto presupuesto dedicado a esas cosas, bastante más de lo que mi mujer querría.

Comentarios, trato de moderarlos lo antes posible, aunque hay unas ciento y pico personas cuyos comentarios aparecen sin necesidad de moderación. Contesto los que puedo, cuando puedo, y elimino muy, muy pocos, en torno a un par de ellos o tres cada semana.

Y esto es un poco mi día a día, o el día a día de esta página. Carece de una rutina como tal: hay días en los que empiezo con el tema definido, otros días en los que el tema aparece tempranito, otros en los que me lleva un buen tiempo de lectura decidirlo, y otros en los que no tengo tiempo de nada y termino encontrando algo que reseñar que me salva el día. No escribo por escribir ni por “llenar el día”, pero indudablemente, llevar más de diez años forzándome a escribir todos los días funciona como un potente elemento de disciplina que me viene muy bien. En el fondo, volvemos al principio: esta página y sus derivados no son más que la forma que un profesor de Innovación utiliza para intentar, en la medida de sus posibilidades, mantenerse al día sobre las cosas que utilizo en mis clases. Poco más. Y poco menos :-)

 

 

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