Durante años, incluso en las discusiones del caso Apple en mis clases, se ha repetido una idea tan cómoda como equivocada: que Steve Jobs fue el gran innovador y Tim Cook, poco más que el administrador aplicado que tuvo la suerte de heredar la máquina perfecta.
La sucesión anunciada por Apple, con Cook pasando a executive chairman y John Ternus asumiendo la dirección ejecutiva el 1 de septiembre de 2026, invita precisamente a desmontar ese tópico. Porque si algo demuestra la era Cook es que convertir una compañía mítica en una organización todavía más poderosa, más influyente y más compleja no es una tarea administrativa: es una forma de liderazgo de altísimo nivel. Tim Cook fue capaz de construir una Apple más grande, más rentable y, en muchos sentidos, más relevante que la que dejó Steve Jobs. Apple lo ha formalizado así, y la propia elección de Ternus deja claro que la compañía no busca una ruptura teatral, sino una continuidad cuidadosamente diseñada.
Cook recibió una Apple extraordinaria, sí, pero también una Apple peligrosamente identificada con una sola personalidad irrepetible. Su primer mérito fue evitar que la compañía se convirtiese en un mausoleo dedicado al culto a Jobs. El segundo, muchísimo más difícil, fue escalarla hasta convertirla en una potencia de dimensiones históricas. Cuando asumió el cargo en agosto de 2011, Apple valía en bolsa alrededor de 350,000 millones de dólares; hoy ronda los 4 billones. En ese mismo periodo, la facturación anual ha pasado de 108,000 millones a 416,161 millones de dólares. No estamos hablando de «mantener el rumbo», sino de multiplicar la escala de una empresa ya gigantesca sin que se rompiese por el camino. Este artículo de AP lo resume bien, pero basta con mirar el 10-K de Apple de 2025 para entender la magnitud real del salto.
La lectura simplista de que Cook «no innovó» suele partir de una confusión muy habitual: confundir innovación con invención fundacional o con espectáculo carismático. Pero innovar no es únicamente subir a un escenario y sacar un producto imposible del bolsillo. Innovar es abrir categorías, redefinir mercados, construir nuevos modelos de negocio y convertir capacidades tecnológicas en ventajas estructurales. Bajo Cook, Apple consolidó y escaló la categoría del reloj conectado hasta convertir el Apple Watch en una referencia global, hizo de los AirPods un estándar cultural y comercial, lanzó Apple Pay tras conseguir imponerse a toda la industria, empujó a la compañía hacia salud, servicios, microprocesadores propios, audio, suscripción y computación espacial. Además, la propia Apple atribuye a Ternus haber sido clave en líneas como iPad y AirPods, lo que muestra hasta qué punto la innovación en Cupertino hace tiempo que dejó de ser obra de un solo profeta y pasó a ser el resultado de una organización profundamente coordinada.
De hecho, si hay un legado específicamente propio de Tim Cook, es haber entendido que Apple no podía seguir siendo solo una extraordinaria compañía de hardware. Tenía que convertirse, además, en una máquina de ingresos recurrentes extraordinariamente eficiente. En el ejercicio fiscal 2025, los servicios generaron 109,158 millones de dólares, con un margen bruto del 75.4%. Esa cifra por sí sola explica una parte esencial de la transformación de Apple: Cook convirtió el ecosistema en una capa de negocio masiva, rentable y persistentemente adhesiva. WIRED lo plantea con acierto: buena parte de su legado consiste en haber hecho de Apple no solo una marca de dispositivos, sino también una plataforma de suscripción y captura de valor. No es una deriva menor ni una nota a pie de página: es una reinvención completa del modelo económico de la empresa frente a otro, el del hardware, en el que la copia barata tomaba cada vez menos tiempo.
También conviene recordar que Cook no fue simplemente el guardián de una inercia tecnológica heredada. La transición a Apple Silicon, una de las apuestas estratégicas más importantes de la historia reciente de la compañía, se produjo bajo su mandato. Fue una operación de altísimo riesgo industrial, técnico y organizativo, y hoy constituye una de las ventajas competitivas más claras de Apple. La integración vertical que siempre definió a la compañía alcanzó con esa decisión un nuevo nivel de madurez. Y que en el relevo se nombre a Johny Srouji como nuevo Chief Hardware Officer no hace sino subrayar que Apple interpreta su futuro como una combinación de continuidad en hardware, chips y plataforma. El anuncio del ascenso de Srouji me parece, en ese sentido, muy revelador.
Otra caricatura injusta sobre Cook consiste en presentarlo como un tecnócrata anodino, eficaz pero moralmente neutro, que tampoco resiste el contraste con la realidad: fue bajo su liderazgo cuando Apple convirtió la privacidad en una parte central de su posicionamiento, hasta el punto de asumir enfrentamientos muy visibles con gobiernos y con el capitalismo de vigilancia dominante en la industria. La carta pública de Apple frente al FBI sigue siendo uno de los documentos empresariales más importantes de la última década sobre derechos digitales, y la compañía continúa afirmando de manera explícita en su página de privacidad que la privacidad es un derecho humano fundamental. Eso no significa que Apple haya sido perfecta, especialmente en mercados como China, donde las contradicciones son obvias y serias. Significa algo más interesante: que Cook entendió que en el siglo XXI una gran tecnológica no compite solo con productos, sino también con principios, aunque luego esos principios choquen con la realidad geopolítica.
A eso se suma un elemento personal y político que tampoco debería minimizarse. Cuando Tim Cook publicó en Bloomberg su texto «I’m proud to be gay«, no estaba haciendo una confesión ornamental ni una maniobra de relaciones públicas: estaba interviniendo culturalmente desde una de las posiciones de poder corporativo más visibles del mundo. Que el máximo ejecutivo de Apple asumiese públicamente ese papel o hablase especificamente en contra del racismo son hechos que han tenido un impacto simbólico considerable, y no pueden separarse de una forma de entender el liderazgo como algo más que la maximización del beneficio trimestral. Cook ha sido, con todas sus contradicciones, una de las pocas figuras del gran capitalismo tecnológico estadounidense que ha intentado proyectar una idea de empresa con valores públicos reconocibles.
¿Quiere eso decir que su etapa carece de sombras? En absoluto. Apple llega al relevo con problemas evidentes: presión regulatoria sobre la App Store, una dependencia de China que lleva años revelándose como vulnerabilidad estratégica, y una sensación bastante extendida de que la compañía no ha sabido colocarse en cabeza de la actual ola de inteligencia artificial. Son retos reales, no detalles de maquillaje. Pero incluso ahí conviene evitar la pereza analítica. Precisamente porque Cook construyó una Apple inmensa, rentable y disciplinada, el margen para parecer “revolucionario” se redujo. Cuanto mayor es una empresa, más difícil resulta sorprender sin poner en riesgo lo que la hace funcionar. El nuevo CEO no recibe una misión romántica de inventor; recibe la tarea mucho más dura de gobernar un ecosistema global bajo presión tecnológica, política y regulatoria.
Por eso John Ternus parece una elección lógica. No representa una refundación, sino una continuidad con acento ingenieril. Apple lo presenta como un veterano de producto, implicado en iPad, AirPods, Mac y en mejoras de fiabilidad, materiales y sostenibilidad. Es una apuesta por el conocimiento interno, por la integración vertical y por la disciplina cultural de la casa. En otras palabras, el consejo no parece creer que Apple necesite un mesías, sino alguien capaz de proteger un sistema enormemente sofisticado mientras intenta empujarlo hacia su siguiente fase. Y eso, en realidad, también es una victoria de Cook: dejar una sucesión ordenada, coherente y nada dramática en una compañía que durante demasiado tiempo fue leída a través del prisma de la excepcionalidad personal.
La historia que ahora empieza a escribirse no es la del hombre gris que se va y deja paso al próximo visionario. Esa historia es periodísticamente cómoda, pero intelectualmente pobre. La historia real es bastante más interesante: la de un ejecutivo que muchos confundieron con un simple operador y que terminó demostrando que escalar, diversificar, moralizar parcialmente y blindar estratégicamente una empresa como Apple requería tanto talento como lanzar el producto que la hizo famosa. Steve Jobs inventó una parte fundamental del imaginario de Apple. Tim Cook hizo algo igualmente excepcional: convertir ese imaginario en una infraestructura de poder económico, tecnológico y cultural de alcance planetario, además de innovar entrando en una buena cantidad de categorías. Y eso no es vivir de una herencia. Eso es construir una época.


Yo no definiría a Cook como «moralmente neutro», yo diría que es capaz de vender a su mamá en pública subasta. Por un lado sale del armario y por otro ha ido corriendo a limpiarle los zapatos a lametazos al naranjito que ya sabemos lo que opina de los gays. Moral me parece que ninguna, pasta, pasta y más pasta.
Si hay algo que me molesta profundamente es endiosar a una persona por dirigir una empresa que va bien sea por copiar productos y hacerlos pasar por innovadores en lo tecnológico, sea por lanzarlos con un marketing basado en el branding, sea por dirigir la compañía a los buenos resultados.
Repasamos algunos logros:
IPODS. Aparatitos portatiles para reproducir música en un formato comprimido. Los había antes, lo que no había era una bateria soldada para que el usuario la pudiera cambiar. En 2003 y 2004, se presentaron varias demandas colectivas en EE. UU. (ej. Tribunal Supremo del Condado de San Mateo, California) que acusaban a Apple de utilizar baterías de baja calidad en los iPods de primera, segunda y tercera generación. Estas baterías estaban soldadas, lo que dificultaba su reemplazo, y los usuarios denunciaban que su capacidad se degradaba drásticamente en menos de un año. Apple acordó pagar una indemnización para resolver la demanda, que incluía pagos en efectivo, créditos para la tienda o reemplazos de batería para los clientes afectados que compraron un iPod antes del 31 de mayo de 2004.
IPHONE
Apple enfrentó un caso diferente conocido como «Batterygate» (2017-2020), relacionado con la ralentización intencionada de iPhones viejos, por el cual también pagó acuerdos millonarios
Newton MessagePad (1993).
Básicamente cuando surgieron las PALM tuvieron que retirarla del mercado… por sus fallos de «usabilidad»
APPLESTORE
Esto no fue una innovación para mejorar a los usuarios sino una trampa para que el comprara un IPAD o IPHONE, tuviera que pasar por caja de la carcel del ecosistema. Aqui la innovación fue sodomizar al cliente, y algunos contentos, el famoso no se me cuelan virus…
Y luego fallos «menores»:
* El upgrade de los OS obligatorio, gratuito pero con la desgracia, que a mayor IOS requerían más recursos, y el dispositivo se quedaba frito (obsolescencia programada)
* El lector de PDFs de MACOS, que ponías uno con adjuntos, y solo por usarlo los boraba…
* El doble factor de autenticación con IOS «viejos», te lo ofrecían, y luego te bloqueaban el dispositivo…
Para ser sinceros no es la única marca en trolear al usuario pero es la que más adeptos tiene, cuando un problema sucede y se denuncia, salen otros usuarios a defender esas mezquindades.
La solución fácil es no compres esa marca, la dificil es porque se permiten prácticas que atentan contra la libre competencia.
Porque no hay OS libres para los IPAD? Lo de android al final es win win, lo que gana google con estos dispositivos es increible, incluso para pagarles que el buscador por defecto sea el suyo
¿Por que se permitió durante tanto tiempo que solo hubiera una store? El famoso affaire con Epic Games, y su defensa a ultranza de ese 30%
Etc etc etc
Mucho claro-oscuros manejando las esferas del poder, dando codazos a sus usuarios no lobotomizados (los que actualizan cada nueva versión)
Y de cagadas varias de «Cock» para que hablar de la pollada de las gafas, o de la inteligencia manzana, que hoy no, pero mañana llegará…
Y no tengo tan claro que lo de la Inteligencia Manzana, sea cagada del todo, igual lo inteligente fue estar pero no estar…
Esto a vuela pluma, seguro que en 50 años hubo más cagadas y algún acierto