Varias personas, por correo o a través de los comentarios, me han pedido que escriba sobre un incidente en el que un chico de dieciocho años ha sido denunciado por el director y el profesor de filosofía de un instituto madrileño por haber publicado en su blog comentarios y opiniones acerca de la gestión y los métodos de enseñanza del centro. El hecho ha sido documentado en sitios como Barrapunto, 20 Minutos o El Mundo, por lo que no me extenderé en narrarlo.
¿Mi opinión? Considerando como condición no discutible por mi parte,
– Que una persona, sea niño, adulto o esté situado en la frontera entre ambas condiciones, tiene derecho a escribir lo que le venga en gana sea en un blog, en un foro, en un pasquín, en un cartel o una hoja de papel.
– Que la legislación sobre lo que es o no es material injurioso es extensa en nuestro país, y posee un abundantísimo número de casos en los que documentarse.
– Y que cualquier persona tiene derecho, si se considera injuriada, a acudir a los tribunales de justicia para defenderse,
creo que lo vertido por el alumno en el blog, en virtud de las formas y expresiones empleadas en su redacción, puede ser considerado muchas cosas, pero no injurioso. Puede calificarse de diferencia de opiniones, de juicio de valor o de crítica, pero muy dificilmente, creo, de injurias. En cualquier caso, no soy yo magistrado ni experto en leyes, de manera que la determinación de la condición de injurioso corresponde al juez. Pero valorando el entorno social, político y mediático en el que el autor del blog se desenvuelve, si sus escritos reciben el calificativo de injuriosos, creo que medio país, empezando por muchos de sus políticos, deberían ser igualmente objeto de denuncia. Desde mi punto de vista, el concepto de injurias que poseen tanto el profesor de filosofía como el director del centro están un tanto distorsionadas. Pecan, por así decirlo, de tener una piel demasiado fina.
El autor del blog puede, por tanto, utilizar ese medio – y cualquier otro que estime oportuno – para realizar críticas a lo que buenamente estime oportuno, y el que lo haya hecho no debe indicarnos nada más que el que ese comportamiento, lejos de desaparecer, se va a multiplicar en el futuro. Escribir en un blog es sencillo, está al alcance de todo el mundo, y es una buena manera de asegurar un impacto potencial mayor que si se escribe en otros medios a su alcance. ¿Y los afectados por las críticas, es decir, el profesor y el director del centro? Pues desde mi punto de vista, han cometido varios errores: el primero, utilizar un medio disciplinario como la apertura de un expediente con el fin de acallar unas críticas expresadas de una manera aceptable – una vez más, desde mi punto de vista, y yo no soy juez. Y el segundo, provocar una judicialización absurda de un pacífico entorno escolar en el que el recurso a los tribunales carece completamente de toda lógica y constituye, otra vez según mi opinión, una verdadera desmesura. En este caso, si alguien ha utilizado su fuerza de manera injustificada no sería desde luego el alumno con su ratón y su teclado, sino la dirección con sus expedientes y sus tribunales. Me parece, simplemente, una verdadera barbaridad.
Otra cosa, por supuesto, es el caso al que se alude en este comentario, al que yo había hecho referencia hace tiempo, ocurrido en una escuela estadounidense, en el un alumno reprodujo en su blog fotografías de su profesora en la que la cara de su profesora hacía un morphing con la de Adolf Hitler, mientras en otra foto aparecía con una cabeza decapitada y goteando sangre en la mano, y en el texto se invitaba a los lectores a contribuir con donaciones de $20 para contratar a un matón para asesinarla. En estos casos se incurre sin duda, en hechos constitutivos de delitos como injurias o amenazas, se hagan en un blog, en un foro, o en escritura cuneiforme sobre una piedra, y lo que evidentemente habría que traer a consideración es la madurez (o falta de) de sus autores. Pero ninguno de esos hechos tiene el más mínimo parecido con el sujeto de este comentario. En ese blog, yo sólo leo unas críticas desarrolladas en un lenguaje aceptable – no versallesco, pero aceptable – hacia temas que resulta perfectamente lícito que un alumno de un centro educativo critique. Y que como contestación podrán recibir un comentario, un debate o un silencio administrativo, pero nunca una apertura de expediente o un recurso a unos tribunales que además, o mucho me equivoco, fallarán seguramente en favor del demandado o, simplemente, desestimando la causa.
Pero por supuesto, se trata simplemente de mi opinión. Cualquier otra – o reafirmaciones de la misma – bienvenidas sean a los comentarios.






24.06.2006 a las 16:23 Permalink
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