
Domingo por la mañana. Me acerco a la T4 del aeropuerto de Barajas a llevar a mi amigo Juan. Su avión salía a las 11:55 y tenía ya la tarjeta de embarque en el bolsillo, así que calculamos llegar al aeropuerto con una hora de antelación. Y así fue, a las 10:50 aparcábamos en las deliciosamente grandes plazas de aparcamiento de la T4. Nos encaminamos al filtro de seguridad, cuando de repente, vemos una cola que da la vuelta a toda la terminal… en ambos sentidos, a derecha y a izquierda, dos hileras enormes de viajeros con cara de pocos amigos llenaban el pasillo central, y serpenteaban por los corredores delimitados con cintas que hay en la última parte del recorrido… Por el aspecto, guardar esa cola correctamente podría llevar entre cuarenta minutos y una hora. En la primera foto, un aspecto de uno de los lados de la cola que había formada, con mi amigo Juan en primer plano.
Pues bien, la segunda foto, aunque no lo parezca, está tomada desde el mismo sitio. Simplemente girar noventa grados a la derecha te permitía apreciar un detalle sumamente interesante: de los diez filtros de seguridad que pude contar que posee la terminal, únicamente cuatro estaban activos y en uso en ese momento. Los otros seis permanecían cerrados, sin personal. Por curiosidad, preguntamos a un agente de seguridad qué hacer, dado que todo indicaba que hacer esa cola nos haría perder el embarque, y nos dice simplemente que “en el segundo pasillo a la derecha hay otro filtro de seguridad vacío”… Nos encaminamos hacia nuestra presunta salvación, y vemos que es el filtro de seguridad de Puente Aéreo, por supuesto desierto como suele corresponder a esa ruta un domingo por la mañana. Llegamos, enseñamos la tarjeta de embarque, y… “lo siento, señor, sólo estamos autorizados a dejar pasar a viajeros con destino al puente aéreo”. Ambos filtros de seguridad conducen al mismo lugar del aeropuerto, al andén central, pero a pesar de la situación de obvio colapso de uno de los sitios, el otros permanecía perfectamente ocioso (amén del contradiós y de la falta de respeto que supone tener seis filtros de seguridad cerrados y una kilométrica cola de CLIENTES, y escribo con mayúscula CLIENTES a ver si así algunas compañías se enteran de qué es lo que son, esperando para embarcar, perdiendo sus aviones y teniendo que cambiar sus billetes posteriormente). La visión de semejante cola de clientes resignados me hacía pensar en qué pasaría si, simplemente, alguno de ellos, dotado de cierta iniciativa y liderazgo, y tras alcanzar el límite de su paciencia, incitase a la masa de personas esperando a saltarse los filtros de seguridad a través de las entradas vacías… ¿que iban a hacer los guardias civiles presentes en un caso así? ¿Disparar?
¿Qué pasa? ¿Que es poca antelación una hora para llegar a un aeropuerto y volar en un vuelo nacional con salida un domingo por la mañana? Qué quieren, ¿dos horas? ¿Que dediquemos el día entero a nuestro viaje por culpa de su absurda y evidente ineficiencia? ¿No se puede, en cuanto se ve que se forma una cola semejante, levantar un teléfono y hacer llegar un contingente de Guardia Civil que permita abrir los diez filtros y ponerlos en pleno funcionamiento a toda velocidad? O, en un caso de excepción como éste, habilitar el filtro de seguridad de Puente Aéreo para repartir al menos la carga? No, es más fácil que el personal de Iberia diga que es culpa de AENA, el de AENA diga que la culpa es de Iberia, otros digan que la culpa es de la Guardia Civil, y mientras tanto, los CLIENTES que han pagado para volar y llegar a una hora determinada a su punto de destino tengan que ver como, habiendo llegado al aeropuerto con un tiempo más que razonable, pierden sus aviones y se ven obligados a cambiar el billete. Total, qué más da, sólo son clientes…
Suspenso. Un suspenso enorme. Un desastre. Una muestra de cómo nunca se puede tratar a tus clientes. Que el responsable que corresponda, que seguramente estaba pasando tan tranquilo en su casa una mañana de domingo, se ponga las pilas. O que directamente se las quiten, las pilas, y los galones, y pongan a alguien que sepa manejar algo así. La T4, claramente, les queda grande.
ACTUALIZACIÓN: Juan, que sí llegó a su vuelo (no en vano mide casi dos metros… piernas largas que tiene el tío para correr por la terminal :-) comenta sus impresiones en esta entrada, “De infraestructuras e ineptitud: la nueva Terminal 4“.






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