Los titulares de principios de este año en los que se informó de que la Unión Europea estaba dando marcha atrás en su impulso por una sociedad sin efectivo tienen, sin duda, algo de ironía.
Tras años de políticas que favorecían los pagos digitales para combatir la evasión fiscal y el blanqueo de capitales, Bruselas ha decidido prohibir que los comercios rechacen el efectivo ante un crecimiento de establecimientos que, en 2024, se negaban a aceptarlo en más de una de cada ocho tiendas. La narrativa dominante de una desaparición inminente de los billetes y monedas parece haberse chocado de bruces con una realidad bastante más compleja.
Europa no parece estar sola en esta especie de reencuentro con el cash. Las últimas encuestas ...