La productividad que no se convierte en tiempo libre

IMAGE: A tired office worker sits at a cluttered desk late at night, staring at a laptop while a glowing humanoid AI figure appears beside him, symbolizing technology increasing workload rather than reducing it

Mi columna de esta semana en Invertia se titula «La IA no viene a liberarte: viene a intensificar tu jornada (y a convertirte en su profesor)» (pdf), y trata sobre una de esas verdades incómodas que el marketing tecnológico prefiere no mirar de frente: la promesa de que la inteligencia artificial «nos quitará trabajo» está derivando, en demasiados casos, en exactamente lo contrario. La dinámica que empieza a verse en empresas reales no es la de jornadas más cortas y tareas más humanas, sino la de una intensificación progresiva del ritmo, el alcance y la disponibilidad esperada, un auténtico overclocking, hasta convertir la productividad en una nueva línea base de exigencia.

La idea no es solo una intuición. Harvard Business Review acaba de publicar un artículo muy directo, «AI doesn’t reduce work—it intensifies it«, que resume un patrón cada vez más reconocible: cuando se introduce inteligencia artificial, las personas tienden a trabajar más deprisa, asumir más tareas y extender el trabajo a más horas del día, muchas veces sin que nadie se lo pida explícitamente. El incentivo es sutil: si puedes hacer más, se espera que hagas más. Y si haces más, esa cifra pasa a convertirse en el estándar.

Esa intensificación se mezcla con otra capa menos visible, pero igual de corrosiva: la ansiedad. The Guardian ha lanzado una serie de reportajes, Reworked, precisamente para poner el foco en cómo la inteligencia artificial está alterando trabajo y poder, y no desde el punto de vista de los directivos que la venden, sino desde el de las personas que la sufren o la incorporan para sobrevivir a la presión. El arranque de la serie, «AI’s workplace revolution is here – and anxiety is rising with it«, es especialmente útil para entender por qué esta transformación no se vive como liberación, sino como incertidumbre. Otro de los capítulos, «How the anxiety over AI could fuel a new workers’ movement«, conecta esa inquietud con algo políticamente relevante: cuando el poder en el trabajo se erosiona y las reglas las fija quien controla la tecnología, la reacción social no tarda en aparecer.

Esa percepción no es marginal. Un estudio del Pew Research Center sobre trabajadores en Estados Unidos muestra que una parte significativa se siente preocupada por cómo se usará la inteligencia artificial en el trabajo y por su impacto en oportunidades futuras. No es difícil trasladar esa sensación a Europa, aunque aquí la conversación vaya más lenta: el miedo no es solo «me van a sustituir», sino «me van a medir», «me van a exigir lo imposible» o «me van a convertir en un engranaje de un sistema que no controlo».

En esa misma línea, el debate serio sobre empleo con inteligencia artificial lleva tiempo insistiendo en que el impacto dominante puede ser de «aumentación» más que de automatización total, pero que eso no significa necesariamente mejora de condiciones. El Working Paper de la OIT, «Generative AI and jobs: A global analysis of potential effects on job quantity and quality«, es una buena referencia para situar la cuestión donde debe estar: no solo cuántos empleos desaparecen, sino qué ocurre con la calidad del trabajo, el contenido de las tareas y el reparto del valor generado.

A todo esto se añade un fenómeno que en muchas empresas crece más deprisa que cualquier despliegue oficial: la shadow AI. Empleados que, por presión de tiempo o por falta de herramientas internas, acaban utilizando servicios no autorizados, pegando fragmentos de documentos, correos, código o datos sensibles en sistemas externos. KPMG lo documenta en su informe «Shadow AI is already here: Take control, reduce risk, and unleash innovation«, y lo que describe no es una anécdota, sino un patrón organizativo: la innovación se cuela por la puerta de atrás cuando la gobernanza llega tarde. El resultado es evidente: riesgos de seguridad, riesgos regulatorios y, sobre todo, una brecha entre lo que la empresa cree que está pasando y lo que realmente está pasando.

Y entonces aparece la parte más explosiva del asunto, la que discutimos poco: no solo se usa inteligencia artificial, se la entrena. Mucha gente ya está construyendo «su» asistente con materiales generados dentro de la empresa: documentación interna, procesos, plantillas, repositorios, conocimiento tácito convertido en texto. Eso abre una pregunta de propiedad y control que no se resuelve con un eslogan: ¿de quién es ese conocimiento cuando se convierte en un chatbot? Europa lleva años protegiendo el know-how y la información no divulgada a través de la Directiva de secretos comerciales, pero el reto práctico está en otra parte: ¿cómo se evita que la «destilación» de conocimiento organizativo acabe en servicios externos, en modelos mal gobernados o en activos que nadie sabe realmente quién controla?

En este punto, conviene distinguir entre lo que algunas plataformas prometen y lo que muchas empresas hacen sin darse cuenta. Hay proveedores que establecen compromisos explícitos de uso de datos en sus ofertas empresariales, por ejemplo OpenAI en su página de privacidad para entornos corporativos, pero la shadow AI precisamente vive fuera de esos cauces: nace cuando el empleado usa una cuenta personal, una herramienta gratuita o una integración improvisada. Por eso el problema no se arregla con un documento de compliance, sino con gobernanza real, herramientas internas útiles y, sobre todo, con un replanteamiento del incentivo: si la inteligencia artificial aumenta productividad, la cuestión política dentro de la empresa es quién captura ese excedente, en forma de beneficios, o en forma de tiempo y bienestar.

Para cerrar el círculo, lo que estamos viendo exige que la conversación salga del binomio «despidos sí / despidos no». La inteligencia artificial está redefiniendo el contrato psicológico del trabajo, el reparto del poder dentro de la organización y la frontera entre lo que el trabajador hace y lo que el trabajador enseña a hacer. Si no introducimos deliberadamente reglas y límites, y no hablo solo de guías, sino de decisiones de gestión, la promesa de liberación se convertirá en lo que tantas veces ha sido el aumento de productividad en la historia: más presión, más desigualdad y menos capacidad de negociación. Y eso, en un contexto europeo y español con baja productividad estructural, envejecimiento demográfico y tensiones distributivas, no es solo un tema tecnológico. Es agenda política.

7 comentarios

  • #001
    Juan T. - 25 febrero 2026 - 09:17

    En definitiva, la IA no solo amplifica la productividad si no la explotacion laboral, en una primera fase.

    En la segunda , utiliza toda la informacion de como los empleados utilizan la IA para automatizar todo el proceso.

    La tercera es obvia. Si la tendencia hacia la automatización es progresiva y permanente, el humano tendrá cada vez menos intervención, hasta que sea totalmente prescindible, y de hecho se perseguirá su prescindibilidad , no solo por que ya no sea necesario sino por que es el único factor peligroso en cuanto a fugas de información indeseadas.

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  • #002
    BUZZWORD - 25 febrero 2026 - 10:31

    Cuando Enrique dice que con la IA

    «intensificación progresiva del ritmo, el alcance y la disponibilidad esperada, un auténtico overclocking,»

    «si puedes hacer más, se espera que hagas más»

    «las personas tienden a trabajar más deprisa, asumir más tareas »

    En suma, eso se llama aumentar la productividad, luego si, el colateral que nos cuenta no es que la IA nos lleva a un mundo Disney…

    La IA en la empresa ha venido para quedarse, y la traen de la mano la empresas, no para que los trabajadores vivan en los mundos de Yuppi sino para hacer más con menos personas. Esa es la realidad del capitalismo, no es otra, o es que alguno pensaba que era para poder tocarse los huevos a dos manos….

    Pero esta situación no se mitiga con otra cosa que es lo que ya surgió en el XIX cuando empezó a ver conciencia de clase, que es la unión de los empleados, el acotamiento de las jornadas laborales a lo contratado (si te pagan 8 horas trabajas 8 horas) y efectivamente todo lo cotaleral tiene que estar regulado por «una agenda política», a cada uno lo suyo. No al trabajo gratuito. El problema estará siempres en las empresas muy pequeñas, donde como diría Hobbes, el lobo es un lobo para el hombre, y más en tiempos que los empleados votan PP/VOX que es lo contrario a la defensa de los asalariados. Si tus compañeros son trepas, y esas empresas son una mierda con IA, la culpa no es de la IA es de esos trepas, que siempre se han comportado igual.

    ¿Como se soluciona este problema? Lo primero por mucho traje o corbata que lleves, saber que eres un eslabón de esa cadena, y no confundirte a la hora de votar.

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    • Benji - 25 febrero 2026 - 10:41

      No sé por qué la discusión política vaya a servir de algo aquí, pero al estar en mundo global, interconectado y competitivo no es realista que un español a 1400€/mes trabaje solo 40 horas en 5 días y así pretendamos ganar a los chinos que trabajan 60 horas por 950€/mes en 6 días.

      Si queremos ser competitivos y ganarles debemos de ser mucho más productivos que ellos, y para eso necesitamos la IA como agua de mayo

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      • BUZZWORD - 25 febrero 2026 - 11:16

        Lo primero es que no me quiero comparar con ningún chino si para eso tenemos que vivir como ellos…
        Si ese es el problema, que lo dudo mucho, tusolución es apretar el culo… igual no es la solución que la gente que nos lee quiere encontrar.

        El dinero no es el driver de mi comentario. Me he puesto en el peor caso, en el que tus compañeros son unos trepas, no hay fuerza sindical, y se busca que trabajes más horas. ¿Cual es la solución?

        – Evidentemente si tu gobierno no legisla para esa situación, poco vale votar a esos partidos que lo ven bien. Por eso excluyo a PP/VOX, basándome en el historial de votaciones y protección de tus derechos laborales.
        – Se podrá decir que el voto a otros partidos no lo va a mejorar. Pero estamos partiendo de mínimo. Ten conciencia que en la cadena trófica los empleados son cebras, y las empresas son hienas. Nunca una cebra aunque se comporte como una hiena va a serlo. Eso se llama conciencia de clase. Es una postura política? Si. Si no te soluciona el problema al menos que no lo agrave

        – Dicho esto, seguramente esa empresa que citas con sueldos. Seguramente en muchas de ellas hay sueldos de 125/250000€ anuales. Me cachis… solo hay que apretar unos sueldos no todos…

        – Hay empleos y empleos. No es lo mismo ser un coste que ser un puesto que genera dinero. Si eres un coste, SIEMPRE van a hacer políticas de reducción. Y la IA es un motor claro en esa línea…

        – Si no puedes hacer fuerza con compañeros, y exigir por ejemplo mejoras de un convenio. Siempre te vas a tener que callar y aguantar. Ahi hay 2 salidas, cambio a otra posición externa, o apretar el culillo…

        Tu decides, pero cuando veas que hay un gobierno que no legisla contra ti, al menos no votes al partido de las hienas… es sencillo y fácil.

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  • #005
    Benji - 25 febrero 2026 - 10:36

    Para mí ha sido duro que aunque no se cierra el acceso a Gemini, ChatGPT o Claude (solo un aviso de no poner datos sensibles) las herramientas corporativas van «por detrás» o con mayor lentitud y encima hemos tenido 2-3 solo en el último año.

    Ya ni siquiera sé cual es la «buena». En fin, la gobernanza de nuevas tecnologías IT no siempre está alineada o funciona al ritmo de la realidad

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  • #006
    D. FALKEN - 25 febrero 2026 - 11:36

    Puedo dar fé directa que cosas así estan sucediendo.

    Hace entre 1-2 años el CEO de un grupo de empresas daba en un evento interno un speech más o menos así (de copia y pega) que a algunos os sonará: «…y estamos apostando por la IA(…) que nos va a hacer más competiticos, nos ayudará a reducir la burocracia administrativa, y con ello liberar al trabajador para tareas creativas o que aporten más valor.»

    Sin embargo, poco tiempo después resulta que el hype sigue siendo alto y la aplicación práctica escasa, una política de comprar una alfombra bonita y barrer debajo de ella. Sin embargo se aumenta aún más la presión a ciertos departamentos de forma sibilina, y empieza a reducirse plantilla invididualmente, de forma escalonada -para eludir ertes-, y con la excusa del «bajo rendimiento o cambios organizativos». Todo ello, obviamente en un sector no tecnológico.

    Me gustaría extenderme más, pero no sería lo necesariamente objetivo para redactar la cantidad de contradicciones, chapuzas, falta de seriedad y profesionalidad, en la que se desenvuelve esa experiencia. El cinismo de utilizar como excusa, unas expectativas de productividad, que ni siquiera son reales, porque tampoco se saben implantar.

    «La productividad», en este caso, la sigue aportando el mismo factor: el mismo perro con un nuevo y bonito collar.

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  • #007
    Lua - 25 febrero 2026 - 12:51

    Ya hace dos semanas, leía este artículo, que trataba el mismo tema. Tiene algún comentario interesante:

    ”Es cada vez peor y una pesadilla! Los juniors se tiran el rollo con desarrollos que no entienden y los jefes comprando el cuento de la IA.. Luego te toca revisar la cagarruta que hizo el chatgpt del junior y dejó de funcionar a saber por qué, y te hablan de productividad. que mal se está poniendo la cosa..”

    Me vino a la cabeza mis inicios laborales, en los que daba el 120% de mi… mal asunto. Cuando bajabas al 100% (lo “normal”), se te acusaba de bajo rendimiento. Solución: a partir de entonces, el 95%… y el 100% en momentos puntuales.

    Si, es difícil valorar esos porcentajes, sobre todo, cuando programar es un vicio para ti. Una vez saltado a analista/administrador, ya la cosa cambia.

    Si tu empresa, te esta forzando a “rendir más”, porque usas IA, quizás has de plantearte que sea “tu empresa”. Si ese aumento de trabajo no va acompañado de retribución, mal negocio.

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