De listas, churras y merinas

Mi inclusión en un ranking de influencers en la edición española de la revista Forbes parece haber llevado a que aparezcan en mi bandeja de entrada varias propuestas de compañías con múltiples «esquemas de colaboración», un eufemismo que viene a significar «te pagamos para que uses tu influencia para decir que nuestra marca es la mejor». Lamentándolo profundamente – por mi cuenta corriente, no por otra cosa – creo que es mi deber comunicar públicamente que no es eso a lo que me dedico. Dice un buen amigo mío que «las listas hay que tomarlas con un grano de sal, tanto cuando sales como cuando no». Pero entre la lista de LinkedIn de hace unas semanas y esta de Forbes España, las visualizaciones de mi perfil de LinkedIn alcanzan cifras «extrañas«, y es bueno intentar poner las cosas en perspectiva.

Escribí sobre ese tema no hace mucho tiempo: la influencia no es eso. El ranking de Forbes España, al menos en la parte que conozco y puedo juzgar, no parece un mal trabajo, pero el uso del aparentemente inofensivo término influencer parece tener, en los tiempos que vivimos, la curiosa propiedad de hacer que las churras se mezclen con las merinas.

Soy un profesor. Simplemente un profesor, una persona que estudia y se prepara para explicar y divulgar conceptos relativamente complejos de una manera razonablemente simple. No me dedico a la influencia, si acaso, esta surgirá de otras cosas que hago. Intento explicar a mis alumnos que mi opinión es eso, una opinión, por lo general mejor documentada que la media aunque solo sea por el tiempo que puedo dedicar a ello, pero que eso es todo, y que trato de utilizarla para hacer pensar a mis interlocutores – no me gusta la idea de «audiencia», porque suelo intentar, en la medida de lo posible en función del formato y el medio, que no se limite a escuchar y que participe. Si algo de lo que hago, un producto o servicio que use o lo que sea ejerce, por ese hecho, algún tipo de influencia en alguien, me parece perfecto, porque nunca he usado productos porque me paguen por ello. Hay productos que me regalan, sí, pero no los uso por eso: si los uso o hablo de ellos en algún momento es porque me han gustado o parecido interesantes, jamás para «pagar el regalo».

Como decía, el ranking de Forbes, al menos en las categorías que conozco y puedo evaluar, parece haber tenido ese criterio razonablemente en cuenta. Las propuestas que me llegan, sin embargo, no, o no lo parece. Si una propuesta confunde el fondo con las formas, el objetivo con los medios, o simplemente santifica unas métricas que, en ese entorno, están en muchas ocasiones adulteradas, deja de tener sentido para mí, y me sentiría ridículo y fuera de lugar participando en ella. Para mí, jamás ha tenido ningún sentido intentar adulterar ninguna métrica.

¿Quiere esto decir que no puedo trabajar con ninguna marca? No, en absoluto. Mi forma de trabajar es clara: si una compañía tiene interés en que hable en un evento sobre algún tema en el que me sienta cómodo, estaré encantado de hacerlo (y aparentemente no lo hago mal), pero mi posición no será la de «persona que representa a esa compañía», sino la de «persona que viene a hablar de ese tema». Cuando escribo, hago exactamente lo mismo: escribo lo que sé, de lo que creo o de lo que creo saber, pero nunca en función de lo que me paguen o me dejen de pagar. Lo que escribo, lo creo, y si no es así, no lo escribo. Quienes creen identificar intereses de algún tipo en lo que escribo o lo que digo, simplemente puedo decirles que identifican mal: de hecho, si hubiese cobrado de la mitad de las compañías que algunos pretenden que he cobrado, sería seguramente muy rico.

En cualquier caso, agradecido a Forbes España por la mención, y la promesa de seguir haciendo básicamente lo mismo que llevo haciendo ya mucho tiempo preparar mis clases de la manera más rigurosa que pueda, leer mucho para mantener mi criterio bien informado, y escribir sobre ello para contribuir a la reflexión. Si eso me convierte en influencer, bienvenido sea.


This post is also available in English on my Medium page, «Influencer rankings: am I an orange or a lemon?«


21 comentarios

  • #001
    Angel - 17 septiembre 2019 - 10:33

    No se si te dejará ver el enlace. Solo se trata de una foto de una bolsa de tela con una inscripción que dice: «teachers are the real influencers».

    https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=10156618694026801&id=542116800

    Saludos!

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  • #002
    Marcos - 17 septiembre 2019 - 10:43

    Me pasa algo sinceramente similar.

    Sin ir más lejos, hay una empresa española de calzado, Muroexe (la menciono pero no doy dirección, quien le interese que busque porque no quiero pretender hacer sospecha de spam). Tiene un carácter muy diferencial y a mi me fascina.

    Bueno, pues en más de una ocasión y de dos, me han preguntado si es que me llevo comisión y siempre respondo que yo, como cliente, si me gusta tu producto voy a hablar maravillas de ti y recomendarte mucho. Es una pena que no ya la “audiencia” sino las propias marcas no parezcan confiar en su producto… o no sé. Joder…. dale algo a un influencer de estos, pero yo entendería claramente que solo puede hablar del producto si le gusta. Bueno… y si no le gusta también (quiero decir… es algo a lo que te arriesgas). Claro, que eso entonces muestra una estúpida estrategia de marketing, lo que me lleva a pensar si quizás no es más estúpido pretender que la gente hable bien de un producto que has desarrollado, porque les has pagado, antes que porque les gusta y que si no les gusta…. quizás deberías de reflexionar dónde estás fallando en tus intenciones de mercado.

    Es más fácil crear productos de manera estúpida y venderlos de manera estúpida, que intentar hacer las cosas mejor, al parecer.

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  • #003
    Gorki - 17 septiembre 2019 - 11:02

    Coincidimos en muchas cosas, y discrepamos en otras muchas, pero jamás he pensado que cuando discrepas de mi opinión, lo hagas por motivos torticeros. Por esa razón te sigo.

    Nunca he paladeado las mieles del éxito, pero me temo que el éxito es como la cocaína, muy apetecible, pero destructor, el reciente desgraciado caso de Blanca Fernández Ochoa nos lo ilustra.

    Mejor cimentar tu camino paso a paso, unas veces de subida y otras de bajada,, que subirte al podio, te pongan la medalla te aplaudan y que absolutamente a nadie la importe si al bajar del podio te das el batacazo.

    Me alegro mucho, que en estos momentos dulces tengas la claridad suficiente, para saber que en muchos casos la popularidad, es la puerta al fracaso mas absolutos y que hayas decidido franquearla con la mayor de las prudencias.

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  • #004
    Enrique - 17 septiembre 2019 - 11:46

    Yo de verdad que te creo en este asunto. Nunca he visto especial interés por tu parte en meternos con calzador algún producto.
    Quizá lo que más se aproxime es tu afecto por Apple, pero se explica con ese entorno tan poco sano que tiene la marca por parte de sus consumidores/feligreses.

    Pero mal por Forbes por incluirte en una lista junto a «youtubers» o «instagramers» que, generalmente, justo hacen lo contrario a lo que comentas en esta entrada.
    Podrías sugerirles que en años posteriores separen algo más las categorías.

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  • #005
    Javier Cuchí - 17 septiembre 2019 - 12:16

    ¿Qué es un influencer? ¿Alguien que se lleva al huerto a unas decenas de miles de millennials o (millennials o no) de gilipollas? ¿O alguien que pone a reflexionar a unos pocos miles de ciudadanos que, mejor o peor dotados, intentan comprender el entorno digital y la forma de interactuar con él?

    Está claro que desde este segundo punto de vista eres un influencer desde hace ya muchos años, más de quince, desde que empezaste con tus artículos en Libertad Digital a través de los cuales te conocimos tantos.

    Que luego las cifras puedan o no integrarse en rankings de esto o de lo otro es ya una cuestión muy secundaria salvo para los que lo único que pretenden es monetizar la cosa.

    Te seguiremos 50, 50.000 o 500.000, pero que eres una imprescindible referencia en la Internet española es algo que no es necesario que venga Forbes a decirlo. Porque la aristocracia del conocimiento no es democrática, le pese a quien le pese.

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  • #006
    Gorki - 17 septiembre 2019 - 12:35

    Esto de estar en la lista de Forbes me recuerda lo que pasa cuando a un cocinero entra en las estrellas Michelin.

    Es muy difícil que sigas haciendo, (bien), lo que hacías, sino que te empeñarás en montar «comidas degustación» y dejarán de hacer lacón con grelos, que era lo que hacía de maravilla, para pasar a hacer «Cocochas de merluza ,a la reducción de sidra del Cantábrico» a 200€ la comida.

    Me alegraré que por una vez, el «cocinero» acepte la estrella y esté orgullosa de ella, pero decida seguir con lo que le salía bordado, en tu caso:

    Soy un profesor. Simplemente un profesor, una persona que estudia y se prepara para explicar y divulgar conceptos relativamente complejos de una manera razonablemente simple.

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  • #007
    Luis Hernández - 17 septiembre 2019 - 13:01

    Mi sensación es que tu experiencia demuestra una vez más lo desesperante que resulta para las empresas captar la atención de sus posibles clientes.
    ¿Quién no recuerda la melodía de algún anuncio de televisión? Eso si, de hace al menos 10 años, cuando todos veíamos la misma publicidad.
    Ahora la audiencia está dispersa y nadie sabe a ciencia cierta donde está la que a uno le interesa ni como captar su atención.
    La publicidad pasa por delante de los ojos sin ser vista y el nivel de atención es muy bajo.
    Encontrar un medio que de verdad sea leido por un colectivo significativo con cierto interés debe ser como encontrar una mina de oro.

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    • Daniel Terán - 17 septiembre 2019 - 13:04

      Yo creo que al contrario, ahora la audiencia se encuentra perfectamente segmentada. ¿A que no le han ofrecido anunciar, qué se yo, pañales o potitos?

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      • Enrique Dans - 17 septiembre 2019 - 13:12

        Uffff, todo el tiempo! Pero es que sigo teniendo muchas dudas entre el de ternera con verduras y el de lenguado con patatas… :-D

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      • Gorki - 17 septiembre 2019 - 14:02

        Cuando me aburro, o quiero un cierto relax, hago solitarios en el ordenador, de los de toda la vida de Microsoft,

        Algo deben saber de mi, porque entre solitario y solitario, me ofrecen audífonos para sordos, comprar billetes de avión con descuento y la posibilidad de encontrar señoras/itas solteras con los papeles debajo del brazo.

        Luego están en la pista, pues es razonable que a mis 76 años, podía estar sordo, ser viudo y como buen jubilado, no parar de viajar. Pero no aciertan ni una, porque, (de momento) , oigo razonablemente bien, estoy casado y con la misma desde hacer 47 años y viajo bastante, pero poco en avión,

        Sin embargo el mayor error es situarme geográficvamente , (algo incomprensible) , pues en las localidades donde me buscan pareja, son sitios como Alcázar de San Juan, Villalpando, o.Temblequé.

        ¿De veras piensa alguien que voy a irme hasta Tembleque a buscar novia?

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    • Joaquín - 17 septiembre 2019 - 17:39

      Muy bueno en ese sentido el libro de Seth Godin: We are all weird. Seth Godin, al que conocí gracias a Enrique hace 15 años :-)

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  • #012
    Pedro Torres Asdrubal - 17 septiembre 2019 - 14:28

    A muchos nos pagan por hacer las cosas MAL. Por ejemplo, cobrar en negro a los clientes, o en el caso de los bancos, callar mientras los arruinan, mientras sangran la tarjeta black.

    Enrique ya enseña a directivos que se creen que tienen mérito, así que su cupo de hacer las cosas mal está cubierto.

    JE JE JE JE !!!

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    • Enrique Dans - 17 septiembre 2019 - 17:42

      Los míos harán después lo que ellos estimen oportuno, pero el cupo de business ethics créeme que lo llevan bien enseñadito, y con un foco en algunos de los temas que lo único que me falta es grabárselo con un hierro candente (que no me deja la dirección del programa)…

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      • Pedro Torres Asdrubal - 18 septiembre 2019 - 13:48

        Gracias por tomarlo como la broma que es.

        Para ver mediocridad solo tengo que mirarme al espejo.

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  • #015
    Javier Abascal - 17 septiembre 2019 - 15:18

    Sin entrar en el terreno personal que me interesa más bien poco… me gustaría reflexionar sobre este asunto.

    Podemos tener varios casos:

    a) Premiando al premiador . Hay veces que los premios utilizan a los premiados para hacer marketing a los premiadores. Por ejemplo, imagenmos que Forbes en España es insignficante (que no es el caso) que hago instituyo premios a famosos y famosetes para salir en las noticias y que hablen de mi.

    b) Los premios tautológicos. Soy p.ej. un periódico o fundación famosa, doy premios a los que son de «los mios» y así ningunear a los «otros». Los premios ideológicos o a amiguetes están muy extendidos… y se puede ampliar a cine, autores, políticos, empresarios,… suelen llevar pasta por medio.

    c) Premios Díscolos. Consisten en dar premios a personas que se les supone díscolas para con ello llevarlos a la buena senda. Estos llevan pasta por medio, si te dan un premio sin pasta date por enterado que no te están comprando.

    d) Premio a las rodilleras gastadas. Los premios deberían ser o son un reconocimiento a un determinado servicio. Si estás de acuerdo con el premiador pues normalmente te sentirás orgulloso si no siempre te quedará la duda de que para que coño te han elegido con lo mediocre que te ves a ti mismo.

    Hay más tipologías pero no quiero aburrir a las merinas o a las churras.

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  • #016
    Xaquín - 17 septiembre 2019 - 16:25

    Lo de influences es en cierto modo lo mismo que pasa con la palabra autoridad. Se le da autoridad a alguien por saber separar las ovejas de diferente pelamen en diferentes establos, y ya se toman el poder autoritario sin tener idea de lo que es una oveja.

    Y así pasa con los influencers. Se juntan los que influyen en mentes desesperadas (por encontrar un uso racional y emocional de sus neuronas) y los que influyen (o interactúan) en mentes deseosas de asumir cotas más altas de saber. Con el agravante de que este tipo de sociedad convierte a los falsos y virtuales influencers en dictadorzuelos de poca monta.

    De alguna forma podemos también usar lo de juntar sócrates con sacamuelas. . Iba a escribir sofistas, pero los pobres sofistas (griegos) no tienen la culpa de que Aristóteles y Platón fueran pasto de ovejas de todo tipo.

    También es verdad que los seres humanos se diferencian más entre ellos que las animosas ovejas

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  • #017
    Garepubaro - 18 septiembre 2019 - 05:26

    Me hace gracia el titulo de tu futuro libro «Viviendo en el futuro» futuro que ? futuro, ja ja ja, a estas alturas … que pena …

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  • #018
    Lorena Clapers - 18 septiembre 2019 - 09:28

    Me ha encantado tu artículo!

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  • #019
    Pedro Trillo - 18 septiembre 2019 - 12:39

    No cambies Enrique, no te vuelvas «Influencer» ahora, la autoridad y crédito que tienes con los que te seguimos, se ha forjado precisamente por lo contrario a ser «Influencer» en redes sociales.

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  • #020
    jarris - 18 septiembre 2019 - 23:11

    Eres un influencer para todos los que te seguimos precisamente porque haces las cosas como dices, eres el influencer de los antinfluencer.

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  • #021
    Pedro Hipólito - 23 septiembre 2019 - 21:55

    Comencé a leer tu blog hace un par de años, y aún cuando no siempre podría estar de acuerdo, es evidente que tu tardía vocación por la docencia ha logrado imprimir un sello ético a la búsqueda del conocimiento, venga de donde venga. Sin vender tu línea editorial a cuánto advenedizo quiera subirse al carro de tu prestigio.
    Tarea difícil en este tiempo de influencers vacíos y compra de conciencias a cambio de clicks.

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