Tráfico: sin vuelta atrás

Atascos Tenerife Nov 2017 - El Día

El martes estuve en Santa Cruz de Tenerife, convocado por el Cabildo insular, para hablar sobre movilidad inteligente, un concepto sobre el que llevo tiempo investigando y que, en el contexto de una isla-ciudad con una orografía extraordinariamente compleja y una presión turística importante se convierte en un problema imposible de solucionar mediante las aproximaciones tradicionales. De hecho, la autopista TF5 sufrió un colapso de varias horas el día anterior debido a una combinación de accidentes y obras, lo que me dio la oportunidad no solo de comenzar la conferencia con una imagen del periódico del día fotografiada durante el desayuno, sino también de encontrar una actitud especialmente sensible ante el tema. Hay algo de cobertura del evento en medios locales como El Día o La Opinión.

¿Cuál es la gran verdad incómoda que nos resistimos a aceptar en torno al tema de la movilidad? Sencillamente, que la situación es insostenible y los métodos tradicionales han dejado de funcionar. Así de simple: el modelo tradicional de movilidad está agotado, la era del automóvil ha muerto, y la insistencia en “un ciudadano, un automóvil” no es sostenible. Décadas de insistir en la ampliación constante de infraestructuras y en el desarrollo de transporte público tradicional (en el caso de la isla, autobuses, taxis y algún tranvía, pero en el de otros entornos, incluyendo ofertas como trenes, metro, bicicletas, etc.) han dejado claro que la situación ha llegado a un punto donde el colapso ya no es ocasional, sino habitual, y no depende de circunstancias controlables, sino de factores tan imponderables como la temperie, los accidentes o las obras.

Nos hemos acostumbrado a enfadarnos cuando hay un atasco y solicitar a las instituciones públicas que nos solucionen el problema, cuando la realidad es que el problema hace mucho ya que no viene de las administraciones públicas, sino de nosotros mismos: no se puede pretender que desplazar un vehículo de alrededor de una tonelada de peso para ir solos en él y pretender aparcarlo en la puerta del lugar al que vamos sea algo sostenible. El número de ciudades en las que se introducen restricciones a la circulación y al aparcamiento crece de manera constante, y se convierte en una tendencia: peajes, sistemas de cámaras, restricciones en función de los niveles de contaminación, eliminación de espacio de aparcamiento, etc. son medidas ya habituales para intentar reducir la presión de un parque de vehículos que no deja de crecer.

Nadie va a prohibir que sus ciudadanos conduzcan. Pero sí está en la obligación, cada día más, de desincentivarlo de la manera más agresiva posible. Singapur, una de las ciudades donde poseer un vehículo supone un coste más elevado, ha anunciado ya que impedirá la inscripción de más vehículos en su parque automovilístico a partir de febrero de 2018. Ya no es que te hagan pagar unos impuestos elevadísimos… es que directamente, no podrás dar de alta un vehículo. En muchas ciudades, los peajes son ya habituales, como lo es el impedir la ocupación de enormes extensiones de suelo urbano con vehículos aparcados que podrían ser dedicadas a otros usos más razonables y provechosos. Debemos ofrecer a los ciudadanos un abanico cada vez más amplio de posibilidades de desplazamiento, y conseguir que, como decía el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, el desarrollo de un país no se refleje en el hecho de que sus habitantes más pobres tengan un vehículo, sino en el de que los más ricos quieran utilizar el transporte público.

La solución del tráfico, por tanto, no incluye construir más infraestructuras de transporte o ampliar su capacidad, porque eso no hace más que servir de efecto llamada para un mayor uso del vehículo privado. La solución pasa, precisamente, por desincentivar a ese enemigo más importante: el vehículo privado utilizado en regímenes de ocupación ineficientes. Mentalizarse del problema es el primer paso para dejar de formar parte del mismo. La tecnología puede ayudar con soluciones de muy diversos tipos, pero todo debe partir de una conciencia adecuada del problema en todas sus dimensiones. La contaminación, que en Tenerife no es un problema acuciante debido a la insularidad y a la presencia constante de vientos que la disipan, se ha convertido en uno de los factores que más restricciones está provocando en algunas ciudades: una fuente de incomodidad que, sin embargo, la mayoría de la población entiende y acepta como imprescindible. A partir de ahí, todo plan que permita usos eficientes, que incremente el número de plazas ocupadas por vehículo o las alternativas de transporte en manos del usuario es susceptible de ayudar. Podemos pensar que la disponibilidad de sistemas como Cabify, Uber, Car2go, Emov, etc. no son soluciones porque terminan redundando en más vehículos con escasa ocupación circulando por la ciudad, pero en realidad, son opciones necesarias para que un ciudadano pueda plantearse dejar su vehículo particular en casa, y terminan por representar una ocupación del recurso mucho más eficiente. Todo aquello que pueda llevar a que un ciudadano se plantee dejar su coche en casa o directamente no adquirirlo es bueno, hasta conformar un sistema de hiper-abundancia de opciones. Décadas de sistemas restrictivos basados en licencias han demostrado que no son la solución al problema.

Asimismo, debemos enfocar con la información adecuada las opciones de futuro: el vehículo autónomo, disponible ya en algunas ciudades a partir de principios del año que viene, no es una solución salvo que se plantee como servicio en lugar de como producto en manos del ciudadano. Aunque nadie nos lo vaya a prohibir, no poseeremos vehículos autónomos, puesto que eso supondría todavía más presión para el tráfico (desplazamientos adicionales con el vehículo vacío para recogidas, vueltas a la manzana cuando no hay aparcamiento, etc.), sino que usaremos los disponibles en flotas comerciales. Dispondremos de aplicaciones que permitirán optimizar la capacidad de los vehículos, y que colaborarán en un uso más eficiente, como alternativas que disuadirán a muchos del uso de su vehículo privado. Llegará un momento en que el uso de ese vehículo privado sea visto no solo como insolidario o ineficiente, sino como inseguro, caro e innecesario. Pero en este camino, las restricciones van a jugar un papel fundamental, y será necesario desarrollar una conciencia que apunta en sentido contrario a la imperante hasta el momento: más restricciones son inherentemente buenas y necesarias para cambiar nuestra mentalidad, aunque impliquen incomodidades o la aparición de nuevos hábitos. Además, factores como el incremento del comercio electrónico con logística eficiente, la flexibilidad en el horario laboral o el desarrollo de sistemas de teletrabajo llevarán a una reducción de los desplazamientos necesarios, lo que también tenderá a aliviar la presión sobre el uso de las vías.

¿Cuál es el papel de los organismos público en este sentido? Servir de plataformas para el desarrollo de cuantas más iniciativas, mejor. El caso de la isla de Tenerife, con su anillo incompleto y sus tensiones diarias, supone un reto importante, pero no es el único ni el más complejo: este proceso de saturación está teniendo lugar en ciudades de todo el mundo. Debemos pasar de una visión de sistemas exclusivamente públicos, restricciones y licencias, a una de abundancia, de disponibilidad constante de datos y de estímulo de lo público en combinación con las alternativas privadas de todo tipo, sean flotas de vehículos compartidos, autónomos, eléctricos o voladores. Todo vale. ¿Cómo concienciar a unos ciudadanos acostumbrados durante generaciones a que tener un vehículo y utilizarlo sin prácticamente restricciones es algo que tiene sus días contados, y que no podemos seguir exigiéndolo si queremos de verdad solucionar los problemas actuales? Eso, ni más ni menos, fue lo que intenté transmitir en mi conferencia, aunque parezca una tarea compleja. Veremos qué acciones siguen a las palabras, y en qué plazos. Mientras tanto… seguiremos atascados.

 

 

 

This post is also available in English in my Medium page, “Traffic: no turning back” 

 

37 comentarios

  • #001
    pako - 2 noviembre 2017 - 12:21

    https://goo.gl/maps/6HBm996umTk
    Un ejemplo de porqué no se abandona el uso del coche.

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    • Luis Hernández - 2 noviembre 2017 - 13:39

      Pues ahora mismo, si vas en coche en ese mismo recorrido, según Google tardarías 1 hora y 10 minutos, precisamente por atasco.

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      • pako - 2 noviembre 2017 - 16:54

        Y ahora 26 minutos.
        Teniendo un horario flexible son 30 minutos de diferencia.
        Que coste que estoy de acuerdo, pero todo debe ir a la par. No podemos meter a 25.000 personas entrando y saliendo del mismo sitio a la vez sin plantear alternativas al vehiculo privado.

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  • #004
    Carlos Quintero - 2 noviembre 2017 - 13:09

    Completamente de acuerdo: hay que cambiar de mentalidad. Yo he vivido los últimos 6 años en la calle de al lado de mi oficina (no por casualidad, sino buscado para minimizar mi tiempo desplazamiento). Pero cuando tenía que ir a cualquier cliente (salvo al centro de Madrid, al que iba en metro), iba en coche, mi mentalidad no se planteaba otra cosa: tengo coche y por tanto voy en coche. Pero como esos desplazamientos eran para reuniones a partir de las 10, no pillaba atascos saliendo de casa a las 9:30.

    Ahora que vivo en las afueras de un pueblo mal comunicado (y por tanto propenso a usar coche) y tengo que salir de casa en la hora punta estoy horrorizado con los atascos que se forman por los coches. Gracias a este blog, antes de cambiarme de casa, ya empecé a cambiar la mentalidad y después de algunas pruebas al final solo uso el coche para ir al pueblo de al lado (unos 3 Km) donde ya voy en autobús hasta mi oficina o mis clientes. Tardo bastante en tiempo “real”, pero puedo ir durmiendo o concentrado trabajando o leyendo, con lo cual el tiempo “virtual” no suele pasar de 5 min ;-). Ahora no concibo ir en coche y estar atascado arrancando, frenando, arrancando, frenando….

    Pienso que aunque es tentador pedir más carriles, más carreteras, más vías de servicio, etc. lo que hay que hacer es poner más transporte público (autobuses, sobre todo) con carriles exclusivos, incentivando su uso. Cuando la gente viera que desde un pueblo puedes llegar en autobús en hora punta a un intercambiador de transportes en 30 min y en coche tardas 60 min, puede que se empiece a cambiar la mentalidad. No es fácil porque la gente no quiere oír eso, y los políticos ganan elecciones con los votos de la gente, pero el sistema actual, efectivamente, no es sostenible.

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  • #005
    Javier - 2 noviembre 2017 - 14:20

    Hola! Lo que comentas acerca del papel de la administración pública como plataforma me ha hecho recordar algo que hemos comentado mucho en mis viajes en coche compartido, con gente con la que previamente había establecido contacto a través de BlaBlaCar, Amovens, etc.: ¿Por qué no existe una plataforma pública para favorecer el carpooling? Los beneficios serían muchos:

    Se alcanzaría a muchos más potenciales usuarios que hoy no lo son, simplemente porque nadie les ha hablado siquiera de esa posibilidad.

    Se atomizarían las frecuencias de transporte, en comparación con buses y trenes, por ejemplo, aumentando por tanto su funcionalidad al reducir o eliminar tiempos de espera.

    Se multiplicaría la capilaridad de los medios de transporte disponibles al público.

    Se reducirían los vehículos con un único ocupante a bordo, y muy probablemente también los costes de desplazamiento por individuo.

    En fin: sería tan interesante ver algo así puesto en marcha desde la administración pública…

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  • #006
    HastaDNDvamosAllegar - 2 noviembre 2017 - 14:22

    Si quieres que una persona desperdicie su tiempo, regálale una pantalla.
    Si quieres que una persona continuamente contamine y necesite dinero, oblígale a disponer de coche.
    ¿Alternativas? Difíciles, pero es el sistema del dinero y de las naciones el que más se opondrá a los cambios.

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  • #007
    Martín - 2 noviembre 2017 - 16:13

    Vivo en el sur de Madrid y trabajo en el norte.

    Últimamente ha empeorado tanto la circulación que no me merece la pena usar el coche porque me ahorro 10 o 15 minutos como mucho.

    Aprovecho mucho mejor el tiempo en el transporte público a pesar de las apreturas y los malos horarios

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  • #008
    Ernesto Cardenas - 2 noviembre 2017 - 16:30

    Efectivamente, el camino va por el desincentivo del auto privado, el cambio cultural es el mas dificil, y en ese sentido por aquí siguen las demandas por “ampliación de capacidad” via infraestructuras, creyendo erroneamente que esa es la solución, aun a costa de las areas verdes como se ven en este caso:

    http://www.americatv.com.pe/noticias/actualidad/santa-beatriz-vecinos-cuestionan-obras-ampliacion-pistas-n296765

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  • #009
    Xaquín - 2 noviembre 2017 - 17:25

    Me gusta eso de ciudadano pobre con coche o ciudadano rico en transporte público (o privado con muchas plazas!). La elección se dá en muchos más ámbitos que los del transporte. Y es que alguna gente se equivoca en los metódos para hacer la revolución, pero esa palabra va a misa y cada vez más. O le daremos paso al posthomosapiens traumatizado a tope.

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  • #010
    Jorge - 2 noviembre 2017 - 17:51

    Muy edificante Enrique. Pero… ¿Cómo vienes a trabajar a Madrid desde tu casa en las afueras?

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    • Enrique Dans - 2 noviembre 2017 - 18:19

      Pues a eso me refiero. Que voy en la Llorente o en tren en algunas ocasiones, bien cuando hay restricciones, cuando viajo y no quiero llevar el coche a Madrid, o cuando tengo mucho que leer y aprovecho el tiempo de transporte, pero… ¡es que me lleva como mínimo una hora! Dame más opciones, sistemas de carpooling desde la periferia, una app en la que pueda recoger a alguien en Majadahonda para ir por el BUS/VAO… ¡¡algo!! En las circunstancias actuales, lo de ir en transporte público, a pesar de su buena calidad en Madrid, es un sacrificio!

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      • Martín - 2 noviembre 2017 - 18:57

        A mi lo que me parece increíble es la falta de coordinación en Madrid entre los cercanías y el metro, que parece como si existieran en mundos paralelos.

        Si hay cerca de una estación de cercanias hay línea de metro debería estar la parada o en la misma estación o al lado para poder hacer transbordo.

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        • José Enrique - 2 noviembre 2017 - 23:52

          No se puede por las vibraciones de las vías… entre uno y otro sistema debe de haber una separación. No me acuerdo de cuanto es pero sí que es bastante.

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      • Fernando - 4 noviembre 2017 - 23:35

        Ya hay una persona que tiene una página de Facebook que se llama “historias del busvao” que todos los días baja de Las Rozas a Madrid por el busvao recogiendo a alguien en las paradas de autobús.

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  • #015
    Gorki - 2 noviembre 2017 - 18:12

    Pese a lo que se diga, se circula ahora mucho mejor que hace 50 años. cuando casi nadie tenía coche. particular. Hacia 1970 yo vivía en Barcelona y para el el viaje entre Barcelona y Madrid necesitaba 12 horas, había embotellamientos mayores que los actuales . hacer las curvas del Jalón. ¡o subir las cuestas del Bruch era absolutamente imposible hacerlo a más de 30 Km/hora y te llevaba mas de una hora cruzar Mollerusa por culpa de un semáforo- La elevada inversión en infrestructuras ha hecho que un embotellamiento sea noticia para los periódicos, señal que no es lo normal.

    Dudo mucho que por más que se invierta en transportes públicos, para ir desde un punto a otro en en transporte publico pueda suponer que se necesita por lo menos el doble de tiempo que en coche particular.

    Supongamos que se quiere ir de Mérida a Paterna, no lo he calculado, pero dudo que nadie consiga utilizando únicamente transportes públicos, sean autobuses, tremes o aviones, ir en menos del doble de tiempo que se necesita para ir en coche.

    Claro está que nos pueden obligar a no utilizar el coche pro dudo que la gente lo deje de buena gana- Otra cosa es que el coche privado se sustituya por un Carcsharing que cubra todo el país, pero sigue siendo vehiculos utilizados por particulares y en las horas punta se seguirán produciendo atascos.

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    • Yoyano - 5 noviembre 2017 - 23:42

      Comparto este punto de vista, y agrego algo más.

      El problema no tiende a magnificarse, porque en muchos países, ya la cantidad de automóviles que circulan ha estabilizado. Y entonces sí, es posible arreglar el tránsito.

      Si realmente se inventara alguna forma de transporte que atrajera más a las personas, bajaría la cantidad de automóviles. Y mientras tanto, recurrir a restricciones es ir contra la naturaleza humana.

      Si todos los que van en auto se sintieran tan mal, ¿por qué siguen yendo en auto?.

      Respuesta. Porque se sienten mal, pero no tanto como usando transportes alternativos.

      Los cambios culturales tienen enormes inercias. Los que han ido contra ellas, con mucha o poca violencia no han cambiado nada.

      La Unión Soviética quizo crear el hombre nuevo. Quizo remplazar a los zares. Ahora tiene zares de traje. No remplazó a nadie. Pero arruinó la vida de dos generaciones o más.

      El mundo debe evolucionar, y no debe ser el sector público, dominado en general por las personas más reaccionarias de las sociedades quienes deben guiar esa evolución y peor aún convertir en revolución.

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  • #017
    Manuel Corpas - 2 noviembre 2017 - 19:07

    Tenemos un grave problema que los politicos no saben ni quieren meterle mano, el sector del automóvil posiblemente genere el 20% delos ingresos directos de las distintas haciendas que nos machacan.Si de golpe no se usara el coche, en un 25% ..solo con eso, sería un caos de ingresos.Pretendemos de estos políticos CORTOPLAZISTAS dejen de tener ingresos y a la vez gasten más en transporte público y las subvenciones para que que sean posibles.Pues con esta calaña actual va a ser que no.De momento se dedican al populismo facilón, como carriles bicis inútiles y pagados por los coches y similares comportamientos, pero meterle mano de verdad, que son los ingresos y gastos….no lo van a hacer.

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  • #018
    Javi-C - 2 noviembre 2017 - 19:39

    ¡Bingo! Aparte de la resistencia ciudadana, vencible, va a costar mucho más vencer la resistencia de la mafia de la obra pública (“lobby” es un eufemismo y un barbarismo al mismo tiempo, al menos en España) y la presión de la industria del automóvil (el día que seamos conscientes de lo que hemos pagado (vidas, sanidad, territorio, energía, contaminación…) a cambio de la supuesta libertad del automóvil, nos va a dar un ataque).

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  • #019
    Miguel V - 2 noviembre 2017 - 19:56

    Todo muy bien y muy bonito. Pero abordar el problema solo del punto de vista del transporte es limitado. El problema es anterior. Por que la gente necesita trasladarse tanto? Cuantos de esos viajes son “evitables” si existiera la infraestructura adecuada? Ej escuelas cerca, mas y mejor burocracia online, compras online, una cultura de menos visitas presenciales, etc

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    • Enrique Dans - 2 noviembre 2017 - 20:16

      Es parte de lo que comenté en la conferencia (y en la entrada), siguiendo la idea de Richard Florida y sus “Ciudades creativas”, “el mejor desplazamiento es el que no se produce”. Tanto el desarrollo del comercio electrónico con sistemas de logística eficiente, como la flexibilidad en los horarios de trabajo, los sistemas de teletrabajo y otros factores como los que comentas. Nadie pretende eliminar los desplazamientos en las ciudades, entre otras cosas porque somos seres sociales, pero sí es cierto que puede reducirse bastante la presión sobre los desplazamientos…

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      • Luis Hernández - 3 noviembre 2017 - 09:25

        A este respecto me resultan muy impresionantes las demostraciones de Microsoft de “Teletransporte virtual” y hacen que no resulte muy dificil imaginar un futuro donde “desplazarse” de este modo pueda ser suficiente en muchas ocasiones:

        Enlace 1
        Enlace 2

        Responder
  • #022
    Julio - 2 noviembre 2017 - 20:07

    Creo que aquí ha habido gente que expone la solución a los problemas de infraestructuras.

    El problema creo yo que viene de la necesidad de desplazarnos digamos que 20 o 25 km para ir a trabajar, por ejemplo vivir en el Sur de Madrid y trabajar en la zona Norte. Eso es una locura, cuando el 80 por ciento de la población necesita hacer estos desplazamientos.

    Digamos que ahora que hay “big data” se podrá calcular este dato estadístico (la seguridad social lo podría hacer), sabe donde vive una persona y sabe cual es su centro de trabajo.

    ¿Una pregunta sería porqué Cercanías de Madrid abrió hace unos años el túnel de Sol para conectar Parla/Getafe con Alcobendas/San Sebastián de los Reyes? ¿Qué le llevó a hacer esa infraestructura y no otra?

    Por ejemplo , no convendría mejor intentar hacer que la gente de Parla tratara de trabajar en Parla o como mucho Getafe, y la gente de Getafe como mucho en Leganés y no se tengan que ir a trabajar a Alcobendas? Digo esto pueblos como ejemplo.

    Es decir minimizar la distancia a su centro de trabajo, escuela, etc, etc.

    ¿Cómo puede Parla intentar hacer esto, por ejemplo? ¿Que le lleva a nuestra sociedad hacer que Alcobendas, una población de 80.000 personas tenga una oferta de puestos de trabajo muy superior y ciudades del mismo estilo en dimensión de personas, por ejemplo Parla no tenga esa oferta de puestos de trabajo.

    Es completamente asimétrico y de esa asimetría vienen todas estas ineficiencias.

    ¿No convendría explorar la vía de la no centralización de los centros de trabajo? ¿Por qué un ingeniero que solo puede costearse una vivienda en Parla por ejemplo y que trabaja en Indra, debe ir hasta su sede social en Alcobendas a trabajar 8 o 9 horas diarias?

    ¿No es posible adecuar o dimensionar “correctamente” las ciudades en este sentido?

    ¿Por qué Madrid debe ser un monstruo de 3 o 4 millones de personas?. ¿No sería mejor redimensionar para minimizar los desplazamientos forzados de la población?

    En fin ideas que se me ocurren.

    Responder
    • Pedro - 2 noviembre 2017 - 22:07

      La gente vive a varios kilómetros de donde trabaja por una razón muy sencilla: vive donde puede vivir.

      Y esto depende, entre otros factores, de que no siempre hay vivienda disponible en la zona en la que trabajas, o de que con su sueldo pueda permitirse vivir en esa zona.

      Responder
    • Ernesto Cardenas - 2 noviembre 2017 - 22:18

      ¿Será porque al grueso de quienes tomaron esas decisiones el sitio les que quedaba mejor?
      Triste, pero la verdad es que los jefazos no suelen vivir en Leganes, Parla, Getafe… eso lleva a tomar decisiones buenas en lo individual, pero ineficientes en lo colectivo.

      Responder
    • Carlos Quintero - 2 noviembre 2017 - 22:23

      Efectivamente, lo primero sería hacer que la gente no tenga que desplazarse para trabajar (teletrabajo), o que si tiene que desplazarse, que sea a un centro de trabajo (multi-empresa) próximo y/o en horario flexible. Ej: trabajar en casa hasta las 10 de la mañana, gestionar (con GTD) la bandeja de entrada en el transporte público, llegar a la oficina, estar en una reunión o dos, volver a las cuatro a casa, seguir hasta el final de la tarde, aprovechar al máximo el correo, móvil, mensajería instantánea, videoconferencia, etc. Muchos de los puestos de trabajo de oficina que no pueden hacer eso son trabajos a extinguir, en empresas de mentalidad de “funcionario”, seguramente nada orientadas a la productividad y a la efectividad de las acciones.

      Indra y otras empresas trabajan con factorías de software en España y otros países, así que bien podrían acomodar que la gente de Parla trabaje en casa, al menos parcialmente o con mucha flexibilidad.

      Cada ciudad tiene su propia política para atraer empresas. A algunas les ha ido muy bien creando parques empresariales: Tres Cantos, Alcobendas, etc:

      Alcobendas, gigante empresarial: la ciudad de las 15.000 compañías lanza su propio HUB

      Ignoro si Parla o Getafe han hecho o han podido hacer algo similar, seguramente no. Para empezar, hay que tener terrenos grandes y construir edificios para alquilar a las empresas.

      Responder
    • Luis Hernández - 3 noviembre 2017 - 09:34

      Nunca he entendido muy bien por que las grandes empresas tienden a tener gigantescas sedes donde reunen a todos sus trabajadores. Quizá tuvo sentido en su momento, pero hoy día podría ser más eficiente si los ayuntamientos facilitasen la creación de “Centros de Trabajo” donde trabajadores locales de diferentes empresas puedan copartir recursos. El teletrabajo no tiene por que ser necesariamente desde casa.

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  • #027
    Benji - 3 noviembre 2017 - 00:38

    Pienso que la culpa es que todos entran entre 8 y 9 a trabajar. Me acaban de ofrecer un trabajo en Pozuelo y creo que lo cogeré simplemente porque tiene 3 franjas horarias… y el de 12 a 8 no tiene atascos.

    Eso si podría modificarse en muchas empresas

    Responder
  • #028
    Juan Jose Martínez - 3 noviembre 2017 - 02:12

    Excelente planteamiento de una solución urgente. La única “mancha” en esta nota es la mención intrascendente del Alcalde bogotano Peñaloza; su frase aunque cierta es solo la máscara de un personaje que enfrenta la revocatoria popular en la capital colombiana. Así que no lo acepto como ejemplo y menos como exponente de las soluciones en movilidad. Pienso que muchos colombiantes comparten este sentimiento. Y si se desea conocer estudios sobre movilidad en colombia las universidades son fuente más fiable.

    Responder
  • #029
    Nuria de Turismo Cuatro - 3 noviembre 2017 - 08:49

    Hola Enrique,

    Un tema muy complicado el que has abordado en este artículo.

    Yo vivo en Madrid y entrar a la ciudad con el coche es simplemente una locura. ¡Llegas al trabajo cansado y enfadado!

    Yo soy partidaria de utilizar el transporte público, que por mucho que la gente se queje, en Madrid es una maravilla. Puedes llegar donde quieras, tardes más o menos.

    Pero aparte de los atascos a mí hay algo que me preocupa todavía más: el hecho de que cada familia tenga, actualmente, como mínimo, 2 coches, con la correspondiente contaminación que generan.

    O comenzamos a utilizar coches eléctricos o esto se nos va de las manos.

    Un saludo.

    Responder
  • #030
    Pedro SR - 4 noviembre 2017 - 18:34

    Lo de desincentivar a los propietarios de coches es lo facilón (impuestos, peajes urbanos, zona azul, restricciones de tráfico. ..).

    Pero parece claro por todos estos comentarios que los usuarios son el eslabón débil o visible, pero que hay otros actores que también contribuyen a este problema.
    Y yo me pregunto ¿por qué no aplicar una “desincentivacion” (de verdad) también a ellos?:

    -EMPRESAS que tengan sus trabajadores (presenciales) a más de 20km o sin plan de mobiliario en sus plantillas.

    -ADMINISTRACIÓN con empleados importados “de paso” con sus arraigos a cientos de km, sin sevicios de carpooling para vecinos que trabajan en poblaciones cercanas, sin descentralizacion de servicios…

    -El SECTOR TURISTICO de largas distancias, al que se debe la contaminación generada por las compañías aéreas y generador de traslados y la presión de mill. de turistas procedentes de los 5 continentes en focos masificados.

    Supongo que el currito, el ciudadano de a pie, no tiene loby que lo defienda o presione para dar una solución integral a la cuestión.

    Responder
    • Enrique Dans - 4 noviembre 2017 - 18:38

      Perdona, Pedro, pero, con todo el respeto, la idea de discriminar a un ciudadano a la hora de ofrecerle trabajo teniendo en cuenta su lugar de residencia no resiste un mínimo análisis. Simplemente no tiene sentido.

      Responder
  • #032
    Pedro SR - 5 noviembre 2017 - 01:42

    Es justo al reves, seria la empresa quien podria considerar o mejorar la proximidad/movilidad de su personal como “causante” de desplazamientos (el problema). Sabiendo que tener este aspecto en cuenta supondria incentivos (reconocimiento, mejora laboral, premios, puntuación en contrataciónes públicas, descuentos fiscales…) o bien justo lo contrario… tal como nos supone la zona azul, el limite de gases en la ITV o la ecotasa en Baleares a los ciudadanos.

    La industria turística (rtes. y hoteles) está cada dia mas comprometida y certificada con productos ecológicos, km0, huella CO2, Biosphere… y más teniendo 2017 como año de turismo sostenible.

    Es la sociedad a través del gobierno quien reclama cambios en esta materia, por tanto habrá que crear herramientas técnicas que tiendan a resolver el problema. La “desincentivacion” tambien empujaria a todos los actores que generan desplazamientos o bien podrían acortarlos y esperar resultados globales.

    Responder
  • #033
    Alvaro Montes - 6 noviembre 2017 - 13:05

    Excelente Enrique Dans. Comparto tu enfoque. Solo una pequeña corrección: Enrique Peñalosa es todavía alcalde Bogotá.

    Responder
  • #035
    Laura Machado Hernández - 12 noviembre 2017 - 11:00

    Hola Enrique y gracias por tu compartir tu visión sobre los retos de la movilidad durante tu charla en Santa Cruz de Tenerife. Me tuve que ir sin la oportunidad de preguntarte si crees que es el sector privado (por ejemplo en Tenerife, el hotelero) o es más bien la administración pública, la que mejor pueda impulsar una transición hacia modelos de movilidad sostenibles. ¿Conoces ejemplos de simbiosis público-privadas que hayan resultado en una revisión y actualización inteligente del modelo de movilidad? Gracias de antemano por tu respuesta y por tu trabajo. Saludos tinerfeños. Y espero que volvamos a coincidir en esta isla. Significaría que hay interés en avanzar con un cambio de conciencia que no sólo afecta al tráfico…

    Responder
    • Enrique Dans - 12 noviembre 2017 - 11:34

      Hola Laura! La administración pública tiene que entender su papel de plataforma, hacer fáciles las cosas para que la iniciativa privada llene con su oferta los huecos disponibles en la demanda. Que la regulación tenga sentido, que incentive en lugar de desincentivar, que camine en el sentido adecuado…

      Responder
      • Yoyano - 17 noviembre 2017 - 18:33

        Desde luego que el sector político debería entenderlo.

        Pero los incentivos de los políticos, están fijados por la política.

        Y el principal movil de la política es mantener a los políticos en el poder. Es su forma de vivir.

        La otra razón aún más importante, porque no se arregla cambiando los incentivos de los políticos es que el transporte responde a necesidades de la economía.

        Mal o bien resuelto, el transporte depende de la economía.

        La economía se mueve en un mundo competitivo y las necesidades las pone el mercado.

        Solo el sector privado está expuesto diariamente a los empujes y vaivenes del mercado.

        Ninguno lo conoce bien. Pero tiene opiniones mejores fundadas quien más lo sufre. Y quien más lo sufre es quien más lo respeta.

        Los políticos no lo sufren. Y frecuentemente lo menosprecian.

        Para ellos en general, salvo que provengan del sector privado, como es el caso de Estados Unidos, el mercado es una abstracción.

        Es tan lejana a su experiencia y a sus estimulos como una discusión teológica para alguien alejado de ese medio.

        El transporte es un sistema complejo.

        En los sistemas complejos los cambios tienen que ser pequeños para poder manejar las consecuencias de los errores.

        Son más seguros los sistemas evolutivos, aún los disruptivos, cuando el cambio lo impulsa el mercado y no la política.

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