Apple, el iWatch y las dinámicas de la reinvención

En la ilustración, el diseño que Pavel Simeonov ha dibujado para el iWatch, la reinvención del reloj de pulsera por parte de Apple. En realidad, es solo uno más de los muchos diseños que circulan alimentados por el rumor de que la compañía de la manzana se dispone a irrumpir en ese segmento, en lo que significaría una nueva reinvención y rediseño de un concepto ya conocido.

Como ya hemos comentado en varias ocasiones anteriormente, la compañía parece dependiente de los procesos de reinvención, de crecer a base de crear nuevos escenarios redefinidos por sí misma que otras marcas con estrategias más abiertas terminan por colonizar posteriormente, de manera en muchos casos más eficiente. Que la compañía escoja reinventar supuestamente la televisión, el reloj de pulsera, o el mismísimo automóvil (algo que comenté a algunos periodistas hace no demasiado tiempo y me tomaron casi por loco… pero que no resulta tan descabellado) es una cuestión a estudiar en función de las posibilidades que cada una de esas industrias ofrezca, en un proceso que la empresa tiene que tener ya sin duda relativamente estudiado.

El reloj lleva en nuestra pulsera desde su popularización, aproximadamente en 1920: antes era predominantemente de bolsillo, pero ello lo hacía incómodo para determinados usos, especialmente los militares. Modernamente, el reloj de pulsera parecía en recesión: muchos renuncian a su uso para utilizar en su lugar un teléfono móvil que iba adquiriendo nuevas funciones, entre las que se contaban las de reloj o despertador, y las únicas alegrías que recibía la categoría parecían provenir de mercados centrados en la tradición y el lujo. La llegada de Pebble, el proyecto más exitoso en la historia de Kickstarter, cambió un poco las perspectivas de ese segmento: los cien mil dólares que los fundadores de la compañía pretendían obtener para financiar su proyecto se convirtieron en más de diez millones de dólares al final del plazo de la petición, lo que hizo que muchos se replanteasen el segmento como una posibilidad interesante. Pebble fue a Kickstarter a por algo de dinero, y se encontró con todo un macroestudio de mercado que afirmaba que medio mundo estaba como loco por tener un smartwatch, hasta el punto no solo de decir que les parecía una buena idea, sino incluso de adelantar dinero por él.

Para Apple, una categoría en la que aparecen muchas compañías «de rancio abolengo» o «de toda la vida» y en la que quien viene a revolucionar discretamente el panorama – Pebble es interesante, pero desconocida más allá de los círculos más geek – es una pequeña startup y algún tímido intento más podría representar una incursión interesante, más aún si ofrece posibilidades de integrarse con otras piezas del ecosistema de la compañía.

La compañía, como siempre ha hecho, se niega a hacer comentarios sobre rumores. Pero tras haberse pasado los últimos tiempos tras la muerte de Jobs haciendo «simplemente un iPhone más largo y un iPad más pequeño», y con sus acciones bajando a pesar de presentar unos resultados económicamente brillantes, es más que posible que las supuestas conversaciones con proveedores chinos de cara a la puesta en marcha de procesos de producción centrados en el iWatch tengan ciertos visos de realidad. Vayámonos preparando: el reloj de pulsera podría pasar de ser un objeto en recesión, a ser el epítome de lo cool, al tiempo que nos abocaría a todo un nuevo conjunto de hábitos que irían desde mirar el reloj para muchas más cosas que simplemente ver la hora (ver quien te está llamando, hablar por teléfono, ver la temperie, la distancia que llevamos ejercitándonos corriendo o en bicicleta, la música que queremos escuchar, el mapa de dónde estamos… o cualquier cosa que se le pueda ocurrir al desarrollador de la app de turno)  hasta algo tan incómodo como tener que ponerlo a cargar todas las noches.

Nuevos tiempos, nuevas reinvenciones, nuevas costumbres.

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