Internet en negro, mi columna en Expansión

Mi columna en Expansión de esta semana se titula «Internet en negro» (pdf), e intenta dar una interpretación adecuada a la jornada de blackout que más de sesenta mil páginas mantuvieron el pasado miércoles 18 en protesta por iniciativas como SOPA, PIPA o la ley Sinde: no, todas esas personas no están defendiendo las páginas de descargas. Están defendiendo que bajo ningún concepto pueden condicionarse las libertades y la evolución futura de la red a los deseos de una industria inadaptada que piensa que internet solo sirve para que ellos lo usen como canal de distribución.

A continuación, el texto de la columna:

 

Internet en negro

El pasado miércoles, más de sesenta mil páginas en la red se fueron a negro para reflejar su oposición a leyes como SOPA o PIPA en los Estados Unidos, o la ley Sinde en nuestro país, mientras más de un millón de personas escribían correos de protesta.

Pensar que tan elevado número de personas están a favor de que existan páginas de descargas que se lucran con enlaces a obras con derechos de autor sin repercutir ningún ingreso a sus creadores es, sencillamente, absurdo. No, que esas esas páginas existan no es bueno. No se defiende su forma de actuar. Lo que se pide es una correcta definición del problema. Que sea un juez el que decida su hipotético cierre y que, con la excusa de la existencia de dichas paginas, no se promulguen leyes capaces de llevarse por delante derechos tan fundamentales como la libertad de expresión o necesidades tan estratégicas como la innovación.

Las páginas de descargas, en realidad, son más un síntoma que un problema. Frente a la facilidad de uso de las páginas de descargas, la industria ofrece o bien obsoletos pedazos de plástico, o propuestas con catálogo escaso, precios elevados, usabilidad deficiente, ventanas geográficas insostenibles, condiciones de uso inaceptables, o varios de esos problemas a la vez. La industria bloquea o dificulta alternativas razonables, mientras genera odio insultando a sus clientes y se queja de pérdidas inexistentes debidas, según ellos, a alternativas que surgen de su propia inacción. Pero nunca en la historia de la humanidad se ha detenido el avance de la tecnología mediante leyes. Solo el mercado puede – y debe – vencer a las páginas de descargas.

Internet se ha vuelto demasiado importante como para que su futuro se vea condicionado por las influencias de unos monopolios industriales que se niegan a evolucionar. Con soluciones como SOPA, PIPA o la ley Sinde, el futuro solo puede ser de un color: negro.

4 comentarios

  • #001
    dbnews - 20 enero 2012 - 09:38

    El FBI (Fascismo Brutal en Internet) ha pasado como un rodillo por el bosque para acabar con las malas hierbas y ha acabado con todo. Quienes aplauden SOPA o ley Sinde, aplauden la violación de libertades civiles (http://bit.ly/xLNjai)

  • #002
    Darío Mehrgut Palenzuela - 20 enero 2012 - 09:59

    Todavía hay esperanza.
    #landi

  • #003
    Carolina - 20 enero 2012 - 10:21

    El conocimiento es poder. Difundir conocimiento y cultura supone crear personas que pueden pensar y expresar ideas bien formadas.
    Internet da la posibilidad de todo eso, y toda industria teme que ello les produzca grandes pérdidas económicas, sin pensar que la gran pérdida es que la gente no pueda acceder al conocimiento.
    La época de estar callados se ha acabado, somos más libres y c on ideas bie formadas. Tienen miedo, ganar dinero ganan igual, pero quizá no les interesa que la gente tenga opinión.

  • #004
    David Viñuales - 20 enero 2012 - 11:51

    Estaba cantada tu columna en expansion :)

    El cierre de Megaupload se debe entender como una respuesta a la movilización del blackout? Desde luego, no es casualidad.

    Hace nada lo «tuiteaba»… Es curioso que en epoca de crisis haya más prisa por introducir leyes como la sopa o sinde. Entiendo que la pirateria puede verse incrementada, pero no será porque será inalcanzable para un sector de la población o simplemente por necesidad?
    La cultura deja de ser algo universal para ser un lujo para quien pueda pagar.

    Hará bueno el dicho de que «quien roba a ladrón, 100 años de perdón».

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