El pepino, la agricultura tecnológica andaluza y la incultura alemana

Con los pepinos hemos vivido la crisis de los estereotipos: el supuesto rigor, la seriedad y la alta tecnología germana, frente a ese infamante «l’Afrique commence aux Pyrénées» con el que califican a España quienes pretenden ver en ella poco más que un país con mucho sol donde pasar las vacaciones.

Y como tales estereotipos, han fallado estrepitosamente. De parte a parte. La llamada «crisis de los pepinos» ha servido, desgraciadamente a un coste económico elevadísimo, para poner muchas cosas en su sitio, para revisar precisamente esos mismos estereotipos en la parte que le toca a este blog: la del impacto de la tecnología.

En primer lugar, empecemos por denunciar la actuación de quien sin duda tiene un mayor componente de responsabilidad en esta crisis: la titular de Sanidad de la Ciudad-Estado de Hamburgo, Cornelia Prüfer-Storcks: una de esas «políticas de carrera», completamente carente de cualificación para el cargo que ocupa. Ordenar el cierre de fronteras y la retirada del pepino español por «contener E. coli» es una prueba de que no se tiene ni la más mínima idea de lo que es el E. coli ni de lo que representa. Por la misma lógica, esta señora debería haber mirado en su interior, comprobar que ella misma «contenía E. coli» (una bacteria prácticamente ubicua si no consideramos las diferencias entre cepas), y retirarse prudentemente de la circulación para evitar males mayores. Escherichia coli es una bacteria presente prácticamente en todas partes: en nuestro intestino, en el agua de riego, en las playas… es las responsable de las incómodas colitis, la bacteria más estudiada por el hombre. Decir que «se retiraron los pepinos españoles porque contenían E.coli» sin mayor explicación y sin hacerse cargo de que la infección provenía de una cepa en concreto de dicha bacteria es tan absurdo, una justificación tan débil y tan banal, que por esa misma regla de tres deberían haberse retirado todos los productos agrícolas en venta en Alemania, empezando por los procedentes de la propia Alemania.

Lo peor que puede hacer alguien que desempeña un cargo público es comportarse de manera irresponsable, y tanto esta persona como la ministra alemana de Agricultura y Defensa del Consumidor, Ilse Aigner, que aún a día de hoy sigue defendiendo su injustificable decisión son una demostración evidente de que las autoridades de Alemania, sencillamente, no han estado a la altura. Primer mito, el del rigor y la seriedad, germana, por los suelos. Y primera evidencia de que, por supuesto, deben responder a su enorme error con las indemnizaciones a las que haya lugar.

Segundo mito: ¿podemos decir a día de hoy que África sigue comenzando en los Pirineos? Pues va a ser que no. Es más, estamos precisamente en situación de demostrar precisamente lo contrario. Tecnológicamente, la agricultura española, y en particular la que se desarrolla en el sur de nuestro país, está entre las más punteras del mundo, marca tendencia en todos los sentidos, está por supuesto a años luz de la que se desarrolla en Alemania en todos los sentidos, incluyendo aspectos tan importantes como el sanitario o la sostenibilidad.

La agricultura intensiva bajo plástico que se desarrolla en el Sur de España es lo más avanzado que la combinación de tecnología y naturaleza ha podido generar hasta el momento. Podríamos definirla como el auténtico «estado del arte», con un balance en cuanto a productividad, sostenibilidad, coste, generación de empleo e impacto ambiental absolutamente insuperable. Abandonemos los tópicos que rodean al sector y al país, y centrémonos en los datos: tras varias décadas de experimentación contínua, hablamos de una industria con unos niveles de control y trazabilidad del producto superiores a los existentes en ningún lugar del mundo: al investigar precisamente la reciente crisis del pepino, pudimos comprobarlo. En escasas horas tras la primera alarma, las autoridades españolas tenían cumplida información de la explotación exacta de la que habían partido cada uno de los lotes de pepinos objeto de la alerta (injusta). Sin embargo, al intentar seguir su marcha por la cadena de distribución, la trazabilidad se perdía. ¿Dónde? Precisamente en tierras germanas. No solo esto, sino que los laboratorios germanos que supuestamente tenían que cultivar, secuenciar e identificar la cepa de E.coli responsable de la intoxicación fueron manifiestamente incapaces de hacerlo. De nuevo, el mito del control y la exactitud germana, por los suelos.

Vamos con datos: en la actualidad, el cultivo bajo plástico supone la manera más sostenible de producir legumbres y hortalizas. Existen pocos casos de mejor balance entre agricultura ecológica e intensiva. El 44% de las más de treinta mil hectáreas dedicadas a cultivo bajo plástico en Andalucía son de cultivo biológico, en porcentajes que van desde el 100% en el caso de los pimientos, al 25% en el del tomate o los calabacines. Cultivos que recurren a control biológico mediante insectos en lugar de pesticidas, con una enorme reducción del uso de fertilizantes en beneficio de sistemas de compostaje natural, una optimización radical del uso de agua de riego, unos elevadísimos y rigurosos niveles de certificación e inspección en los procesos de los agricultores, e incluso una importante reducción de la huella de carbono merced a la praxis agrícola. Para una caracterización exhaustiva de la explotación hortícola de la zona, puede recurrirse a estudios como el realizado por la Fundación para la Investigación Agraria en la Provincia de Almería y la Fundación Cajamar.

Anualmente, se producen en los invernaderos andaluces alrededor de 2.500 millones de kilos de hortalizas. El 65% de ellas se destinan a su consumo en el exterior, fundamentalmente Alemania, Francia e Inglaterra. Andalucía se ha convertido, gracias en gran medida al uso responsable de la tecnología, en la auténtica huerta de Europa, superando con creces al viejo esquema que apuntaba a la localización de las actividades primarias o extractivas en países con economías típicamente deprimidas y con bajos costes laborales unitarios. En algunos años, es posible que la agricultura de muchos lugares del mundo, incluida por supuesto la alemana, empiece a llegar al nivel de productividad, ecosostenibilidad, control, trazabilidad y certificación que a día de hoy tiene la agricultura andaluza. Mientras tanto, que vayan dejándose de mitos. Y sobre todo, que vayan aprendiendo.

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