Un barrio chino

Por supuesto, la idea de un barrio chino estando en China es completamente diferente de la de un barrio chino en cualquier otra ciudad: aprovechando un rato libre, me ha dado un paseo por los alrededores del hotel. El hotel no está especialmente céntrico, sino más bien cerca de la universidad, de manera que lo que he hecho es darme un paseo por una zona periférica, completamente libre de turistas, un barrio normal y corriente en el que seguramente yo era el único occidental en muchas manzanas a la redonda.

Lo primero que te llama la atención es la enorme fuerza del pequeño comercio, de la tienda de barrio. No me extraña que cuando los chinos vienen a España monten habitualmente restaurantes o tiendas: si son capaces de hacerlo en un entorno como éste de máxima competencia, pueden hacerlo en cualquier sitio. Las hay por todas partes, muchísimas, muy pequeñas, tantas que cualquier calle normal parece prácticamente un mercadillo. En las calles hay muchísima vida, muchísimo movimiento, en parte porque las tiendas son tan pequeñas, que la mayoría de la gente, de hecho, trabaja fuera de ellas, así arregles bicicletas, vendas arroz o pipas. Las tiendas de comida para llevar también la preparan en la calle y hay muchísimas, de manera que encuentras humos y olores de todo tipo al pasar, personas cocinando o lavando la ropa con una tina en la acera… de todo. Además es muy, muy ruidoso: todo el mundo camina por el medio de la calle, los coches y motos van pitando constantemente, y cada pocas tiendas, hay alguna que tiene la música puesta hacia la calle. También llama la atención la sensación de seguridad: no me metería sin conocerlo en cualquier barrio periférico de cualquier ciudad del mundo… aquí no he tenido sensación de inquietud en ningún momento.

La otra cosa que te llama la atención es la cantidad de teléfonos móviles que se ven por todas partes. Todo el mundo lleva uno. Es la idea del leapfrogging: incorporarse a una oleada tecnológica al mismo nivel que cualquier otra sociedad del mundo, aunque la situación de partida no hace demasiado tiempo fuese mucho más atrasada. La zona por la que me he paseado era, por construcción y aspecto, algo que podría evocar a los 70 en España, pero sus habitantes parecen estar a la última en telefonía móvil. Partiendo de una sociedad comunista cerrada, un cierto segmento de la sociedad china se ha incorporado a modos capitalistas y de consumo prácticamente indistinguibles de los de cualquier otro país, tanto en usos y costumbres sociales como en tecnología. Jóvenes con pelos de punta, piercings o impecablemente vestidos de traje, mezclados con personas de aspecto completamente tradicional. El Mercedes que se cruza con el triciclo, y una sociedad que, por el momento, a pesar de provenir de la rígida ortodoxia, acepta esas divergencias con total tranquilidad. En este momento, darse un paseo por un barrio en Shanghai es ver un crisol de generaciones y extracciones sociales completamente diferentes que conviven con toda naturalidad.

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