El Blog de Enrique Dans

Voto y redes sociales

Escrito a las 11:17 am
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Twitter y urnaUn interesante artículo en The Guardian, titulado A third of young people think social media will influence their vote, detalla y comenta los resultados de una encuesta de Ipsos Mori cuyos resultados indican que un 34% de los jóvenes entre 18 y 24 años consideran que el uso de redes y medios sociales ejercen una importante influencia sobre su voto, el segundo medio con más influencia tras los tradicionales debates televisados. Unos debates, además, en los que cada día predominan más patrones de consumo en modo “doble pantalla simultánea”, viendo la televisión al tiempo que se siguen y se comentan las reacciones en las redes sociales. En muchos sentidos, afirma la encuesta, las redes sociales parecen estar sirviendo para acercar al debate político a personas que no parecían interesadas en él, aunque aparentemente lo hagan de una manera claramente superficial y con una escasa calidad en formas y argumentos.

El resultado en sí no resulta especialmente sorprendente: a medida que un porcentaje cada vez más significativo del consumo de medios va cambiando de pantalla y va desplazándose a las redes sociales, cada vez más centradas en el consumo de contenidos frente a su uso tradicional u original de mantener el contacto con amigos y conocidos, parece lógico pensar que su influencia en una decisión como el voto crezca consecuentemente. El carácter bidireccional de las redes sociales favorece que los intercambios de opiniones, tanto aquellos en los que la persona participa como aquellos que simplemente presencia, se conviertan en una fuente de influencia, dotada además de una mayor sensación de proximidad, de cercanía al usuario. Las opiniones que impactan al usuario provienen de personas a las que este ha decidido seguir, que posiblemente pueda considerar como referencia en esos u otros temas, y por tanto impactan de una manera más eficiente. El hecho de que en muchos casos se añada a la opinión una métrica de popularidad en forma de retweets, likes o métricas similares se puede convertir además en un efecto de reafirmación colectiva que también juega un papel importante, sobre todo en usuarios jóvenes.

Las redes sociales, sin embargo, no responden a los patrones tradicionales de la comunicación unidireccional. Aquellos partidos que tratan de manipularlas de manera burda o de aplicar estrategias basadas en la “fabricación” de una falsa relevancia pueden fracasar con suma facilidad. Los tiempos en los que los partidos se dedicaban a colocar varias filas de militantes armados de ordenadores o teléfonos móviles en los mítines para “fabricar” artificialmente trending topics y fingir una relevancia de la que carecían completamente parecen haber pasado ya a la historia, pero en su lugar parecen anunciarse estrategias de coordinación muy similares: consignas dictadas directamente desde los partidos para que hordas de militantes actúen de una manera determinada, aparentemente inspiradas en el “estilo Hugo Chávez“, que utilizaba a cientos de personas contratadas para “elevar las barreras de entrada a la participación”, insultando y apaleando públicamente a quien osaba tener una opinión contraria a la oficial. 

La calidad del debate político en las redes sociales no es necesariamente buena: en muchos casos, hablamos más de frases cortas, lapidarias o irónicas y de simplificación burda de argumentos que de un verdadero intercambio de opiniones. Incluso cuando se utilizan las redes para difundir un artículo más largo y con más reflexión, es habitual que ese artículo termine siendo usado casi a modo de “arma arrojadiza”, pero con un nivel de lectura real muy bajo – aunque otros contenidos, como el vídeo o el cómic, puedan ser objeto de un consumo mayor. Posiblemente sea este componente de consumo “en píldoras”, unido a una asincronía que lo hace muy conveniente, una de las claves que estén haciendo que las redes sociales se conviertan en una potente fuente de influencia a la hora de decidir el voto: sostener la decisión de votar por una formación determinada cuando una mayoría de tu red está lanzando constantemente argumentos en su contra no es sencillo. Los argumentos negativos, por otro lado, parecen pesar más que los positivos, salvo cuando estos son aportados como un recurso al sentido común o de manera relativamente desapasionada: el mensaje claramente propagandístico, laudatorio u obviamente proselitista suele generar en redes sociales un rechazo o incluso un hartazgo. No, las redes sociales no son para “pegar carteles”: son (o deberían ser) más para otra cosa. Pero entre lo que son hoy y lo que deberían o podrían ser en el futuro, me temo que aún nos queda mucho por ver – y por sufrir.

 

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ResearchKit: la verdad está en los grandes números

Escrito a las 8:42 am
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Apple ResearchKitRealmente, lo que más me llamó la atención de la presentación de Apple del pasado lunes 9 fue la presentación de ResearchKit, una iniciativa de código abierto destinada a facilitar a cualquier usuario de iPhone la contribución desinteresada de datos sobre su salud a equipos de investigación médica. Hace poco escribía sobre cuánto me había llamado la atención el hecho de llevar encima un dispositivo que me permitía monitorizar mi frecuencia cardíaca, y cómo eso me había posibilitado tener cierta impresión – limitada, no soy médico – de que mi salud no estaba del todo bien.

En realidad, se trata de la contrapartida agregada de HealthKit, la aplicación que los usuarios de iPhone pueden instalar – vendrá preinstalada en los nuevos modelos y con la actualización a iOS 8 – para llevar un registro de parámetros de salud en función de los sensores que conectemos a ella (algunos fabricantes, como Fitbit, han anunciado ya que no se conectarán con HealthKit porque pretenden construir un dispositivo competidor del Apple Watch, en lo que me parece un grave error estratégico). A partir de un consentimiento que se firma en el propio dispositivo, los usuarios podrán decidir aportar los datos obtenidos por sus sensores a equipos médicos de investigación que hayan solicitado a Apple su inclusión en el programa.

La cuestión no es tan sencilla como parece: muchos médicos critican la iniciativa afirmando que las métricas obtenidas por sensores como los brazaletes de tracking no son suficientemente fiables para ser aportadas a la investigación científica, y construida sobre una base, la de HealthKit, que está muy lejos de los estándares de calidad que suelen considerarse habituales en los productos de la compañía. Obviamente, una cosa es estar contribuyendo los datos de, por ejemplo, mi frecuencia cardíaca a un equipo médico, idea que en principio no suena mal, y otra hacerlo con una base de usuarios que se quita su brazalete con cierta frecuencia y sin control alguno o, peor, que experimenta bugs en la app que utilizan que hacen que deje de contabilizar durante ciertos períodos.

La idea, sin embargo, ha sido muy bien acogida por los usuarios: más de diez mil personas dieron su consentimiento a la recopilación de sus datos para investigación médica en las primeras veinticuatro horas tras su lanzamiento, en lo que supone una muestra de la voluntad clara para pasar por encima de los posibles riesgos de privacidad y confidencialidad que afectan a la información de la salud, considerada por lo general como sometida a protección especial, si el fin es hacer posible el progreso de la ciencia médica.

Por mi parte, no tengo claro que el colectivo al que haya que preguntar su opinión sean los médicos, sino los médicos investigadores, un subconjunto no tan amplio del total de facultativos. Médicos los hay de todos tipos, y su cultura tecnológica no es significativamente más alta que la del conjunto de la población general – en los congresos médicos y por parte de empresas farmacéuticas he escuchado incluso opiniones de que está por debajo. Los investigadores, sin embargo, entienden la trascendencia que puede tener para la investigación el contar con datos de este tipo: los datos son siempre el verdadero cuello de botella de toda investigación, siempre es posible diseñar controles que aíslen la incidencia de errores o incluso de sesgos muestrales, y en cualquier caso, siempre es mejor tenerlos en exceso que no disponer de ellos. Como afirmo en el titular: la verdad está en los grandes números. Estoy convencido de que la iniciativa de Apple puede llegar a ser muy significativa de cara al desarrollo de investigación médica, y creo además que es algo cuyos frutos empezaremos a ver en no mucho tiempo.

 

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Los medios de AEDE y los tiros que salen por la culata

Escrito a las 7:55 am
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"Simpatía por el débil": Por qué algunos periódicos no tienen éxito en su estrategia para frenar a Podemos - BolsamaniaRubén Folgado me envió un correo electrónico preguntándome sobre el efecto erosión (o no) que están teniendo algunas informaciones destacadas reiterativamente por medios AEDE sobre formaciones como Podemos, y ayer me citó brevemente en su artículo en Bolsamanía titulado “Simpatía por el débil: por qué algunos periódicos no tienen éxito en su estrategia para frenar a Podemos“.

A continuación, el texto completo con el que contesté a su correo:

 

En general, la credibilidad de los medios de AEDE está completamente bajo mínimos. Claramente, han optado en su mayoría por líneas editoriales que privilegian la opinión frente al verdadero periodismo, la “prédica a los fieles” frente a la información objetiva y la investigación. El alucinante episodio del canon AEDE, en el que la asociación ha pactado con el gobierno para obtener la aprobación de una ley absurda y de laboratorio que les beneficia económicamente a cambio de un tratamiento más favorable para las noticias referentes a la gestión de ese gobierno, y ha admitido incluso la injerencia del gobierno en los cuadros directivos de varios medios supuestamente considerados como de referencia, ha terminado por resquebrajar la poca confianza que algunos lectores mantenían en los que eran sus periódicos “de toda la vida”. El tratamiento que algunos de esos periódicos dan a determinadas noticias es directamente un mal chiste, un compendio exhaustivo de todos los males del periodismo, que además son ridiculizados puntualmente cada mañana por numerosos usuarios en las redes sociales.

En este contexto, si el ciudadano percibe que determinadas informaciones son publicadas – y especialmente enfatizadas – con el fin de perjudicar a una formación política determinada, la reacción es precisamente la de dar a esa información una credibilidad escasa, lo que desnaturaliza completamente el tratamiento informativo o incluso provoca, en determinados segmentos de la población, una sensación de “solidaridad con el débil”, que se produce independientemente de la veracidad o no de dichas noticias. Las noticias son percibidas como un intento de intoxicación, como una manera infructuosa de generar un clima de opinión determinado, algo que, sencillamente, ya no está al alcance de esos medios. El resultado neto, en esos casos, puede perfectamente ser un beneficio en términos de popularidad para la formación afectada: mientras el hipotético desgaste se produce únicamente entre los lectores directos de esos medios, que claramente experimentan una evolución a la baja según todos los observatorios, el efecto de generación de “simpatía con el débil” puede afectar a una base cuantitativamente bastante mayor.

Apple, el segmento del lujo y la maduración de los mercados

Escrito a las 1:31 pm
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Apple Watch Edition

El evento de Apple de ayer día 9 de marzo dejó muchas novedades, y una constatación evidente: Apple es cada día más una empresa dedicada al mercado del lujo, a un segmento cada vez más definido de la tecnología que busca vender algo completamente diferente a ella, vinculado con la experiencia de usuario, pero también con otro tipo de sensaciones comunes en este tipo de segmentos.

Una evolución que llevamos años viendo, pero que nunca se había escenificado de una manera tan clara: ordenadores de colores, relojes de oro de hasta diecisiete mil dólares, condicionamiento de muchos elementos de funcionalidad al diseño, rápida rotación de modelos, anuncios completamente centrados en el eye-candy y, en general, sensación de producto de moda, casi de pasarela, claramente de industria del lujo. Entre la búsqueda de una usabilidad y una experiencia de usuario lo mejor posible y el enfoque directo al segmento del lujo hay diferencias evidentes, que sin duda abren nuevas posibilidades a la entrada de otros tipos de clientes que antes no tenían por qué sentirse especialmente atraídos por la tecnología. Pero que también podrían, lógicamente, cerrar puertas a quienes tenían motivaciones de compra más pragmáticas, más centradas en las prestaciones objetivas. No es que Apple haya reorientado su innovación únicamente hacia el lujo: la compañía sigue invirtiendo, sin duda, en desarrollos tecnológicos que son mucho más que diseño, como puede verse por la dramática evolución del interior de sus ordenadores, pero en muchos sentidos, sí se condicionan muchas cosas a la posibilidad de diferenciar el producto en esa dirección.

¿Por qué el mercado del lujo? Precisamente escribía sobre eso no hace mucho: la estrategia de Apple, la que la ha convertido en la empresa más valiosa del mundo, tiene un problema de maduración. La compañía es indudablemente brillante a la hora de escoger nuevos segmentos de producto que reinventar, lo hace bien, es capaz de conseguir que cada lanzamiento sea un auténtico evento planetario con sus fieles acudiendo a algo que cada día me recuerda más a una misa, y además, vende más que nadie con un margen más elevado que nadie. La receta es impresionante, y sin duda funciona. Pero ante unos mercados tecnológicos que evolucionan cada vez más rápidamente, los tiempos de maduración se comprimen, y la compañía disfruta de plazos cada vez menores para cosechar sus astronómicas ganancias entre el lanzamiento y el ascenso de productos competidores de otras marcas. Visto así, la lógica es clara: cuanto más sea capaz la compañía de elevar el margen que cobra por sus productos, más puede aprovechar ese tiempo de maduración que se hace cada vez más corto, y los márgenes más elevados están, lógicamente, en el segmento de los productos de lujo, que además están sujetos a dinámicas en los procesos de decisión del cliente que protegen a la compañía del pragmatismo y la fría comparación es especificaciones que caracterizan al comprador de electrónica de consumo tradicional.

¿Tiene sentido plantear un reloj que cuesta hasta diecisiete mil dólares, que no resulta especialmente sencillo ni intuitivo en su uso, que tengo que cargar todos los días y que resulta completamente absurdo plantearse como compra durable para legar a tus herederos porque su vida media planificada está en torno a unos dos o tres años como mucho? La respuesta es evidente: ese tipo de comprador únicamente existe en el mercado del lujo. No porque el comprador de productos de lujo sea un idiota redomado, sino porque sus motivaciones son habitualmente muy diferentes a las del comprador de tecnología tradicional. De hecho, algunos compradores clásicos ya han anunciado que ellos no comprarán, aunque seguramente a la compañía eso le importe muy poco: a cambio, tendrán legiones de millonarios rusos, chinos y de medio mundo dispuestos a colgarse en la muñeca el reloj de diecisiete mil euros, aunque no lleguen a instalarle ni una sola app. Mi sensación como usuario habitual de algunos productos Apple va siempre en la misma dirección: habitualmente, sabía que me gastaba algo más en un ordenador porque su durabilidad era muy superior, porque se mantenía verdaderamente funcional durante bastantes mas años. Ahora, si acudes con un ordenador de un par de generaciones anteriores al Genius Bar, te lo etiquetan rápidamente como producto vintage, ¡y usan esa misma palabra!

Sí, el nuevo MacBook es muy bonito, pero en la presentación del producto no lo cuentan todo. La cámara es mala, desaparece el genial MagSafe que ha salvado a todos mis ordenadores de caer al suelo en múltiples ocasiones, se reducen las opciones de conectividad externa, y, en un detalle menos importante, la manzanita de la tapa ya no se ilumina. A cambio, eso sí, lo puedes comprar en colorines, y una de las opciones es dorado, que ya demostró su pujanza en el iPhone convirtiéndose en la opción preferida por muchísimos compradores.

Una evolución clara, y motivaciones que al menos a mí me parecen igualmente claras: exprimir mucho más rápido la rentabilidad de unos mercados cada vez más escurridizos. A eso se orientan también los últimos fichajes de la compañía y el rediseño de sus tiendas. Una compañía que evoluciona de la usabilidad impecable al lujo más impúdico, a cambio de perder algunos detalles de su esencia que muy posiblemente el nuevo comprador no sea siquiera capaz de entender. La electrónica de consumo como símbolo de estatus, como elemento estético, como producto de margen cada vez más elevado que atrae a compradores de nuevos segmentos no tradicionales en la industria. Para Apple, un enfoque que llevamos tiempo viendo, y que la presentación de ayer no hace más que reafirmar.

 

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Algoritmos y sensacionalismos

Escrito a las 1:31 pm
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IMAGE: Alan Cotton - 123RFEs un tema que lleva coleando desde que Larry Page y Sergey Brin tuvieron la idea de, adaptando originalmente el sistema de cuantificación de citas del mundo académico o citation index, desarrollar un motor de búsqueda basado en la relevancia social, en lo que otros decían sobre nuestra página medido en función de sus enlaces hacia ella.

Con su algoritmo, Google solucionó el principal problema que los motores de búsqueda tenían anteriormente, el de tener algoritmos basados en el contenido que resultaban fácilmente manipulables por los propietarios de las páginas, pero falló en un tema fundamental: en la diferenciación entre páginas que obtenían muchos enlaces porque eran objetivamente buenas, y aquellas que los recibían porque eran fundamentalmente sensacionalistas.

El sensacionalismo es, sin duda, un mal de nuestro tiempo. Obtener atención mediante el recurso al escándalo, a llamar la atención a cualquier precio, a condicionar cualquier valor otorgado a la verdad o a la objetividad a la obtención de más atención es algo que lleva mucho tiempo haciéndose, y con resultados indudablemente positivos para quien lo practica. Las sociedades humanas muestran, en muchos casos, tanta o más avidez por el escándalo o por el cotilleo como lo pueden mostrar por la veracidad o la objetividad. En la web, hemos vivido exactamente lo mismo: desde un algoritmo que originalmente primaba aquellos sitios que eran más enlazados con una palabra o palabras determinadas, algoritmo que va siendo progresivamente revisado para incluir a las redes sociales como indicadoras, sobre todo, de la relevancia instantánea o inmediata (que tardaba tradicionalmente más tiempo en reflejarse en forma de enlaces), hasta ver la prostitución del mismo por parte de todo tipo de click-baiters y de “pornógrafos de la atención” que millones de usuarios circulan en función de lo escandaloso o intrigante de su título, o simplemente de paginas que divulgan mentiras grandilocuentes y conspiranoicas, pero que igualmente obtienen enlaces, aunque sean negativos y con objeto de denunciarlas. En la web, y con la algoritmia tradicional, la adaptación de aquella frase de Oscar Wilde tenía muchísima razón: lo importante era que hablasen de uno, aunque fuese mal (la frase original decía “hay solamente una cosa en el mundo peor que el que hablen de ti, y es que no hablen de ti”)

Ahora, Google parece lanzarse a un interesante intento de cambio en su algoritmo que pretende buscar criterios diferentes. Durante más de dieciséis años, nadie ha sido capaz de enfrentarse a Google con un principio que no fuese otro más que el tratar de perfeccionar sus propias reglas, sobre todo la que decía que la mejor manera de medir la relevancia de algo era la vía social, la de analizar qué decían otros sobre ello. Ahora, la tecnología empieza a permitir un nivel de cualificación superior: podemos aplicar análisis semántico a los textos de los enlaces o al contexto que los rodea para diferenciar “enlaces positivos” de “negativos” o “neutros”, y podemos medir otras cuestiones como el clickthrough, o el rebote, para evaluar si la reacción de quien aterriza en un contenido es la de consumirlo o la de salir corriendo (o simplemente, no hacer clic aunque te lo pongan delante de la nariz, porque entiendes que no es más que clickbait, carnaza diseñada para obtener el clic a toda costa).

Estamos hablando de un cambio que puede afectar al desarrollo de toda la web en su conjunto, y que nos lleva a pensar en las posibles implicaciones de que sea una empresa, en este caso Google, la que tenga la clave de “las cosas que son verdad y las que no”. Si Google obtuvo lo que obtuvo con un simple algoritmo cuando no era más que una startup creada por dos universitarios, el posible impacto de un cambio tan dramático en su algoritmo – afectaría a la introducción de nuevas métricas entre los primeros criterios, los de más peso en la indexación – podría tener un alcance potencialmente enorme. Ya no se trataría de obtener enlaces, retweets y compartidos a toda costa, sino de primar la calidad, el enlace con contexto, la métrica que privilegia un consumo de calidad. Según los expertos, con la limitada validez que puede tener la observación de quienes tratan de hacer ingeniería inversa del algoritmo de Google en función de metodologías de diversos tipos, el algoritmo ya ha empezado a cambiar, y hemos pasado de la versión de 2013, que privilegiaba intensamente la compartición en redes sociales, a uno en 2014 que introduce en la cúspide métricas como el clickthrough rate.

Pero todo esto, lógicamente, no es sencillo, y por el momento no hablamos de trabajo conseguido, sino simplemente del ideal buscado. Lo que sí conviene ir pensando es de qué manera afectará a nuestra compañía un cambio así, y qué posibles efecto notaremos una vez que empiece a aplicarse. Pero intereses propios o ajenos aparte… el tema es para dedicarle, cuando menos, una pensadita.

 

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Entrevista en OnCEU

Escrito a las 2:14 pm
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Un grupo de alumnos del CEU, encabezados por Guillermo Fernández y Carlota M. Panadés, me contactaron el mismo día en que se anunció mi entrada en el Consejo de Administración de El Español para pedirme una entrevista para la revista de su universidad, OnCEU, y para un espacio de vídeo titulado “Tenemos que hablar”, que han titulado como “No hace falta papel“. Hablamos sobre tendencias de futuro en periodismo, sobre el papel como soporte anticuado y lleno de inconvenientes (el mejor medio para transmitir información… del siglo pasado), sobre El Español y mi implicación en el proyecto, y sobre posibles consejos para futuros periodistas.

Smartphones y aulas

Escrito a las 1:40 pm
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Los smartphones pueden llegar a ser un aliado en las aulas - La InformaciónMe llamaron de La Información justo antes de entrar en una clase – hablamos diez minutos escasos y no pude quedarme ni con el nombre de la periodista que me llamó, perdón por no citarla) – para hablar sobre el uso de smartphones en la educación, y la diferencia de actitud en el caso entre las comunidades autónomas españolas entre aquellas que se obstinaban en su prohibición a toda costa frente a otras, como Cataluña, que recomendaban a los profesores que los integrasen en el proceso educativo como parte del equipamiento tecnológico disponible. Ayer se publicó una noticia, titulada “Los smartphones pueden llegar a ser un aliado en las aulas“, en la que me citan brevemente.

La cortedad de miras de quienes se quedan con la imagen de una clase inmanejable con todos los niños a la vez hablando por WhatsApp y sin prestar atención alguna al profesor me parece alucinante: tratar de analizar el uso de una potentísima herramienta tecnológica sin plantearse que el escenario, el tipo de educación y las metodologías tienen que cambiar para adaptarse a los tiempos es el tipo de actitud que, de ser generalizada, impediría completamente todo tipo de progreso y evolución. El smartphone es una absoluta revolución: una revolución que, mientras nos afanábamos en pedir más ordenadores en las aulas, ha llegado y ha puesto un potente ordenador en el bolsillo de todos los alumnos, brecha digital aparte. Que haya educadores, padres o políticos que se nieguen a ver las posibilidades de algo así, y se empeñen en “prohibir por decreto”, en tratar de perpetuar sus metodologías a toda costa cuando resulta más que evidente que precisamente es la metodología – toda la metodología – la que debe cambiar para adaptarse a semejante revolución es algo que me hace replantearme mi fe en la raza humana.

Pensar en el smartphone simplemente como un “añadido”, “dejado caer” sin más en aulas con la misma metodología que utilizamos hoy resulta completamente absurdo. Pensar que es que “los niños se distraen”, como si no se distrajesen dibujando o mirando por la ventana, es de una cortedad que, francamente, asusta. Lo que claramente hay que hacer es rediseñar completamente el proceso educativo, retirar de él toda esa patente inutilidad memorística que llevan a concentrarse en el aprendizaje por repetición de mis cosas que están todas al alcance de una búsqueda en la red, y centrarse en educar haciendo uso del recurso más poderoso, de la biblioteca de conocimiento más grande que la humanidad ha sido capaz de crear desde que el mundo es mundo. Convertir al profesor en supernodo en una red que enseña a buscar, a cualificar, a recopilar y a verificar información, que trata de hacer que el alumno tome las riendas de su propia necesidad de información, que participe de manera activa no solo buscando, sino también construyendo y creando con herramientas de todo tipo, que cambian a gran velocidad y están sujetas a todo tipo de dinámicas. Un enfoque que no se centre en las herramientas, que van, vienen y evolucionan constantemente, sino en la metodología. ¿Apps? ¿Herramientas propietarias? ¿Para qué, habiendo herramientas abiertas? El conocimiento es abierto y está en la red, las herramientas también tienen que evolucionar de la misma manera. Un proceso que no degrada al profesor, pero que tampoco degrada a los alumnos como lo hace la metodología actual.

Si alguien quiere repensar en serio la educación para adaptarla al entorno social y tecnológico en que vivimos, por favor, que lo diga.  Estamos hablando, en gran medida, de la competitividad futura de este país.

La neutralidad de la red, en La Noche en 24 horas

Escrito a las 7:57 am
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Network NeutralityEn la barra tecnológica de los jueves en La Noche en 24 horas traté de explicar de manera razonablemente didáctica el concepto de neutralidad de la red, su relevancia, su evolución en los Estados Unidos, y su relación con proyectos como Internet.orgProject Loon o SpaceX. En el fondo, obligar a las operadoras a que mantengan sus manos alejadas de los contenidos, a funcionar como proveedoras de un servicio de telecomunicaciones con cuyos contenidos no pueden ni deben poder interferir, porque ello conlleva automáticamente abusos, efectos perniciosos, como fantásticamente explica el cómic de The Oatmeal. Todo lo que suponga privilegiar unos contenido frente a otros, sean los suyos o los de quienes le pagan, supone la destrucción de la esencia de internet, la desaparición de la característica que llevó a internet a convertirse en lo que es hoy.

Al día siguiente de mi intervención, hemos podido leer los turbios planes que la Unión Europea tiene no solo de mantener “graciosamente” el roaming a las operadoras durante más tiempo para que puedan seguir estafando tranquilamente a los ciudadanos (acabando con los planes  de eliminación que tanto tiempo y esfuerzo costó obtener a la gran Neelie Kroes, a quien tanto echamos de menos – y solo se acaba de ir), sino además, la idea de darles la posibilidad de ofrecer “acceso prioritario a determinados servicios”, violando la asunción más básica de la neutralidad de la red.

La Unión Europea, bajo la supuesta idea de armonizar los intereses de todos sus estados miembros, ha conseguido construir la más demencial y absurda maquinaria burocrática para que los lobbies campen a sus anchas y obtengan todo lo que les interese, a expensas de los intereses y de la voluntad de los ciudadanos, que invariablemente siempre quedan “muy lejos de Bruselas”. Pura y dura definición de prevaricación: “delito consistente en dictar a sabiendas una resolución injusta una autoridad, un juez o un funcionario”. Simplemente, una absoluta vergüenza. O mejor, una desvergüenza.

Entrevista en el suplemento Innovadores, de El Mundo

Escrito a las 9:14 am
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Tendrá trabajo quien 'vive para trabajar', el resto no - El MundoAdolfo Plasencia me hizo una entrevista larga en mi despacho para el suplemento Innovadores de El Mundo, y el extracto se publica hoy a doble página bajo el título “Tendrá trabajo quien ‘vive para trabajar’, el resto no” (pdf).

Hablamos sobre la velocidad de la innovación, la evolución de las redes sociales hacia el contenido y su entrada en el mundo empresarial, los nuevos modelos asociados a eso que se ha dado en llamar “la sociedad post-trabajo”, y la sustitución del hombre por la máquina en un número cada vez mayor de actividades de todo tipo. Por un lado, cambia la naturaleza del trabajo hasta el punto de que a mí me resultaba bastante complicado explicarle a mi abuelo que todas aquellas horas que pasaba delante de la pantalla de un ordenador en mi casa eran en realidad horas de trabajo, no de ocio o de juego: trabajos que se independizan de la localización física y del horario establecido mediante una máquina de fichar, ausencia de outputs tangibles entendidos de la manera tradicional, y progresivo desarrollo de tecnologías que permiten la sustitución de actividades de todo tipo y completamente dispares, desde la planificación publicitaria hasta el conducir.

Etsy: un proyecto bonito que sale a bolsa

Escrito a las 4:06 pm
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Etsy logoDe todas las maneras que se me ocurren para definir Etsy, la que me parece más apropiada es la de “un proyecto bonito”. Sí, ya sé que “bonito” es una palabra polisémica y cargada de subjetividad y que cuando algo sale a bolsa pidiendo cientos de millones de dólares en inversión, el calificativo queda “extraño”, pero es que además de lo que me sugiere una página que permite a artesanos, artistas y creadores de todo tipo poner en el mercado sus obras, Etsy me gusta por lo que tiene de idea materializada en poco tiempo y que va revelando, a lo largo de su crecimiento, muchas de las problemáticas que suelen tener las startups de este tipo, problemáticas que además, ha ido solucionando muy bien. Como académico me parece fundamentalmente eso, un caso bonito, de los que da gusto discutir en clase porque genera muchas discusiones interesantes sobre problemas muy habituales en empresas en crecimiento.

Ahora, ese proyecto bonito va a hacer su salida a bolsa, y podría llegar a ser la operación relacionada con la tecnología más importante desde 1999. Aunque el objetivo fijado es recaudar unos cien millones de dólares, podrían llegar a los trescientos millones de dólares o más gracias a la actividad de sus más de cincuenta millones de miembros, millón y medio de vendedores, casi veinte millones de compradores activos y unos doscientos millones de dólares en ventas. No generan beneficios: de hecho, tienen pérdidas (unos quince millones de dólares en 2014)), que podrían además incrementarse si tenemos en cuenta la necesidad de contratar más empleados y hacer frente a los gastos que supone mantener una empresa cotizada, pero siguen siendo un proyecto que permite que muchísimas personas ganen dinero haciendo cosas que les gustan y muchísimas otras encuentren productos que les gustan, alejados de la idea de series grandes y producción industrial, y por los que están dispuestos a pagar un valor diferencial.

A lo largo de su historia, la compañía ha ido generando todo tipo de situaciones interesantes. Su puesta en marcha, que partió de la necesidad de sus fundadores de encontrar mercado para sus productos, se llevó a cabo tras un desarrollo de plataforma tecnológica que duró únicamente dos meses y medio. El nombre, que no quiere decir nada en particular porque se quería que diese lugar a una marca construida desde cero, proviene de una frase coloquial en italiano que sonaba parecida y que llamó la atención de uno de sus fundadores mientras veía una película de Fellini.

Etsy llegó a un mercado desatendido en el entorno del comercio electrónico, y experimentó un crecimiento muy elevado en sus primeros dos años. En su tercer año de funcionamiento, en 2008, la compañía ya empezaba a plantearse como una alternativa sólida a eBay, que entonces estaba experimentando problemas con algunos de sus vendedores que terminaron en una huelga, y decidió un cambio en su dirección que trajo a la primera directiva ajena al equipo fundacional, Maria Thomas, que provenía de National Public Radio (NPR) y había sido incorporada como COO. La nueva dirección se centró en la mejora de la interfaz, el desarrollo de herramientas de navegación y búsqueda, y la descentralización de las actividades hacia otros mercados diferentes de los Estados Unidos. A lo largo de su historia, la compañía ha experimentado problemas de crecimiento de todo tipo: acusaciones de propiciar la actividad de revendedores de productos no genuinamente artesanales, problemas derivados de la gestión de la interacción con los clientes,

La creación de una tienda en Etsy es gratuita, pero listar cada producto en ella tiene un coste de $0.20, producto que permanece en la página seis meses o hasta que es vendido. En las ventas, Etsy carga una comisión del 3,5%. Con este esquema, Etsy se ha convertido en un sitio donde muchísimos vendedores ofrecen productos de todo tipo: artesanía hecha a mano, materiales para llevarla a cabo, productos considerados vintage (más de veinte años de antigüedad), o incluso, desde la revisión de sus reglas en octubre de 2013, productos considerados únicos, aunque estén fabricados mediante procesos industriales.

La salida a bolsa busca generar fondos para una profesionalización mayor del sitio, además de cubrir, lógicamente, las expectativas de los fondos que entraron en las anteriores rondas de inversión. La rentabilidad intrínseca de un sitio como Etsy puede ser una cuestión de escala, pero parece claro que sí genera un evidente valor a los miles de artesanos que venden sus productos en su plataforma. La salida a bolsa no es un proceso sencillo, y para algunos participantes en el sitio, es una idea que supone casi una traición. El interés ahora, aparte de ver cómo es recibida por el mercado una operación como esta de comercio electrónico, digamos, “no tradicional”, está en ver a dónde se puede llevar un modelo de este estilo en su siguiente fase.

 

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