El Blog de Enrique Dans

La ley, las multinacionales y los impuestos justos

Escrito a las 12:15 pm
36

IMAGE: CogentMarketing - 123RFEl Reino Unido anuncia un cambio legislativo que permitirá imponer un impuesto del 25% a toda aquella empresa que se pueda interpretar que difiere beneficios a subsidiarias de otros países. El movimiento supone una respuesta a un problema claro: toda aquella compañía capaz de llevar a cabo operaciones de facturación cruzada entre subsidiarias de diversos países terminaba pudiendo poner en marcha mecanismos de optimización fiscal, perfectamente legales, que le permitían alcanzar tasas impositivas efectivas absolutamente ridículas.

El problema no es en absoluto exclusivo de las empresas tecnológicas: entre las mencionadas como usuarios habituales de esquemas bien conocidos como el double Irish o el Dutch sandwich, entre otros, se cuentan empresas como Amazon, Google o Facebook, pero también otras tan tradicionales como Starbucks, que venden simplemente café y servicios. En general, cualquier empresa con capacidad de abrir subsidiarias en varios países y cuya actividad le permita establecer precios de transferencia entre ellas puede llevar a cabo este tipo de prácticas de optimización fiscal.

No lo olvidemos: hablamos de esquemas estrictamente legales, que responden entre otras cosas a la existencia de estrategias impositivas en distintos territorios que forman parte de su estrategia como país. Para Irlanda, mantener un entorno fiscalmente ventajoso supone una manera clara de atraer una inversión que le ha permitido desarrollar todo un tejido industrial, de generación de empleo y de creación de startups que forma hoy en día una parte fundamental de su florecimiento económico. El anuncio de medidas por parte del estado irlandés que ponían fin al esquema del “double Irish” se llevó a cabo como resultado de una estrategia de presión por parte de la Unión Europea, y con unas moratorias que permiten, de facto, el uso por parte de nuevas empresas hasta el año 2015, y el mantenimiento de los beneficios por parte de las que ya lo usaban hasta el año 2020. Más allá del análisis populista de “qué malas son esas empresas”, tenemos que pensar en el papel de unos estados que, convencidos de los beneficios que tiene para su economía el que esas empresas se radiquen en su territorio, les ofrecen esas ventajas para que las utilicen como parte de un esquema completamente legal.

¿Cuál es el planteamiento del gobierno británico? Tal vez sea legal, pero yo quiero recaudar los impuestos correspondientes que de esta manera se me escapaban. Y la forma de hacerlo es tan sencilla como “si no me gusta la ley, voy y la cambio”. A partir de ahora, mediante mecanismos que serán anunciados el próximo día 10 de diciembre, estimará los beneficios que la actividad de una empresa genera en territorio británico, y en caso de estimar que está difiriendo beneficios hacia otros países con el fin de eludir impuestos, aplicará una tasa del 25%. Si el complejo entramado de la fiscalidad internacional permite ese tipo de prácticas, el planteamiento es ni más ni menos que resolverlo unilateralmente.

La solución obvia toda connotación persecutoria: a las alegaciones de que esto es la manifestación del último episodio de “Europa contra la tecnología” que aparecen en medios como The Wall Street Journal se opone el hecho de que la medida afecta a todo tipo de empresas, no solo a las tecnológicas, y que además, un país tan lejano como Australia también está poniendo en marcha medidas similares: un estudio llevado a cabo por su gobierno demostró que una empresa como Apple, que había vendido 27 mil millones de dólares australianos en el período que iba desde 2002 hasta marzo de 2014, había pagado únicamente 193 millones a la hacienda del país, lo que suponía una tasa fiscal efectiva del 0.7%

En el fondo, una medida recaudatoria con sentido: una empresa que desarrolla su actividad en ese país consume recursos de ese país financiados con los impuestos de todos sus ciudadanos, y debe contribuir en la manera justa a la financiación de esos recursos. Sin embargo, como ya hemos dicho en otras ocasiones, no puede caerse en la mojigatería de culpar a las empresas por utilizar todos los mecanismos legales que estén a su alcance para optimizar su pago de impuestos, y mucho menos de pensar que este tema era intrínseco o exclusivo de las empresas tecnológicas: el sistema está diseñado así, los accionistas exigen que los beneficios sean optimizados con arreglo a todas las posibilidades existentes dentro de la legalidad, y si las leyes lo permiten, solo caben medidas como las tomadas por el Reino Unido: cambiar las leyes.

 

This article is also available in English in my Medium page, “The law, multinationals, and fair taxes

Asegurando proyectos de crowdfunding

Escrito a las 11:22 am
8

Olive (insurance) - IndiegogoEl crowdfunding es uno de los temas a los que, desde hace cierto tiempo, presto especial atención en mis cursos de innovación en IE Business School. En su modalidad reward-based, que ofrece esquemas de incentivos de diversos tipos (desde la mera satisfacción de colaborar con el proyecto hasta el acceso preferencial al propio producto, pasando por tazas, camisetas, etc.), ofrece a los emprendedores la posibilidad de obtener financiación precisamente cuando hace falta, en fases tempranas del proyecto, sin tener que entregar acciones a cambio.

Esta modalidad de crowdfunding implica, lógicamente, la asunción de un riesgo: los creadores del proyecto afirman que entregarán el producto en cuestión en una fecha determinada, pero la realidad es que los retrasos son enormemente habituales. Problemas derivados del desarrollo del proyecto, inconvenientes encontrados en la fase de fabricación, o simplemente, cuestiones derivadas de la falta de experiencia suelen generar aplazamientos en la entrega que afectan a una gran mayoría de los proyectos, lo que ha generado en muchos casos enfados entre los usuarios que habían decidido contribuir a ellos con unas expectativas determinadas.

Indiegogo, uno de los sitios internacionales más importantes dedicados a esta modalidad de crowdfunding acaba de poner a prueba una cuestión que me ha resultado interesante: una póliza opcional de seguros asociada con el proyecto. En la ilustración aparece el Olive, una pulsera que permite monitorizar y supuestamente controlar el nivel de estrés. El incentivo principal para los usuarios es obtener la pulsera, un cargador y la app para gestionarla por un total de $129, con entrega estimada el 15 de noviembre de 2015. Pero además, en este caso, Indiegogo ofrece la posibilidad, por $15 adicionales, de asegurar la entrega del producto en un máximo de tres meses desde la fecha indicada. Si el proyecto se retrasa más allá de ese plazo, te devuelven el dinero.

El concepto de riesgo asociado a un proyecto empresarial no necesita demasiada explicación cuando hablamos de proyectos con el perfil habitual que suelen tener en crowdfunding: equipos que no necesariamente tienen mucha experiencia, con ideas y prototipos capaces de generar interés, pero con capacidades de ejecución no probadas. Pasar de las fases de idea, concepto o prototipo a las de fabricación masiva supone un reto muy importante, que se superpone a otros riesgos habituales tales como los problemas derivados de la gestión del propio equipo humano. Para quien desembolsa el dinero basándose en una promesa de un producto que le ha generado interés, ese riesgo también resulta fácil de entender y se suele ver como algo inherente al modelo de crowdfunding frente a la opción de simplemente adquirir el producto en una tienda, pero eso no significa que los retrasos o incluso las cancelaciones no puedan generar una intensa frustración. La idea de asociar una póliza de seguros con un coste razonable a la entrega del producto en cuestión parece interesante. Obviamente, en el caso de un proyecto, el riesgo para la compañía de seguros es importante, dado que en caso de retraso, lo habitual sería que afectase a todos o la mayoría de los usuarios que hubiesen decidido aportar fondos al proyecto. Pero si hablamos de una base importante de proyectos, ese riesgo se diluye considerablemente, y puede cubrir una buena parte de la sensación de incertidumbre que puede generarse en el usuario.

En el caso de Indiegogo, que suele tener la consideración de “segunda opción” con respecto al líder, Kickstarter, asociada con una cierta imagen de menor supervisión de los proyectos que se presentan en su plataforma, la idea de proporcionar un seguro asociado a sus proyectos puede resultar estratégicamente muy interesante. Por el momento, la iniciativa parece únicamente una prueba piloto asociada con ese único proyecto, pero no descartemos planes para verla consolidada como una opción general.

 

This article is also available in English in my Medium page, “How to make crowdfunding a little less risky

Caligrafía, educación y futuro: examinando los argumentos

Escrito a las 4:51 pm
63

Cuadernos RubioLa entrada del pasado domingo sobre los cambios en la educación infantil en Finlandia ha generado, como esperaba, un importante debate a nivel general, no solo en esta página, sino en muchos otros sitios, cuyos argumentos fundamentales me parece muy interesante recoger.

Empecemos por puntualizar: como bien fue aclarado, primero a través de este comentario en Slashdot y posteriormente por muchas otras personas con conocimientos de finlandés o experiencia en ese país nórdico, la noticia no dice que no se vaya a enseñar a los niños a escribir. Lo que se elimina del curriculum no es la escritura como tal, sino la caligrafía, como parte de un plan que aún está en estudio. Se introduce un énfasis en la enseñanza del uso eficiente del teclado, y se propone eliminar los ejercicios destinados a adquirir soltura con las cursivas, con la escritura manuscrita. Por supuesto, esto no conlleva que los niños no aprendan a escribir, simplemente que no harán ejercicios destinados al perfeccionamiento de esa letra, porque, sencillamente, no se considera práctico. Punto en el que estoy, no hace falta decirlo, completamente de acuerdo.

La primera parte de los comentarios creo que puede contestarse muy rápido: no, en Finlandia no se han vuelto locos ni pretenden convertir a sus niños en analfabetos ni en ágrafos. Seguirán aprendiendo las letras y seguirán sabiendo escribir. Simplemente, se propone dar más énfasis a la escritura en teclado – físico o virtual – que a la escritura en papel. Es decir, se pasa a privilegiar el soporte en el que los niños van a trabajar más a menudo durante toda su vida.

Una cuestión muy repetida, supongo que derivada de la aparente sofisticación del argumento, fue el supuesto efecto de la escritura en la enseñanza de la psicomotricidad fina. Un argumento que ignora una cuestión fundamental: la psicomotricidad fina se puede entrenar de muchísimas maneras, y las mejores no son precisamente la escritura, sino las manualidades o el dibujo. Pretender que por practicar menos la caligrafía vamos a tener una generación de niños torpes y carentes de habilidades motoras es algo que no tiene en cuenta los posibles sustitutivos a nivel educacional, que existen – y muy buenos.

Otra cuestión relacionada con las interpretaciones radicales: nadie pretende eliminar el dibujo. Posiblemente, en el futuro, una gran cantidad del dibujo tenga lugar con algún tipo de dispositivo electrónico y sobre una pantalla en lugar de un papel, pero eso permitirá exactamente igual el desarrollo de la psicomotricidad fina – posiblemente mejor aún, porque se eliminan determinadas limitaciones.

La escritura no es una habilidad natural del hombre. El uso de un lápiz y un papel para, utilizando un código determinado, representar ideas o conceptos en un papel es algo que proviene de un contexto histórico determinado, en el que el papel y el lápiz eran la manera más adecuada y más eficiente de hacer eso. Actualmente, el uso del papel y el lápiz ya no es ni el método más rápido, ni mucho menos el más eficiente, ni proporciona muchas de las ventajas que se obtienen de la escritura electrónica. Es más: el uso del papel y el lápiz funciona como un “corsé mental”, algo que se interpone en la posibilidad de refinar el texto en ediciones sucesivas.

Pensar que por no practicar la caligrafía manual vamos a obtener una generación de niños que escriban peor es algo que no se sostiene demasiado: de hecho, obtendremos una generación de niños que escriban MEJOR, porque crecerán acostumbrados a escribir pudiendo corregir y cambiar la estructura de lo que escriben sobre la marcha, algo que también es mejor de cara al desarrollo intelectual y cerebral (razonamiento abstracto y conceptual frente a pensamiento lineal y secuencial). No encontraremos ningún neurólogo mínimamente serio que sostenga que no practicar caligrafía determine una pérdida de funciones cerebrales. De hecho, la consecuencia de tener una generación de niños que crecen rodeados de aparatos con los que escriben constantemente redunda en unas capacidades de expresión escrita indudablemente superiores, como bien se razona en esta genial tira de XKCD.

Escribir en una pantalla es, sencillamente, SUPERIOR a hacerlo en un papel, por mucho romanticismo que el papel y el lápiz pueda evocar. Por supuesto, el mismo tipo de argumentos fueron utilizados en cada uno de los cambios que la escritura ha vivido a lo largo de la historia, o en general, en cada cambio tecnológico. Pero la cuestión es tan clara como que hoy en día, nadie escribe con grabados cuneiformes en piedra, ni sobre papiro, ni utilizando una pluma de ave mojada en tinta… y eso no nos ha convertido en más ignorantes. Frente a los que dicen que “hay que sumar, no restar”, les reto a intentar aprender la totalidad de las tecnologías utilizadas a lo largo de la historia de la humanidad para hacer cada cosa: es, sencillamente, un argumento falaz. Las tecnologías prevalecen hasta que son sustituidas por una tecnología mejor, y después, van convirtiéndose en residuales y cayendo en el abandono. Es una dinámica que hay que aceptar: no hacerlo nos convierte en ignorantes.

Otro tema que ha surgido en varias ocasiones es la supuesta menor velocidad o mayor distracción que proviene de tomar notas con un teclado, en un tablet o en un smartphone frente a hacerlo con bolígrafo y papel. Un argumento que, indudablemente, proviene de quienes no han utilizado lo suficiente esos métodos para tomar apuntes en una clase o reunión: basta con ver a cualquier adolescente (o con la debida modestia, con verme a mí, que no soy precisamente adolescente) escribir en un smartphone o en un teclado para comprobar que se puede ser mucho más rápido y eficiente tomando notas en un teclado, sea del tipo que sea, que con un bolígrafo y un papel. ¿Te distrae más? Eso es porque aún no lo has convertido en rutina. No desesperes: prueba más, y terminarás aprendiendo ;-)

Uno de los argumentos más absurdos que he leído en varias ocasiones y foros es el que compara la escritura con las matemáticas: “entonces, por la misma regla de tres, ¿por qué no dejamos de enseñarles a sumar y a restar, y les damos una calculadora?” Nada que ver. Las matemáticas suponen la adquisición de un conocimiento y una estructura necesarias para entender el mundo en que vivimos: aprendemos matemáticas porque nos ayudan a relacionarnos con el entorno que nos rodea, porque nos permite llevar a cabo infinidad de operaciones que nos ayudan a conceptualizar la idea de cantidad, o convertir en tangibles una serie de conceptos que de otra manera tendríamos que tratar como abstractos. Contar, sumar, restar, multiplicar o dividir responden a necesidades específicas, a soluciones a problemas que se plantean en la vida real, y aprender a solucionar esos problemas nos ofrece más grados de libertad a la hora de enfrentarnos a ellos. La calculadora simplemente nos ayuda a hacer más rápido esos cálculos, y la introducimos en el sistema educativo, si se hace correctamente, una vez que hemos entendido los conceptos de las tareas que pretendemos llevar a cabo. La caligrafía, en cambio, no tiene nada que ver con eso: cuando se hace a mano: la escritura es una barrera que me condiciona la forma de expresarme, que limita la creatividad al imponer trabas a la edición, y que, si puede ser perfeccionada por una tecnología mejor, debe ser perfeccionada. De hecho, no lo olvidemos, ya ha sido perfeccionada. Lo que aquellos que claman a favor de la caligrafía pretenden es que sigamos enseñando a los niños a utilizar un método de expresión obsoleto, que van a utilizar en muy pocas ocasiones en su vida adulta, y que ofrece infinidad de inconvenientes con respecto a la escritura con un teclado y sobre una pantalla.

Otro razonamiento que no termino de comprender es el que aduce la necesidad de contar con métodos alternativos en el hipotético caso de que no contemos con un dispositivo que nos permita escribir con un teclado y una pantalla: todo tipo de preocupaciones que van desde el momento en que nos quedamos sin batería, hasta nada menos que una hipotética tormenta solar que aniquila todos los dispositivos electrónicos de la faz de La Tierra (es una de mis historias favoritas, porque recuerda exactamente los temores irracionales que existían en la Edad Media sobre la catástrofe que supuestamente acabaría con el mundo en el año 1000). A quienes exhiben ese razonamiento, conviene recordarles, primero, que no vamos a impedir que los niños escriban, simplemente vamos a reducir el número de horas que dedicamos a un tipo de escritura en particular: repetimos, no vamos a crear analfabetos ni ágrafos, simplemente personas que se expresarán mucho mejor con un teclado que con un lápiz. Tampoco se va a prohibir escribir, como si estuviésemos en una novela de Ray Bradbury y propusiésemos quemar todos los lápices y todo el papel: simplemente, se hará menos énfasis en la caligrafía. Además, es recomendable también recordar que la evolución de la tecnología lleva a que las baterías duren cada vez más y a que los dispositivos sean cada vez más baratos y omnipresentes. Y por supuesto, que incluso en el hipotético caso de una catástrofe provocada por una tormenta solar que destruyese todos los aparatos eléctricos, eso no destruiría nuestra capacidad de volverlos a fabricar. A quien pretenda que la humanidad retrocederá de repente a la era previa a la electricidad y que, además, permanecerá en esa distópica situación a partir de ahí, habrá que recomendarle simplemente… que vea menos películas (además de que, si pasase, como bien me comenta Ignasi Marcos en Google+, “el menor de nuestros problemas sería si tenemos o no buena letra” :-)

Sin duda, un debate interesante, y un aporte de argumentos que agradezco mucho a todos los participantes. Pero sobre todo, un debate que conviene continuar: en la educación, junto con la caligrafía, deberían caer muchas cosas más. El uso del papel, por ejemplo, debería reducirse hasta convertirlo en algo residual. Los libros, como ya he expresado en otras ocasiones, deberían ser sustituidos por la red, por repositorios de conocimiento interconectados y por la enseñanza del razonamiento crítico que permite cualificar fuentes de información, porque no se puede enseñar a los niños que el conocimiento está en un soporte cerrado entre dos tapas de cartón. Las metodologías que desarrollan el trabajo en grupo y las habilidades de presentación y expresión deberían sustituir al ejercicio indiscriminado de la memorística. Y como eso, muchas cosas más. La enseñanza a los niños no tiene que partir de lo que aprendíamos nosotros cuando teníamos su edad, sencillamente porque nosotros vivimos en otro contexto, y es absurdo educar a los niños para vivir en el contexto histórico en el que vivieron sus padres – o incluso, sus abuelos. Todo lo que sea perpetuar metodologías “porque siempre se hicieron así” debería ser desterrado, para dar lugar a instituciones educativas que de verdad preparen a los niños para la vida en el contexto histórico, cultural y tecnológico que les ha tocado vivir. Lo demás, es puro inmovilismo.

 

This article is also available in English in my Medium page, “The handwriting is on the wall: it’s time to focus on the keyboard

Tecnología, educación… y España

Escrito a las 12:47 pm
35

Escuela españolaUn reportaje en Financial Times, Google overtakes Apple in the US classroom, proporciona algunas cifras y datos interesantes sobre la evolución de la tecnología en las escuelas norteamericanas: durante el tercer trimestre, según datos de IDC, Google facturó 715.000 Chromebooks al mercado educativo, frente a un total de 702.000 iPads. Es el primer trimestre en el que Google supera a Apple en este mercado.

Las cifras, aún interpretándolas con precaución por el porcentaje que suponen en el contexto de un mercado como el de la educación en los Estados Unidos, reflejan claramente una tendencia progresiva e imparable hacia la integración de la tecnología en el aula. La discusión en las escuelas norteamericanas se centra en cuestiones como la idoneidad de unos u otros dispositivos de cara al trabajo de los alumnos: mientras las tablets se ven más como un dispositivo de acceso a contenidos, básicamente una forma de acceder a libros electrónicos o a páginas web, el Chromebook, que puede obtenerse en niveles de precio que comienzan en los doscientos dólares, se ve como una solución más completa, cuya necesidad resulta más obvia a medida que el alumno crece, y que facilita una relación con el contenido más bidireccional, en la que tiende a darse más protagonismo a la creación.

Mientras, en España, nos dedicamos a crear leyes para prohibir el uso del smartphone en las aulas, con el supuesto fin de evitar el enfrentamiento entre alumnos y educadores. En lugar de tratar de buscar el encaje de un dispositivo como el smartphone dentro del proceso educativo, de integrarlo como plataforma de computación ubicua que es, tratamos de cerrarle las puertas del aula, de excluirlo, de convertir la educación en un entorno hostil en el que los niños se ven obligados a retrotraerse a tiempos que ni siquiera vivieron. En una sociedad completamente conectada, las aulas pretenden mantenerse como un entorno completamente desconectado.

Mientras en otros países tratan de modificar los procesos educativos para conseguir que sirvan para socializar a los niños en el entorno tecnológico que les ha tocado vivir, se dotan las aulas con tablets y portátiles para convertirlos en vehículos de conocimiento, o incluso se diseñan cambios para conseguir integrar la tecnología como una parte fundamental del curriculum, en España la dirección del progreso es… prohibir dispositivos, porque no se es capaz de pensar en cómo integrarlos de manera positiva. Está claro: es mucho más fácil prohibir que pensar.

 

This article is also available in English in my Medium page, “Technology and education: Spain is different, sadly

Escribir a mano es del siglo pasado

Escrito a las 1:31 pm
155

CalligraphyFinlandia anuncia que abandona la enseñanza de la caligrafía en los colegios, y la sustituirá, empezando en 2016, por el aprendizaje de la mecanografía y el uso del teclado. La caligrafía se define oficialmente como una habilidad anticuada, cuyo aprendizaje ya no aporta especialmente nada desde un punto de vista práctico al desarrollo de la persona, una habilidad que puede ser más encuadrada dentro de la curiosidad histórica.

El movimiento, sin duda, va a ser calificado por muchos como muy agresivo. ¿Es adecuado que los niños dejen de escribir a mano, en un entorno en el que ya prácticamente solo lo hacen cuando ejercitan dicha habilidad? Un examen detallado de la vida cotidiana de un niño en nuestros días revela claramente que escriben de manera constante en teclados de todo tipo, físicos o virtuales, en ordenadores o en smartphones, pero únicamente recurren a la escritura a mano cuando les es específicamente solicitado… para conseguir que aprendan a escribir a mano.

Con el paso del tiempo, a medida que esos niños se van haciendo mayores, la necesidad de escribir a mano va disminuyendo todavía más. Yo llevo un bolígrafo en mi bolsillo por puro romanticismo y para firmar algo de vez en cuando, pero la realidad es que me pasan días y días sin utilizarlo.

En mi paso por la universidad, mi forma de tomar apuntes era muy apreciada por muchos de mis compañeros, porque tendía a apuntar prácticamente todo, con una letra nada bonita, pero razonablemente inteligible. Un paseo por la biblioteca de la universidad me permitía ver mis apuntes fotocopiados incluso por personas que no conocía, y subrayados en todos los colores imaginables. Terminada la universidad, dejé de escribir a mano. Hoy me costaría muchísimo tomar más de unas líneas: cuando lo he intentado, me ha resultado incomodísimo. Para cualquier tarea de escritura que implique un mínimo de creatividad, escribir a mano es completamente implanteable: mi forma de escribir actual recurre tanto a la vuelta atrás, a la sustitución o al replanteamiento de la estructura de lo que quiero expresar, que un modelo en el que cada pensamiento se plasme de manera irreversible en un papel resulta, además de arcaico, directamente absurdo. Si tengo que tomar unas notas en una reunión, lo último en lo que pienso es en utilizar un papel y un lápiz: lo primero que se me ocurre es sacar mi smartphone, y arrancar Evernote. En mi labor como profesor, me limito a escribir algunas palabras aisladas en una pizarra en la que añoro un teclado y un ratón, y cada vez que lo hago – por lo general, muy pocas – mis alumnos entienden perfectamente por qué no me gusta hacerlo. Mi visión en este tema es completamente radical: de la misma manera que llevo años abogando por la desaparición total y absoluta del papel y si tuviese una empresa apostaría por prohibirlo, vería bien que la escritura a mano pasase a ser considerada algo del pasado.

Escribir a mano resulta decididamente poco práctico y cada vez menos habitual, firmar es un método de autenticación débil y absurdo, y el bolígrafo o la pluma son cada vez más un artefacto menos práctico. ¿Estamos preparados como sociedad para anunciar el fin de la escritura a mano, o surgirán legiones de nostálgicos planteándose cuestiones como el romanticismo, la preservación de un bien cultural – como si la escritura cuneiforme fuese una habilidad remotamente interesante para alguien – o como el qué vamos a hacer es ese cada vez más improbable y absurdo momento en el que no tengamos acceso a un smartphone o a un teclado?

 

This article is also available in English in my Medium page, “Writing by hand: so 20th century…

Consumo de contenidos y tamaño de pantalla

Escrito a las 6:10 pm
17

iPhone screen size chartEl progresivo incremento en el tamaño de pantalla de los smartphone está determinando un interesante fenómeno: una modificación en las pautas de consumo de contenidos.

Un estudio de Pocket, The screen-size debate: how the iPhone 6 Plus impacts where we read & watch, viene a demostrar, dentro de la limitada representatividad de los dispositivos de la marca de la manzana, que los usuarios que adoptan un smartphone más grande pasan, de una manera general, a consumir más contenidos en sus terminales, una relación directa que vendría a decir que a mayor tamaño de pantalla, más consumo de contenidos. Sin embargo, existe también un fenómeno de sustitución que lleva a que el principal dispositivo damnificado por el cambio a un smartphone más grande sea el tablet, que a partir de la adopción es relegado a un uso mucho más secundario.

Un tamaño de pantalla más grande determina también cambios en las pautas horarias de consumo, que llevan, por ejemplo, a que se consuma menos en franjas horarias como la del desplazamiento al trabajo por la incomodidad que supone, por ejemplo, sujetar un terminal más grande. Los tablets de gama media, en cambio, pasan a convertirse en dispositivos relegados al uso en el hogar, lo que lleva también a alteraciones en los patrones comparativos entre días de semana y fines de semana.

Obviamente, Apple no fue el primero en poner en el mercado smartphones con pantallas por encima de las cinco pulgadas. El cambio en el criterio de la marca, derivado según ellos de una evolución en los patrones y preferencias globales de consumo, fue saludado por marcas como Samsung con extraordinario escepticismo y hasta con sarcasmo, pero la realidad es que los phablets representaban un porcentaje muy pequeño del mercado antes del iPhone 6 Plus, y ha sido Apple quien les ha dado el empujón definitivo que necesitaban. Básicamente, llevar un teléfono de más de cinco pulgadas era visto como una especie de extravagancia antes de que Apple pusiese en el mercado su iPhone 6 Plus, y parece haberse convertido en algo cool inmediatamente después.

Visto así, la tendencia hacia terminales cada vez más grandes parece clara y sin vuelta atrás, lo que representa toda una paradoja que refleja el cambio de concepto que ha sufrido este dispositivo. En los ’90, el teléfono móvil era lo único que un hombre presumía de tener más pequeño. Ahora, llevado por un patrón de uso completamente diferente en el que la voz se reduce muchísimo frente a la importancia de los datos, el uso de navegador o apps, y el consumo de contenidos, la preferencia general parece decantarse claramente hacia pantallas más grandes. Un cambio que tendrá que reflejarse, lógicamente, en el diseño de esa oferta de contenidos: mientras estamos aún pasando de simples adaptaciones a la pantalla del móvil de unos contenidos originalmente diseñados con la pantalla del ordenador en la mente, a diseñadores que empiezan a pensar ya en modo mobile-first o incluso mobile-only, vamos a ver como esas pantallas van incrementando su tamaño, dando lugar a cambios y a nuevas posibilidades. Diseñar para el móvil ya no se reduce simplemente a cambiar el ancho de las columnas o el tamaño de la letra: requiere “pensar para el smartphone“, teniendo en cuenta las preferencias de interacción y de consumo que esa plataforma conlleva. Como el estudio de Pocket demuestra, pantallas más grandes determinan nuevas preferencias, y serán aquellos que de verdad las tengan en cuenta los que consigan consolidar y fidelizar a sus usuarios. Es el momento de replantear nuestra oferta, de repensar nuestra interfaz y, sobre todo… de echarle imaginación.

 

This article is also available in English in my Medium page, “Which comes first, screen size or content?” 

Las implicaciones de una economía flexible

Escrito a las 4:50 pm
7

Economía flexible - Expansión (pdf)Mi columna de Expansión de esta semana se titula “Economía flexible” (pdf), y trata de avanzar un poco en las implicaciones de una economía en la que recursos que tradicionalmente habían permanecido al margen del sistema pueden de repente entrar en él como oferta válida y demandada por amplios sectores de la población gracias al desarrollo de aplicaciones tecnológicas que facilitan un mejor encaje entre oferta y demanda, un aprovechamiento más completo del área que hay bajo la curva de oferta y demanda.

La motivación para la columna me vino, por un lado, de la nueva ronda de financiación de la polémica Uber: una compañía no exenta de todo tipo de problemas, pero que acaba de cerrar la entrada de nuevos accionistas con una valoración de nada menos que cuarenta mil millones de dólares, un récord absoluto para una empresa que lleva tan poco tiempo en el mercado y una progresión que excede sensiblemente la que en su momento protagonizó Facebook. ¿Qué saben los inversores en esa compañía que nosotros no sabemos? Sencillamente, que la visión de Travis Kalanick es la construcción de una inmensa plataforma de conductores – o eventualmente, de coches autónomos cuando esto sea plenamente posible – que, a modo de infraestructura, es capaz de transportar lo que sea, desde personas hasta objetos pasando por lo que se nos ocurra. Algo que, visto así, puede llegar a tener un importante potencial de generación de ingresos recurrentes.

Por otro lado, esta semana también ha saltado a los medios un informe independiente del gobierno del Reino Unido que recomienda la flexibilización del entorno legislativo que regula la prestación de servicios de la llamada sharing economy como Uber, Taskrabbit o Airbnb, debido fundamentalmente al potencial efecto beneficioso sobre el desempleo. Un informe que puede justificar la relajación de medidas restrictivas y una auténtica oportunidad para los emprendedores en este ámbito, además de muchos quebraderos de cabeza para los sectores que tradicionalmente ejercían estas actividades en entornos que anteriormente estaban férreamente regulados.

La cuestión, obviamente, tiene sus luces y sus sombras. Teniendo en cuenta que este tipo de plataformas no generan empleo directo, sino que se limitan a proporcionar un punto de encuentro entre oferta y demanda, ¿significa su auge un desplazamiento de la economía hacia una progresiva precarización y una pérdida de todo beneficio social al funcionar en ausencia de contratos laborales? ¿Nos lleva la sharing economy a un entorno en el que todos terminamos siendo autónomos? Las implicaciones para un entorno como España, con elevada tasa de desempleo y que se ha convertido en uno de los países del mundo en el que Uber crece con más fuerza, pueden ser muy importantes.

Un tema, sin duda, apasionante. Pero con connotaciones indudablemente diferentes según en que lado de la ecuación te pille. De nuevo, disrupción en estado puro.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Economía flexible

Dos noticias recientes apuntan a cambios en la economía que van a preocupar a muchos: por un lado, Uber, una empresa polémica que ha hecho de la provocación y el enfrentamiento directo con una industria tradicional su modo de vida, cierra una descomunal ronda de inversión que sitúa su valor por encima de los cuarenta mil millones de dólares.

Por otro, un informe independiente encargado por el gobierno británico recomienda encarecidamente relajar las reglas y restricciones que afectan a la llamada sharing economy o economía del compartir, y la consideran una de las mejores maneras de lidiar con la lacra del desempleo.

El auge de la economía del compartir está vinculado a la disponibilidad de herramientas tecnológicas que posibilitan un mejor encaje entre oferta y demanda: aprovechar mejor recursos que anteriormente permanecían ociosos. El transporte de personas, la contratación temporal para tareas sencillas, el alquiler de una propiedad… todas esas actividades estaban sometidas a reglas, a licencias, a procesos que incorporaban una fricción, unos requisitos justificados en función de una necesidad de control y de una regulación de la oferta. Quien se salía de esa regulación… era ilegal.

Con tecnología, el control y el reporte puede llevarse a cabo solo: integrar estas actividades en la economía. Muchas de las restricciones anteriores dejan de tener sentido, van en contra de la libertad y las opciones del usuario.

Pero no todo son luces: estas plataformas no contratan a nadie, únicamente coordinan oferta y demanda: ¿terminaremos siendo todos autónomos dependientes de situaciones precarias y sin ningún beneficio laboral? ¿Y la universalidad? ¿Quién abastecerá servicios que no sean directamente rentables?

No, la transición no va a ser sencilla, y dejará cadáveres por el camino. Pero no parece que tenga vuelta atrás.

 

 

This article is also available in English in my Medium page, “The implications of the flexible economy

En “Diez blogs para informarse de tecnología”, de Eroski Consumer

Escrito a las 8:37 am
1

 

Diez blogs para informarse de tecnología - Eroski Consumer

Muchísimas gracias a Jordi Sabaté por incluir esta página en su artículo “Diez blogs para informarse de tecnología“, en Eroski Consumer. El artículo es del pasado día 20, pero estoy en una de esas temporadas en las que no me da ni tiempo a ver ni los enlaces entrantes, ni siquiera las analíticas de tráfico, y no vi el artículo hasta ayer. En cualquier caso, lo reseño, que siempre está bien guardar las cosas bonitas que dicen de uno :-)

Sobre alimentación, deporte y otros hábitos saludables…

Escrito a las 1:32 am
3

Entrevista - El PiscolabisCoincidí con Àlex Pérez hace tiempo en una presentación de productos de Fitbit, y hace algunas semanas me pidió que le respondiese a un cuestionario bastante completo sobre mis hábitos en alimentación, deporte y temas relacionados para su página, que publicó ayer bajo el título “Enrique Dans: el gran experto TIC-saludable“.

Es un tema del que no suelo hablar habitualmente, y en el que la mayoría de las cosas que hago responden puramente a intuición y a una metodología de prueba y error, no a una aproximación especialmente científica: mis ejercicios por la mañana responden simplemente a que son los que me encuentro cómodo haciendo – debería variarlos y alternarlos mucho más, pero no me da la fuerza de voluntad para ello, – del mismo modo que el hecho de cenar fruta prácticamente todos los días responde simplemente a que fue un consejo que me dio un día un alumno la mar de majo (y que estaba hecho un pincel :-), que es una disciplina que soy capaz de poner en práctica sin demasiado esfuerzo y que me funciona muy bien a la hora de contener mi peso, aunque sepa que la noche no es teóricamente el momento ideal para la ingesta de fruta…

En el fondo, una serie de hábitos personales bastante consolidados – soy animal de costumbres – y que, desde que los práctico, han conseguido poner bastante orden en mi metabolismo y en mi vida en general.

GoPro y los drones

Escrito a las 9:08 am
14

DJI Phantom con GoPro Hero 3Todo indica que GoPro, la empresa que popularizó las llamadas “cámaras de acción“, está trabajando en el desarrollo de su propia línea de drones para el mercado de consumo.

Los drones, llevados al mercado de consumo por compañías como la francesa Parrot, la china DJI o la norteamericana 3D Robotics, se han convertido en uno de los sitios más habituales para montar una cámara de las fabricadas por GoPro: los más populares, como el DJI de la ilustración, tienen precios que oscilan entre los quinientos y los mil dólares, y suelen incorporar monturas específicas para las cámaras de la compañía. El mercado para este tipo de dispositivos está experimentando un fuerte crecimiento, y se calcula que puede llegar a los dos mil millones de dólares en el año 2020.

GoPro es un ejemplo claro de una compañía que ha sido capaz de convertirse en estándar de un mercado: sus cámaras, con infinidad de accesorios para montarlas sobre prácticamente cualquier cosa, son protagonistas de todo tipo de deportes extremos, y han redefinido prácticamente los atributos de este subsegmento. Alimentada por un marketing espectacular y con unas ventas claramente crecientes, la compañía salió a bolsa en junio del pasado año con una valoración de tres mil millones de dólares, y sus acciones, que debutaron inicialmente a $31, han llegado en algunos momentos a alcanzar los $94. Con esos recursos disponibles y unas ventas esperadas para la campaña de navidad de entre quinientos y seiscientos millones de dólares, el movimiento de la compañía parece tratar de prevenir la posibilidad de que los fabricantes de drones pudiesen decidir incorporar sus propias cámaras, lo que podría generar un descenso en la demanda de las fabricadas por la compañía.

Las cámaras de GoPro están posicionadas en precios que oscilan entre los $200 y los $400 para la serie Hero. Hablamos de un producto que suele generar beneficios a la compañía no solo por su venta, sino por la demanda derivada de los múltiples accesorios de que dispone: monturas, fundas impermeables, mecanismos de succión para situarlas sobre superficies lisas, etc. Visto así, un dron puede ser interpretado como una extensión de gama, un accesorio más, un lugar más sobre el que montar la cámara, con la particularidad de que, en este caso, el accesorio tiene un precio más elevado que la cámara que, en muchos casos, puede motivar su compra.

La compañía podría, aprovechando la consideración de estándar de mercado que tiene su producto, tratar simplemente de llegar a acuerdos con fabricantes de drones para asegurar el uso de sus cámaras. Sin embargo, ha preferido optar por un movimiento más agresivo y competir directamente con ellos, en un mercado caracterizado por la rápida popularización y descenso de precio de sus componentes. Un dron, hoy, es mucho más que un conjunto de hélices y un mando a distancia: la incorporación de sensores de todo tipo, acelerómetros, GPS, etc. ha llevado a que dispongan de funciones inteligentes como la estabilización automática, el seguimiento, la navegación programada o la vuelta a la base cuando la batería está próxima a agotarse. Los vídeos tomados desde drones llevan tiempo recibiendo bastante atención: las barreras de entrada relacionadas con su producción han ido disminuyendo hasta ponerlos al alcance de prácticamente cualquiera.

La entrada en el mercado de los drones de GoPro podría marcar un incremento todavía más fuerte de la popularidad de este tipo de dispositivos, con que simplemente tuviese un éxito comparable al que fue capaz de obtener con sus cámaras. ¿Estamos preparados para un mundo en el que los drones están al alcance de cualquiera?

 

This article is also available in English in my Medium page, “GoPro goes for drones

Logotipo de Blogestudio Logotipo de Acens