El Blog de Enrique Dans

Protegiendo los sistemas de reputación social

Escrito a las 6:38 pm
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IMAGE: IQoncept - 123RFEl gobernador del estado de California, Jerry Brown, firmó esta pasada semana una ley que establece sanciones de hasta diez mil dólares para aquellos negocios que pretendan imponer restricciones a la libertad de sus clientes para expresar opiniones en la red sobre sus productos o servicios.

La legislación viene precedida de varios casos de amenazas o reclamaciones económicas por parte de compañías que habían introducido en sus contratos las llamadas “cláusulas de no menosprecio”, o “non-disparagement clauses”, con el fin de protegerse contra los eventuales daños reputacionales producidos por evaluaciones negativas de sus clientes.

Las condiciones, en algunos casos, aparecían en la llamada “letra pequeña” de los contratos, y podían llegar a incluir indemnizaciones cuantiosas derivadas de quejas expresadas en foros públicos. El caso KlearGear.com, por ejemplo, saltó a la fama cuando hace algunos años, reclamó una indemnización de $3.500 a una pareja que había intentado adquirir un producto de menos de $20 que nunca llegó a recibir, lo que provocó que, tras cancelar el pedido, escribiesen una evaluación negativa de la compañía en un foro. La reclamación de la indemnización dio lugar a un perjuicio en el historial de crédito de la pareja, que terminó siendo indemnizada por la compañía por algo más de trescientos mil dólares.

La ley remarca la importancia que han adquirido los sistemas de reputación social, que permiten a los usuarios de un producto o servicio evaluarlo públicamente. Estas opiniones, expresadas en forma de puntuaciones o comentarios, son en muchos casos compiladas y resumidas en una puntuación que califica al proveedor del producto o servicio, puntuación que se ha podido vincular de manera muy directa con las ventas de la compañía y con su reputación en general. Además, estas opiniones pueden expresarse en múltiples formatos: no es extraño, en estos tiempos, que un cliente enfadado por un mal servicio o con quejas sobre un producto las exprese en una amplia variedad de soportes sociales, que pueden incluir foros, redes sociales, páginas personales, etc. A medida que más empresas llevan a cabo una monitorización activa de sus menciones en la red, surgen más casos similares. Algunos han llegado a sugerir incluso que la disponibilidad y el uso de este tipo de evaluaciones llegaba hasta el punto de convertir las marcas en irrelevantes, afirmación que ha sido refutada empíricamente.

La protección a los consumidores que expresan su opinión sobre un producto o servicio es necesaria debido a la habitual asimetría de medios en manos de los clientes y los proveedores: habitualmente, las empresas tienen muchos más medios y recursos a su disposición para defender su reputación, lo que lleva en muchos casos al abuso de los mismos en los llamados SLAPP, pleitos estratégicos contra la participación pública, que deben ser cuidadosamente estudiados y prevenidos mediante leyes anti-SLAPP para asegurar no solo la protección del cliente desde el punto de vista legal, sino también desde una óptica de eficiencia: en muchos casos, no se trata de ver quién termina por ganar un caso, sino el drenaje de recursos económicos y de otro tipo que supone llevar el caso hasta su resolución final.

Los sistemas de evaluación social de la reputación juegan un papel fundamental en la red. Su funcionamiento se basa en tres factores fundamentales: en primer lugar, el interés genuino: si nos ponemos en el lugar de las personas que han escrito esas opiniones, entendemos que tienen un genuino interés en que el sistema funcione, con el fin de beneficiarse ellos mismos de él. Nadie en su sano juicio gasta tiempo y esfuerzo en hacer unas fotos y escribir una crítica si no espera sacar algo positivo de ella, y lo más positivo que se puede extraer de forma sostenible es beneficiarse de un sistema que funciona.

En segundo lugar, la ley de los grandes números: que la posibilidad de “engañar” al sistema haciéndose pasar por un cliente cuando eres el propietario o un miembro de su familia no funciona, porque los clientes aprenden rápidamente a descontar ese efecto y porque la ley de los grandes números hace imposible que funcione a medio plazo. Un restaurante o un hotel malo termina por salir como malo aunque su dueño y tres empleados más introduzcan críticas falsas en el sistema, que además, en muchos casos, resultan ser burdas y muy poco creíbles. Las personas que critican este tipo de sistemas “porque todas las opiniones son falsas” solo puede ser o porque no los han usado, o porque no tienen ni idea de lo que hablan.

Finalmente, la auto-comprobación: estos sistemas llevan suficiente tiempo entre nosotros como para que muchos hayamos tenido no una, sino varias oportunidades para comprobar que aquel sitio que salía tan bien era porque era muy bueno, y aquel otro al que decidimos ir porque nos gustaba a pesar de las opiniones negativas que tenía terminó siendo una mala experiencia.

El paso de proteger por ley al que opina sobre nuestros productos no debe interpretarse como un “vale todo”: la distancia que separa una crítica negativa de un insulto o una difamación es muy escasa, y conviene medirla adecuadamente. Pero a medida que este tipo de sistemas reputacionales van ganando popularidad e influencia, algunas empresas, probablemente mal asesoradas, tratan de protegerse contra ellas. En realidad, la mejor protección viene del estudio detallado y cuidadoso de las opiniones vertidas en este tipo de sistemas: cada día más, esta retroalimentación no mediatizada resulta más fundamental a la hora de plantear mejoras en los productos o servicios de las compañías. Pero en último término, lo que funciona es el sentido común: la forma de protegerse de los sistemas de evaluación de la reputación es mejorar tu producto o servicio. Denunciar a tus usuarios, por muy injustas que te parezcan sus opiniones, nunca es una estrategia recomendable.

 

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La industria de los contenidos y la economía de la abundancia… con quince años de retraso

Escrito a las 12:35 pm
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IMAGE: Baurka - 123RF

Instead of finger pointing at everybody and arresting 14-year olds, the answer is making our product accessible in as many formats and distributive services as possible at price points they can afford. We are discovering that works.”

Chris Dodd, MPAA Chairman and Chief Lobbyist

(“En lugar de señalar a todo el mundo con el dedo y arrestar a niños de 14 años, la respuesta es hacer nuestro producto accesible en tantos formatos y servicios de distribución como sea posible a los puntos de precio que pueden pagar. Estamos descubriendo que eso funciona”)

 

Las declaraciones de Chris Dodd reflejan supuestamente el nuevo enfoque de la MPAA, que finalmente sustituye a la claramente inútil estrategia de presionar a los gobiernos para intentar obtener legislación cada vez más dura , o dedicarse directamente a perseguir a los usuarios.

Quince años ha tardado la industria de los contenidos en salir de la caverna y darse cuenta de lo que cientos de analistas y académicos en todo el mundo llevábamos tiempo diciendo: que la solución al problema no está en blindarse y enrocarse contra las posibilidades que ofrece el progreso tecnológico, sino en aprovecharlo para generar un panorama de opciones de consumo regular razonable, que cubra todas las situaciones que se generan en el conjunto de la demanda, y que tengan acceso a un catálogo completo en condiciones que estimen adecuadas.

Lo que hemos mencionado en infinidad de ocasiones: que si quiero acceder a una obra, pueda hacerlo rápidamente, en alternativas en competencia con otras que me presenten un catálogo completo, y posibilidades que vayan desde la descarga gratuita financiada con publicidad, a la descarga de pago, pasando por el streaming, el servicio de suscripción con tarifa plana, y todas las otras opciones que el mercado tenga a bien ofrecer de una manera económicamente viable. Sin limitaciones y sin situaciones absurdas de escasez artificial que incentiven al usuario a obtener los productos por canales irregulares.

Quince años ha durado el intento de toda una industria por ignorar que la mejora progresiva del ancho de banda y los protocolos de transmisión permitían distribuir sus productos en una amplísima variedad de posibilidades, y que si no las aprovechaban ellos, alguien las iba a aprovechar con otras propuestas. Quince años de evidencias progresivas que demostraban que los países en los que disminuía el recurso a canales irregulares eran precisamente aquellos en los que la oferta regular era más variada y abundante. Que la clave no estaba en intentar prolongar por todos los medios una situación de escasez artificial, sino en incorporarse a una economía de la abundancia. Y que al proteger a la industria intermediaria, los gobiernos se convirtieron, en realidad, en aliados de quienes NO tenían razón, en una clarísima parte del problema.

Quince años. Toda una generación perdida. Una absurda persecución de usuarios que, como muchos nos empeñamos en demostrar, no eran sinvergüenzas, ni ladrones, ni pretendían el “todo gratis”, ni nada por el estilo… simplemente intentaban acceder a unos productos en unas condiciones en las que la tecnología les permitía hacerlo fácilmente, ante la cerrazón total de una industria que se negaba tercamente a ofrecérselos. ¿Veremos a alguien decir algo así como “lo sentimos, estábamos equivocados”, o nos tendremos que dar por satisfechos con ese simple “estamos descubriendo que eso es lo que funciona”? ¿Servirá, por lo menos, como lección para que otras industrias aprendan lo que no deben hacer, cómo NO reaccionar ante el desarrollo tecnológico? No lo tengo nada claro…

 

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Esto ya lo he visto antes

Escrito a las 10:06 am
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Esto ya lo he visto antes - Expansión (pdf)Mi columna de Expansión de esta semana se titula “Esto ya lo he visto antes” (pdf), y se refiere a muchas de las reacciones que he podido leer a cuenta del evento de presentación de productos de Apple del pasado martes, en el que tuvimos ocasión de ver cómo la marca, ademas de actualizar sensiblemente uno de sus productos principales, anunciaba su debut en un nuevo servicio con un alcance estratégico potencialmente importantísimo, y lanzaba un nuevo producto que puede redundar en unos cien mil millones en el valor de mercado de la compañía. La acción, de hecho, se encuentra ahora mismo en su máximo histórico, y el aspecto de su cúpula directiva se parece seguramente al que tenían hace exactamente un año en la portada de Business Week.

La mayor parte de los que analizan las acciones de Apple tienden a subestimar el efecto que se ha demostrado en numerosas ocasiones que los productos de esta compañía tienen sobre el panorama tecnológico en general. Hablamos de una empresa dirigida por un directivo del área de Operaciones, capaz de hacer lanzamientos masivos con un nivel de coordinación y despliegue logístico al alcance de muy pocas, y de convertir en populares productos y categorías que, antes de su lanzamiento, tenían un impacto o una popularidad muy escasa.

Sí, varias marcas tenían en el mercado terminales de 5.5″… pero la penetración total entre todas era de un escaso 10%… ya hablaremos de esa cifra dentro de unos meses.

¿Smartwatches? Llevo siguiendo el tema desde sus inicios, y en efecto, hay unos quince modelos en el mercado procedentes de otras tantas marcas, algunos con diseños que, con las salvedades que provienen del hecho de hablar de una cuestión de gustos, podrían considerarse incluso más avanzados que el de Apple… pero el uso de smartwatches sigue relegado a un escaso porcentaje de usuarios tecnoadictos. ¿Alguien quiere especular sobre el número de dispositivos que Apple habrá vendido cuando cerremos el primer trimestre del año que viene?

¿Pagos con el móvil mediante NFC? Sí, Google los tiene desde hace tiempo, y hay desarrollos también consistentes de mucho otros, como Square, PayPal, etc. Pero de nuevo… el porcentaje de usuarios que realmente utilizan su smartphone para pagar es ridículamente bajo, y la mayoría de ellos, aparte de ser geeks hasta la médula capaces de expresar el importe de la factura en formato binario en tiempo real, suelen encontrarse con frecuencia problemas cuando intentan pagar en algunos establecimientos. La que ha llegado tras más de diez años de desarrollos tecnológicos con fabricantes de procesadores, patentes y alianzas masivas con todos los actores implicados (todos los grandes emisores de tarjetas, procesadores de transacciones y cadenas de retail de los Estados Unidos) ha sido Apple, no otro fabricante. Y la responsable de que dentro de no mucho tiempo, el pago mediante smartphone se haya convertido en algo habitual en los Estados Unidos será Apple, aunque dentro de un tiempo usemos infinidad de dispositivos para ello y los de Apple hayan dejado de ser mayoritarios.

¿La distribución masiva de un álbum completo de un grupo mayoritario a través de iTunes? Ya veremos si no acaba siendo un hito histórico que convierte los álbumes de nuevo en algo relevante, y que reinventa la manera de distribuir música durante mucho tiempo. Si Apple adquiere los derechos exclusivos de distribución de unos cuantos hits durante un cierto tiempo para distribuirlos así, ya veremos dónde es capaz de situar la popularidad de sus servicios relacionados con la música – ¿o pensamos que la adquisición de Beats fue casual?

Cuando una compañía es capaz de hacer lo que hace Apple, hay que reconocérselo, sin que eso implique ser algún tipo de fanboy. Se pueden hacer análisis serios del impacto de la tecnología sin necesidad de caer en eso, y se pueden leer también sin necesidad de reaccionar como si fuesen algún tipo de ataque a un tercero o una ofensa a alguna religión. Anuncios como el que Apple hizo el lunes ya hemos visto unos cuantos, y hoy pocos discuten el efecto que tuvo sobre el entorno tecnológico el lanzamiento del Mac, el del iPod, el del iPhone o el del iPad. De la presentación del pasado 9 de septiembre se va a hablar durante mucho tiempo.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Esto ya lo he visto antes

El evento de Apple del pasado día 9 tuvo todos los elementos habituales en la marca de la manzana: filtraciones múltiples, muchísima expectación, retransmisión desbordada por el elevadísimo número de usuarios, presentación de varios productos nuevos… ninguna marca consigue generar tal volumen de atención en torno a sus eventos. Este, además, había sido definido por muchos como “el primero de la Apple post-Steve Jobs”.

¿Qué se presentó? Un nuevo iPhone más grande, una plataforma de pagos que pretende sustituir a las tarjetas de crédito, y un smartwatch, o reloj inteligente. Nada nuevo. Apple, en su más genuino estilo de reinvención de productos. Ya hay teléfonos grandes, ya existen plataformas de pago mediante smartphones, y conviven en el mercado unos unos quince modelos de smartwatch.

Las críticas no se han hecho esperar. Sin embargo, hay un hecho: ni las plataformas de pago ni los smartwatches han pasado de una penetración de mercado simbólica y restringida. Las mismas objeciones se hicieron cuando Apple, en 2001, lanzó el iPod: había numerosos reproductores de MP3 con más prestaciones. Pero se comió el mercado, y tras su debut, todos los reproductores de MP3 querían ser un iPod cuando fuesen mayores. Lo mismo, exactamente lo mismo, pasó con el iPhone: no era ni el mejor terminal, ni el más barato. Pero hizo historia. Como el iPad. Y lo mismo va a pasar ahora con Apple Pay y Apple Watch: tras una prehistoria con penetraciones de mercado muy bajas, Apple llega, redefine el producto, y consigue su popularización.

La crítica a quien reinventa algo es fácil de hacer. Pero reinventar acertadamente puede ser una ventaja competitiva muy sólida. Esto ya lo hemos visto antes. Ya hablaremos.

 

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Social media: aptitudes y actitudes corporativas

Escrito a las 9:40 am
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NYPD (IMAGE: EDans)

La policía de Nueva York, la icónica NYPD, ha comenzado a proporcionar y requerir a sus oficiales un cierto nivel de capacitación en social media como parte de un programa de difusión destinado a mejorar la popularidad del cuerpo y evitar escándalos como el surgido el pasado mes de abril, cuando un hashtag propuesto para obtener fotografías con policías en actitud amistosa fue secuestrado por infinidad de usuarios con el fin de denunciar casos de violencia y brutalidad policial.

¿Significa esto que veremos a policías entretenidos con su smartphone en lugar de perseguir a delincuentes, o haciéndose selfies con los delincuentes para subirlos a Twitter tras una detención? No, precisamente, lo que busca la NYPD es lo contrario: que el adiestramiento en el uso de este tipo de herramientas lleve a que ese tipo de situaciones a todas luces absurdas no tengan lugar. Que las redes sociales pueden ser un importante recurso en manos de un cuerpo de policía es algo para lo que existen ejemplos como el de la policía española, cuya cuenta de Twitter se ha convertido en un importante servicio público apreciado por los ciudadanos: más de un millón de personas siguen en Twitter la cuenta @Policia, cuya gestión se considera un caso de éxito de operativo y de comunicación a nivel internacional.

Las posibilidades de cometer errores en el mundo de las redes sociales son elevadas, y dependen, entre otros muchos factores, del nivel de preparación de las organizaciones en este sentido. Básicamente, de las aptitudes y de las actitudes de las personas que componen la organización. Los errores pueden surgir a muchos niveles: no solo fruto de una mala estrategia o de un descuido de los responsables de comunicación o de social media como tales, sino en muchas ocasiones, procedentes de otras personas de la organización, con responsabilidades que nada tienen que ver con el tema. He visto empleados de organizaciones saltar como auténticos paladines medievales tratando, posiblemente con la mejor de sus intenciones, de defender el “honor” de su compañía, pero logrando con ello comprometerlo mucho más aún. Los insultos, el desprecio o las actitudes inadecuadas surgen con mucha más facilidad entre personas cuyo nivel de preparación en este tipo de cuestiones únicamente se ha adiestrado con la experiencia personal que entre los expertos en social media que han tenido la oportunidad de analizar casos similares – aunque estos, por supuesto, también puedan equivocarse.

El social media se ha convertido, a todos los efectos, en un entorno en el que todos participamos de una manera más o menos activa. A partir del momento en que una gran mayoría de nuestros empleados disponen de una cuenta en Twitter o en Facebook y la utilizan habitualmente, cualquier actitud corporativa centrada en eliminar el acceso a esas redes en el lugar de trabajo resulta completamente absurda, y termina por convertirse en una receta para el desastre. La supuesta “pérdida de productividad” derivada de la atención a las redes sociales se convierte en una entelequia cuando cualquier empleado puede, sin necesidad de utilizar el ordenador de su puesto de trabajo, sino simplemente con su smartphone, acceder a la información que buenamente quiera en el momento en que lo estime oportuno.

Por otro lado, la separación entre el mundo profesional y el mundo social nunca es completa: pedir a nuestros trabajadores de, de manera completamente artificial, “divorcien” o aíslen ambos escenarios es cultivar afanosamente un escenario para el desastre. Pero existe, y es tristemente habitual: hace algún tiempo, un responsable de recursos humanos de una gran aseguradora me confiaba que sus empleados tenían prohibido identificarse en redes sociales como trabajadores de la misma, por miedo a que sus posibles manifestaciones en esos entornos terminasen por perjudicar a la compañía. Un extremo completamente irracional, absurdo, inadecuado… y por supuesto, insostenible. Nuestra actividad profesional forma parte de nuestro contexto y nuestra identidad como personas: pretender que los trabajadores de una compañía lo “oculten” en las redes sociales es, simplemente, un absurdo conceptual injustificable.

Los errores en medios sociales provienen, en una gran cantidad de casos, de una falta de educación en ese entorno. Proporcionar a los empleados formas adecuadas de cualificarse y de comprender su importancia como escenario de su actividad personal y profesional es algo cada día más necesario, a medida que esos escenarios incrementan su presencia y penetración en los diferentes estratos socioeconómicos. Hoy, un policía está en la obligación de entender cómo la existencia de los social media condiciona su actuación en todos los sentidos: una sociedad más transparente precisa de cuerpos de seguridad que entiendan todas sus posibles facetas, tanto sus peligros como sus virtudes. Pero la policía no es la única en sentir esos efectos: todas las compañías, de una manera o de otra, los experimentan, sea como amenaza o como oportunidad. Trabajar en la adaptación de los empleados a los tiempos que viven, en lugar de conminarles a permanecer al margen de ellos, es algo que suena indudablemente razonable, y que redunda precisamente en que el balance entre oportunidades y amenazas se convierta en positivo.

La noción de las redes sociales como “perdida de tiempo” proviene habitualmente de cúpulas directivas incapaces de entender la dimensión que esas mismas redes sociales han alcanzado, personas con visiones escépticas y tremendistas que pueden condicionar enormemente las actitudes de las compañías. Tener una trayectoria profesional determinada o haber fundado una compañía no convierten automáticamente a una persona en alguien capaz de entender los cambios del entorno que le rodea. Y cada vez más, ese entorno social condiciona nuestras opiniones, nuestras ideas y nuestras tendencias de consumo, además de convertirse en un ágora digital permanente en la que muchas compañías e instituciones se juegan constantemente su reputación. Una reputación que, cada día más, ya no depende únicamente de tener community managers o social media managers fichados a golpe de talonario y convertidos a la categoría de superstars. Depende de las actitudes que muestra y fomenta la compañía, y de las aptitudes que es capaz de desarrollar en sus trabajadores. Las conquistas, los avances y la posición en el medio social son para quienes las trabajan.

 

(This article was previously published in English at Forbes, “Social media: corporate attitudes and aptitudes“)

La reinvención superlativa

Escrito a las 1:27 pm
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Apple event 9/9/2014 announcement

El evento de presentación de Apple volvió a convertirse en un punto central de atención para todos los interesados en la tecnología, pero también para cualquiera que siga con atención el panorama de la innovación o incluso el de la moda. La marca, a lo largo de los años, ha conseguido desarrollar una mística especial en torno a este tipo de eventos que, por el momento, nadie ha conseguido replicar, y que tiene un incalculable valor en términos de marketing. Lo importante en el evento ya no es si se filtran los contenidos o no se filtran, si se colapsa el streaming o se gestiona adecuadamente: lo importante es que, en todos los sentidos, marca la agenda.

El de ayer fue lo que muchos han definido como “el primer evento de la era post-Jobs en Apple“, el primero en el que realmente surge una nueva categoría de producto (que ya ocupa orgulloso su lugar en la banda superior de la página web de la compañía, entre el iPhone y el iPad), y que consagra al fin a Tim Cook como algo más que la sombra del fundador. No solo hablamos de percepciones externas: el propio Cook lo hizo saber a sus empleados en un memo en el que habla de un “nuevo capítulo en la historia de la marca”. Pero sobre todo, el evento sirvió para volver a recordar a todo el mundo la verdadera fortaleza de esta compañía, su verdadera ventaja competitiva sostenible: el haber elevado a una categoría superlativa el concepto de reinvención.

Todo lo anunciado en el evento cae dentro de esta categoría. ¿Un iPhone más grande? Hace ya mucho tiempo que el phablet se había convertido no solo en tendencia, sino en valor probado en términos de adopción hasta el punto de provocar que los dispositivos de Apple empezasen a verse como obsoletos en la comparación. Lo que la marca tenía que hacer, obviamente, era aceptar la tendencia, y dotarla de mecanismos de usabilidad que disminuyesen los problemas de quienes, por el tamaño de sus manos, no se encuentran cómodos manejando un dispositivo de 5.5″ (obviamente, para cualquiera que me conozca, nunca ha sido un problema para mí :-) La introducción del iOS 8 y del iPhone 6, aparte de una ya más que necesaria renovación del modelo principal, supone una ruptura con el pasado: muchas de las características anunciadas en el resto del evento no funcionarán con los modelos anteriores. Si cada anuncio de un nuevo iPhone supone un salto en términos de la cuota de mercado de la marca, este puede serlo todavía más en función del efecto red que plantea con otros servicios y dispositivos.

La plataforma de pago es, de nuevo, un caso clarísimo de reinvención. Hemos visto decenas de intentos de reinventar los pagos mediante tarjeta de crédito, con tentativas que van desde lo más disruptivo a lo más continuista, pero esta parece diferente. El anuncio deja claro lo que Apple entiende por reinvención: vamos a tomar un mercado con una enorme cantidad de transacciones, con un valor potencial descomunal, y vamos a redefinir cómo se hacen las cosas en él. No hablamos de un “nuevo lanzamiento”, sino de un proceso de más de diez años de evolución que incluye múltiples patentes, adquisiciones, desarrollos tecnológicos con fabricantes de chips, y alianzas con los participantes en la industria. Hablamos del primer despliegue masivo que tiene en cuenta a los grandes emisores de medios de pago, los procesadores de transacciones, los bancos, las grandes cadenas de distribución… es la primera vez que un nuevo sistema destinado a sustituir a la anciana tarjeta de crédito tiene de verdad posibilidades de funcionar y de despegar en términos de adopción, más allá de un uso anecdótico o reservado a una pequeña capa de la población. Y de nuevo, hablamos de un servicio cuya adopción puede beneficiar enormemente la cuota de mercado de iPhone, que venía evolucionando a la baja desde hacía tiempo en su mercado principal (fuera de él es directamente un desastre, lo que convierte el lanzamiento de Apple Pay en algo más estratégico aún).

¿Apple Watch? Hace ya más de un año que muchos llevamos en la muñeca un smartwatch, tiempo más que suficiente para darnos cuenta de su valor como dispositivo. Y de nuevo, lo que ha planteado es “hasta ahora, los smartwatches eran de una manera, y a partir de ahora serán de otra”. Es exactamente lo mismo que vivimos con el lanzamiento del Mac, del iPod, del iPhone o del iPad: ninguno de ellos era el primero en su categoría, y todos lograron redefinirla completamente. Venda mucho o poco, el Apple Watch ya ha sido un éxito, porque ha situado a Apple en la posición de definir lo que se entiende por usabilidad, las funciones que debe o no debe incluir, o el tipo de valor que debe generar al usuario. Algo que muy pocas marcas pueden siquiera aspirar a hacer.

Finalmente, como broche, otra de esas cosas que a Apple le gusta hacer: historia. El primer lanzamiento de un disco por parte de un grupo con un nivel de popularidad mundial, con un ámbito puramente electrónico, y en virtud de un gran acuerdo comercial. El último disco de U2, “No line on the horizon”, lanzado en el año 2009, vendió únicamente 1.1 millones de copias: el nuevo lanzamiento de ayer está de manera inmediata disponible en las cuentas de iTunes de los dispositivos de quinientos millones de personas en todos los países del mundo. Que sí, que muchos no lo escucharán, no lo descargarán, no se enterarán o no sabrán cómo llegar a él porque iTunes es un desastre, pero creo que hay que poner en perspectiva lo que supone algo así.

Puedes ser o no un fan de la marca, o entender, como yo lo entiendo, que no hay cosa más absurda y sinsentido que ser fan de una marca. Pero desde el punto de vista de innovación y de la estrategia empresarial, la presentación de Apple de ayer fue una lección magistral acerca del valor de la reinvención, de la reinterpretación y de cómo plantear un desarrollo coherente que maximiza los recursos únicos de una marca. La marca que ha elevado la reinvención a su categoría más superlativa.

 

ACTUALIZACIÓN: Marimar Jiménez cita esta entrada en su artículo de Cinco Días titulado “El inminente estreno de Apple Pay castiga en bolsa a eBay, dueño de PayPal” (pdf).

 

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La hora de la verdad para la publicidad en la web

Escrito a las 6:29 pm
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Ad-blocking growth (PageFair and Adobe 2014 report)

Una de las amenazas más temidas pero menos comentadas por las empresas que viven de la publicidad en la web parece estar llegando ya a su momento de madurez: los ad filters o ad blockers, extensiones instaladas por el usuario en su navegador para evitar la exhibición de publicidad, alcanzan ya los 144 millones de navegadores en todo el mundo, con un crecimiento que se ha disparado a lo largo de los últimos dos años y alcanza un 70% entre los meses de junio de 2013 y 2014. Escribí sobre el tema hace algunos meses, pero la disponibilidad de cifras actualizadas me ha llevado a hacerlo de nuevo.

Un estudio de PageFair y Adobe sobre la incidencia del ad-blocking (ver en pdf) comentado en The Guardian viene a demostrar lo que muchos llevamos tiempo diciendo: que la publicidad en la web está en su momento de la verdad, y que por mucho que la industria intente resistirse y retrasar una evolución más que necesaria, no va a hacer más que seguir mintiéndose a sí misma. No es habitual encontrar cifras sobre el fenómeno del ad-blocking: la mayor parte de las publicaciones optan por no hablar del tema y seguir la estrategia del avestruz, esperando que el silencio lleve a que muchos usuarios no se enteren de su existencia y no opten por su instalación. Pero cuando se lleva a cabo un estudio, las evidencias son claras: el uso de este tipo de extensiones alcanza en algunos países hasta un cuarto de la población conectada, con una mayor popularidad en el segmento de entre 18 y 29 años, donde llega a alcanzar el 41%. En España, la cifra es todavía del 14%, pero el crecimiento es muy elevado. Para empresas como Google, el ad-blocking es la gran paradoja: la inmensa mayoría de sus ingresos provienen de la publicidad, pero ha sido la adopción cada vez más mayoritaria de su navegador, Chrome, lo que parece correlacionarse con un mayor uso de ad-blockers.

La realidad es la que es: un amplio porcentaje de la publicidad que se utiliza habitualmente en la web es profundamente molesta, sea por su formato o por su abundancia. Y ante una molestia, los usuarios optan por buscar los medios tecnológicos que les permitan evitarla de la mejor manera posible. Las consideraciones sobre la justicia implícita en la decisión de instalar un ad-blocker o la sostenibilidad de las publicaciones que tienen la publicidad como modelo de negocio se ven completamente condicionadas al hecho de que el usuario no admite ser molestado, y entiende el ad-blocking como una forma de evitar un abuso y de promover la autorregulación del mercado: si quieres vivir de la publicidad, emplea formatos que no sean molestos y no satures tus páginas hasta el hastío. Pero el problema, en realidad, es mucho más duro: dado que la opción señalada por defecto en los bloqueadores de publicidad es la de “todo bloqueado por defecto” y el usuario tiene que, voluntariamente, permitir la publicidad en aquellas páginas que estime adecuado, lo que se produce claramente es un caso de pagar justos por pecadores. Puede que tu página sea respetuosa con los formatos y la cantidad de publicidad, pero incluso así, te verás afectado por el bloqueo de muchos usuarios que, sencillamente, decidieron instalar el bloqueador tras sentirse objeto de abuso en páginas diferentes a la tuya.

El informe de PageFair y Adobe pone finalmente cifras a un fenómeno que estaba tendiendo a ser tratado con discreción para evitar una popularización más rápida, y las cifras resultan ser de todo menos bonitas. Pero las opciones, por otro lado, son muy escasas. Las dos plataformas más utilizadas, AdBlock Plus y AdBlock, están basadas en software de código abierto: incluso aunque fuesen prohibidas como extensiones oficiales para los navegadores, los usuarios únicamente tendrían que instalarlas de manera extraoficial. Es una marea que no puede ser detenida con medidas restrictivas. Por el momento, la única iniciativa en el sentido de diferencias publicidad “buena” y “mala” proviene de AdBlock Plus, que llega a acuerdos con las marcas y, si se comprometen a no utilizar formatos considerados intrusivos o molestos, las preautoriza en una lista blanca (lo que no impide que el usuario, en cualquier caso, las bloquee si desea hacerlo). 

La ofuscación, o negativa a servir contenidos a aquellos usuarios en los que se detecte un bloqueador de publicidad, tampoco parece funcionar demasiado bien, y aboca a las publicaciones que la intenten seguir a niveles elevados de impopularidad y a una especie de “carrera armamentística” con las empresas que crean los ad-blockers. La única solución real, a medio y largo plazo, es la autorregulación de la industria, el desarrollo de una cultura basada en el respeto al usuario.

En dispositivos móviles, el uso de ad-blockers es todavía escaso porque obliga al usuario a instalarse un nuevo navegador (Firefox) o a instalarse una aplicación de origen no autorizado, pero sin duda, llegará su momento: no solo hay empresas trabajando en ese sentido, sino que existen además motivaciones poderosas en la posibilidad de ahorrar tiempo de acceso, ancho de banda, y uso de recursos como pantalla y batería.

Tras muchos años ignorando el problema, el fenómeno del ad-blocking se está convirtiendo ya en el auténtico elefante en la habitación, algo que ya no puede seguir dejándose como una curiosidad o algo únicamente típico de usuarios avanzados. Finalmente, hemos llegado a un punto en el que las únicas publicaciones viables van a ser aquellas que categóricamente rechacen la publicidad intrusiva por mucho que marcas y agencias irresponsables insistan en ella, y que sean capaces de llegar a un compromiso de respeto con sus usuarios para que estos las sitúen en la lista blanca de sus navegadores. Pretender soluciones en líneas más agresivas o la demonización de la conducta nos lleva a una dinámica parecida a la que en su momento vivimos con fenómenos como Napster: una carrera en la que nadie va a ganar.

 

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Alibaba: una nueva dimensión

Escrito a las 9:17 pm
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Alibaba (logo)

Alibaba es, para muchos, una gran desconocida. De hecho, tan desconocida, que su inminente salida al mercado bursátil norteamericano, prevista como la mayor de la historia, se está encontrando con un desinterés general entre los pequeños inversores del país, a los que la compañía les suena solo vagamente.

Pero más allá de la tradicional incultura norteamericana ante todo lo que está fuera de sus fronteras, ¿de qué tipo de compañía hablamos? Fundada en 1999 por Jack Ma, el hombre que muchos dicen que recuerda a una bombilla tanto por su fisonomía como por su brillantez, la empresa es, según la mayoría de las métricas,  la empresa de comercio electrónico más grande del mundo. Tres páginas principales (Alibaba.com, Taobao y Tmall), cientos de millones de usuarios, millones de comerciantes y negocios de todo tipo, veintidós mil empleados, y una volumen de transacciones de $248 mil millones de dólares, el 80% de todo el comercio electrónico de China. Hablamos de una compañía en la que 231 millones de usuarios activos compran cosas constantemente, con 136 millones de usuarios desde dispositivos móviles, y de un efecto de generación de riqueza que llega a los rincones más profundos de la China más rural: puedes encontrar usuarios de Taobao, la página de comercio entre particulares y pequeños negocios equivalente a eBay, en los pueblos más remotos del gigante asiático. Para hacernos una idea del tamaño de Alibaba juntando empresas de comercio electrónico equivalentes, necesitaríamos sumar, por ejemplo, el volumen de Amazon y el de eBay.

Tras la salida a bolsa, Alibaba se convertirá en una de las empresas más grandes del mundo: aunque su IPO ha sido registrado en la SEC con un valor de mil millones de dólares, los bancos de inversión sitúan las expectativas de valoración en una horquilla que va desde los %15.000 a los $20.000 millones. Además de Taobao (comercio entre particulares) y Alibaba.com (comercio electrónico B2B), la compañía cuenta con páginas como Tmall (comercio B2C), Juhuasuan (compra grupal, ofertas flash y venta descuento), eTao (motor de comparación de precios), Alipay (plataforma de pago online), una plataforma de cloud computing, y varios sitios más. 

Jack Ma, además de ser el hombre más rico de toda China ya antes de la salida a bolsa de su compañía, es el principal inversor individual de la compañía con un 9%, y mantiene un férreo control sobre la misma. Emprendedor vocacional desde muy joven, entró en contacto con la red en Estados Unidos, y fundó una compañía en 1995, China Pages, un directorio para empresas chinas en busca de clientes extranjeros, cuyo control terminó por perder a manos del gobierno chino, antes de crear Alibaba. Junto con diecisiete cofundadores, la mayoría amigos y antiguos estudiantes, Jack ha construido una estructura que le permite supervisar personalmente todas las decisiones, y captar un importante volumen de inversión extranjera interesada en el desarrollo del mercado chino. Sin embargo, Jack se confiesa como no usuario de los productos de su compañía: afirma no haberlos utilizado nunca, y no tener pensado hacerlo, para evitar tener una opinión sesgada que, según él, le llevaría a perder la ansiedad por mejorarlos. Sin embargo, hay vídeos antiguos en los que afirma que en los primeros pasos del lanzamiento de Taobao, él y sus confundadores compraban todo lo que aparecía en el sitio y los propios artículos que listaban ellos mismos, con el fin de estimular la demanda.

La gran promesa a la que la mayor parte de los inversores individuales norteamericanos permanecen ajenas es que la salida a bolsa de la compañía, en realidad, representa el intento de trasladar el dominio que tiene en China al ámbito mundial, convirtiéndose en la alternativa más seria al dominio norteamericano de la industria del comercio electrónico. Alibaba.com es todo lo que los sitios importantes de comercio B2B de principios de siglo intentaron ser en su momento, pero elevado a la dimensión china. Muchos lo citan como el gran disruptor de la cadena de suministro en una época en la que prácticamente cualquiera, con una simple impresora tridimensional que cuesta menos de mil dólares, podrá crear prototipos de cualquier cosa, localizar capacidad ociosa en Alibaba, y pedir series de fabricación con calidad industrial de manera inmediata con prácticamente los mismos diseños que utilizó para crear el prototipo.

Las posibilidades de un negocio como ese tras pasar por el mercado de capitales norteamericano y alcanzar dimensión para atacar el mercado mundial son insospechadas, y en este momento, difícilmente imaginables. Breves momentos antes del anuncio de la salida a bolsa, Jack Ma escribió un correo electrónico a todos los empleados del grupo, de lectura muy recomendable, en el que alertaba de grandes cambios en la compañía, prevenía contra la crueldad y las presiones que suponían los mercados, anunciaba un plan de acciones para los empleados (y los avisaba para que gastasen su dinero con prudencia), y les aseguraba que se mantendrían rígidamente fieles a sus prioridades, expresadas como “el cliente primero, el empleado segundo, el accionista tercero”.

Para Alibaba, salir a bolsa no es un objetivo, sino un medio para conseguir un fin, una estación de servicio donde repostar el combustible necesario para seguir avanzando. El nivel de control que la compañía mantendrá sobre su estrategia tras el IPO, a pesar de las dimensiones del mismo, será espectacular: de hecho, intentó primero salir a bolsa en Hong Kong, pero las autoridades de ese mercado rechazaron su compleja estructura corporativa. Con la solidez que le proporciona su fortísimo dominio del mayor mercado del mundo y los recursos que va a captar con su próxima salida a bolsa, lo que ese avance vaya a traer es muy difícil de anticipar. Pero como se parezca mínimamente a la marcha de la compañía durante los últimos quince años, sería conveniente que muchos se fuesen preparando. Va a ser muy difícil de parar.

 

ACTUALIZACIÓNMarimar Jiménez cita esta entrada en su artículo de Cinco Días titulado “Alibaba anuncia una agresiva expansión internacional tras su OPV” (pdf). 

ACTUALIZACIÓN (20/01/2014): Alibaba.com confirma las expectativas y se convierte en la salida a bolsa más grande de la historia en los Estados Unidos.

 

This article is also available in English in my Medium page, “Alibaba: the next step

El usuario y los incidentes de seguridad

Escrito a las 11:08 am
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¿Compramos seguros en eBay? - El País (pdf)Miguel Ángel García Vega, de El País, me envió una pregunta acerca de eBay y de las garantías de seguridad que ofrece su uso tras el importantísimo incidente de seguridad que la compañía sufrió el pasado mayo, que posibilitó el acceso a información personal (nombre, correo electrónico, dirección física, número de teléfono, fecha de nacimiento y contraseña cifrada) de una cantidad desconocida de su base de datos de más de 145 millones de clientes en todo el mundo.

Tras el incidente, eBay solicitó a todos sus clientes que cambiasen su contraseña. La medida no elimina totalmente el riesgo, dado que los datos comprometidos pueden seguir siendo utilizados para tratar de obtener acceso a otros sitios, y además afecta únicamente a los usuarios activos, calculados en torno a los 128 millones, que son los que reciben el aviso. La medida, además, fue activada con cierto retraso con respecto a lo que es conveniente en estos casos.

En este tipo de incidentes de seguridad, lo que realmente debemos tratar de averiguar como clientes es lo que se desprende con respecto a las prácticas de seguridad y comunicación de las compañías. En el caso de eBay, el problema fundamental derivó del hecho de mantener una base de datos de clientes en la que el único dato cifrado era la contraseña, un error grave que revela una concepción de la seguridad claramente anticuada. Cualquier dato personal de un cliente ofrece a un hipotético atacante la posibilidad de utilizarlo para tratar de obtener acceso a otros, y debe ser almacenado con las garantías de seguridad apropiadas.

Ninguna compañía está a salvo de un ataque, pero su comportamiento tras el mismo debe permitirnos comprobar si su respeto a las prácticas mínimas de seguridad era aceptable, si se toman las medidas pertinentes de manera responsable, y si la comunicación que se hace del incidente es transparente y adecuada. Es difícil suponer que una compañía cuyas prácticas de seguridad eran un completo desastre se convierta tras un ataque en un modelo de pulcritud, y en cualquier caso, eso debería comenzar con una comunicación transparente y responsable a los posibles afectados. Las compañías que tratan de ocultar el hecho de haber sido objeto de un ataque comprometen mucho más aún al hacerlo la seguridad de sus clientes, un comportamiento claramente irresponsable. Como cliente, no tienes que plantearte dejar de usar los servicios de toda compañía que sufra un ataque, pero sí utilizar esos incidentes para tratar de diagnosticar su actitud al respecto lo mejor que puedas.

Ante la noticia de un ataque de este tipo que afecta a una empresa de la que somos o hemos sido clientes, el comportamiento responsable es tratar de saber si estamos directamente afectados mediante el uso de recursos que listan los nombres de usuario y correos electrónicos en forma de base de datos, y seguir las recomendaciones de la compañía afectada. Si se trata de una compañía en la que ya no tenemos actividad, puede se recomendable volver a acceder para cambiar nuestros datos, para evitar que alguien acceda con nuestras credenciales y actúe en ella haciéndose pasar por nosotros. Una simple búsqueda en una página como Have I been pwned?” permite comprobar si alguna de nuestras cuentas, usuarios o correos electrónicos están incluidos en las bases de datos de los incidentes de seguridad más importantes y recientes. Si es así, se trata de una contraseña que deberías cambiar y no deberías estar utilizando en ningún otro sitio – si es que todavía eres de los que usa la misma contraseña en todas partes, pauta que también deberías evitar. Si vas a cambiar tus contraseñas, recuerda evaluar su seguridad en alguna herramienta que la diagnostique adecuadamente.

 

El reportaje de Miguel Ángel aparece en El País de hoy, en el suplemento de Negocios, bajo el título “¿Compramos seguros en eBay?” (pdf). A continuación, el correo electrónico que nos cruzamos:

P. Después de el mes pasado comprometieran los hackers 128 millones de registros (todos) de sus clientes y tuvieran que cambiar las contraseñas. ¿Crees que la plataforma es segura? ¿Crees que PayPal es seguro?

R. El ataque que eBay reveló el pasado mayo afectó a 145 millones de usuarios activos de su página y comprometió datos referentes a sus nombres, direcciones, correos electrónicos, fechas de nacimiento, números de teléfono y contraseñas, pero estas últimas estaban, como es práctica habitual, cifradas de manera segura. La compañía solicitó además a todos sus usuarios que cambiasen sus contraseñas tras el anuncio de la vulnerabilidad.

Esto no quiere decir que el problema no fuese importante ni que las prácticas de la compañía en términos de seguridad fuesen adecuadas: el acceso a información aparentemente tan básica como nombre, dirección o fecha de nacimiento puede comprometer la seguridad de un usuario porque esos datos pueden ser utilizados para tratar de recuperar contraseñas de ese y de otros servicios mediante las funciones que las compañías ofrecen para recuperar una contraseña olvidada. La práctica recomendable es almacenar también estos datos de forma cifrada, algo que la compañía no hacía.

En cualquier caso, lo razonable es pensar que tras haber tomado las medidas y precauciones oportunas, el uso de eBay es actualmente seguro. Los datos robados podrán ser utilizados para intentar acceder a otros datos y a información de los usuarios en otros servicios no necesariamente relacionados con eBay, pero su utilización, generalmente, necesitará de algún tipo de descuido del usuario para ser efectiva: lo que debe preocupar a los usuarios es, por ejemplo, contestar con su contraseña a algún tipo de comunicación que, usando datos suyos que sí se han podido obtener como teléfono, correo electrónico, etc. les solicite un cambio de contraseña o que accedan al servicio mediante métodos relacionados con la ingeniería social.

El caso de PayPal no ha sufrido ningún cambio: la información financiera de los usuarios de eBay y los datos de PayPal se almacenaban en servidores diferentes y sometidos a un nivel de seguridad mayor, y según la compañía, no fueron afectados por el ataque.

Toda compañía es susceptible de ser atacada, es un riesgo inherente a la actividad en la red. Lo importante es que, cuando lo son, reaccionen de la manera adecuada para minimizar los posibles daños a sus usuarios y para evitar sucesivos ataques.

 

Viajando con equipaje tecnológico… en 2014

Escrito a las 10:32 am
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IMAGE: Johan2011 - 123RFUn periodista del Daily Telegraph me preguntó acerca del componente tecnológico de mi equipaje cuando viajo, así que, puestos a enumerarlo, me parece interesante compartirlo y pedir sugerencias para optimizarlo. Hace muchos años que los viajes forman una parte habitual de mi trabajo – o, en general, de mi vida, porque paradójicamente, me sigue gustando viajar, como una manera de introducir cambios en mi cabeza que me alimenten de nuevas ideas. Cada vez más, intento hacer de mis rutinas de viaje algo que los convierta en ocasiones que merezcan un recuerdo, que huyan del “aterricé, tomé un taxi, llegue a un hotel, trabajé y me fui”.

Pero algo no cambia: sigo siendo una persona con una dependencia enorme del tráfico de datos. Además de escribir en esta página todos los días (desde hace ya diez años… no es una costumbre que quieras dejar de honrar un día cualquiera porque una minucia como “estar desconectado y en el medio de un desierto”), no son pocas las ocasiones en las que me coincide una entrega de artículo o documento para alguna publicación o para algún cliente, o que me encuentro inmerso en una sesión online de esas que exigen una conexión cada pocas horas…

Hace años, había una costumbre de reflejar lo que llevabas en tu equipaje relacionado con la tecnología mediante una fotografía titulada “whatsinyourbag” en la que se etiquetaban los objetos: yo lo hice en el año 2005 y en el 2010. La parafernalia electrónica que me acompaña en mis viajes ha ido variando sensiblemente a lo largo de los años, pero es, o me lo parece, sumamente estándar y “poco sorprendente”. Sigo llevando mi portátil siempre conmigo, algo que refleja el hecho de que mi condición de productor de información supera a mi componente de consumidor de la misma. En un viaje puedo permitirme dejar de leer mi Feedly y fiarme más del criterio de selección de noticias de mis redes sociales, pero dejar de escribir es algo que, como ya he comentado, está fuera de toda cuestión. Al ordenador, dada mi ocupación habitual como conferenciante, lo acompañan siempre en su maletín una serie de componentes básicos:

  • Cargador con cable largo (nunca sabes dónde va a estar el enchufe más cercano)
  • Adaptador de VGA (no salgas de casa sin él)
  • Puntero Targus para presentaciones (sí, te puedan prestar uno, pero no es el tuyo, y en un escenario quieres estar có-mo-do)
  • Pilas de recambio (no hay cosa más molesta que un mando con poca pila)
  • Memoria USB (a veces hay que cambiar de dispositivo… o bajar a recepción para imprimir una tarjeta de embarque)

Para viajes, además, incluyo en mi equipaje otra serie de cosas. A modo de lista de puntos recordatoria,

  • Adaptadores de enchufe. Varios. Si no sabes cual corresponde, ve a esta página, aunque yo suelo llevar uno universal… Puedes llevar uno solo si lo combinas con un enchufe múltiple (parece una tontería, pero nunca se sabe cuántos enchufes tendrá la habitación de tu hotel y si estarán en lugares convenientes o no)
  • Cable de red (si un hotel no ofrece WiFi, directamente no voy a él… pero adoro los hoteles, desgraciadamente cada vez menos, que en lugar o además de WiFi, ofrecen una sólida y fiable conexión por cable), con su correspondiente adaptador para mi Mac. Que Apple pasase de incluir un enchufe Ethernet estándar en sus portátiles a obligar al uso de ese molesto adaptador es algo que jamás le perdonaré.
  • Red privada virtual (VPN). Según a donde vayas, una red privada virtual que te permita usar un canal cifrado y simular una conexión desde otras ciudades del mundo te puede venir muy bien, además de incrementar tu seguridad y tu privacidad según desde dónde te conectes. Empecé a hacerlo cuando empecé a viajar frecuentemente a China, pero desgraciadamente, cada vez es más necesaria o recomendable en más países. Mejor de pago que gratuita: mantener una VPN con nodos y conexiones de calidad en muchos países cuesta dinero. Si quieres una comparativa actualizada sobre qué servicio de VPN contratar, te recomiendo esta.
  • Smartphone libre. LI-BRE. Si viajas, JAMÁS compres un smartphone bloqueado por un operador. Lleva un terminal libre, pregunta qué operador local es más recomendable (es ideal preguntar a algún residente, antes de salir de tu país de origen, qué operador tiene mejores tarifas de datos… hay países con peculiaridades notables en ese sentido), y en cuanto veas una de sus tiendas, adquiere una SIM de prepago. Puede que la cosa cambie en Europa gracias a la gran Neelie Kroes, pero por el momento, aún sigo prefiriendo la SIM local al roaming. No desvíes tus llamadas al nuevo número: simplemente cambia la tarjeta, avisa a todos aquellos que te puedan querer llamar de que estás de viaje, y pídeles que te contacten exclusivamente por correo electrónico. Envía el número local únicamente a la familia cercana, por eso de las posibles emergencias. En pleno 2014, si alguien que te iba a llamar por teléfono no te puede enviar un correo electrónico cuando no te encuentra, no vale la pena.
  • Kindle. No es imprescindible, pero si el viaje es largo, valorarás un lector de ebooks dedicado. No solo lo uso para libros, también para informes y documentos que tengas que leer. No ocupa ni pesa casi nada, y me evita tener que tirar de portátil en muchas ocasiones en las que me da pereza hacerlo.
  • En algunos casos, sobre todo si viajas con más gente, una MiFi puede ser una gran ayuda. La más estándar, más conocida y la que uso yo es de Huawei. Para viajes a Japón es ideal: la encargas para que te esté esperando en la recepción del hotel, la devuelves en el mismo sitio, y va de maravilla. Si viajas con niños o adolescentes, la MiFi te convertirá en el flautista de Hamelin: no se separarán de ti en ningún momento para no perder la cobertura.
  • Smartwatch. Prescindible, sí, pero a mí me encanta mirar la hora y haber puesto una watchface que me permita ver en un solo vistazo la hora en mi país de origen y la del sitio en el que estoy. A efectos de control del jetlag, fantástico.
  • Cargadores USB. Varios y preferentemente de alta intensidad, de un amperio (míralo en esa letra minúscula en el cargador, esa que pone a prueba tu agudeza visual). Sí, la mayoría son micro-USB universales hoy, lo sé… pero no quieres tener que hacer turnos y poner el despertador a altas horas de la noche para asegurarte de salir del hotel con tu smartphone, tu MiFi y tu smartwatch completamente cargados.
  • Auriculares. no los uso habitualmente, pero en determinadas ocasiones durante un viaje, pueden venir muy bien.
  • Cámara: tema aparte. Para viajes sencillos a sitios que conozco, la del móvil. Para ciudades nuevas, especialmente fotogénicas o si me apetece y voy a tener tiempo, una compacta Canon PowerShot S100 que va perfectamente en cualquier bolsillo, es sólida como ella sola, y me permite usar opción completamente manual cómodamente. La llevo con una tarjeta microSD metida en un adaptador, así si quiero puedo extraerla y pasarla al smartphone. Si la cosa es más seria, voy con familia o la ocasión lo vale, me llevo una réflex, pero esa va en su propio maletín.
  • Apps: las que toman especial protagonismo cuando viajo son
    • Google Maps: obvia, pero nunca suficientemente apreciada… sobre todo, para cosas como desplazarse en metro
    • XE Currency
    • TripAdvisor
    • Traductor de Google

Casi todo ello, salvo el enchufe múltiple, los cargadores y algún adaptador universal más voluminoso, me cabe en mi maletín, un clásico Tucano Workout II. Que a su vez, para viajes de uno o dos días con un par de camisas y mudas, cabe bien dentro de un un carry-on.

¿Sugerencias? ¿Trucos? ¿Consejos?

 

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Información o basura

Escrito a las 11:44 am
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Información o basura - Expansión (pdf)Tras el parón vacacional, vuelve el suplemento de Expansión que incluye mi columna, que hoy he titulado “Información o basura” (pdf).

Un intento de concienciar al lector de la necesidad de escoger estrategias personales de gestión de información: en muy poco tiempo, generacionalmente hablando, hemos pasado de un mundo con fuentes de información limitadas en su origen, disponibilidad y accesibilidad, a otro en el que todos podemos producir información y esta nos llega de manera prácticamente instantánea a pantallas que tenemos disponibles en todo momento y en todas partes.

¿Se corresponde esa era de mayor disponibilidad de información con una generación de usuarios que, educados en ella, se puedan considerar mejor informados que sus precedentes? Desgraciadamente, la respuesta parece ser negativa. Carentes de estrategias de gestión de información, la mayor parte de los usuarios parecen decantarse por publicaciones fuertemente editorializadas que les permiten leer “las noticias como ellos quieren” en lugar de tratar de informarse con mayor pluralidad, y en lugar de predominar las publicaciones con enlaces que permitan profundizar más en la información y en las fuentes utilizadas por quien la redacta, predominan los titulares fáciles destinados a buscar la viralidad como sea. La valoración de BuzzFeed en $850 millones, el triple de lo que Jeff Bezos pagó por The Washington Post, no deja de ser un triste signo de los tiempos que vivimos, como lo es la tonelada de basura con titulares sensacionalistas y amarillos que invade nuestros timelines en Facebook.

En cómo consumimos información está la clave de muchas cosas. La información que consumimos nos proporciona mucho más que noticias para comentar en la barra de un bar o en la red social de turno. La información que consumimos nos hace más o menos innovadores, nos abre a nuevas ideas, nos permite entender puntos de vista en base a la pluralidad, y nos enriquece abriendo nuestras perspectivas, no ayudándonos a ceñirnos las orejeras.

No es un problema de internet. Internet tiene el potencial de darnos mucho más que un acceso más rápido a una mayor cantidad de basura. Es un problema de las personas. Y por extensión, de las organizaciones. El cómo nos informamos termina, en último término, por determinar cómo somos y cómo trabajamos.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Información o basura

No hay duda: vivimos en la época de mayor producción y difusión de información de la historia de la humanidad. Por un lado, una nueva generación de herramientas de que han dotado a la comunicación de una bidireccionalidad sin precedentes. Por otro, tecnologías móviles que posibilitan acceder a esa información desde cualquier sitio y a cualquier hora.

Y sin embargo, no parece que vivamos en la época de mayor aprovechamiento de la información. En lugar de un segundo Renacimiento cultural, tenemos prisas, precipitación, fugacidad, juicios de valor rápidos, y lectura de titulares cada vez más amarillos y sensacionalistas. Algunas inversiones recientes sitúan el valor de publicaciones como BuzzFeed, caracterizadas por titulares “gancho” para atraer el clic fácil, en más del triple de lo que vale una referencia del periodismo como The Washington Post.

Enfrentarse al panorama informativo actual exige que reaprendamos a informarnos. Que diversifiquemos nuestras fuentes, y las prioricemos en función del beneficio que nos ofrecen: deberíamos buscar información de calidad, con enlaces a sus fuentes, rigor, y perspectivas plurales. Sin embargo, cada vez buscamos más editorialización, enfoques unívocos que nos reafirmen en lo que pensábamos, en lugar de hacernos dudar.

Leemos mucho, pero mal. Fugazmente. Si es largo, fuera. Si nos hace trabajar mentalmente, adiós. Recompensas rápidas: creernos enterados, quedarnos con la música y compartir, aunque compartamos basura. Total, solo van a leer el titular…

¿Es la única manera? ¿Enrocarnos en medios que cierran nuestras perspectivas con anteojeras ideológicas en lugar de abrir nuestros puntos de vista? ¿Consumir fugazmente, o aprovechar la abundancia para tratar de obtener posiciones mejor fundamentadas?

En plena era de la información, ¿nos informamos mejor? ¿O leemos más basura? Piénselo. En las características de ese consumo está la clave de muchas cosas.

 

This article is also available in English in my Medium page, “Information or junk

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