El Blog de Enrique Dans

Hoteles para una nueva generación de clientes

Escrito a las 10:52 am
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Si tienes relación con la industria de la hostelería y el turismo, te conviene echar un buen vistazo a este artículo del New York Times, The Millenials check in, un resumen razonablemente bien hecho de los cambios que la llegada de los llamados “millenials” o generación Y está provocando en el planteamiento de la oferta hotelera.

Personas que ni siquiera consideran hoteles que no ofrezcan una buena WiFi con cobertura en todo el establecimiento e incluida en el precio, que quieren abundantes enchufes bien situados en la habitación para evitar tener que andar gateando bajo la cama para desenchufar una lámpara y poder cargar su teléfono, y que valoran un buen bar y un lobby cómodo para socializar. Nada que el sentido común no indique, pero sobre todo, algo que está llegando ya: la evolución demográfica es imparable, el segmento de los viajeros jóvenes se define ahora mismo como el de más rápido crecimiento, su gasto medio subió un 20% frente al año anterior, y los hoteles que ignoren esta tendencia pueden acabar sufriendo un fuerte declive en unas preferencias que pueden marcar a los clientes de por vida.

La conectividad se considera una necesidad absoluta, al mismo nivel que una cama o una toalla: se espera que abarque todas las zonas del hotel, y que no haya que solicitarla como un privilegio especial ni pagarla aparte a precio de artículo de lujo, o con planteamientos ridículos en función de horas de conexión (¿Seis euros por una conexión de una hora? ¿Veinte euros por todo el día? ¿Qué diablos fumas?). Si están descontentos, los millenials no se quejan a recepción: se van a la red y airean su queja allí delante de todo aquel que lo quiera leer, lo que requiere una atención permanente a las redes sociales y un intento por corregir los posibles problemas en el momento en que aparecen, si se quiere evitar una opinión negativa que pueda condicionar a otros clientes potenciales.

Me resulta enormemente curioso escribir este tipo de cosas: como nacido en 1965, pertenezco claramente al segmento boomer, pero llevo años exigiendo muchas de estas cosas como un requisito fundamental para los hoteles que selecciono. Mis hábitos, por otro lado, tampoco me parecen especialmente extravagantes o aislados: muchos de mis amigos hacen lo mismo, y aunque uno tienda a tener amigos relativamente parecidos a uno mismo, aún así… no somos una panda de “gente rara”.  Lo que me lleva a pensar que esta lista de cuestiones y requisitos distan mucho de afectar únicamente a hoteles que deseen atraer al segmento millenial, sino que invade claramente a aquellos que quieren plantear una oferta competitiva e interesante para clientes del mío. Por no citar el hecho de que, en muchas ocasiones, las necesidades de los hijos condicionan la elección: a nadie le resulta agradable viajar con un quinceañero y verlo completamente frustrado durante toda la estancia en el establecimiento.

Una generación que no admite ser desconectada ni ser incapaces de encontrar un enchufe donde cargar sus dispositivos. Conectividad y enchufes son prácticamente un pre-requisito, al que se pueden añadir adaptadores de enchufes internacionales, regletas múltiples, juegos de cargadores para cuando estos son olvidados, sistemas de check-in mediante web o apps sin pasar por recepción, etc. Pero hay muchos más elementos: decoración, oferta de ocio, restaurantes, cafeterias, etc. que llevan a un hotel a ser apetecible a esta generación. Un planteamiento que solo existía en determinados hoteles, y que empieza a ser visto cada vez más como una necesidad, como una adaptación a un entorno que ha llegado ya.

Spotbros: mensajería instantánea, segura y social

Escrito a las 8:19 am
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Un proyecto en el que llevo cierto tiempo trabajando directamente: Spotbros, una aplicación de mensajería instantánea del estilo de WhatsApp pero bien hecha, y con vertientes sociales y geográficas adicionales que me parecen muy bien desarrolladas.

Los emprendedores, Alejandro López y Fernando Calvo, vinieron a verme allá por el mes de octubre junto con Borja López, compañero en IE Business School, para ver las posibilidades que le veía al tema y hasta qué punto me parecía interesante, y decidimos ponernos a trabajar en el enfoque del proyecto. Lo que me atrajo particularmente fue la filosofía de desarrollo propio, interno y sumamente cuidado, el entusiasmo del equipo, y sobre todo, la idea de respetar y dar control al usuario sobre las herramientas que utiliza, con comunicaciones completamente seguras y con una atención exquisita a la escalabilidad. Un equipo de Bilbao, con ramificaciones que van desde Dublín a Londres y a Sydney (es decir, las afueras de Bilbao :-) y con una filosofía completamente centrada en el código. Podéis seguir el desarrollo del proyecto en el blog.

¿La idea? Ante un panorama de herramientas de comunicación que priorizan el efecto red frente la seriedad como una WhatsApp con todos los problemas de seguridad que conlleva, o frente a la alternativa de una herramienta como Joyn, planteada por las grandes operadoras como supuesto “WhatsApp killer” para recuperar el control de los usuarios y plagada de problemas en su despliegue, Spotbros aparece como una herramienta pensada para proporcionar total control y seguridad al usuario, con cifrado AES de 256 bits, borrado total de los mensajes del servidor a los treinta días, capacidad para añadir múltiples ficheros de cualquier tipo a los mensajes, y una función social añadida muy potente que creo que puede aportar posibilidades muy interesantes.

 

 

Las funcionalidades sociales están pensadas no solo para tus contactos (status feed), sino con otros usuarios de la plataforma que estén a tu alrededor o compartan algún tipo de interés común en un spot. Por un lado, puedes utilizarla como mensajería instantánea con tus amigos. Por otro, puedes crear spots o participar en ellos en función de tus intereses (el spot de chistes malos lleva ya varias semanas convirtiéndome en el gracioso de la familia :-) o geográficos (ver spots en una zona determinada). Los spots son grupos de chat ubicados en una zona y creados por los propios usuarios, una fuente de información, un lugar donde compartir opiniones, tips del lugar, preguntar, responder, etc… Además, una función añadida, el shout, que llega instantáneamente a los usuarios más cercanos, pero puede propagarse direccionalmente en función de reshouts de otros usuarios: un grito, un altavoz de bolsillo que lógicamente puedes bloquear si un usuario es demasiado “gritón”. Una herramienta para enviar noticias (con vídeo y audio si quieres), para preguntar donde comer o tomar una copa si acabas de llegar a una ciudad, avisar de algo…

Si os animáis a probarlo, está disponible por el momento para Android, y la versión para iPhone está en camino. Lleva en abierto unas pocas semanas, incrementando gradualmente la disponibilidad para comprobar la estabilidad y escalabilidad, y a pesar de estar  moviéndose relativamente bajo el radar, ha alcanzado ya los veinte mil usuarios activos gracias a comentarios de publicaciones como El androide libre, Android.es, ADSL Zone, Android Zone, o noticias como las publicadas en Deia o en La Información. La idea es que se pueda desarrollar como herramienta de comunicación personal/social que será en todo momento gratuita y que por el momento está en la fase de “aprender del uso que se le da”, pero también crear una herramienta para la comunicación corporativa completamente segura y personalizada, y explorar el mercado de las ofertas y cupones geolocalizados, siempre con respeto y control final del usuario.

Ante un entorno con empresas, operadoras o hasta gobiernos que cada día se plantean en mayor medida espiar a los usuarios, un planteamiento de herramienta española y gratuita que propone el uso de tecnología de nivel militar para evitarlo y garantizar por encima de todo la privacidad y el respeto. Un plan sin duda ambicioso, y una experiencia cuyo despliegue, y os lo digo desde dentro, está resultando interesantísimo.

De nuevo en E+i Emprendedores Innovadores, en La 2

Escrito a las 7:20 pm
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El programa E+i Emprendedores Innovadores de La 2 ha emitido en su episodio 23 otro corte de la entrevista que Francisco Bas me grabó el pasado 23 de octubre en los jardines del Museo de Arte Reina Sofía, hablando sobre tecnología y escenarios de futuro aplicados al ámbito emprendedor. El corte anterior, emitido en el episodio 3, lo tenéis referenciado en esta entrada anterior. El episodio 23 completo, que ha sido emitido hoy y en cuyos minutos finales se incluye esta entrevista, lo tenéis disponible en su página de RTVE.es.

Mi entrevista, de dos minutos, a continuación:

 

Stephen Wolfram y el “quantified self”

Escrito a las 12:43 pm
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Impresionante artículo de Stephen Wolfram en Wired, titulado The personal analytics of my life, en el que analiza más de veinte años de datos sobre sí mismo y sus hábitos: gestión del correo electrónico, uso del teclado, reuniones de trabajo, llamadas telefónicas, número de pasos, documentos producidos, palabras escritas, etc. Un artículo que me permite escribir sobre un tema en el que llevo tiempo interesado: la tendencia hacia el quantified self como modo de vida.

La idea de quantified self se encuadra dentro de tendencias como el lifelogging, el digital footprint o el sousveillance, o con experimentos interesantes como MyLifeBits, de Microsoft Research, de los que ya hablamos aquí hace algunos años: llevar un registro de toda nuestra actividad mediante analíticas y sensores de diversos tipos, con el fin de analizarlos posteriormente. Hay ya páginas web y conferencias dedicados al tema, o aplicaciones de personal analytics todavía en beta como Me-trics. Filosóficamente, el concepto implicado es el de self-awareness, la conciencia de uno mismo, y la posibilidad de establecer autoenlaces con la misma para diversos fines, desde contar con una “memoria” que puede ser evocada a voluntad independiente de las limitaciones de los circuitos neuronales, hasta temas como la salud, la mejora personal, etc.

Lógicamente, a medida que avanza la tecnología, la idea de quantified self va extendiéndose: el registro de datos recogidos por Stephen Wolfram a lo largo de veinte años se refiere en su gran mayoría a actividades que lleva a cabo delante de un ordenador y que puede registrar fácilmente mediante software, pero desde hace dos años ha empezado a incluir tecnologías separadas del propio ordenador, como un podómetro que registra los pasos que da. Me sorprendería, aunque Stephen no comenta nada al respecto, que no estuviese probando dispositivos como la pulsera UP de Jawbone o los tensiómetros y básculas de Withings, por poner únicamente algunos de los que he oído hablar últimamente, o más modestamente a aplicaciones como Foursquare o como la Google Location History asociada a Latitude.

A medida que la tecnología lo permite, los objetos que utilizamos todos los días de manera cotidiana nos ofrecen la posibilidad de sensorización, de medir cómo los utilizamos o cómo evolucionan muchas variables de todo tipo – corporales, de contexto, de ambiente, etc. – en relación a los mismos. El móvil, por ejemplo es un caso claro: de ser un aparato utilizado para hablar por teléfono, ha pasado a ser un ordenador completo que llevamos encima en todo momento, que nos hace volver a casa si por error salimos sin él, y que es capaz de registrar constantemente en sus múltiples sensores series continuas de datos sobre, por ejemplo, geolocalización, nivel de ruido ambiente, o registros de nuestras actividades en la web o en diversas aplicaciones de todo tipo. Ya he visto incluso alguna startup prometedora dedicada a este tema.

La tendencia es clara, y por su naturaleza, no puede hacer más que subir en su popularidad: todos somos, en mayor o menor medida, un poco voyeurs de nosotros mismos, más aún si a ello se añaden aplicaciones capaces de proporcionar análisis relevantes sobre esos datos que vamos generando, y lógicamente, con un control y una conciencia claras de quién tiene acceso y cómo maneja esos datos. Estoy completamente de acuerdo con la forma en la que Wolfram inicia su artículo:

One day I’m sure everyone will routinely collect all sorts of data about themselves.”

 

Algún día, estoy seguro de que todo el mundo recogerá rutinariamente todo tipo de datos acerca de sí mismos. La miniaturización, la sensorización progresiva, el crecimiento de la conectividad  y el avance de la tecnología en todos los sentidos están haciendo de este tipo de temas, antes ciencia-ficción, ya una palpable realidad.

El móvil como sexto sentido social

Escrito a las 1:23 pm
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Todos los años en el SXSW hay alguna aplicación que destaca especialmente, una señal que, además, suele coincidir con una buena acogida posterior en términos de adopción. Aplicaciones como Twitter o Foursquare tienen a SXSW como explicación directa de sus procesos de expansión. La aplicación estrella de este año se llama Highlight, y me gusta la manera en la que la define este artículo de Business Week: ambient social networking (casi tanto como desagradable y molesto me resulta su logotipo). Hay otras aplicaciones en este ámbito, tales como BanjoGlancee o Sonar, pero por la razón que sea, no parecen haber sido tocadas por la varita mágica de la diosa Fortuna del SXSW.

Escogí la pantalla de la izquierda porque creo que resume bastante bien la idea de la aplicación : la instalas (solo en iPhone), la conectas con tu Facebook, y a partir de ese momento, cada vez que estés cerca de otro usuario de Highlight que tenga algún tipo de conexión contigo, la aplicación te avisa y te proporciona la información relevante sobre esa persona y su conexión contigo. Podrás ver en un mapa dónde está esa persona con respecto a ti, examinar su información, ver su foto, o enviarle un mensaje. La idea es sencilla, y proviene simplemente de la combinación de una web social que alberga infinita información sobre las personas, y un dispositivo móvil permanentemente conectado que esas personas llevan consigo en todo momento.

Puedes pensar de todo. Desde que es ideal para los que tenemos tendencia a olvidarlo todo, hasta que es una herramienta perfecta para ligar, o para un acosador. O que permite un nivel adicional de relación cuando puedes empezar a hablar con alguien gracias a que conoces a alguien que lo conoce, sabes su aspecto y puedes ver algunos intereses comunes. Si una aplicación así te plantea problemas de privacidad, la respuesta de su desarrollador, Paul Davison, es perfectamente clara, concisa y contundente: no la uses. Su idea es la de entrar en un sitio y poder ver quiénes están ahí, no solo porque los conozca directamente – y pueda acordarse o no de ellos – sino porque tenga vínculos de algún tipo con ellos. El uso que se pueda dar a esto ya es cosa de cada uno.

La idea, en cualquier caso, no es nueva, y no falta quien, en base a desarrollos anteriores, advierte de posibles problemas derivados de diversa naturaleza. Por el momento, los usuarios son mayoritariamente masculinos. Pero con varias aplicaciones de “descubrimiento social”, “información social extendida” o ” de este tipo pululando por el panorama y una de ellas recibiendo el plus de atención del SXSW, lo seguro es que te encontrarás con ellas más pronto que tarde. Vete pensando si vas a darte de alta o no.

“Reinventando”, columna en Expansión

Escrito a las 11:52 am
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Después de la mesa redonda del martes pasado en el Encuentro Financiero Internacional Bankia 2012, algunas personas me comentaron que esa inacción que yo reprochaba a los bancos ante desarrollos tan radicalmente importantes y que generaban tanta redefinición del ecosistema como la web social o los smartphones no era cierta, que los bancos “ya estaban” en esos temas… Pues precisamente a eso me refiero: a lo de “ya estamos ahí”, como si ese “ya estar ahí” justificase algo. Si no “estuviesen ahí” sería síntoma de que están muertos. El problema es que a ese “estamos ahí” no añaden nada que de verdad reinvente los planteamientos negocio bancario, sino que se limitan a la innovación incremental, al “más de lo mismo”. Las innovaciones no vienen de ellos, vienen de fuera (un par de comentarios en la entrada dedicada al tema incidían en lo mismo desde dentro del sector). Claramente, falta perspectiva de innovación abierta en esa industria.

En fin, que puesto en formato de columna de prensa, me quedó la cosa como sigue:

 

Reinventando

¿Cuántas veces en su vida profesional ha tenido la sensación de estar reinventando algo? Un proceso, una aproximación al mercado, un producto o servicio… ante una pregunta así, la mayor parte de los directivos se encogerse de hombros. Cambios incrementales, sí: ahorrar costes en un proceso, introducir alguna mejora, rediseñar partes de un producto o etapas de un servicio… pero con la misma idea fundamental detrás. Eso de la “reinvención” suena demasiado radical.

En tecnología, es el escenario el que se reinventa de manera habitual. Hace no demasiados años, soñar que llevaríamos un teléfono permanentemente en el bolsillo  era algo cercano a la entelequia. Y ahora no solo lo llevamos, sino que su función como teléfono es, para mucha gente, la menos importante, y se ha transformado en un potente ordenador. Una radical redefinición del escenario. Mientras, la gran mayoría de las empresas siguen trabajando en mejoras incrementales, en usar la tecnología para hacer lo mismo que ya hacían, en lugar de hacer lo que realmente tendrían que hacer: reinventarse en un escenario diferente.

Hace pocos días, en una conferencia para el sector bancario, afirmé que los bancos llevaban años usando la tecnología para hacer las mismas cosas, no para hacer cosas nuevas. Cuando piensan en tecnologías que están marcando nuestras vidas y nuestra manera de hacer muchas cosas, como los smartphones o las redes sociales, no piensan cómo hacer cosas nuevas con esas piezas, sino cómo hacer lo mismo que ya hacían antes de que éstas existiesen. No preguntan a los jóvenes cómo usan la tecnología, no adoptan ningún enfoque mínimamente radical.

De acuerdo: las reinvenciones no abundan, ni tienen lugar todos los días. Pero que invariablemente vengan de fuera de tu industria y de tu compañía es, en sí, una triste gracia. Si en toda tu vida profesional nunca has tenido oportunidad de ver de cerca una reinvención, hay algo ahí que no estás gestionando bien.

iPad: ¿te lo vas a comprar?

Escrito a las 10:47 am
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No había hablado hasta el momento del lanzamiento del nuevo iPad – ni iPad 3, ni iPad HD… simplemente iPad – porque lo de hacer conjeturas, especulaciones y adivinanzas no es lo mío. Contesté a Telemadrid cuando me preguntó sobre ello que la expectación se debía, sencillamente, a que Apple es capaz de modificar drásticamente las cuotas de mercado de toda una industria poniendo un solo producto en el mercado y que este iba a ser, una vez más, el caso: en efecto, la marca de la manzana se las arregló de nuevo para ser la protagonista del Mobile World Congress de Barcelona sin estar presente en el mismo, únicamente haciendo un anuncio. Que la situación del mercado y el abrumador liderazgo de la marca de la manzana parezca bien o mal a unos o a otros ya es otra cosa, pero es lo que hay.

¿Impresiones? Buenas. Si alguien se siente defraudado porque la compañía “solamente” ha lanzado una reedición de un producto mejorando enormemente su resolución, con un procesador mucho más potente, con LTE, con más memoria, y manteniendo la duración de la batería, es que no se habría sentido ilusionado ni aunque el nuevo aparato fuese capaz de volar, hacer teletransporte, dotar de visión de rayos X o hacer invisible a su portador.

Por mi parte, ante la pregunta de si me voy a comprar el nuevo iPad, la respuesta es sí. No soy especialmente fanboy ni de bolsillo alegre: el MacBook Pro que uso habitualmente tiene más de cinco años, no tengo iPhone, no me compré el iPad 2, pero sí me voy a comprar este. ¿Por qué? Porque mis impresiones de uso con el anterior fueron en general buenas, porque cuando no lo fueron tanto se debió a la limitación de sus prestaciones, y porque creo que el planteamiento de “era post-PC” de Apple está empezando a hacerse una realidad digna de ser probada. Porque, de hecho, me dispongo a intentar “vivir sin PC” para muchas cosas, siendo plenamente consciente de que ello puede acarrear, de entrada, algunas limitaciones. El nuevo iPad es la prueba del nueve de una intención, de un deseo: de modificar la interacción hombre-máquina en muchos sentidos, y de hacerlo con la solvencia de un hardware suficientemente potente. Que ya no necesariamente vaya a ver mi iPad como un dispositivo centrado en determinados tipos de uso poco exigentes, sino que posiblemente pueda plantearme una visión más ambiciosa que me permita salir de casa únicamente con esa delgada lámina bajo el brazo (y algún adaptador en el bolsillo). Ya es hora de comprobar seriamente si eso de la “era post-PC” va realmente en serio. Veremos.

La jugada de mantener el iPad 2 en el mercado con un descenso de precio indica que, por otro lado, la marca no es en absoluto indiferente a la competencia. Que los nuevos tablets basados en Android que irrumpieron en la categoría que Apple recreó están arañando cuota de mercado y forzando concesiones poco habituales en una marca que generalmente ofrece poco margen de elección a sus usuarios: buenas noticias, porque la competencia es buena para todos, y las cosas que vienen desde Corea del Sur o desde Seattle son ofertas y posibilidades sumamente competitivas e interesantes.

¿Y tú? ¿Cuáles son tus impresiones? O mejor, la pregunta directa: ¿te lo vas a comprar?

 

ACTUALIZACIÓN: esta entrada fue citada por Marimar Jiménez en su artículo titulado “El iPad siembra dudas y pasiones por igual” (ver en pdf), en el diario Cinco Días

Impresionante documento…

Escrito a las 6:27 pm
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A través del recién instalado sistema de telefonía integrada con el correo electrónico que han adoptado en mi empresa, recibo un mensaje hace un rato con la transcripción de lo que alguien ha dejado en mi buzón de voz. Lo tenéis a la izquierda.

Por más vueltas que le doy, no alcanzo a entender nada. Me planteo si será una transmisión en clave, algún tipo de código secreto… finalmente, veo que hay un archivo de audio adjunto. Lo escucho: absolutamente nada que ver. Solo coincide la duración, veintinueve segundos.

(La solución, en una nota de una línea hacia la mitad de esta página con la descripción del servicio :-)

Hablando sobre innovación, tecnología y banca, en El País

Escrito a las 1:27 pm
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Ayer participé en una mesa redonda en el Encuentro Financiero Internacional Bankia 2012 junto con Carlos Barrabés, Carina Szpilka y Sebas Muriel, moderados por Miguel Jiménez. Hoy lo recoge El País en “La banca necesita integrar la tecnología en su trato al cliente” (ver en pdf).

Miguel nos había pedido que centrásemos el tema en el cambio del modelo bancario por la irrupción de cuestiones como el móvil o la web social, la evolución de los medios de pago y el aprovechamiento de la tecnología como fuente de ventajas competitivas.

Por mi parte, centré el tema en cómo la banca, que mantiene una inversión notable en tecnología, se dedicaba salvo excepciones a vivir en sistemas legacy y estaba desconectada del panorama tecnológico actual más allá de cuestiones anecdóticas como “abrir página en Facebook” o “tener cuenta de Twitter”, considerándolas prácticamente “extravagancias de moda” y sin integrarlas en absoluto con el negocio. En ese sentido, el paso de “móvil para hablar por teléfono” a smartphone es algo que vive una evolución coartada por factores políticos y luchas de poder, mientras la innovación suele corresponder a empresas externas a la industria: en lugar de intentar liderar y extraer ventajas competitivas, la banca, salvo excepciones, se dedica a seguir la rueda de los que innovan y a intentar adaptarse como puede.

La presentación que utilicé está disponible en Slideshare.

 

ACTUALIZACIÓN: la organización del evento ha hecho públicas las presentaciones, fotografías, y los vídeos completos de las jornadas. El vídeo completo de la mesa redonda a la que se refiere esta entrada está disponible en esta página.

American Express y la madurez del social commerce

Escrito a las 10:50 am
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American Express lleva un cierto tiempo ya planteando desarrollos interesantes en la interacción entre medios de pago y redes sociales, en ese ámbito todavía difuso que se ha dado en llamar social commerce. Tras haber anunciado a lo largo del pasado año alianzas con Foursquare, SCVNGR y Facebook, ayer comunicaron una nueva pieza en su estrategia: Twitter.

La clave de la historia parece estar en el concepto “frictionless”, la eliminación de fricción. Lo que American Express busca es la asociación o sincronización de su tarjeta con las cuentas sociales de sus usuarios, lo que le permite plantear una redención automática de cupones y ofertas sin pasar ni por la obviamente ya arcaica fase papel, ni tan siquiera por la necesidad de comunicar verbalmente que se está en posesión de un cupón determinado: simplemente se consume, se paga con la tarjeta, y se recibe el descuento en la cuenta. Para la compañía de tarjetas, esto significa un mayor nivel de uso, uno de los factores críticos esenciales del negocio, unido a una mayor información sobre los hábitos de sus consumidores, y al intangible pero enorme valor de ser el “método de pago por defecto” asociado a algo que está alcanzando una percepción central y constante en la vida de sus usuarios. Para las redes, una vía de financiación directa añadida a una mayor propuesta de valor para sus miembros que evite la percepción de agotamiento. Y para quien hace la oferta, una difusión social de sus productos o servicios unida al gráfico social de quien consume.

El vídeo difundido ayer por American Express deja clara la idea:

 

 

American Express no es un “nuevo entrante del mundo puntocom“, ni “una de esas redes de moda”: es una empresa sólida, de toda la vida, de un mundo tan asentado y competitivo como los medios de pago. Estamos entrando en la madurez del social commerce. Para algunos, los que llevan tiempo explorando, midiendo y evaluando, nada nuevo bajo el sol aparte de un poco de “bigger, better, faster… more!” Pero para los que hasta ahora lo han despreciado, no tenían tiempo para ello y parten del cero absoluto, todo un mundo por explorar, y una necesidad brutal de reciclaje de su “marketing de toda la vida”.

 

ACTUALIZACIÓN: No intentéis hacerlo con tarjetas expedidas en España. Ya sabéis…

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