El Blog de Enrique Dans

“Si no queda satisfecho, reclame en Twitter”, en El País

Escrito a las 12:48 pm
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Raquel Vidales publica hoy en El País un artículo a doble página titulado “Si no queda satisfecho, reclame en Twitter” (ver en pdf), en el que cita una conversación telefónica que mantuvimos sobre el tema hace algunos meses.

Mi visión sobre el tema es decididamente positiva: que las empresas acudan a un canal en el que muchos de sus clientes mantienen una actividad habitual es algo que entra dentro de la lógica, y que además puede ser llevado a cabo ya basándose en numerosa experiencia acumulada. El primer caso que alcanzó cierto nivel de popularidad fue el de Comcast, sobre el que hablamos allá por 2010 cuando ya llevaba mucho tiempo utilizándolo en mis clases. El caso fue además recogido y documentado por Shel Israel en un capítulo de su muy recomendable libro “Twitterville“, que me consta que fue uno de los factores que en su momento inspiró a Telefonica a poner el tema en marcha en España, en mi opinión con muy buenos resultados. En estos temas, como en todos, hay buenas prácticas – departamentos que de verdad se especializan en un tipo de atención especializado y que intenta resolver problemas – y otras que simplemente “están por estar” y se limitan a “pasar la mano por el lomo” del cliente sin ánimo de resolver nada. Como siempre, la diferencia la marca esa actitud tan importante en servicio al cliente que los angloparlantes suelen denominar “to go the extra-mile”.

En la actualidad, el número de empresas que desarrollan una presencia activa en Twitter y que lo utilizan como canal de retroalimentación, vehículo para comunicación, reclamaciones o contacto con clientes o simplemente “apagafuegos” (la actitud de una persona afectada por algún problema con una empresa suele cambiar cuando es contactada proactivamente por la misma) va en constante ascenso, al tiempo que muchos servicios de atención al cliente, propios o subcontratados, empiezan a considerarlo un canal más a atender dentro del mix de medios al que da respuesta eso a lo que consecuentemente ya no se suele llamar “call center”, sino “contact center”. Al tiempo, las actitudes en modo “incendiario” o insultante empiezan a dejar paso a otras algo más tratables desde el punto de vista de una relación comercial: la educación no solo debe ser patrimonio exclusivo de quien presta el servicio o vende el producto, sino también de quienes lo reciben.

Sin duda, una tendencia lógica y en alza.

 

ACTUALIZACIÓN: el artículo ha sido traducido al inglés y publicado en el International Herald Tribune, con el título How complaining on Twitter can solve all your problems (pdf).

Mi experiencia con la evolución de Google+

Escrito a las 12:23 pm
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El gráfico de la izquierda, tomado de CircleCount, refleja la evolución de mi número de followers en Google+ desde sus inicios. Desde hace ya algunas semanas, Google+ es la red en la que más seguidores tengo: hacia finales de este mes, si la evolución se mantiene, alcanzaré los doscientos mil seguidores,  superando ampliamente los ciento cincuenta y cinco mil que tengo en Twitter.

En Twitter, el crecimiento se ha mantenido relativamente constante durante los últimos meses en torno a las aproximadamente cien nuevas incorporaciones al día. En Google+, este número es de aproximadamente mil doscientas. Mi entrada media en Google+, que típicamente suele ser la misma que en el blog, recibe habitualmente unos trece comentarios, unas cuarenta y dos pulsaciones al botón +1, y es compartida unas catorce veces, muestra de un dinamismo más que razonable.

Obviamente, podemos alegar que el perfil de mis lectores es especialmente afín al público que tiende a colonizar una red de reciente desarrollo, los llamados early adopters interesados en la tecnologia y sus efectos, pero aún así, el resultado parece distar mucho de lo que algunos definen como “una red muerta”, “que nadie usa” o en la que los usuarios pasan únicamente tres minutos al día. Si efectivamente son tres minutos, no cabe duda de que mis seguidores los aprovechan un montón. Decididamente, no parece un perfil de una evolución que vaya a estabilizarse pasado mañana.

En su última carta, Larry Page anunció que Google+ estaba en torno a los cien millones de usuarios activos, aunque no definió el término “activos” y existen dudas de hasta qué punto no estaba considerando como uso el de otras propiedades de la empresa notablemente más consolidadas. El tráfico, en cualquier caso, es indudablemente creciente, un 27% en el mes de marzo. En cualquier caso, la evolución de este tipo de redes es lenta y sometida a avatares de todo tipo, y resulta todavía muy pronto para afirmar si la mayor apuesta realizada por Google dentro del entorno de las redes sociales es éxito o fracaso. Por mi parte, lo que puedo atestiguar con el uso diario es que muerta, decididamente, no está, y que su evolución, además, se está en muchos sentidos “normalizando”, tanto para lo bueno como para lo malo: las conversaciones, hasta hace no mucho de un nivel envidiable, se van poblando progresivamente de usuarios de perfiles que nada tienen que ver con el de early adopter, y que llevan al desarrollo de una cierta rutina de “jardinería” si se quiere mantener los hilos en un estado razonablemente saludable. Además, aparecen ya perfiles de famosos que muestran patrones de crecimiento explosivo, como es lógico y habitual en cualquier red social. Mientras, la presencia de Google+ en los orígenes de tráfico de mi blog es ya habitual, y se ha consolidado como tercera fuente tras Facebook y Twitter.

Veremos cómo sigue la evolución. ¿Cuáles están siendo vuestras experiencias en este sentido?

Telecomunicaciones y nuevos tiempos

Escrito a las 1:31 pm
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Interesante columna de opinión de Hemant Taneja en TechCrunch, How can we disrupt the cell carriers?, que entronca con temas que llevo comentando mucho tiempo. Hay temas del artículo con los que no estoy de acuerdo, pero me interesa el tono general, el argumento central del mismo: la falta de evolución y adaptación a los tiempos de las compañías de telecomunicaciones.

Cada vez un porcentaje mayor de clientes llevamos encima dispositivos que son cualquier cosa menos un “teléfono”. Y cada vez más tiempo lo utilizamos para cosas que nada tienen que ver con el concepto de “hablar por teléfono”. De hecho, podría prescindir perfectamente de la función de telefonía de mi terminal: me limitaría a ofrecer un buzón de voz y a contestar las llamadas cuando me viniese bien. Para mí, un “teléfono móvil” es en realidad un ordenador de bolsillo que sirve para el tráfico de datos, sean estos para saber dónde estoy, a dónde tengo que ir según mi agenda, quién se comunica conmigo por correo electrónico o mensajería instantánea, a dónde subo una fotografía o qué envío a mis redes sociales. Estoy completamente seguro de que ese aparato pasa mucho más tiempo en la palma de mi mano que pegado a mi oreja.

Y sin embargo, las compañías telefónicas siguen sin quererse enterar. Siguen aferradas a sus sistemas de facturación basados en la voz, cobrándonos facturas cuyo principal importe es por unas llamadas que no son para nada lo que más valor nos aporta del uso que hacemos de nuestros terminales. Toda una arquitectura legacy de la época en que la voz era la única función de la telefonía, lastrando el uso – y sobre todo, el coste – de lo que realmente queremos hacer. Mira a los usuarios más jóvenes: la voz la usan realmente para una emergencia, para algo excepcional. Llamar a alguien es poco habitual, un último recurso para cuando lleva un cierto tiempo sin estar conectado. Consecuentemente, el primer intento que veo mínimamente decidido a consolidarse como operador centrado en los datos en nuestro país ha sido Tuenti Móvil, aunque aún tenga algunas cosas que aclarar.

¿Para cuándo una operadora que de verdad construya su propuesta de valor basándose en el uso que cada vez más clientes hacemos de sus servicios? ¿Que me estructure las tarifas en función de mi uso de datos sin obligarme a mirar el taxímetro o a sufrir velocidades lentas porque me pasé del límite? ¿Que no me estafe – del verbo “estafar” – cuando pongo un pie más allá de la frontera de mi país por un tráfico de datos que no vale ni harto de vino lo que me quieren obligar a pagar por él? ¿Cuántos progresos podría hacer una operadora que intentase aprender de sus clientes más punteros y evolucionar con ellos, relacionándose con ellos como se entiende en pleno siglo XXI que se debe tratar a un cliente, y dejando las estructuras y planteamientos obsoletos basados en la voz para quien los quiera?

Developers, developers, developers…

Escrito a las 1:09 pm
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La mayoría de los críticos y analistas coinciden en que Microsoft y Nokia han conseguido poner en el mercado una buena gama de terminales, razonablemente competitivos con respecto a las alternativas existentes. Lo cual, unido a las relaciones que tanto la empresa finlandesa como la de Redmond atesoran con actores importantes en la industria, debería proporcionarle oportunidades significativas en cuota de mercado.

Sin embargo, todo indica que sigue faltando un ingrediente fundamental: las aplicaciones. Frente al parque de más de quinientas ochenta y cinco mil aplicaciones disponibles en la App Store de Apple y las más de cuatrocientas cincuenta mil disponibles para Android en Google Play, Windows y BlackBerry palidecen con unas setenta mil aplicaciones cada uno. El resultado es evidente: para todo aquel que tenga cierta familiaridad o referencias de los dos primeros entornos, pasarse a cualquiera de los dos segundos implica encontrarse de repente en un páramo sombrío en el que muchas de las aplicaciones que conoce o de las que oye hablar no están disponibles, mientras se ve rodeado por otras ofertas de muy dudosa calidad.

Así que, del mismo modo que Steve Ballmer voceaba hace ya doce años en un escenario su Developers, developers, developers…, Microsoft ha decidido poner coto al problema. ¿Cómo? Sencillamente, sacando la chequera y colaborando con cantidades que oscilan entre los sesenta mil y los seiscientos mil dólares, en función de la complejidad y el atractivo de la aplicación, a aquellos desarrolladores que opten por adaptar sus creaciones al entorno del Windows Phone. El programa comenzó antes de que el desarrollo de terminales y sistema operativo estuviese finalizado, y parece ser que en la mayor parte de los casos consiste en pagos a un tercero, no directamente al desarrollador, para que se haga cargo de todo lo necesario sin detraer recursos ni alterar las prioridades del mismo. Una aproximación destinada a hacer atractiva la presencia de la aplicación en el entorno Windows en modo hands-off que podría probarse efectiva durante las primeras etapas, pero que podría resultar comprometida de cara a la evolución y futuras versiones de las aplicaciones: ni es de esperar que Microsoft quiera seguir pagando a terceros para trasladar a su entorno los nuevos desarrollos que las aplicaciones vayan incorporando, ni que los desarrolladores quieran – sepan – puedan hacerse cargo ellos mismos de evolucionar un código que fue “creado en otro sitio”.

En cualquier caso, es una prueba más de la importancia de las aplicaciones y del ecosistema de desarrollo en el éxito de las plataformas de telefonía: aunque los números puedan parecer absurdos a primera vista (¿pueden no ser suficientes setenta mil aplicaciones?), la realidad indica que un ecosistema, para ser percibido como vivo y dinámico por sus usuarios, requiere de muchas más. Según muchos, a día de hoy, la cosa es tan sencilla como que apps sell phones: muchos usuarios determinan la compra de uno u otro terminal en función de las aplicaciones que saben que van a tener disponibles en él. Microsoft financió el año pasado más de ochocientos cincuenta talleres de desarrollo de aplicaciones en todo el mundo, más del triple que el año anterior y seguramente menos de los que ofrecerá este año, en un movimiento claramente destinado a reforzar dicho ecosistema y hacerlo atractivo a los desarrolladores. Además, se esperan condiciones de monetización diferencialmente interesantes, que contrastan con la necesidad de ofrecer un número significativamente elevado de aplicaciones gratuitas para reforzar el atractivo de la plataforma a los usuarios.

Una ecuación, sin duda, difícil de cuadrar, y una muestra de cómo un factor externo, la comunidad de desarrollo que rodea a una plataforma, puede convertirse en una fortísima barrera de entrada a una industria. Industria que, no lo olvidemos, será tanto más atractiva para los usuarios cuanto más competitiva y más actores razonablemente exitosos se mantengan en ella.

La industria de los contenidos y la economía de la escasez

Escrito a las 12:45 pm
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The Pirate Bay lanzó hace algunas semanas una iniciativa, The Promo Bay, que ofrece su portada a artistas que quieran promocionarse, con la posibilidad de subir una imagen y de escoger hasta tres países desde los que quieren que sea vista: en el escaso tiempo transcurrido, más de cinco mil artistas independientes han solicitado acceder a ser promocionados de esa manera.

Un artista independiente británico, George Barnett, habla de la eficiencia de The Pirate Bay como canal de promoción: cuatro mil Likes en Facebook y ochenta y cinco mil visualizaciones de su vídeo. El caso de Tomás Vergara, director de cine, es todavía más claro: doscientas cincuenta mil visualizaciones de su cortometraje, “The Chase“, en tan solo tres días (por cierto, vale la pena verlo). Pasar del anonimato total a la consideración de un buen número de seguidores. Sin una industria intermediándolo. A eso es a lo que la industria teme de verdad: no a la “piratería”, sino a la desintermediación. A los artistas que comienzan a ignorar sus leoninos contratos y a optar por métodos de llegada directa al público. Temen que algunos de estos artistas empiecen a romper la arquitectura de exclusividad de la que las compañías discográficas disfrutaban, y empiecen a traspasar barreras, incluso hasta llegar a sonar en esas radios comerciales, en esa radiofórmula que con tanto celo controlaban. Temen el vídeo de Megaupload y la perspectiva de un MegaBox, temen la irrupción de competidores en la atención de un público hasta ahora cautivo: Kim Dotcom será lo que sea, pero sabía perfectamente hacia dónde iba. Y la industria también lo sabía.

El verdadero problema de los creadores no es la “piratería”. Es la oscuridad. El problema no son los fans que se descargan tus creaciones, sino una industria que exige su derecho a promocionar a quien la industria quiere, como la industria quiere, en los términos que la industria quiere. O mejor dicho, exige. El verdadero problema no somos los usuarios, es la industria. Esa es la gran verdad que la industria no quiere que se vea: que la red supone un acercamiento, muchas veces un contacto directo entre creadores y consumidores, y que los intermediarios que antes se dedicaban a salvar las distancias entre ambos ya no son necesarios. Detrás de la persecución a usuarios y páginas web, detrás de leyes Sinde-Wert, SOPAs y PIPAs, detrás de las demandas a quienes sugerimos la existencia de prácticas monopolísticas no hay nada más que el miedo a perder el control con el que durante muchos años han dominado todo el panorama. Un control que llevaba a que solo se escuchase lo que ellos querían, a través de canales completamente manipulados, con listas hechas por ellos mismos, con contenidos reiterados hasta la saciedad. En un mundo dominado por la escasez, la llave estaba en su poder.

A eso es a lo que de verdad temen: no a la “piratería”, sino a un nuevo escenario en el que los canales de producción, distribución y promoción ya no están bajo su exclusivo control.

Project Glass, de Google

Escrito a las 10:42 am
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Hablamos de esto hace cosa de un mes, en “Google, sus gafas y las posibilidades de la interfaz HUD“, y aunque el vídeo circuló ayer muchísimo por la red y seguro que lo has visto ya, no podía dejar de reseñarlo. Hay más información en la página del proyecto en Google+, junto con algunas fotos del gadget en cuestión. La contextualización de la red y la inmersión total, la coexistencia absoluta en capas entre lo físico y lo virtual.

¿Cuánto tiempo estimarías que falta para que algo así esté disponible comercialmente? Y, más importante… ¿las usarías?

Algunas entradas sobre el tema que he ido encontrando interesantes:


Levantando barreras: la llegada de Instagram a Android

Escrito a las 3:14 pm
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La evolución de la difusión de Instagram está permitiendo evaluar en tiempo real el efecto del levantamiento de las barreras en los procesos de difusión: Instagram apareció por primera vez en la App Store de Apple el 6 de octubre de 2010, y hasta ayer que se lanzó para Android, había estado disponible únicamente en esa plataforma.

Su difusión, ayudada por  su componente de red social de compartición de fotografías y por el “efecto vanidad” de exhibición a través de otras redes de las creaciones de sus usuarios, la llevó a reunir veintisiete millones de usuarios en su primer año y a ser nombrada “App of the Year” por Apple en el año 2011. Actualmente, estaba por encima de los treinta millones de usuarios, y había definido el lanzamiento de su aplicación para Android como su máxima prioridad.

La apertura de un pre-registro de interesados el pasado veinticinco de marzo congregó a cuatrocientas treinta mil personas. La llegada a la Play Store ayer se filtró a Twitter antes de la comunicación oficial de la compañía, y llevó rápidamente a que las páginas más populares publicasen tanto la noticia como evaluaciones hands-oncomparaciones detalladas entre las versiones de iOS y Android, levemente diferentes. La aplicación registró un ritmo superior a las dos mil descargas y activaciones por minuto durante buena parte del día, que la llevó a superar el millón de usuarios en las primeras veinticuatro horas y a que muchos usuarios notasen el efecto sobre su número de seguidores en la aplicación. Los primeros cálculos indican que Instagram podría añadir en torno a los cinco millones de usuarios en su primera semana de uso.

La llegada de Instagram a Android muestra el efecto de walled garden llevado a su máxima expresión: en una aplicación social, las restricciones de plataforma trabajan en principio en contra de la difusión: no eres capaz de encontrar a usuarios con los que te interesaría compartir cosas simplemente porque están fuera de dicha plataforma, y eso se convierte en un desincentivo a la difusión. El caso de Instagram, sin embargo, ha sido diferente: el hecho de que se puedan compartir y popularizar nuestras creaciones de manera inmediata a través de otras redes sociales, alentadas por el hecho de que “todos vemos nuestras fotos preciosas y nos creemos unos fotógrafos increíbles cuando usamos Instagram, y queremos presumir de ello lo más posible”,  ha llevado a un modelo de difusión muy potente dentro del mundo iPhone, en el que hablamos de un parque de aproximadamente ciento ochenta millones de teléfonos en total, hasta una penetración de casi un 17% sobre el total de la base disponible.

Mientras, los usuarios de Android han permanecido al margen, viendo pasar constantemente esas fotografías en otras redes sociales pero sin poder participar en el fenómeno, lo que ha ido construyendo una base de usuarios propicia a una adopción inmediata en cuanto se levantasen las barreras. El resultado ha sido una pauta de adopción explosiva muy bien gestionada que parece que va a repetir el éxito de la aplicación dentro del mundo Android, un entorno en el que hablamos de más de quinientos millones de terminales con un rápido crecimiento. Sin duda, un éxito para los creadores de la aplicación, y mucho que aprender para quienes trabajen en entornos de desarrollo y tengan que plantearse priorizar los esfuerzos en las diferentes versiones de las mismas.

¿Siguiente paso? Mientras esperamos por cámaras “de verdad” que integren aceptablemente capacidades sociales y filtros del tipo de los de Instagram… yo iría apostando por Windows Phone.

Entrevista en So On Comunicación

Escrito a las 9:45 am
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Juan Andrés Gallego me entrevistó por teléfono hace unos días para So On Comunicación, y hoy lo ha publicado en su página bajo el título “Enrique Dans: ‘El botón ‘like’ es un buen evaluador de relevancia inmediata’“. Hablamos de temas variados: la demanda de Promusicae, la evolución de la red, Google, Facebook, tendencias de futuro, etc.

Un fragmento de la entrevista:

Lo fundamental es aprender que el entorno no se cambia. La industria de la música y algunas otras han visto cambios que no les gustaban y han intentado detenerlos, pararlos, evitar que ocurran. Eso no se puede hacer. Es como ponerse delante de un tren y decir ‘no me gustan los trenes y me voy a negar a que avancen’, o como si un grupo de dinosaurios se reunieran y comenzaran a decir ‘cada vez hace más frío por culpa del maldito meteorito; habría que montar una asociación en contra’. Lo fundamental es identificar un cambio de variable y nunca oponerte, porque no te lleva a ningún sitio.

La publicidad en su laberinto

Escrito a las 2:52 pm
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Leo en El País que Apple gasta mucho menos que sus rivales en publicidad y consigue a pesar de ello unos resultados espectaculares, y no puedo dejar de pensar en el extraño laberinto en el que se ha metido la publicidad en los tiempos que vivimos. De cómo una función fundamental en las empresas se ha convertido en una parodia de sí misma, en algo completamente ineficiente, cuando no en una especie de persecución impenitente a un usuario que huye de ella. De la espantosa mezcla de conceptos entre branding y transaccional, y del impacto de unos canales bidireccionales que pocas marcas o directivos han aprendido todavía a gestionar con naturalidad.

¿Ha muerto la publicidad? Pensarlo resulta completamente absurdo. Pero que los mejores resultados los obtenga una marca que gasta poco y de manera fuertemente selectiva, y que en cambio diseña sus eventos de presentación de productos de manera absolutamente cuidadosa para que sean las personas y los medios los que le hagan la campaña resulta, cuando menos, llamativo. Todo en un evento de Apple está preparado para maximizar la importancia de la difusión: los invitados se sienten privilegiados por estar ahí, van armados de smartphones, portátiles, cámaras, etc. para poder contar las cosas según van teniendo lugar, con una “profesionalidad basada en lo no profesional”, en la pasión, en las ganas de hacer las cosas bien porque te gusta lo que estás haciendo y formar parte de ello, no necesariamente porque te paguen por ello. Los eventos no se retransmiten en directo, algo que resultaría infinitamente sencillo, precisamente para incentivar ese comportamiento, pero se suben a las pocas horas, a modo de “coche escoba” para los que no lo pudieron seguir. Un evento es capaz de protagonizar las noticias, los trending topics y la conversación durante días, y de generar un impacto completamente tangible en el mercado. Preferimos ver las cosas a través de ojos conocidos, de personas comprometidas – y emocionadas – con lo que están contando, de comentarios de amigos… ¿un anuncio? ¿Qué nos va a contar que nos interese o que nos ofrezca la más mínima dosis de credibilidad?

En este entorno, la publicidad debe plantearse de una manera completamente diferente. No, no es necesario ser Apple para poner en marcha algo así. Apple, obviamente, lo tiene más fácil, pero no es imposible para nadie: solo exige algo tan teóricamente importante en este ámbito como empatía con quien está al otro lado. Ese cliente o posible cliente que tantas empresas decidieron que podían jugar a engañar, a mentir, a manipular, en lugar de simplemente comunicar en los términos que pudiesen tener más lógica. La “búsqueda de la lógica perdida” en la publicidad va a ser un camino muy difícil para muchos. Entender que el branding sigue teniendo importancia y que debes seguir estando en determinados sitios para cualificar ante tus clientes y prospects, pero que vas a tener que escoger esos sitios con un criterio finísimo y coherente, con un criterio que emerge de la lógica y del conocimiento del cliente, no del “quien paga mayores extratipos a la agencia que me engaña diciéndome que son el lugar perfecto para mi campaña”. Las señales de alarma nunca fueron tan claras: marcas que se encuentran de repente anunciándose en sitios en los que su presencia carece de toda lógica, agencias que prescriben únicamente portales caducos que tan solo congregan a lectores de criterio irrelevante, anuncios que molestan al usuario, métricas manipuladas y distorsionadas, precios que parecen más una partida de póker con trampas que a un proceso con la mínima transparencia que se le debería exigir a toda dinámica empresarial…
Los anunciantes llevan ya demasiados años haciendo el avestruz. O peor aún: lo que les contaron, siendo mentira, que hacían los avestruces. Enterrando la cabeza en la arena para no ver las evidentísimas señales de que ya no se trata de que “tiren la mitad de su presupuesto de publicidad pero no sepan qué mitad”, sino que tiran, en realidad, mucho más que eso. Que toda su estrategia publicitaria sigue pensada por quienes desarrollaron toda su experiencia en un mundo en el que solo había canales unidireccionales, y que cuando ven canales bidireccionales, todo lo que tienen en su cabeza es “oh, qué bien, qué chollo… ahora voy, engaño a estos pardillos, y me hacen la publicidad gratis a cambio de cacahuetes”. Pues no, mira, se ha dicho ya demasiado a menudo: lo que tiene pagar cacahuetes es que contratas monos.

Que la publicidad esté en crisis no quiere decir que haya que gastarse menos en publicidad, como parece dar a entender el artículo de El País, o que solo Apple pueda beneficiarse de ello “por ser Apple”. No, no confundamos causa con consecuencia. Lo que quiere decir que las señales de alarma ya deberían ser imposibles de ignorar, y que ha llegado el momento de repensar las inversiones publicitarias para adaptarlas a un mundo diferente. Que los mejores para hablar de tu producto son aquellos que conocen tu producto, a veces mejor incluso que tú mismo. Los que se mueren por probarlo. Los que se congregan en sitios con audiencias interesadas de verdad, porque les interesa el tema más que a quienes simplemente pasan hojeando distraídamente entre Nacional y Deportes. Los que realmente quieres cerca de tu marca, los que asesoran a sus amigos sobre la categoría, los que tienen algo que decir.

¿Ha muerto la publicidad? Al contrario, está más viva que nunca. Y lo demuestra el hecho de que, tras años y años de canales incompletos y limitados técnicamente a la unidireccionalidad, ahora la inversión únicamente crece en internet, el canal bidireccional por antonomasia. En ese contexto, quienes se empeñan en seguir haciendo en la red el mismo tipo de publicidad y con las mismas reglas que en la televisión, en los diarios o en las revisas solo tiran, mal aconsejados, su dinero. No cabe duda: nos queda mucho por ver aquí.

Estados que espían a sus ciudadanos

Escrito a las 1:20 pm
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Hace no tantos años, el mundo entero se escandalizaba observando las prácticas de regímenes como el chino o el iraní, que desarrollaban técnicas y adoptaban tecnologías para poder espiar las comunicaciones de sus ciudadanos en la red. Los adjetivos aplicados a esos países eran a todas luces inequívocos: liberticidas, antidemocráticos, irrespetuosos con los derechos humanos… todo era invocar la memoria de Orwell y su Gran Hermano, mientras se condenaba la obsesión por el control de esos regímenes calificados como dictatoriales.

El Reino Unido anunció ayer, y no era un April Fools, el desarrollo de un nuevo paquete legislativo para permitir la monitorización sistemática del correo electrónico y la navegación web de los ciudadanos sin ningún tipo de supervisión judicial. Una democracia teóricamente consolidada como la británica, siguiendo el rumbo marcado por países como China o Irán, y haciendo pública la que hasta ahora era secreta envidia por la capacidad de control del Estado sobre sus ciudadanos existente en esos países. Las reacciones ante unas “medidas de modernización de las técnicas policiales” sobre las que ya se ha informado a los ISP y que se pretende entren en vigor en menos de un mes no se han hecho esperar: desde políticos que lo consideran “una innecesaria extensión de las posibilidades del Estado para espiar a personas normales” hasta ciudadanos que han decidido protestar poniendo en copia a David Cameron o al Government Communication Headquarters (GCHQ) en todos sus correos, para “evitarles un trabajo innecesario”.

La deriva es peligrosísima, y sigue las dinámicas conocidas: invocar al miedo y a la seguridad de los ciudadanos como justificación de unas medidas de control absurdas e innecesarias. Junto con la pornografía infantil y los derechos de autor, la justificación más común para avanzar en el establecimiento de un estado policial. La idea de “yo no hago nada malo ni pienso hacerlo, y por tanto no me importa” es una absoluta barbaridad. Por enésima vez, es preciso citar a Benjamin Franklin:

Those who can give up essential liberty to obtain a little temporary safety, deserve neither liberty nor safety”

(Aquellos que están dispuestos a entregar sus libertades fundamentales a cambio de un poco de seguridad temporal, no merecen libertad ni seguridad”)

En un estado democrático, la tecnología debería servir para que los ciudadanos pudiesen controlar con total transparencia el trabajo de unas instituciones a las que han encomendado un trabajo de delegación y representación, nunca al revés. A partir del momento en que esas instituciones pretenden utilizar la tecnología para espiar a sus ciudadanos, es que algo enormemente importante se ha perdido. Medidas así solo provocarán el desarrollo cada vez mayor de herramientas de cifrado, la popularización progresiva de una red por la que todo caminamos permanentemente enmascarados. Permitir la monitorización no es colaborar con las autoridades ni con la seguridad: es, sencillamente, una aberración.

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