Fue, sin duda, uno de los más infaustos momentos de la publicidad online en los años ‘90: el momento en que los creativos publicitarios, en un intento por obtener clickthroughs más elevados, intentaron hacerlo introduciendo anuncios con sonido preactivado. De pronto, navegar por la web se convirtió en un martirio: cada poco tiempo, un banner irrumpía en tu pantalla y martilleaba tus oídos sin pedir permiso de ningún tipo, completamente insensible a lo que pudieses estar haciendo en aquel momento, así estuvieses en tu trabajo rodeado de gente o en tu casa a las dos de la mañana. Por alguna misteriosa razón, el cretino del creativo publicitario de turno se sentía autorizado a tomar el control del audio de tu máquina, y te atacaba sin más, sin mediar acción alguna por tu parte más que la de haber sido tan idiota como para entrar en una página cuyo responsable – o mejor, irresponsable – había decidido ser tan poco respetuoso hacia sus usuarios.
El sonido preactivado se convirtió rápidamente en una de las diez técnicas más odiadas por los internautas, al nivel de los pop-up, las ventanas que intentan engañarte, los objetos flotantes que tapan lo que intentas leer, y demás aberraciones propias de una mente enferma.
Ahora, cuando los ‘90 hace ya tiempo que terminaron, empiezo a ver irrumpir de nuevo en el mundo de la publicidad online la idea de “causar una impresión” en el internauta: crueles banners con vídeo y sonido preactivado, enormes creatividades que toman el control de toda la página que intentabas visitar y la agrietan, la rompen o la sacuden, hasta juraría haber visto algún pop-up. Intentos de que la página que contiene el anuncio, a la que deberíamos llamar “página damnificada”, se comporte haciendo sentir al usuario que pierde el control de su máquina, que está “viviendo una experiencia única”. Querer llevar el concepto de impresión publicitaria mucho más allá de la mera impresión de la página, para convertirla en una “verdadera impresión”… una impresión, eso sí, horrible. Impresión de que el producto anunciado es directamente odioso, que el creativo es un perfecto imbécil que debería ser condenado a recargar la página incesantemente durante toda la eternidad, y que el propietario de la página no tiene el más mínimo respeto por sus visitantes. Todas las evidencias y demostraciones acumuladas durante los ‘90, tiradas a la basura: la gente no odia la publicidad, odia la MALA publicidad, la que les molesta, la que les invade, la que hace que su ordenador se ponga a vociferar sin previo aviso y les haga precipitarse al ratón buscando el botón para pararla mientras el planificador de la campaña se frota las mano y piensa “soy un genio, mira como he incrementado el clickthrough… clicad, clicad, malditos…” ¡Idiota! ¡Están haciendo clic porque les molestas, porque quieren librarse de ti, porque quieren que te calles de una maldita vez, porque corren para detener la molestia que les estás causando!
La web no es la tele. En la tele puedes poner un anuncio con el sonido que quieras, o dejarlo en silencio para conseguir que la gente mire a la pantalla. En la tele, los usuarios no están acostumbrados a tener un nivel de control: como mucho, pueden subir o bajar el volumen y cambiar de canal. El ordenador es diferente. En el ordenador, las cosas deben ocurrir cuando el usuario las desencadena: un sonido se pone en marcha cuando el usuario lo inicia, cuando hace clic en un icono con un pequeño altavoz indicando su interés por escuchar lo que le tienes que decir. Así son las cosas, y así deben ser, además. ¿Quieres cambiar la norma? ¿Quieres ser “provocativo”,”atrevido”, “empujar los límites”? Si lo haces, me estás faltando al respeto, estás insultando a tu cliente potencial, al que se supone que tenías que convencer para comprar tu producto. Tus clientes recordarán ese producto asociado a una imagen negativa, a una molestia, a una incomodidad. Algunos lo recordarán por molesto, pero la mayoría simplemente lo odiarán. Flaco favor estás haciendo al que te paga al proponerle esa creatividad o al permitirle que la haga sin desaconsejárselo hasta la extenuación.
Harto, harto estoy de sonidos preactivados y creatividades “impactantes”. Por favor, dejen al usuario vivir en paz, navegar sin sustos ni sobresaltos. Todos se lo agradeceremos. Y en la parte que a mí me toca,y esperando que cada vez más sitios lo hagan igual, en esta página NO se aceptan creatividades con sonido preactivado. Bajo ningún concepto. A dar la lata a otro sitio.






03.05.2008 a las 14:37 Permalink
Sobre la publicidad…
La gente no odia la publicidad, odia la MALA publicidad, la que les molesta, la que les invade, la que hace que su ordenador se ponga a vociferar sin previo aviso y les haga precipitarse al ratón buscando el botón…
03.05.2008 a las 19:11 Permalink
[...] fuente [Enrique Dans] [...]
04.05.2008 a las 01:40 Permalink
[...] – Publicidad online: causando una impresión… (horrible) » El Blog de Enrique Dans Harto, harto estoy de sonidos preactivados y creatividades “impactantes”. Por favor, dejen al [...]
04.05.2008 a las 01:58 Permalink
Basta de publicidad tonta e intrusiva…
Tras los años 90, los creativos publicitarios decidieron dejar a un lado la molesta inserción de audio en banners, acto que hacían ,supuestamente, para "causar" la impresión en el navegante. Pues, parece, que, últimamente, esta técnicas…
04.05.2008 a las 14:43 Permalink
[...] Publicidad online: causando una impresión… (horrible) [...]
07.05.2008 a las 13:45 Permalink
[...] http://www.enriquedans.com/2008/05/publicidad-online-causando-una-impresion-horrible.html [...]
10.05.2008 a las 00:32 Permalink
[...] banners con vídeo e incluso pop-ups vuelven a correr sueltos por la red, ¿no aprendieron nada? (E. [...]
04.08.2009 a las 11:43 Permalink
[...] reflexiones siempre me llevan a pensar un poco en las bases y los fundamentos. Esta semana revisa ‘la mala publicidad on-line‘. Efectivamente parece que volvamos 10 años atrás cuando las web’s se sentían con el poder [...]