Menos de una semana después de haber anunciado que borraba su cuenta de Twitter para concentrar su tiempo en otras cosas, Hugh Macleod (Gapingvoid) decide restaurarla y volver a escribir actualizaciones regularmente. ¿La razón?
“Muchas de las personas con las que hago negocios están también en Twitter. Estar fuera era imposible. Fue un error.”
La entrada (y la viñeta, dibujada el año pasado) resumen muy bien lo que está pasando con el progresivo crecimiento del fenómeno del nanoblogging: empezar a responder con una cierta regularidad a la pregunta de “¿Qué estás haciendo” delante de una serie de seguidores en público o en privado, era algo que tenía que tener, lógicamente, sus efectos. En algunos casos, como reflejaba Hugh en su viñeta, se trata de efectos en el tipo de cosas que escribes en tu blog: para mí, por ejemplo, mirándolo en perspectiva, Twitter ha significado una caída importante del número de entradas del tipo “mi querido diario”, de las de “estoy aquí, voy allá o hago ésto”, que ahora son recogidas de manera puntual por ese “diario constante” que es Twitter, un protagonismo que no pensé que alcanzaría cuando empecé a jugar con esa herramienta. Pero además, se ha convertido en un elemento importante de la vida cotidiana: como en el caso de Hugh, muchas personas que tienen relación habitual conmigo utilizan Twitter para localizarme, saber de mi vida, decidir si utilizan medios síncronos como el teléfono o la mensajería instantánea, o si en su lugar me escriben (o me dejan por imposible), etc. La evidencia de ese uso, comunicado por muchas personas de mi entorno, es tan clara que desembocó en la decisión de, aprovechando que se me acababan las tarjetas de visita, poner en las nuevas la dirección de mi página de Twitter: cuando das una tarjeta a alguien se supone que es para que te pueda contactar, y contactarme a mí es decididamente más sencillo teniendo en cuenta lo que dice mi página de Twitter. Sin olvidar, por supuesto, de la función que valoré originalmente en la herramienta: mantenerme mucho más en contacto con mis amigos (y puedo asegurar que mi distancia con aquellos a los que sigo en Twitter se ha reducido de manera importantísima, tanto como lo que conlleva saber, en cada momento, lo que tus amigos te dicen que están haciendo, o recibir comentarios sobre lo que estás haciendo tú).
De manera natural, una herramienta tan flexible tenía que favorecer una amplia variedad de usos. Más allá de los idiotas que se dedican a criticar eso de “la página de Twitter de Fulanito es muy aburrida, fíjate qué ególatra, se dedica a contar su vida, y eso no le interesa a nadie…” (¿y qué quieres que se dedique a hacer en una página diseñada precisamente para eso?), y sin llegar al divertido extremo autorreferente de Biz Stone, en cuya tarjeta de visita pone “¿What are you doing? Giving out my business card”, lo cierto es que el nanoblogging empieza a alcanzar una madurez de lo más interesante, al tiempo que van apareciendo alternativas que extienden sus prestaciones, compiten con los actores iniciales, o plantean prestaciones relacionadas: aplicaciones como Jaiku, adquirida por Google, en pleno traspaso al nuevo Google App Engine y que extiende el concepto de agregación RSS; Pownce, que incorpora nuevas posibilidades en la definición de los receptores de los mensajes, o las españolas Twitxr, con posibilidad de geolocalización e incorporación de fotos; o Jisko, desarrollada mediante código abierto y que avanza en una muy interesante lista de funciones que van incluyendo casi todas las que poseen sus precursores.
Un modelo, el de nanoblogging, que se extiende además apoyado por una gran compatibilidad: toda la información producida genera un feed RSS que permite consolidarla usando otros servicios a modo de contenedores, o las aplicaciones ofrecen APIs que posibilitan la integración. Ahora mismo, tiendo a alimentar mi Twitter porque me resulta cómodo hacerlo así, fundamentalmente por la posibilidad de uso de GTalk o TwitterBerry en movilidad y por la existencia de Twitterrific en el Mac, pero puedo usar tambien Jisko (si hago una actualización en Jisko aparece automáticamente en mi Twitter) o en Twitxr si quiero subir una foto (que igualmente es trasladada a mi página de Twitter con el correspondiente vínculo). Un panorama de aplicaciones combinadas donde cada usuario encuentra su forma óptima, y que parece estar llevando el fenómeno del nanoblogging a una incipiente madurez, superadas ya la explosión mediática inicial y la cara de haba de quienes no alcanzan a entender qué tipo de razones llevan a alguien a mantener un diario de sus actividades de ese tipo. Algo más de un año después de su puesta de largo oficial en el SXSW de Texas, el nanoblogging sigue aquí, se extiende su uso y se diversifican cada vez más sus ofertas y posibilidades.






17.04.2008 a las 09:33 Permalink
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17.04.2008 a las 18:01 Permalink
Análisis sobre el "nanoblogging"…
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17.04.2008 a las 18:55 Permalink
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18.04.2008 a las 11:53 Permalink
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19.04.2008 a las 09:46 Permalink
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23.04.2008 a las 05:31 Permalink
[...] Ciberescrituras en Sobre la madurez del nanoblogging. Allí Juliana retoma a Enrique Dans y su post Nanoblogging: la segunda etapa y nos dice: “¿Está madurando el nanoblogging? Sin lugar a dudas estamos madurando nosotros con [...]
24.04.2008 a las 18:17 Permalink
[...] no se estilan los emails o las llamadas telefónicas, solo los twitters, no estar en twitter es como morirte de hambre, menuda tontería. He trabajado durante años en una gran consultora tecnológica, y los millones [...]
27.04.2008 a las 11:03 Permalink
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11.11.2008 a las 12:11 Permalink
[...] cuestión en la blogosfera. Así, además del interesante mensaje de Fernando Polo, puedes leer a Enrique Dans, a Raúl Hernández (aquí y aquí) o a Antonio Toca, en el blog [...]