La reciente votación para la aprobación de OOXML como estándar ha puesto de manifiesto las dificultades con las que la International Standards Organization (ISO) se encuentra cuando intenta hacer frente a decisiones rodeadas de un fuerte componente de intereses económicos o políticos. Las evidencias flagrantes de corrupción en países como Suecia, Noruega, Suiza, Portugal o Malasia, y el súbito interés de países sin ninguna tradición y clara falta de conocimientos por formar parte de los comités de votación (con una fuerte correlación, además, entre dicho comportamiento y elevados valores en el cómputo del CPI, Corruption Perception Index), respondidas por Microsoft únicamente con acusaciones de “y tú más”, dejan claro que el organismo para la determinación de los estándares necesita un poco de su propia medicina: es preciso estandarizar los mecanismos utilizados para dichas votaciones. Hasta el momento, cada comité nacional podía, reconociendo las diferencias entre ellos, determinar las reglas del proceso, una heterogeneidad que facilitó enormemente la tarea de compra de votos o voluntades que en algunos casos , como Suiza o Portugal, llegaron a afectar a los propios directores de las oficinas locales de los comités de estandarización. ¿Hasta que punto hay que sobornar al director de un comité como para que decida poner en juego su prestigio profesional afirmando que no se puede permitir la entrada de determinadas empresas en la sala de votaciones porque no hay sillas disponibles (caso de Portugal), o que no se puede votar negativo porque ese no es el papel atribuido a ese comité (caso de Suiza)?
A través de Ars Technica llego a una carta abierta que Geir Isene, CEO de Freecode, escribe a ISO, comentando estos recientes problemas y poniendo de manifiesto la necesidad de reformar el funcionamiento del organismo regulador, particularmente ahora que los problemas han trascendido de manera evidente a la opinión pública y amenazan con producir un evidente descrédito de la organización. Una necesidad de reforma evidente teniendo en cuenta, además, que la eventual pérdida de credibilidad sería probablemente un resultado positivo precisamente para quienes intentan corromper los procesos de estandarización, al conseguir el propósito de esparcir dudas e incertidumbre sobre la importancia de dichos procesos. Dada la importancia que las decisiones de la ISO tienen a nivel internacional, se hace preciso estudiar detenidamente los procedimientos empleados por la organización, o el peso otorgado a los diferentes países: ¿debe el voto de China tener el mismo peso que el de Chipre? ¿No debería investigarse el súbito interés de Trinidad y Tobago, Colombia, Costa de Marfil, Chipre, Líbano o Malta, países todos ellos con un nulo historial de participación en ISO, por enviar representantes a las votaciones? Quién sabe, al final es posible que el absoluto descaro de Microsoft en sus intentos de corrupción acabe teniendo un resultado positivo de cara a obtener una Organización Internacional para la Estandarización libre de toda duda acera de su funcionamiento. Ahora sólo queda esperar lo imposible: que estas reformas lleguen antes de Febrero.






09.09.2007 a las 13:26 Permalink
[...] claro, los bancos; todos con sus normas ISO de calidad. Nunca me fié de esas normas y últimamente se ponen muy en evidencia , como nos lo explica Dans en relación con la batalla por el estándar [...]
03.12.2007 a las 23:56 Permalink
[...] de Microsoft para utilizar tácticas de lobbying sobre los países con voto negativo, que resultó tristemente característico de la fase anterior, ha comenzado ya, y está siendo seguido con atención por [...]
28.03.2008 a las 22:21 Permalink
[...] Se hicieron algunas indicaciones (las que alcanzaron en el tiempo asignado) y se agregaron para la respuesta del equipo técnico de Microsoft. Sin embargo, la votación no estuvo exenta de problemas, ya que los Gates Boyz se dedicaron a infundir temores sin un fundamento sólido, ofrecer el pago de membresÃa en los diferentes entidades de normalización e incluso intervenir directamente en la toma de decisiones. [...]