El Blog de Enrique Dans

La economía del compartir

Escrito a las 8:54 am
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Compartir en vez de tener - Avianca (pdf)Gabriela Origlia me envió algunas preguntas por correo electrónico para la revista de las líneas aéreas colombianas Avianca, sobre el desarrollo de la llamada “sharing economy”, o economía del compartir, y me cita en su reportaje titulado “Compartir en vez de tener” (en pdf)

A continuación, el texto completo de las preguntas y respuestas que intercambiamos:

P. ¿Qué factores te parece que influyen en el surgimiento de la “sharing economy”?

R. El desarrollo de la “sharing economy” responde a un descenso muy brusco de los costes de coordinación y comunicación, provocado por el desarrollo y popularización de la red y de las aplicaciones móviles. Antes de dicha popularización, poner en marcha y lanzar comercialmente mecanismos que coordinasen oferta y demanda era una tarea compleja y al alcance de pocos, lo que generaba mercados caracterizados por la ineficiencia. En el mercado del transporte de pasajeros o en del alojamiento turístico, por poner dos ejemplos de reciente actualidad, existían bolsas muy importantes de capacidad ociosa en manos de personas que no podían, aunque lo deseasen, ofrecer sus servicios como conductores o como prestadores de alojamiento, porque carecían de un mecanismo que les permitiese hacerlo fácilmente y con las adecuadas garantías. A partir de la popularización de la web y del fenómeno smartphone, surgen prestadores de servicios que ponen en marcha plataformas de coordinación basadas en mecanismos sencillos que facilitan la comunicación entre oferta y demanda posibilitando un aprovechamiento más eficiente de ese mercado. Si añadimos una capacidad de comunicación cada vez al alcance de más compañías, tenemos el surgimiento de la “sharing economy” como fenómeno que algunas compañías, como Uber, Lyft o Airbnb, entre otras, tratan de explotar.

P. ¿Qué rol juegan las redes sociales?

R. Las redes sociales generan, en primer lugar, un efecto indirecto: al ser una de las aplicaciones de implantación más popular, su uso funciona como un incentivo para la adquisición de smartphones y planes de datos, contribuyendo a la popularización de una plataforma que ha resultado fundamental para el desarrollo de las apps que sustentan la “sharing economy”. Además, juegan un claro papel de canal de comunicación: en un tejido social de uso tan intenso y popular como el actual, las buenas ideas circulan a gran velocidad. Finalmente, algunos mecanismos básicos de la “sharing economy”, como la evaluación colectiva (que permiten puntuar al prestador de un servicio y proporcionar una medida de su calidad y un incentivo para mantenerla), también se originaron en plataformas sociales.

P. ¿Te parece que es posible desplazar la fórmula costo/beneficio que domina hoy las relaciones económicas? ¿Qué perspectivas de crecimiento le vez a la “sharing economy”? ¿Hay sectores más permeables a este esquema?

R. El efecto de la “sharing economy” desde un punto de vista económico es un aprovechamiento más eficiente del área situada bajo la curva de la oferta y la demanda: gracias a mecanismos eficientes, surgen nuevos incentivos para prestadores de servicio que satisfacen las necesidades de determinados clientes, que optan por esa oferta frente a la tradicional. Los sectores más permeables son los caracterizados por niveles de ineficiencia más elevados: en el caso del transporte de viajeros, es claro que algunas de las restricciones que convierten de manera artificial la oferta en escasa están diseñados no para favorecer al usuario, sino a quienes adquieren unas determinadas licencias y a quienes las conceden. Pero esas licencias, ante el desarrollo de una capacidad ociosa y de unos usuarios dispuestos a hacer uso de ella, no son capaces de mantenerse como restricciones artificiales, y terminan por caer a medida que la sociedad detecta que no tienen sentido.

P. ¿Cómo enfrenta la competencia estas propuestas?

R. Lo que más caracteriza la reacción de los competidores tradicionales es la desinformación. En la mayor parte de los casos, lo que vemos es un descrédito del nuevo entrante en virtud de criterios falsos, basados en información tendenciosa, o directamente sin sentido, carentes de datos. El resultado son argumentos extremadamente fáciles de desmontar, lo que redunda en un importante apoyo popular a los nuevos entrantes y un descrédito de los tradicionales. Otras reacciones, como las huelgas o las denuncias, suelen generar igualmente reacciones negativas en los consumidores, contribuyendo a posicionar a los competidores tradicionales como “defensores de sus intereses” frente a unos nuevos entrantes que tratan de generar mercados más eficientes y con mejores condiciones.

Premios que hacen ilusión

Escrito a las 8:20 am
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AdigitalLa Asociación Española de la Economía Digital lanza los I Premios Adigital, con la idea de reconocer la excelencia que han alcanzado personas, instituciones o empresas de ámbito nacional en el campo de la economía digital, y tienen el detalle de pensar en mí como nominado para la categoría de comunicación y divulgación.

Una nominación que me hace especial ilusión: primero, porque viene de la asociación más representativa en nuestro país en este ámbito, que tiene la idea de crear unos premios, y va y me nomina nada menos que para su primera edición. Segundo, porque me acompañan en la categoría monstruos como Teknautas, la fantástica sección de tecnología de El Confidencial, con la que colaboro en ocasiones y que responde al trabajo y esfuerzo de un buen puñado de profesionales, o como la genial comunicadora, escritora y periodista Mara Torres.

Y tercero… porque supone que me premian por hacer algo que me gusta mucho hacer y que he convertido en una parte importante de mi trabajo: leo, comunico y escribo sin responder a más agenda que el interés por entender bien las cosas y preparar mejor mis clases, tratando de hacer que mi actividad docente, además de responder a las (lógicamente elevadas) expectativas de mis alumnos, trascienda las paredes del aula y llegue un poquito más allá. La nominación indica, como mínimo, que tras casi doce años leyendo y escribiendo todos los días sobre la tecnología y sus efectos, la cosa no va por mal camino :-)

Muchísimas gracias.

Corrupción: no me hagas reír

Escrito a las 8:32 am
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IMAGE: Gunnar Pippel - 123RFAyer, en el Senado de España y a través de Twitter, un presidente de gobierno pidió perdón a los ciudadanos por los ya incontables escándalos de corrupción que inundan la vida política española hasta el punto de haber convertido lo que ya nunca fue una democracia, sino una triste partitocracia, en una auténtica corruptocracia. Y lejos de alegrarme por el reconocimiento del evidente problema y ante la débil o casi evanescente promesa de intentar ponerle solución, mi única reacción posible ante las palabras de ese presidente es la de “no me hagas reír”.

Nunca he sido ni seré político, ni políticamente correcto. Pero de gestión sí sé, sobre todo cuando la gestión toca los temas sobre los que llevo leyendo, escribiendo y dando clase veinticinco años. E incluso si no tuviese en cuenta todos los escándalos que salpican la vida política española actual, si únicamente tuviese ojos para aquellos en los que tengo una opinión formada y autorizada, las palabras del presidente me generan una incredulidad tan profundamente arraigada, un convencimiento tan absoluto de que únicamente está representando un absurdo papel que no se cree ni él mismo, que únicamente pueden llevarme a la risa. O en realidad, me llevaría a la risa si una cosa así pudiese tomarse con humor, cosa que hace ya mucho tiempo que dejó de ser posible. Porque, entere otras muchas cosas, esa fiesta de corrupción, ese reparto indecente de dineros y comisiones hasta límites completamente insostenibles, lo estoy pagando yo. Lo estamos pagando todos. Todos los días, una mano invisible se mete en nuestros bolsillos para pagar la fiesta de un montón de sinvergüenzas. Y el jefe de todos ellos se puso en pie ayer en el Senado, y pidió perdón. Genial.

Que el presidente de un partido y un gobierno tocado por escándalos de todo tipo y que mantiene en sus cargos a todo tipo de personajes siniestros, desde ministros a responsables de todo tipo de funciones en su partido pasando por alcaldes, concejales, diputados, senadores, presidentes de comunidades autónomas, consejeros, secretarios de estado y todo el escalafón completo de cargos imaginables pida perdón a los ciudadanos por la corrupción es tan alucinante, que solo cabe plantearse cómo es posible que no se abra la tierra en ese mismo momento bajo sus pies y lo engulla en medio de una lengua de fuego. Estamos hablando, y voy a tener el detalle de tocar únicamente los temas sobre los que tengo información directa, del mismo presidente que pacta con una empresa española no llevar al parlamento ni legislar nada que afecte a la neutralidad de la red, porque a esa empresa no le interesa.

El mismo presidente que, a través de su siniestra vicepresidenta, acuerda subvencionar a los periódicos “de toda la vida” con subsidios extraídos de las empresas de internet para que pinten las noticias en tonos propicios a sus intereses, incluso llegando al punto de cambiar a los directores que se estaban “portando mal”. Un presidente que pretende controlar los medios de comunicación tal y como lo hacía el Túnez de Ben Ali o el Egipto de Mubarak. O China, o Irán… todo sea por no salir mal en sus portadas. Con un presidente corrupto, medios de comunicación igualmente corruptos. Vendidos al poder. Todo muy coherente. Y esto se vota mañana.

Efectivamente, el mismo presidente que entró en negociaciones secretas con empresas norteamericanas – ya ni siquiera con el gobierno, sino con asociaciones de empresas privadas – para cambiar leyes en nuestro país que favoreciesen a sus intereses, que les permitiesen repartirse de manera indecente dinero público, o que conscientemente tomó medidas para hurtar a los jueces la capacidad de impartir justicia en determinados delitos. Sí, ese presidente, el mismo que puso al ministro de cultura que aprobó esa ley nada más llegar al cargo. Ese mismo presidente que, siendo ministro de cultura, conoció de primera mano toda la miserable corrupción que rodeaba los mecanismos por los que algunos “artistas” robaban el dinero de los derechos de autor que recaudaban inspectores por bares y cafeterías de todo el país, y no solo lo toleró, sino que lo auspició directamente convirtiéndose en “amigo” de esa institución, de esa cueva de ladrones.

Y solo estoy tocando los temas sobre los que tengo información directa, los que he estudiado. Porque si miramos un poco más allá, si abrimos un poquito el paraguas que ampara todo eso, podríamos hablar de un presidente aupado únicamente por un dedo índice, no porque nadie decidiese democráticamente que era el mejor preparado o el más adecuado para su cargo. Un impresentable que ha medrado en la política partidista toda su vida y que pretende perpetuar el sinsentido de la misma, la paradoja de que los partidos, que deberían estar en la base de la democracia, sean las estructuras menos democráticas que tenemos en este país, auténticas cuevas de ladrones donde reinan el culto al líder, dinastías con nombre y apellidos, y donde se medra en función del escalafón y de los méritos turbios. Las mismas estructuras que han desacreditado la política hasta el límite de impedir que atraiga a prácticamente ningún gestor que valga la pena o que pudiese haber demostrado algo en algún momento fuera de ella.

El mismo presidente que se negó a aprobar leyes de transparencia a la altura de las circunstancias, que excluyó de esas mismas leyes todo tipo de actividades para evitar su supervisión, que permitió que surgiesen todo tipo de argucias y subterfugios para financiar a los partidos o a sí mismo, que toleró donaciones, favores e intercambios impúdicos que tenían lugar bajo su más directa supervisión, bajo su misma nariz. Que pactó cargos y nombramientos futuros de responsables políticos a cambio de prebendas legislativas y de favores que tenían un impacto directo en las cuentas de resultados de las compañías. Sí, ese presidente cuya única forma de disculparse es “los otros también lo hacen”. Sí, ese. Ese impresentable.

Nos hemos acostumbrado tanto a ver cómo metían mano en el proceso legislativo, cómo “aparecían” artículos escritos por corruptos al dictado de intereses impresentables, cómo se negaban a escuchar a las infinitas voces que advertían sobre la falta de idoneidad o directamente la ceguera de sus medidas, cómo todas las votaciones caían siempre del lado “de los malos” porque en realidad, el propio acto de la votación era una mera pantomima, que nos hemos inmunizado. De la manera más triste y más grave que puede existir, hemos aprendido a golpe de experiencia que la corrupción era consustancial a nuestro país, estaba imbricada en todos y cada uno de sus estamentos, que era intrínseca a la actividad política. Que esa democracia que tanto costó conseguir era, en realidad, una maldita pantomima. Y uno de los que más esfuerzos ha hecho para que así sea y para que así siga siendo resulta que se levantó ayer en el Senado, y pidió perdón. No me hagas reír.

Eres impresentable. Eres lo más profundamente hipócrita y lo más tristemente resignado que podría haber llegado a la presidencia de este país. Por no tener, no tienes ni la más mínima voluntad de cambio: solo unos toquecitos de maquillaje, un mohín, y a seguir como siempre. Das asco. Si realmente quisieras cambiar algo, harías una purga de cargos a tu alrededor que ya la quisiera Stalin. Te cargarías no solo a los corruptos, sino a todo aquel que alguna vez hizo algún chiste sobre la corrupción. A todo aquel que tiene la más mínima sombra de duda – es imposible, tendrías que empezar por hacerte el harakiri, y eso debe doler mucho y ser muy desagradable. Impondrías medidas estrictas de transparencia radical, de publicación inmediata de todas las cuentas incluyendo el gasto en post-its. O en sellos. O en sobres, ya que estamos. Asegurarías que ni un solo euro entra o sale de tu partido y del Estado sin estar adecuadamente reflejado en cuentas a la vista de todo el mundo – sí, la tecnología podría ayudarte mucho en ese sentido… suponiendo que tuvieras el más mínimo interés en ello, claro. Harías públicas las agendas de todos los cargos públicos: con quién se reúnen, de qué hablan, con luz y taquígrafos, con Twitter y con declaraciones inmediatas, sin dejar lugar a la imaginación. Perseguirías a todo aquel que simplemente hable de corrupción: no solo al político al que se la proponen, sino al empresario o al lobbista que la insinúa. ¿Cómo podemos esperar, si ni siquiera reconoces aún los escándalos de Gürtel, que alguna vez sepamos quiénes fueron las personas que, en sus respectivas empresas, negociaron o autorizaron esos pagos? Queremos saberlo todo, de uno y de otro lado. Pero ni nos dejas, ni nos vas a dejar saberlo.

Si la corrupción te importase lo más mínimo, trabajarías para mejorar la calidad de la democracia. Te esforzarías por conseguir una separación de poderes real y efectiva, y no por qué partido nombra a qué magistrado en el tribunal de turno. Lucharías por cambiar la ley electoral para que de verdad representase la voluntad ciudadana, y no fuese un turbio instrumento más para que siempre gobernéis los mismos. Intentarías establecer vínculos entre representantes y representados, en lugar de convertirte en el zar que tiene el sacrosanto privilegio de repartir prebendas y cargos al hacer las listas. Establecerías controles ciudadanos de todas las actuaciones gubernamentales a todos los niveles que permitiesen exigir responsabilidades políticas inmediatas a quienes no cumplen, por acción o por omisión, con lo encomendado. No, no hablo de ideologías: hablo de metodologías. Hay tanto que hacer. Y es tan difícil, o imposible, pensar en ti o en tu partido para hacerlo…

¿Disculpas? ¿Comprender a los ciudadanos? ¿Hartazgo? ¿Indignación? Los indignados somos nosotros, presidente. Lo estábamos ya hace algunos años, y lo seguimos estando, ahora mucho más y con muchas más razones. Con muchas más evidencias. ¿Disculpas? No me hagas reír. O mejor, directamente: vete al carajo.

 

This article is also available in English in my Medium page, “The Spanish prime minister’s worthless apology for yet another corruption scandal

Google Glass: el producto que no resistió la prueba del uso

Escrito a las 12:34 pm
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Google Glass droppedTwitter retira su aplicación de la tienda de Google Glass, dando lugar a algunas protestas aisladas de usuarios que no la encuentran al intentar reinstalarla, y dejando un hueco abierto para cualquier desarrollador independiente que quiera llenarlo… suponiendo que alguien tuviese algún interés en hacerlo.

La gran verdad parece ser que, pese a la total ausencia de datos oficiales de ventas para el producto procedentes de la compañía, las grandes proyecciones que se esperaban no solo no aparecen, sino que tampoco parece que se las espere con demasiado entusiasmo.

En su actual iteración, Google Glass es un producto que, pese a sonar originalmente bien, no resiste la prueba de un uso mínimamente serio: mi interés inicial ante la idea de superponer una capa de información a la realidad e interactuar con ella de manera sencilla resistió las primeras pruebas ocasionales de escasos minutos, pero se apagó completamente en cuanto tuve la oportunidad de tener las gafas unos días en casa para interactuar con ellas con total libertad.

Lo que inicialmente parecía una buena idea y deslumbraba en una prueba casual y rápida, se convertía en un aparato incómodo, con una interfaz de voz muy poco práctica y una táctil que te obligaba a llevarte continuamente el dedo a la sien, que fallaba en un buen número de ocasiones cuando intentabas llevar a cabo tareas sencillas, con una duración de batería completamente absurda, que terminabas usando relativamente poco, y que para algunas tareas, como conducir, se volvía una distracción que podía llegar a ser potencialmente bastante más peligrosa que accionar un GPS convencional o manejar el teléfono.

¿Por qué no se venden las Google Glass? Básicamente, porque como prototipo, llegan al punto de despertar un interés limitado en un grupo no muy grande de personas, pero que además lo pierden en cuanto tienen la oportunidad de probarlas seriamente o de hablar con alguien que las haya probado. Son “un prototipo demasiado prototipo”, con demasiadas limitaciones para ser considerado un producto serio. Los casos de uso son poco convincentes, y tienen más aspecto de ser un juguete (muy) caro que termina guardado en un cajón sin superar la prueba de un uso mínimamente serio. Demasiados temas que resolver. Al final, el resultado es el que es: pocos usuarios, poco nivel de uso incluso por los muy convencidos, y poca atención en torno al tema. Sinceramente esperaría más desarrollo y una etapa subsiguiente que generase más esperanza en un producto que parecía prometedor, pero empieza a parecer caad vez menos factible..

Tras el abandono de Twitter, una de las aplicaciones que podía plantear cierta comodidad para usuarios recalcitrantes pero que, igualmente, no ha llegado a pasar de un uso anecdótico del tipo “mira, tengo unas Google Glass”, pasaremos seguramente a una fase en la que los escasos usuarios que se hicieron con unas gafas vivirán el desesperante proceso de abandono en una Google ya tristemente acostumbrada a dejar caer sus productos cuando el mercado no responde. Para los proyectos de Google X, el primer fallo.

 

This article is also available in English in my Medium page, “Google Glass: it truly seemed like a good idea at the time…” 

Sobre el online learning

Escrito a las 1:41 pm
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IMAGE: Ivelin Radkov - 123RFPilar López Cuntín me hizo una entrevista para Método Consultores sobre el online learning, uno de esos temas sobre los que vuelvo de manera recurrente, y la ha publicado hoy bajo el título “Tras seis clases online conozco tan bien al alumno que podría recomendarlo“.

Hablamos sobre la importancia de la metodología y de conseguir realmente que los procesos educativos se beneficien del entorno online (frente a simplemente “colgar recursos y pretender que se estudien”), del papel de unos MOOC con los que soy moderadamente escéptico, sobre el papel de la tecnología y las herramientas, las limitaciones, o sobre la paradoja de que algunos aspectos – y no pocos – se desarrollen de manera claramente superior en los entornos online frente a los presenciales: la curiosa sensación que tienes, tras cerrar algunos grupos online, de que has podido cubrir más material y con mayor nivel de profundidad que en muchos grupos presenciales, y con el convencimiento de un mayor aprovechamiento por parte de los alumnos.

Crónicas de batallas perdidas de antemano: CurrentC

Escrito a las 2:06 pm
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CurrentCTras el debut de Apple Pay el pasado día 20 de octubre, algunos usuarios que habían utilizado sus terminales para pagar en cadenas de tiendas como Rite Aid o CVS empezaron a comentar que ya no podían hacerlo, porque las tiendas en cuestión habían deshabilitado la funcionalidad NFC de sus terminales. Aunque dichas cadenas no habían anunciado su adhesión a la red de Apple Pay, el mecanismo funcionaba perfectamente como en cualquier tienda equipada con lectores NFC.

La jugada, sin embargo, no tenía nada de accidental: apremiados por el lanzamiento de la compañía de la manzana, un grupo de cadenas de distribución entre las que se encuentran, además de las citadas Rite Aid y CVS, otras como Kmart, Sears, Target, Walmart, Best Buy o 7 Eleven han decidido bloquear su funcionamiento (y de paso, también el del más minoritario Google Wallet, igualmente basado en NFC) a la espera de la puesta en marcha de su propio medio de pago, llamado CurrentC, que se espera para la primera mitad de 2015 y está basado no en NFC, sino nada menos que en… códigos QR. Esos mismos códigos QR que llevan entre nosotros desde hace ya tiempo inmemorial, pero que poquísima gente utiliza de una manera habitual y muchos analistas ya han dado por muertos

Un sistema sensiblemente más incómodo y aparatoso a la hora de pagar que los lanzados por Apple o Google, que implica escanear un código QR y mostrárselo al dependiente de la tienda para que a su vez lo escanee de nuestra pantalla tras haber verificado nuestra identidad, pero que tiene dos virtudes importantes: permite la incorporación de programas de lealtad, y no utiliza como base de cobro la tarjeta de crédito (el importe es debitado directamente en la cuenta bancaria del usuario), lo que posibilita que las cadenas de tiendas se ahorren las comisiones de VISA, MasterCard o American Express.

Un ejemplo claro de sistema que, con casi total seguridad, nadie quiere salvo los que lo promueven: la idea de cambiar la comodidad de utilizar nuestro teléfono en un mecanismo con un solo paso por otro en el que tenemos que hacerle una foto a un código, identificarnos con un carnet de identidad y mostrar el terminal al cajero para que lo pase por su escáner resulta bastante absurda. Cuando ya he probado un sistema realmente cómodo para pagar y lo he puesto a prueba en multitud de establecimientos, resulta que en algunos no puedo usarlo, porque a la tienda no le da la gana de permitírmelo a pesar de contar con todos los medios para hacerlo, y además van y me proponen un medio sensiblemente más incómodo y aparatoso.

Una estrategia que claramente prioriza el interés de los comercios frente a la comodidad de los usuarios, y que pretende que los clientes hagan cosas que no quieren hacer por obligación, por decreto. Varias de las cadenas de distribución más importantes de los Estados Unidos están detrás de este sistema, y realmente, resulta difícil pensar que muchos clientes vayan a decidir cambiar sus establecimientos de preferencia frente a factores como la proximidad, la conveniencia o la familiaridad, pero si esos no son los elementos de libro para una batalla perdida de antemano, a pesar de la importancia de los actores implicados, muy pocos lo son. Me apuesto algo a que dentro de alrededor de un año, veremos la marcha atrás de las cadenas en cuestión desmantelando la operativa del enésimo medio de pago fallido, y volviendo a habilitar los lectores NFC de sus terminales. Y si no, al tiempo. Dentro de un año, esta entrada seguirá aquí para ser actualizada…

 

This article is also available in English in my Medium page, “Chronicle of a death foretold: MediumC

Gamificación, en La Vanguardia

Escrito a las 11:02 am
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Gamificacion: las emociones mandan - La VanguardiaEsteban Hernández transformó para La Vanguardia una conversación telefónica larga y desorganizada sobre un tema que me gusta mucho, la gamificación, en un artículo bien estructurado y documentado que me ha gustado bastante.

Se titula “Gamificación: las emociones mandan” (pdf), y apareció el pasado jueves 23. Hablamos sobre el componente histórico de la gamificación, que desde mi punto de vista, tiene la misma base que muchas de las promociones basadas en esquemas de puntos o de objetos coleccionables que se llevan haciendo toda la vida, per incorporan además la dimensión digital que reduce fricción y la dimensión social que las hace mucho más atractivas (siempre es mejor jugar con tus amigos), y entramos también en la parte para mí fundamental de la psicología inversa, del compartir en forma de juego aquello que estimamos que ofrece una imagen adecuada o que nos gusta de nosotros mismos.

El componente de gamificación está resultando en muchos sentidos fundamental a la hora de plantear el atractivo de muchas propuestas en la web. Otra de esas implicaciones de la reinterpretación del marketing al pasarlo por el tamiz de lo digital que tenemos que tener cada día más en cuenta de cara al futuro.

La publicidad y las derivas generacionales

Escrito a las 9:55 am
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Derivas generacionales - Expansión (pdf)Mi columna de Expansión de esta semana, que al menos cuando yo la envié a redacción se titulaba “Derivas generacionales” (pdf), habla del interesantísimo cambio de tendencia que estamos viviendo con el fenómeno Snapchat, evidenciado en la primera campaña publicitaria que pusieron en circulación en su red el pasado domingo. Una campaña que no hace uso de una de las características de la red que hasta el momento parecían fundamentales: la capacidad de segmentación.

En efecto, la posibilidad de segmentar a la audiencia en función de variables sociodemográficas, intereses, comportamientos anteriores, preferencias, etc. ha sido una de las grandes ventajas que el entorno de la red ofrecía a los anunciantes: en lugar de hacer como la televisión o la radio, que únicamente pueden segmentar en función de bandas horarias o contenidos adyacentes y desperdician constantemente impactos con usuarios que no son tu público objetivo, concéntralos en aquellos usuarios que sabes que sí lo son, y que por tanto son más susceptibles de reaccionar ante ese estímulo.

Sin embargo, como bien explica la corta entrada en el blog de Snapchat anunciando la aparición de campañas publicitarias, la nueva generación de usuarios parece estar en desacuerdo. La segmentación y los modelos basados en la captura de datos les parecen “creepy”, y de hecho, quieren anuncios “como los de antes”, que les resulten atractivos y no les segmenten. En el fondo de la cuestión, el hecho de que la publicidad se convierta en un “objeto social”, no en algo que alcanza únicamente a algunos en función de sus características (dando lugar a ese FOMO, Fear Of Missing Out, derivado de comportamientos o preferencias expresadas anteriormente), que da lugar a un desafío importante, a formatos publicitarios que no solo deben ser considerados cool o intrínsecamente atractivos, sino que además no deben insistir ni repetirse hasta la saciedad a riesgo de provocar cansancio.

Un poco lo que yo llevo años llamando “el síndrome del león de Cannes“, que lleva a que esas mismas personas que habitualmente rechazan la publicidad o cambian de canal, acepten con gusto pasarse una hora viendo un programa con los anuncios premiados en un festival internacional de prestigio. No es que no nos guste la publicidad, es que no nos gusta ni la mala publicidad, ni el hecho de que, aunque un anuncio sea bueno, nos lo pongan veinte veces al día o en cada uno de los cortes de un programa, poniendo auténticamente a prueba nuestra paciencia y aguante.

La cuestión intrigante es qué ha llevado a que una generación que la mayor parte de los analistas consideraban la de “la muerte de la privacidad”, la que lo compartía todo con todo el mundo o la que no se preocupaba de exponerse hasta el extremo en las redes sociales, haya terminado rechazando la segmentación y prefiriendo redes en las que lo que se comparte no tiene trascendencia o en las que no tienen que pensar en las consecuencias de hacer clic en un sitio o compartir algo. Mientras muchas personas de generaciones más maduras consideran la segmentación y el hecho de recibir publicidad razonablemente adaptada a sus intereses una ventaja frente a lo indiscriminado de la publicidad de hace años, los más jóvenes consideran la segmentación como algo negativo, casi siniestro, y lo rechazan. Si tu negocio se basa en la publicidad segmentada, todo un elemento para reflexionar.

A continuación, el texto completo de la columna:

 

Derivas generacionales

La evolución del fenómeno Snapchat, con su imparable crecimiento y su estratosférica valoración de diez mil millones de dólares, está sacudiendo muchas de las suposiciones que atribuíamos a los más jóvenes.

En efecto, todos tendíamos a pensar que los adolescentes y preadolescentes de nuestros tiempos despreciaban la idea de privacidad. Que lo compartían todo incesantemente, como auténticos incontinentes adictos a la tecla. Por eso, ver cómo de repente abandonan Facebook en masa porque rechazan su modelo de privacidad y se refugian en Snapchat, comprometida con una comunicación que no deja rastros y una publicidad que no segmenta a sus usuarios, está resultando muy sorprendente.

Ojo: no quieren ser segmentados. Mientras las generaciones maduras consideran la segmentación publicitaria una ventaja frente a la publicidad masiva de medios como la televisión o la radio, porque eso asegura anuncios que tratan de adaptarse a sus gustos e intereses, resulta que los más jóvenes odian ser segmentados, y reclaman la publicidad “como era antes”. Cada vez que reciben un anuncio segmentado para sus características, piensan en la cantidad de información que la empresa tiene sobre ellos… y no les gusta. Les agobia.

Sí el fenómeno Snapchat representa de verdad una tendencia generacional, la más preocupada no solo debería ser esa Facebook que vio rechazada su oferta de tres mil millones por la compañía, sino, más que ninguna otra, Google. Una empresa que ha edificado su imperio sobre una publicidad adaptada en función de la información del usuario, precisamente el modelo que los jóvenes rechazan de plano. Si las preferencias de los más jóvenes apuntan a usar productos y servicios que no comercian con su información, la empresa de Mountain View tiene un problema muy serio. Un problema de deriva generacional.

 

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Twitter y la memoria colectiva de los desarrolladores

Escrito a las 12:25 pm
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Twitter FabricLa historia de Twitter está plagada de problemas de todo tipo con la comunidad de desarrolladores. Desde sus inicios, la filosofía de la compañía se centró en plantear ecosistemas de desarrollo enormemente abiertos, que permitían que prácticamente cualquiera crease aplicaciones de todo tipo relacionadas con los servicios de la compañía. Esto permitió que, al poco tiempo de su lanzamiento y popularización, los usuarios tuviesen acceso a clientes para prácticamente todas las plataformas, además de infinidad de servicios que trataban de mejorar las prestaciones que la compañía ofrecía en sus aplicaciones oficiales, de plantear servicios nuevos, etc. Muchas de las cosas que hoy vemos como completamente integradas y normales en Twitter, incluyendo funciones tan básicas como la integración de imágenes, vídeos o la geolocalización, fueron, en su momento, fruto del trabajo de desarrolladores de aplicaciones externos.

La respuesta de Twitter al interés de la comunidad de desarrolladores ha sido, como mínimo, compleja. No han sido pocos los momentos en los que la compañía ha llegado a alienar a esa comunidad mediante movimientos de todo tipo: a las numerosas adquisiciones o acqui-hires de compañías que destacaban en ese panorama, que son moneda relativamente común en este tipo de escenarios, se ha unido una constante vocación por nutrirse de las ideas planteadas por los desarrolladores, sin preocuparse demasiado por el futuro de los afectados. Desarrollar para Twitter ha sido en muchos sentidos un deporte de riesgo, siempre pendiente de que los anuncios de la compañía no convirtiesen en papel mojado los planes de las compañías implicadas. El lanzamiento de nuevos servicios, la redefinición de las reglas de juego, la relación con las aplicaciones que introducían publicidad en el timeline de los usuarios, o casos como el de Loïc LeMeur con Seesmic, que tuvo que pivotar el foco de su compañía en infinidad de ocasiones hasta terminar vendiéndola a Hootsuite, son moneda común en este sentido.

Ahora, tras múltiples episodios en unas relaciones que algunos han calificado de “guerra”, Twitter propone su plan más ambicioso con el desarrollo de Fabric: un ecosistema de diferentes herramientas pensadas para el desarrollo de aplicaciones móviles, que incluye múltiples funciones como la incorporación de nuevos usuarios, el análisis de los patrones de uso y la estabilidad, la propia integración con las herramientas de Twitter de cara a la difusión viral, o la obtención de ingresos mediante la integración de publicidad de la mano de MoPub, una de las adquisiciones estrella de la compañía. Una oferta que posiblemente sea difícil de rechazar para muchos desarrolladores, pero que lleva la firma de una compañía cuya reputación y relaciones con esa comunidad ha sido, cuanto menos, complicada.

Por otro lado, como resalta el fantástico análisis de Mat Honan en Wired, la jugada es seguramente lo más ambicioso que la compañía se haya propuesto desde su origen: permite que Twitter pase a ser una pieza básica en muchísimos ámbitos, que obtenga un control del ecosistema casi comparable al que puede llegar a tener el creador de un dispositivo o de un sistema operativo, y lleva a un escenario en el que muchísimos usuarios pasan a tener relación con la compañía… aunque no sean usuarios de Twitter en absoluto. Un movimiento capaz de cambiar la dimensión de la compañía, que se apoya en un paso fundamental: la adopción por parte de los desarrolladores.

¿Existe una “memoria colectiva” en la comunidad de desarrolladores capaz de generar una asociación de ideas negativa con respecto a lo que supone trabajar con Twitter como socio? O por el contrario, las historias de los problemas que tuvieron los creadores de aplicaciones de hace algunos años están completamente olvidadas y ya no tienen valor histórico alguno? El desarrollo de aplicaciones móviles es un ecosistema en continuo movimiento, con nuevas personas y empresas que entran y salen del panorama de manera constante. ¿Se presenta Twitter con sus herramientas como una propuesta atractiva y con un expediente limpio, o arrastra la evocación de sus tortuosas relaciones anteriores? Obviamente, ya ni siquiera hablamos de la misma Twitter: muchos de los directivos implicados en las controvertidas decisiones de entonces ya no están o no juegan un papel importante en el día a día de la empresa, que ahora tiene una dimensión completamente distinta y hasta cotiza en bolsa. Para Fabric, el paso fundamental es la curva de adopción, pero no en el público final, sino en una comunidad que, necesariamente, tiene que incorporar un nivel de reflexión en sus decisiones muy superior al que supone simplemente darle a un botón e instalar algo en un terminal. Tomar la decisión equivocada a la hora de desarrollar una aplicación puede tener una gran importancia de cara al futuro de la misma. En Twitter van a estar muy pendientes de la forma que toma esa curva de adopción…

 

This article is also available in English in my Medium page, “Twitter and the collective memory of the developers’ community (or lack thereof)

En la revista de moda de El Corte Inglés

Escrito a las 10:11 am
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Amos de la red - El Corte Inglés

Si pasas por la planta de caballeros de El Corte Inglés y echas un vistazo a la revista de moda que se distribuye allí, es posible que me encuentres en un par de páginas… posando como modelo!! De esas experiencias divertidas que te pasan por tener una página en la red y una cuenta en Twitter desde hace mucho tiempo, que te dan la oportunidad de conocer a cracks como Xavi Martínez, David Muñoz o Pablo Ibáñez, y que además te permiten llamar a tu madre más contento que unas castañuelas y decirle que se pase por El Corte Inglés si quiere vacilar con sus amigas… :-)

ACTUALIZACIÓN (24/10): en Expansión, “Cómo se visten los reyes del tweet” (pdf)…

ACTUALIZACIÓN (25/10): en As, “Cuatro líderes con estética propia” (pdf)…

ACTUALIZACIÓN (25/10): en Cinco Días, “Cuatro estilos para cuatro triunfadores” (pdf)…

ACTUALIZACIÓN (27/10): y en versión web

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