La noticia de que los agentes de inteligencia artificial pronto podrán igualar a los traders humanos no debería sorprender a nadie. Vlad Tenev, consejero delegado de Robinhood, lo ha dicho con claridad: la idea del trading agéntico es que cualquier capacidad disponible para un humano termine estando disponible para un agente de inteligencia artificial, y buena parte de la operativa institucional ya estaba automatizada mucho antes de que llamásemos a todo esto inteligencia artificial. La novedad no es que las máquinas entren en los mercados. La novedad es que el pequeño inversor pueda acceder a una versión empaquetada de herramientas que durante décadas estuvieron reservadas a quienes podían pagar ordenadores, modelos, datos y latencias imposibles.
Pero conviene desmontar antes el mito. La actividad del trader ha vivido rodeada de una épica completamente desproporcionada. Pantallas, adrenalina, llamadas, jerga y una cierta teatralidad de casino sofisticado. En realidad, su promesa era muy simple: “yo veo algo que los demás no ven”. El problema es que, cuando esa promesa se somete a verificación empírica, se deshace con una facilidad totalmente obscena.
La vieja historia del mono con los ojos vendados lanzando dardos a una pared para escoger acciones, popularizada a principios de siglo por The Wall Street Journal, sigue siendo una de las mejores metáforas sobre Wall Street. No porque los monos sepan invertir, sino porque muchos profesionales tampoco parecen saber hacerlo mejor de manera consistente. En aquel experimento, el simio volvía a dejar en evidencia a competidores humanos, profesionales y aficionados. La gracia no estaba en el mono, sino en la industria que necesitaba explicar por qué cobraba tanto por producir tan poco valor diferencial.
Eugene Fama, Nobel de Economía en 2013 junto con Lars Peter Hansen y Robert Shiller por su análisis empírico de los precios de los activos, lo formuló desde la hipótesis de los mercados eficientes: si los precios reflejan la información disponible, nadie puede batir de forma consistente a un índice sencillo. Naturalmente, los mercados no son perfectos. Tienen burbujas, pánicos, narrativas absurdas, información asimétrica, sesgos, manipulación, modas y errores colectivos. Precisamente por eso son fascinantes. Pero de ahí no se deduce que exista una casta de traders “buenos” capaz de explotarlos siempre. Se deduce que el mercado es un sistema complejo en el que distinguir talento de suerte resulta extraordinariamente difícil.
La evidencia acumulada es demoledora. El scorecard SPIVA de S&P Dow Jones Indices muestra una y otra vez que la mayoría de los gestores activos queda por debajo de sus índices de referencia, incluso antes de hablar del problema de identificar por adelantado a los pocos que sí lo harán bien. En 2025, el 79% de los fondos activos estadounidenses de gran capitalización no superó al S&P 500. Si una industria entera, con miles de analistas, terminales, modelos y comités de inversión, falla así de manera recurrente, quizá el problema no sea la falta de talento individual, sino la premisa misma. Cuando tu banco te llama para ofrecerte unas acciones o unos fondos, lo que en realidad te está diciendo es «déjame sacarte unas cuantas comisiones para poder mantener este chiringuito abierto y seguir pagando las nóminas de mis empleados a fin de mes».
La inteligencia artificial, por tanto, no va a matar al trader porque sea una profesión inútil, sino porque gran parte de lo que hacía era automatizable, repetitivo, emocionalmente contaminado y estadísticamente poco defendible. La inteligencia artificial leerá más documentos, reaccionará antes, detectará correlaciones más rápido y no se enamorará de una tesis porque la haya defendido en una reunión. Pero eso no significa que vaya a hacer los mercados perfectos. Al contrario: como advertía el FMI en su Global Financial Stability Report, la inteligencia artificial puede aumentar la opacidad, la concentración, la velocidad de las reacciones y el riesgo de comportamientos de rebaño algorítmico. Sustituir humanos impredecibles por máquinas entrenadas con datos parecidos no elimina el riesgo sistémico: puede hacerlo menos visible y más rápido.
Por eso mi conclusión como inversor es profundamente aburrida, y precisamente por eso funciona. Hace ya muchos años decidí poner mi dinero en Indexa Capital, una compañía española que invierte en carteras diversificadas de fondos indexados y que ha construido su propuesta sobre algo tan aparentemente poco glamouroso como reducir comisiones al mínimo imprescindible. No intenta venderme clarividencia, ni llamadas privilegiadas, ni la fantasía de que alguien sabe qué acción subirá mañana. Me ofrece exposición diversificada, disciplina, costes bajos y una idea fundamental: en inversión, muchas veces, ganar consiste simplemente en no pagar a alguien para que pierda por ti.
La sustitución del trader por la inteligencia artificial será presentada como una revolución. En realidad, será una ceremonia de sinceridad. Durante décadas llamamos talento a lo que muchas veces era azar, confundimos movimiento con valor, y aceptamos que unos intermediarios se apropiaran de una parte sustancial de la rentabilidad a cambio de una promesa estadísticamente endeble. El algoritmo no hará magia. Simplemente dejará al descubierto que, en los mercados, la inteligencia más rentable casi nunca fue operar más veces, sino asumir humildemente que uno no sabe más que el mercado, diversificar, reducir costes y esperar.
This article is also available in English on my Medium page (no paywall), «If 79% of experts can’t beat index-based trading, why would AI be any different?»


Batir al mercado de forma consistente es una fantasía y solo produce «Bernie Madoffs» a mansalva.
El otro día un rumano que es un profesional en pintura, baños, reparaciones, etc. me dijo que iba a montar una empresa de trading porque ha aprendido «como ganarle al mercado». Obvio que no metí ni un euro en ello y me dio mucha pena su falta de conocimiento y los amig@s a los que arrastrará a la ruina por la promesa de riquezas rápidas. Yo sé muy poco, pero sé lo suficiente para saber lo que ignoro.
La verdad es que en los últimos años lo mejor era apostar por la bolsa española, la mejor del mundo por un tiempo ya. Pero… ¿quién habría adivinado eso hace unos años?
Otro activo tremendo han sido las viviendas españolas. Yo compré en 2022 por 87.500 un piso en la provincia de Málaga. Había que reformarlo, pero era una ganga. Lo vendí en 2025 por 187.000. Yo no lo esperaba para nada que la vivienda subiera (más aun) tanto.
Volví a comprarme una ruina en 2025 por 240.000€ y estoy terminando de arreglarla. Ya idealista me dice que son 420.000€ por estar a 4km de la costa del sol y cerca de un centro comercial y con un barrio consolidado. (No pienso venderlo, me ha gustado y me he mudado dentro)
Es una locura, no tiene sentido. Ni las viviendas valen tanto ni la bolsa española debería subir entre el Covid, Ucrania, la corrupción que afecta a empresas del Ibex, ni el shock petroletro de Hormuz, etc.
Y eso no creo que lo saque ningún agente (humano o automatizado) ni ninguna consultora ni ningún bot semiautomático ni economistas de renombre. Ni siquiera una IA bien entrenada puede predecir la compraventa humana que dependa de factores desconocidos.
A ver quien es el guapo ahora que invierte en nVidia, Intel, etc. y se lleva un testarazo cuando explote la burbuja de la IA. ¿Va a apostar la máquina contra si misma?
Es inhabitual pero no es una fantasía. El caso de Renaissance Technologies con su fondo Medallion es muy ilustrativo de que un muy pequeño grupo de empresas sí obtiene resultados sistemáticos solo que están al alcance de muy pocos.
Duda razonable
Agentes contra agentes?
Me recuerda un poco a la película con algunos años en los que se ponía a jugar el ordenador contra el ordenador a tres en raya
Pregunta sincera, ¿Tu opinión sobre Indexa Capital es sincera o se trata de un post patrocinado?
¿De verdad a estas alturas me haces esa mierda de pregunta? ¿Vender un artículo? ¿YO, COÑO, YO???? No me jodas, por favor. Pongo mi enlace porque me parece lógico ponerlo, como los pongo cuando referencio libros en Amazon, pero mi opinión es total y absolutamente sincera, porque no tengo otra ni pienso publicar otra jamás. Indexa es lo mejor que han conocido mis finanzas desde que el mundo es mundo, y doy las gracias todos los finales de mes porque consistentemente ha batido al mercado y me ha hecho ganar mucho dinero. Pero de ahí a que les venda un artículo, va un trecho que jamás voy a cruzar. Ya hice experimentos con eso hace muchos años con mis propias normas, y no me gustaron. No es algo que quiera hacer, simplemente. Mi credibilidad y la confianza que espero inspirar a mis lectores son sagradas.
Te lo voy a poner muy clarito: NUNCA, JAMÁS, EN LA VIDA, MIENTRAS ESTA PÁGINA DEPENDA DE MÍ, TE VAS A ENCONTRAR EN ELLA UN ARTÍCULO PATROCINADO. ¿Te parece suficientemente claro o me tengo que hacer una canción en Suno y subirla aquí?
Sin entrar en el fondo de la cuestion…
«¿Te parece suficientemente claro o me tengo que hacer una canción en Suno y subirla aquí?»
Coño si… yo te hice un par hace unos años… XDDDD