Robots que saludan, cintas que trabajan

IMAGE: A humanoid robot gestures theatrically toward a luggage container on an airport conveyor belt while a nearby human worker actually activates the system, highlighting the contrast between automation and reality

Lo que estamos viendo en Japón no es exactamente una revolución consumada, pero sí una señal interesante de hacia dónde van algunas economías cuando el mercado laboral deja de ser una simple variable y se convierte en un cuello de botella estructural. El experimento de Japan Airlines en Haneda no es menor: la propia compañía lo define como un demonstration experiment, lo plantea por fases a partir de mayo de 2026 y lo enmarca en operaciones de asistencia en tierra a aeronaves donde la carga física, la escasez de personal y la necesidad de seguridad conviven de manera incómoda. La idea, además, es probar robots con forma humana porque, según JAL, pueden encajar en infraestructuras ya diseñadas para personas sin exigir grandes reformas. Ese matiz es importante: más que una apuesta por la espectacularidad del humanoide, es una apuesta por la compatibilidad con el mundo heredado.

Ahora bien, conviene no comprar la narrativa promocional sin pasarla antes por el filtro de la realidad: el problema de muchas historias sobre robotización es que confunden una demo con una capacidad industrial, una puesta en escena con una cadena de valor o una promesa con una operación. En este caso, además, el material visual difundido resulta casi involuntariamente cómico: el robot parece acercarse a un contenedor, amagar un empujón y hacer un gesto bastante teatral, pero el contenedor empieza a moverse cuando es un humano quien activa la cinta transportadora. Es decir, más que contemplar el nacimiento de un nuevo estibador aeroportuario, lo que vemos es una escena de marketing tecnológico todavía muy verde. Y eso no invalida la tendencia, pero sí obliga a describirla con precisión: esto no es «ya están sustituyendo personas», sino «están intentando averiguar si algún día podrán complementar tareas humanas».

La razón por la que este tipo de ensayos aparece antes en países como Japón y Corea del Sur no tiene nada de misterioso. Ambos países llevan años funcionando como laboratorios adelantados de lo que ocurre cuando el envejecimiento demográfico, la baja natalidad y la rigidez en la oferta de trabajo empiezan a apretar de verdad. La OCDE, en su nota sobre Japón, recuerda que la población en edad de trabajar cayó un 16% desde su pico de 1995 hasta 2024, y que la ratio de dependencia de mayores se ha más que duplicado. En Corea del Sur, la misma institución subraya el descenso sostenido de la población de 15 a 64 años, junto a la tasa de fertilidad más baja de la OCDE y una caída proyectada del empleo sobre población de aquí a 2060. Cuando una economía entra en esa lógica, automatizar deja de ser una opción glamourosa para convertirse, simplemente, en una forma de seguir funcionando.

A eso hay que añadir la presión coyuntural, que en Japón no es precisamente menor. Según la Japan National Tourism Organization, Japón recibió 3,618,900 visitantes en marzo de 2026 y 10,683,500 en el acumulado de enero a marzo. Más turismo significa más equipaje, más rotación, más presión sobre operaciones aeroportuarias ya tensadas por la falta de mano de obra. El robot, en ese contexto, no aparece como un sustituto total del trabajador, sino como una muleta para un sistema al que cada vez le cuesta más encontrar personas disponibles para hacer tareas duras, repetitivas y físicamente ingratas, como comentaba hace algunos años: en algunos entornos no se automatiza porque la tecnología sea perfecta, sino porque la alternativa humana empieza a no estar disponible en la cantidad, el coste o las condiciones necesarias. Si intentas buscar camareros humanos en Seúl, seguramente acabes antes pagando un robot, aunque no trabaje igual de bien.

Corea del Sur encaja aún mejor en esa lectura. No solo comparte el mismo estrés demográfico, sino que además lleva años mostrando una tolerancia social y empresarial muy alta a la automatización cuando esta resuelve un problema operativo concreto. No es casualidad que siga encabezando los rankings mundiales de densidad robótica industrial: la International Federation of Robotics sitúa a Corea en 1,220 robots por cada 10,000 empleados en manufactura en 2024, con Japón en 446, y ya en datos de 2023 la IFR colocaba a Corea en 1,012 y a Japón en 419. No hablamos, por tanto, de países que «empiezan a robotizarse», sino de economías que llevan mucho tiempo interiorizando que el capital automático es una respuesta razonable cuando el trabajo humano escasea, envejece o se encarece.

Sin embargo, hay un punto que me parece esencial para no dejarnos arrastrar por el fetichismo del humanoide: una cosa es automatizar y otra muy distinta es insistir en que la automatización tenga brazos, piernas y una especie de teatralidad antropomórfica. Muchas de las funciones que hoy vemos resolverse con éxito en logística, almacenes o restauración no necesitan en absoluto un robot que se parezca a nosotros, sino sistemas especializados, discretos y eficientes. El humanoide fascina porque permite contar la historia de «la máquina que hace mi trabajo», pero en la práctica muchas veces es una solución más difícil, más cara y más frágil que un diseño específico. En ese sentido, el gesto de saludar al contenedor no es solo ridículo: delata hasta qué punto seguimos vendiendo imaginación cinematográfica cuando aún estamos muy lejos de la robustez operacional que exige un aeropuerto.

Los aeropuertos, además, son un entorno especialmente incómodo para la retórica triunfalista. Un trabajo reciente sobre robots en espacios de tránsito, «Walking with robots: video analysis of human-robot interactions in transit spaces«, recuerda algo que la propaganda tecnológica suele olvidar: moverse entre humanos no es solo locomoción, es interacción social, ajuste mutuo, lectura del contexto y comprensión del propósito de los espacios. Los autores sostienen que robots técnicamente competentes pueden, aun así, perturbar el orden social de un aeropuerto porque no entienden bien cómo se desplazan y coordinan las personas. Dicho de otra forma: el verdadero desafío no es empujar una maleta, sino hacerlo sin estorbar, sin generar riesgos y sin convertir el entorno en una coreografía incómoda de humanos adaptándose a la torpeza de la máquina.

Y, sin embargo, sería un error descartar todo esto como simple humo. El mismo mes en que JAL presentaba sus ensayos aeroportuarios, hemos visto cómo un robot humanoide lograba en Beijing un tiempo de media maratón superior al récord humano. El dato, por supuesto, no significa que tengamos trabajadores robóticos de propósito general listos para cualquier tarea, pero sí indica que motores, control, percepción y autonomía están avanzando a una velocidad que hace muy difícil seguir despachando el fenómeno como simple ciencia-ficción. La cuestión no es si habrá más robots, sino dónde tendrán sentido antes y dónde seguirán siendo, durante bastante tiempo, una puesta en escena cara en busca de un caso de uso convincente.

En el fondo, Japón y Corea del Sur nos están enseñando algo muy incómodo: la robotización no llega cuando la tecnología alcanza una perfección abstracta, sino cuando la sociedad que la recibe tiene problemas suficientemente urgentes como para aceptar versiones imperfectas. Esa es la verdadera transición: no la del robot milagroso que sustituye sin fricción a un trabajador, sino la de economías que, empujadas por la demografía y por mercados laborales tensos, están dispuestas a tolerar máquinas todavía limitadas porque el coste de no usarlas empieza a parecer mayor. Por eso conviene mirar a Haneda con una doble lente: con escepticismo, porque hoy hay mucho gesto vacío, mucha demo inflada y mucho robot que todavía «interpreta» el trabajo más de lo que lo ejecuta, pero también con atención, porque cuando una sociedad empieza a considerar útil incluso una automatización torpe, normalmente no está anticipando el futuro: está reconociendo que el futuro ya le ha alcanzado.

2 comentarios

  • #001
    Dedo-en-la-llaga - 2 mayo 2026 - 12:51

    Comentario un tanto al margen: A mí hay algo que NO me cuadra. La diferencia entre los robots que vemos por ahí de una empresa muy conocida (Boston…) donde sus máquinas parecen ninjas moviéndose, y otras exhibiciones que yo mismo he puesto aquí de otras empresas, y luego otros robots en escenarios prácticos de la vida real, que tienen una soltura, una estabilidad y unos movimientos de un niño de 8 meses tratando de andar con sus dos piernas (el robot del aeropuerto es patético…) ¿Entonces?

    Responder
  • #002
    Gorki - 2 mayo 2026 - 13:12

    Sigo opinando que en la mayoría de los casos, (como es lógico, habrá excepciones), la robótica humanoide es una tontería, lo lógico es hacer unos robots con formas y actividades específicas a la labor que van a efectuar, Funcionan mejor las aspas de la minipimer, que un tenedor agitado por una mano robótica, y una cinta trasportadora de equipajes, que un robot con dos piernas llevando en cada brazo una maleta.

    ¿Te imaginas que el teletaxi que venga a buscarte es un coche normal llevado por un robot? ¿ No es mas razonable que el teletaxi lleve incorporado el sistema de conducción?, Claro que en el primer caso, en teoría, cualquier coche o camión podría a ser manejado por el robot, solo habría que explicar como se pone en marcha, como se utiliza la palanca de cambios y como funcionan los limpia prabrisas, espejos, luces, etc.

    Responder

Dejar un Comentario

Los comentarios en esta página están moderados, no aparecerán inmediatamente en la página al ser enviados. Evita, por favor, las descalificaciones personales, los comentarios maleducados, los ataques directos o ridiculizaciones personales, o los calificativos insultantes de cualquier tipo, sean dirigidos al autor de la página o a cualquier otro comentarista. Estás en tu perfecto derecho de comentar anónimamente, pero por favor, no utilices el anonimato para decirles a las personas cosas que no les dirías en caso de tenerlas delante. Intenta mantener un ambiente agradable en el que las personas puedan comentar sin temor a sentirse insultados o descalificados. No comentes de manera repetitiva sobre un mismo tema, y mucho menos con varias identidades (astroturfing) o suplantando a otros comentaristas. Los comentarios que incumplan esas normas básicas serán eliminados.

 

XHTML: Puedes utilizar estas etiquetas: A ABBR ACRONYM B BLOCKQUOTE CITE CODE DEL EM I Q STRIKE STRONG IMG

Resumen de privacidad

Este sitio web utiliza cookies para que pueda ofrecerte la mejor experiencia de usuario/a posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves al sitio web o ayudar a comprender qué secciones del sitio web encuentras más interesantes y útiles.