Hablar de soberanía digital es fácil… construirla no tanto

IMAGE: A woman stands on a crumbling balcony with an EU flag, looking at distant cloud data centers owned by major tech companies, connected by cables across a glowing digital landscape

Mi columna de esta semana en el diario económico de El Español, Invertia, se titula «Europa quiere soberanía tecnológica… pero sigue alquilando su futuro» (pdf), y trata sobre una idea que lleva ya tiempo circulando por Bruselas, pero que en los últimos meses ha dejado de ser una simple aspiración retórica para convertirse en una urgencia política, económica y geoestratégica: la de que Europa no puede seguir apoyando su economía digital, su administración pública y una parte creciente de sus infraestructuras críticas sobre tecnologías, plataformas y nubes que no controla. No estamos hablando ya simplemente de protección de datos, de multas a las Big Tech o de discusiones regulatorias más o menos sofisticadas, sino de una cuestión bastante más básica: quién tiene realmente la capacidad de decidir sobre las herramientas de las que depende una sociedad cuando esas herramientas dejan de ser accesorios y se convierten en elementos estructurales.

Durante mucho tiempo, Europa se permitió el lujo de pensar que bastaba con regular. Que mientras Estados Unidos innovaba y China escalaba, la Unión Europea podía reservarse el papel de árbitro moral, redactando normas, imponiendo límites y reclamando un espacio digital más justo, más transparente y más respetuoso con los derechos de los ciudadanos. Y en parte lo ha hecho: el DSA y el DMA han intentado poner coto al poder de las plataformas, mientras proyectos como Gaia-X o el Digital Europe Programme buscan construir una infraestructura más alineada con los intereses europeos. El problema es que regular no equivale a competir, y que poner reglas a las tecnologías de otros no te convierte automáticamente en soberano.

La dimensión real del problema aparece cuando uno mira la capa menos visible, pero mucho más decisiva, de la economía digital: la infraestructura. Según el especial de Financial Times con Sopra Steria, las compañías estadounidenses controlan en torno al 70% del mercado cloud europeo, una cifra que explica bastante bien hasta qué punto la supuesta autonomía digital del continente tiene todavía mucho de desiderátum. Cuando una parte tan importante del almacenamiento, del procesamiento y de la capacidad de cómputo depende de proveedores sujetos a legislación extranjera, hablar de soberanía sin tocar esa dependencia suena, como poco, voluntarista.

Lo interesante es que esa preocupación ya no se queda en el plano institucional. Está empezando a permear a empresas, administraciones y responsables políticos de una manera mucho más tangible. Un artículo reciente en Wired explicaba cómo varios países europeos y un número creciente de organizaciones están empezando a replantearse su dependencia de Amazon, Microsoft o Google por miedo a que esa dependencia termine volviéndose contra ellos, y citaba incluso el caso de la Cámara de Representantes neerlandesa aprobando mociones para reducir esa exposición. En paralelo, cada vez más países europeos empiezan a considerar que seguir externalizando su soberanía digital a compañías estadounidenses puede salir demasiado caro, no solo en dinero, sino en capacidad de maniobra.

Ese movimiento no significa, ni debería significar, autarquía digital. Sería absurdo pensar que Europa puede o debe desconectarse por completo de Estados Unidos, del mismo modo que sería ingenuo suponer que puede construir de la noche a la mañana sustitutos plenamente competitivos para todo. El punto no es ese. El desacoplamiento tecnológico europeo ya ha comenzado, pero será largo, costoso y exigirá un grado de coordinación entre estados miembros que la Unión no siempre ha demostrado tener. La cuestión no es si Europa puede vivir sin tecnología estadounidense, sino si puede permitirse seguir dependiendo de ella en ámbitos estratégicos sin desarrollar al mismo tiempo alternativas propias, interoperables y razonablemente competitivas.

Y ahí es donde la conversación se vuelve incómoda, porque la soberanía tecnológica no es gratis. CEPA estimaba a finales del año pasado que una estrategia integral de sustitución y autonomía digital podría costar del orden de 3.6 billones de euros, y otros análisis del mismo think tank elevan la factura potencial a una horquilla de entre 3 y 5 billones si se pretendiese reemplazar masivamente tecnología, software, hardware y servicios no europeos. Es decir, la soberanía tecnológica puede ser deseable, pero desde luego no sale barata. Obliga a invertir, a asumir duplicidades, a aceptar ineficiencias temporales y, sobre todo, a entender que depender de otros también tiene un coste, solo que normalmente está oculto… hasta que deja de estarlo.

También resulta revelador que esta discusión esté impulsando un renovado interés por el código abierto, la interoperabilidad y los estándares transparentes. ITPro citaba hace apenas unos días el informe State of Open Source Report 2026 de Perforce, según el cual el 63% de las organizaciones de la UE y el Reino Unido señalan el riesgo de vendor lock-in como una de las principales razones para apostar por soluciones open source, frente al 51% en Estados Unidos. No es una diferencia menor. Es la señal de que la autonomía empieza a entenderse no solo como una cuestión de bandera o de discurso político, sino como una arquitectura tecnológica menos cautiva, más auditable y más compatible con la idea europea de control, resiliencia y pluralidad.

En el fondo, de eso trata mi columna: de señalar que la soberanía tecnológica europea no puede seguir siendo una consigna bonita para comisarios y estrategas, sino que tiene que empezar a traducirse en decisiones concretas, en prioridades industriales y en una cierta madurez geopolítica. Porque Europa puede seguir creyendo que su papel consiste en civilizar a las plataformas de otros mientras alquila su infraestructura, su computación y buena parte de su futuro digital, o puede asumir de una vez que la dependencia tecnológica, en un mundo inestable, no es una comodidad: es una vulnerabilidad. Y las vulnerabilidades, cuando el contexto se complica, acaban siempre pasando factura.


This article is openly available in English on Medium, «Who holds the cables to Europe’s tech future

19 comentarios

  • #001
    Dani - 1 abril 2026 - 11:18

    Al final todos sabemos lo que pasa en realidad: en Europa llevamos ya muchos no aceptando las consecuencias de nuestras decisiones.

    Cada vez que la UE ha tomado una decisión en los últimos 20 años, todas las empresas europeas que compiten con chinas o americanas han pensado «Ojalá hiciera eso China o USA».

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  • #002
    D. FALKEN - 1 abril 2026 - 11:48

    Sinceramente, la preocupacion por la soberanía digital parece que sea una determinación casi exclusiva de actores sociales y funcionarios solo hasta cierto nivel. El plan de los -pongase aqui el calificativo a gusto del lector- representantes europeos no parece ser otro que cacarear poesia de cara a la opinión pública y en la práctica dispararse al pie traicionar a los ciudadanos europeos una y otra vez. La hoja de ruta: el vasallaje permanente. Las políticas estratégicas, una eutanasia. No puede haber mayor testimonio que la política energética. No puede ilustrarse mejor: cómo vender a los europeos cínicamente la dilapidación de su economía en favor del vasallaje a intereses particulares, más leales al dinero del otro lado del Atlántico, que a sus ciudadanos representados. De aquellos barros, …estos lodos. Es triste observar como europa es el hazme reir de cualquier analista internacional honesto. Mi deseo, como el de muchos, que en europa seamos soberanos en algo. Y para eso, ya sólo confío en los agentes sociales que esten comprometidos en la reconstrucción de este desastre.

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  • #003
    BUZZWORD - 1 abril 2026 - 12:49

    Lo de la soberanía tecnológica es un mito que proviene de paises que no creen en la globalidad, más bien de ideologías que basan su semilleros de votos en nacionalismos rancios y autarquías. De esos think-tanks como el project 2025 (aka Heritage) habla de

    The Heritage Foundation enfoca la soberanía tecnológica hacia la independencia estratégica de China y la seguridad nacional, abogando por restricciones de inversión y el aseguramiento de cadenas de suministro tecnológicas. La propuesta busca fomentar la competitividad mediante la desregulación, eliminando controles sobre la inteligencia artificial y la tecnología, a la vez que reforma agencias federales para eliminar enfoques de diversidad y priorizar la producción energética fósil (resumen IA google)

    En definitiva, una cosa y la contraria, cuando eres uno de los polos, aspiran a restringir el comercio global con China, y a la vez favorecer la desregularización global… unis cínicos como estamos comprobando día a día con el gobierno de las trampas del naranjito, miento sobre Iran pero a la vez quiero que me apoyen los demás en mi megalamanía. Y con la IA más de lo mismo, asume Antrhopic ¿alguna premisa ética? (como será el cotarro cuando hasta Darío Amodei se escandaliza de las peticiones vergonzantes de su país).

    El problema no está en regular, sino en la fuerza que tienes para imponer tu regulación. Cuba lleva soportando un bloqueo criminal, porque no tiene ojivas nucleares apuntando a EE.UU. y Maduro ha sido secuestrado pq es solamente un perro ladrador…

    ¿Que tiene que ver la soberanía digital y la IA con la fuerza? Pues todo. De hecho tomemos un caso aislado de un país cualquiera… P.ej. Túnez ¿va a poder tener cierta autonomía o citerio en sus decisiones? Pues si casi cero. Pero independiente que en Europa (UE) se hagan «inventos tecnológicos» que ese no es el debate, lo importante es que una serie de paises con economías fuertes se unan y puedan imponer que el mercado tenga una serie de regulaciones consensuadas con EEUU, Rusia, China, India, Brasil,…. para que paises como Túnez no sean puteados… se llama tener acuerdos comerciales, ética en los productos, en los negocios, y que no haya abusones HDP… , no se invadan países (EEUU, Rusia) por sus huevos morenos, se respeten los DDHH en todos los paises (EEUU; Irán, Venezuela,…) no se puede ser un «cochino jabalí» en EEUU y exigir a los demás lo que no haces en tu casa.

    Que las Big Techs sean americanas, es porque queremos que lo sean, en China viven tan ricamente sin lo malo de ellas (RRSS Meta, google,…) pero a la vez usan otras para fabricar en su país (Apple, Tesla, y casi todas)… es decir usan su soberanía para decidir que se le da a cada de esas empresas… y a la vez tienen sus propios conglomerados gigantes (Ali Baba, ByteDance, Deepseek/Wechat,…).

    Europa al no ser una entidad nacional, sino un conglomerado, tiene más dificil actuar como una sola voz, pero su fuerza reside precisamente en actuar como lo hace China, tener nuestros propios Champions, hacer alizanzas económicas, y dejar fuera del reparto a un «EEUU que mea fuera del plato» no hay otra. Aprovechar nuestro volumen sumando a UK /Canada/Australia/India, LATAM,…

    Solo sumando seremos soberanos e independientes. Y aislando a paises lamebotas de EEUU y atrayendo a aquellos más normales. La tarea no es fácil pero si ha demostrado el conflicto actual, es tan sencillo, como decir no al abusón y aislar a sus acólitos.

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    • Alqvimista - 1 abril 2026 - 13:28

      En el fondo casi me alegro de que gobierne el nefasto Trump, ha sido el revulsivo que necesitaba Europa para despertar: Defensa, tecnología, Energía, etc.

      ¡Quién nos iba a decir hace cinco años que hasta Canadá se planteara una unión con Europa! Y hoy leo que el Reino Unido
      Ya hasta la UE se plantea la posibilidad de expulsar a aquéllos países que no se comprometan con el proyecto europeo (que no son lamebotas de EEUU sino de Rusia. Bueno, casi es lo mismo).

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      • Alqvimista - 1 abril 2026 - 13:36

        Perdón, se cortó.

        Y hoy leo que el Reino Unido formará una nueva alianza con la UE en las próximas semanas.
        El Brexit se derrite. ¿Acabará esto con su reingreso en la UE? Están sólo a un referéndum para ello.

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        • f3r - 2 abril 2026 - 09:18

          Espero que no vuelvan. Sería una degracia para los demás volver a estar con estos sucios piratas egoístas (ya sin hablar de que en cada crimen de guerra o genocidio están ellos metidos, disfrutando como gorrinos en el lodazal): todo lo que pueda chupar, perfecto, a la hora de dar o ceder, soy soberano. Los anglosajones con los anglosajones (los yanquis), y la gente normal y de bien por otro lado, gracias.

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          • Yomismo - 2 abril 2026 - 14:10

            Puro racismo abierto y descarnado

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  • #008
    Benji - 1 abril 2026 - 13:32

    Deberíamos empezar por decirle a USA que se meta sus restricciones a ASML donde le quepan, eso sí sería soberanía. El «sí, bwana» de Mark Rutte da escalofríos cada vez que uno lo escucha. Y ese dirige la OTAN, brrr.

    Aquí en Europa todos se escudan detrás de Sánchez, el único de los 27 que se ha atrevido a decir «no» abiertamente y estar dispuesto a comerse las consecuencias. La cosa es que cuando Trump se ha enfrentado abiertamente a actores duros (China, India, Rusia, Brasil) que siguen firmes, pues cede o se embrolla en un laberinto de difícil salida (Irán, Cuba, Venezuela, Groenlandia) sin quedar mal. Pero quedan los que ceden con él (Japón, UE, México) que se ven demasiado serviles.

    Queremos soberanía pero no dejamos de pelearnos si el siguiente avión no americano será francés o alemán, así que mientras tanto seguiremos comprando F15 y demás.

    Al final mejor que Ucrania nos venda sus drones. Mas barato y a precio coste para que nos devuelvan lo prestado

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    • Alqvimista - 1 abril 2026 - 13:47

      Ni te imagina las armas ucranianas que ya estamos produciendo, incluso para exportar (porque Ucrania no puede al estar en guerra. Por ejemplo, el obús autopropulsado con ruedas 2S22 Bohdana de 155 mm que fabrica y exporta Polonia).

      Hace falta un consorcio tipo Airbus para la industria militar terrestre y marítima.
      Todos sería más fácil sin los chauvinistas franceses, por su culpa se ha frustrado el proyecto franco-germano-alemán para un avión más allá del F-35.
      Y los tontos alemanes empeñados todavía en comprar armas a EEUU con las subvenciones europeas…

      _
      Creo que tanto la UE como Japón empezaron dándole la razón al tonto pensando que así se calmaría, pero creo que esa postura ya pasó.
      La oposición groenlandesa ha sido el catalizador para la oposición europea.

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  • #010
    Pit - 1 abril 2026 - 15:57

    Cuanto antes todos entendamos que Europa no tiene ya capacidad alguna de influir, no ya en el mundo, sino en su propio destino, menos doloroso será.
    Todo se acaba, y los 4 siglos de supremacía de Europa terminaron en Yalta, hace casi un siglo . La engañosa inercia de la guerra fría acabó hace ya un tercio de siglo y no nos queda ya donde escondernos: la decadencia queda al desnudo, sin posibiidad de esconderla. Somos un conjunto de países a merced de otros, de la mísma forma que en el pasado se dio el fenómeno contrario.

    Así que decir que Europa debe aspirar a una soberanía tecnológica es como decirlo de África. Ortega nos adelantó en «Meditación del pueblo joven», que los esfuerzos inútiles de las sociedades conducen a la melancolía y pocas cosas más negativas que esa hay para los pueblos. Ahora mismo el fatalismo me parece deseable a la melancolia derivada de identificar objetivos absolutamente inalcanzables.
    Por cierto, muy recomendable releer ahora su «Europa y la idea de nación», en el que tan brillantemente elabora el camino que debía seguir Europa, y que resulta ser el opuesto al que nos hemos empeñado en tomar durante los últimos 75 años.

    En fin, Europa no puede ya aspirar a modelar nada, para empezar porque nunca ha llegado a sustanciarse en el sentido que le dio Ortega: una sociedad que toma conciencia de que existe desde hace más de mil años, aunque no tuviera instituciones asociadas, y decidiera construir esa estructura entorno a la recuperación de esa visión moral y cultural ya existente.
    Disfrutemos de la decadencia, que a menudo suele ir acompañada de épocas fecundas en aspectos humanos alejados del poder. Si a alguno le sirve de consuelo (a mí no), nuestro alter ego del otro lado del Atlántico no creo que tarde en seguir un camino similar.

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    • JM - 1 abril 2026 - 18:05

      Pues según tú lo que hay que hacer es tumbarse y esperar que llegue el fin…

      Pues prefiero cualquier otra opción aunque según tú sea inalcanzable. Mejor quedarse a medio camino de la meta que morir sin hacer nada.

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      • Pit - 1 abril 2026 - 20:16

        No digo que no deba hacerse nada, sino que no deben fijarse objetivos ilusorios que no harán más que aumentar la percepción de los ciudadanos de que las instituciones son inútiles
        Para empezar, la ventana de tiempo en la que el actor global «Europa» fue una posibilidad se ha cerrado. ¡Pero si no fuimos capaces de darnos una constitución!, Hubo que firmar el Tratado de Lisboa sin preguntar a la gente, tras los fracasos previos con la Constitución Europea.
        Las sucesivas ampliaciones y los mecanismos de bloqueo de los gobiernos nacionales, hacen que sea imposible considerar a la Unión Europea como un sujeto político relevante. En Bruselas es imposible tomar acciones decididas.y ágiles si un primer ministro de un país con elecciones en unos meses decide que le conviene bloquear alguna iniciativa.
        No existe un sujeto político europeo, el poder al que se aspira es nacional y ahí es donde la ciudadanía fija su juicio.
        El signo principal de decadencia es la imposibilidad de tomar las acciones necesarias para frenarla, a pesar de ser bien conocidas.
        El caso de la UE vendrá en futuras enciclopedias junto con a la definición de la palabra.

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        • D.M.G. - 2 abril 2026 - 10:27

          Comparto esta reflexión, de verdad, pero estoy con JM y con todos los que defiendan que hay que «tocar los huevos» hasta el final, porque éticamente Europa es la visión más humana que hay actualmente a gran escala y, de momento y generalizando, es el lugar de la Tierra donde se vive mejor desde un análisis macro (esto es, dejando al margen las pequeñas y escasas comunidades repartidas por todo el globo, que las hay).

          La lectura de Ortega es, cuando menos, selectiva. El propio Ortega en «La rebelión de las masas» argumenta que Europa es una nación en potencia precisamente porque comparte una tradición moral y cultural que ningún Estado-nación por separado encarna completamente. Usarlo para defender la resignación es casi lo contrario de lo que Ortega propone: él criticaba el particularismo nacionalista, no el proyecto supranacional. La melancolía que Ortega teme no viene de intentar y no llegar del todo, sino de no intentarlo…

          Y sobre Yalta como fecha de cierre definitivo: el orden post-Yalta también ha terminado, y precisamente eso abre un espacio de reconfiguración que no existía antes. La hegemonía americana unipolar post-1991 está en crisis. No estamos en un momento de consolidación del statu quo, sino de ruptura, y las rupturas son históricamente los momentos en que actores nuevos o renovados pueden posicionarse. Europa tiene más margen de maniobra hoy que en 1995 o en 2005, no menos, aunque le cueste verlo desde dentro.

          Sobre la incapacidad institucional como síntoma terminal: la dificultad para aprobar una constitución no es exclusiva de Europa ni es necesariamente mortal. Estados Unidos tardó más de una década en consolidar la suya y estuvo a punto de fracasar varias veces. La diferencia es que Europa lo ha intentado sin el pegamento de una amenaza exterior inmediata… hasta ahora. Lo que estamos viendo desde 2022, y especialmente desde 2025, es que esa amenaza ha aparecido por partida doble, al este y al oeste. La historia muestra que la integración europea avanza a saltos después de crisis, no de forma lineal. El Plan Marshall, el Tratado de Roma, el euro, NextGenerationEU son todos respuestas a presiones agudas.
          Que no se haya podido aprobar una constitución no es síntoma de fracaso, es fricción, y debatiendo más se podrá soslayar. El problema siempre es el tiempo, que agota, pero no significa fracaso, significa falta de entendimiento en un continente que hasta la Segunda Guerra Mundial ha estado permanentemente en conflicto.

          Personalmente, hace tiempo que intuyo un plan de acoso y derribo a la UE. Pero es una intuición, me falta (nos faltan) una cadena de datos que solo los historiadores podrán analizar con más perspectiva. Está ahí, y como queda evidente en estos momentos, su gran talón de Aquiles es la energía, no el talento ni las regulaciones ni los términos del contrato social. Aunque vale la pena matizar que ese talón de Aquiles es en parte autoinducido: las decisiones de las últimas dos décadas sobre dependencia del gas ruso fueron elecciones políticas, no fatalidades geográficas. Y eso es, en realidad y a mi entender, una buena noticia, porque lo que se construyó por decisión política puede reconstruirse por decisión política. El giro en renovables que está ocurriendo en Alemania, España y los países nórdicos sugiere que la velocidad de corrección, cuando hay voluntad, puede ser mayor de lo que el fatalismo asumiría.

          Hay un argumento más de fondo que me parece importante frente a esta visión. La fragmentación europea, que tanto complica la toma de decisiones, es también lo que le da una base industrial, científica y cultural diversificada que ninguna otra potencia tiene en igual medida. China tiene escala pero poca diversidad institucional real. EE.UU. tiene capacidad de innovación pero una base industrial hueca en sectores clave. Europa tiene las dos cosas en estado latente, aunque mal coordinadas. La heterogeneidad no es solo un lastre, es también un activo estratégico si se aprende a gestionarlo.

          Y BUZZWORD ha comentado algo que me parece clave y que muchos analistas están apoyando: «Europa al no ser una entidad nacional, sino un conglomerado, tiene más difícil actuar como una sola voz, pero su fuerza reside precisamente en actuar como lo hace China, tener nuestros propios Champions, hacer alianzas económicas […] Solo sumando seremos soberanos e independientes.»
          Hay que sujetarse fuertemente a los puntos anclados y exigir estrategias de futuro sólidas que puedan ser lo suficientemente relevantes para que esa dependencia energética no merme capacidad de acción y negociación.

          Siendo algo más concreto sobre lo tecnológico, porque «la soberanía tecnológica no es gratis»: el corazón de la industria europea (automoción, robótica, infraestructuras críticas) late gracias a licencias de ARM o x86. Y aquí entra la European Processor Initiative con Rhea, que, aunque usa núcleos ARM para algunas tareas, su gran apuesta es un acelerador basado en RISC-V. O el sector del Edge Computing industrial, donde Europa sigue siendo líder en maquinaria y automoción y donde ofrecer una alternativa que no sea ni el control estatal chino ni el oligopolio corporativo estadounidense puede ser una gran baza.

          El modelo open source, la «Linuxización» del hardware, encaja con la mentalidad europea, pero quedará en agua de borrajas si no se soluciona el tema de la fabricación. La Ley de Chips intenta atraer fábricas, pero la escala sigue siendo minúscula comparada con Asia o EE.UU. Y si las startups de RISC-V europeas acaban siendo compradas por gigantes estadounidenses, como pasó con la propia ARM en su día, la soberanía vuelve a ser un espejismo. En esta batalla tan interconectada, no es solo fabricar, es mantener la propiedad intelectual en tu suelo y bien atada. Luego está la trampa de la compatibilidad, que para una empresa como Volkswagen o Siemens, cambiar a RISC-V no es solo cambiar un chip, es reescribir décadas de código certificado. El muro de inercia es real y hay que nombrarlo.

          Pero ninguno de estos obstáculos es una condena. Son problemas de ingeniería política e industrial, no leyes de la física. Y Europa ha resuelto problemas de esa naturaleza antes, cuando ha querido…

          Responder
          • Alberto - 2 abril 2026 - 23:00

            Empresas públicas en sectores estratégicos.
            Así no las pueden comprar.

            Responder
  • #015
    Javier Lux - 1 abril 2026 - 17:20

    Yo me pregunto si no sería posible ir introduciendo un arancel tecnológico USA.

    Por ejemplo: un 10% anual de todo lo facturado por Microsoft, Amazon, Google, Oracle…etc Ese 10% sería deducible de lo reducido en la factura del año anterior, desapareciendo si el año pasado me facturaron un 10% menos que el anterior.

    Así en 5-10 años se reduciría drásticamente la factura. Obviamente ese dinero se usaría para financiar proyectos Open Source.

    Responder
    • BUZZWORD - 1 abril 2026 - 17:54

      Los aranceles los pagan las personas de tu país no los paises a quien se los imponen.

      Si compras una barra de pan a EEUU y le pones 1€ de arancel. Ese eurito lo pagas tú… cuando compras esa barra…

      Cuanto daño ha hecho el naranjito con sus gilipolleces !!!

      Responder
      • Javier Lux - 2 abril 2026 - 08:24

        No jodas! No sabía

        Ayúdame más por favor:

        A, E, I, O U son vocales?

        y

        0,1,2,3,4,5,6,7,8,9 son números! ?

        Muchas gracias!

        Responder
        • BUZZWORD - 2 abril 2026 - 10:02

          Progresas adecuadamente ??

          Parece que no. Es sencillo Jaimito, escribe 100 veces

          «No compraré yanqui»

          Responder
    • D. FALKEN - 2 abril 2026 - 11:47

      A ver amigos. Tampoco hay que ponerse así. La idea del arancel tampoco es mala. Es obvio que recae sobre el consumidor. Pero la imposición tiene un aspecto recaudador, que puede ayudar a financiar el opensource, por ejemplo. Y por otro lado, tambien tiene un efecto regulador, ya que pretende descincentivar el consumo de ese bien en un origen en beneficio de otro en el interior, como podría ser el opensource de nuevo como ejemplo. Esto por al menos la teoría sobre el papel. Luego la aplicacion de la política puede encontrar otras barreras. No es la solucion, pero puede formar parte de una solución.

      Responder

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