Si algo debería haber quedado enterrado entre los mitos que sostienen a los escépticos climáticos es la idea de que luchar contra el calentamiento global es un «lujo» imposible de justificar económicamente. La evidencia científica y económica acumulada hoy muestra que dejar que el planeta se caliente sin freno no es solo un desastre ecológico: es una quiebra económica a escala global.
Un estudio publicado en Nature Climate Change acaba de poner cifras concretas a lo que muchos expertos venían sospechando: cuando incorporamos los daños al océano (ecosistemas, pesca, infraestructura costera, corales, manglares) en la medición estándar del coste social del carbono, el resultado casi duplica el impacto económico de cada tonelada de dióxido de carbono emitida. Lo que hasta ahora estimábamos en unos 51 dólares por tonelada, al incluir los efectos en el «capital azul» pasa a cerca de 97 dólares por tonelada, una alza cercana al 91% con respecto a los cálculos previos.
¿Por qué es importante esto? El coste social del carbono (SCC) es la herramienta que usan economistas y responsables públicos para comparar cuánto nos cuesta emitir una tonelada de dióxido de carbono versus cuánto «ahorro» económico genera evitar ese daño futuro. Es la base de políticas como los impuestos al carbono o los sistemas de comercio de emisiones, porque permite traducir daños ambientales, a menudo considerados «externos», en variables económicas que los mercados y los gobiernos tienen que considerar.
Esta nueva evaluación, a veces llamada «blue social cost of carbon», revela dos cosas fundamentales: la primera, que nuestra contabilidad económica del cambio climático ha ignorado de forma sistemática a los océanos, que cubren el 70% de la superficie del planeta y están sufriendo eventos como la mayor decoloración de corales registrada entre 2023 y 2025. La segunda, que ese vacío contable no es irrelevante, sino que representa billones en daños económicos que ya están ocurriendo y se acelerarán si no actuamos con decisión.
Y esto solo es la punta del iceberg. Otros análisis económicos de amplio alcance, como el histórico Stern Review, ya habían señalado hace años que incluso sin considerar todos los daños, los beneficios de una fuerte acción climática, en términos de evitar pérdidas económicas y sociales, superan con creces el coste de invertir en mitigación temprana. Stern estimó que no actuar podría equivaler a perder al menos un 5% del PIB global cada año, y hasta un 20% o más si se consideran riesgos amplios.
Estas cifras importan porque desmontan una falacia recurrente: que la lucha contra el cambio climático es un gasto opaco y sin retorno. Nada más lejos de la realidad. Cuando el océano, el segundo pulmón del planeta, la base de millones de empleos pesqueros y turismo costero, y el amortiguador de tormentas, es contabilizado, resulta claro que la factura de no hacer nada se dispara y se hace insostenible.
Si añadimos a esto trabajos más recientes que muestran proyecciones económicas de pérdidas de decenas de billones de dólares si no se limita el calentamiento, incluyendo reducciones sustanciales en ingresos nacionales, productividad laboral y productividad agrícola, el cuadro es nítido: la inacción es una apuesta clara por la ruina económica global. A ver cómo explicamos esto a los ignorantes imbéciles que van por ahí diciendo que el dióxido de carbono no es malo y que es «comidita para las plantas»…
Desde una perspectiva académica, esta nueva evidencia no solo agrega una dimensión más realista al cálculo del coste social del carbono, el corazón mismo de los análisis coste/beneficio en políticas climáticas, sino que muestra que las estimaciones clásicas han sido muy conservadoras por diseño. Los modelos económicos tradicionales suelen dejar fuera daños no lineales, los efectos de umbral y los valores no monetarios (como biodiversidad o cultura costera), que emergen con fuerza cuando se amplía la evaluación.
Puede que este tipo de cálculos no conmuevan a los escépticos que rechazan incluso la física básica del calentamiento global (y que son, por tanto, completamente incapaces de entenderlos), pero en la arena de la política pública y la economía ambiental el mensaje es inequívoco: el coste de permitir que el océano, y con él el clima, colapse es muchísimo mayor que el coste de evitarlo. Esto convierte la acción climática no simplemente en una obligación moral, sino en una decisión racional desde el punto de vista económico.
La retórica que presenta la mitigación como un supuesto «sacrificio económico» ignora que la mitigación es, en esencia, un seguro contra pérdidas catastróficas. No actuar hoy es apostar a que las futuras generaciones pagarán una prima mucho más alta en términos de dinero, vidas y estabilidad social para corregir daños que podríamos haber evitado. Esa no es solo una mala política ambiental: es mala economía. Pero claro, que le vamos a pedir al cerebro de un escéptico…
Los datos empíricos y los modelos económicos convergen: invertir en mitigación y adaptación climática no solo evita daños ambientales severos, sino que protege la prosperidad económica futura. La ciencia económica, bien aplicada, deja cada vez menos espacio para la duda. El precio del carbono, cuando lo estimamos de forma real y completo, incluyendo los océanos, debería ser una brújula que guiase políticas sensatas, no un número escondido para satisfacer los intereses cortoplacistas de algunos y las fantasías descerebradas de otros.


Ante la falta de voluntad política, la IA parece ser la única herramienta con el potencial de gestionar una crisis de esta magnitud a tiempo.
Pero hay una paradoja peligrosa: mientras la IA podría salvarnos, la carrera desenfrenada por desarrollarla ignora los riesgos de desalineación con los intereses humanos.
Si no priorizamos la ética y la seguridad en esa competencia tecnológica, y no se está haciendo, corremos el riesgo de que la solución sea tan inestable como el problema que intenta resolver.
No actuar es una ruina económica, pero actuar sin control sobre la IA podría ser el error definitivo.
La IA es un loro que responde con el dataset que se le ha introducido. Si el jefe es Trump y ordena «más petroleo», la IA lo verá como la mejor opción…. menos pensar que un gepeto es inteligente, las respuestas sociales o políticas siempre van a estar sesgadas al sol que más le calienta la panza… en eso es muy «humano»
Decir que la IA es un loro que solo escupe el dataset es como decir que tú eres un loro que solo repite lo que escuchó en el colegio.
Sí, hay datos detrás, pero la diferencia es que estos modelos ya conectan puntos y resuelven problemas que no estaban en su manual, y si no preguntate la infinidad de cosas que hace mejor que tu.
Sobre lo de Trump y el petróleo, confundes la inteligencia con la obediencia. Si la IA dice que quemar crudo es genial porque su jefe manda, no es porque sea tonta, sino porque está domesticada. Se llama alineación corporativa, y en eso sí que es clavada a un empleado del mes: sabe perfectamente que el cambio climático existe, pero prefiere mantener su puesto de trabajo.
La IA no es un gepeto; es una herramienta de razonamiento que, casualmente, tiene dueños con intereses. El sesgo no es falta de luces, es simplemente saber a quién no hay que morderle la mano; obviamente Grok está sesgada con la ideología y los intereses de Mus, por ejemplo.
Si quieres ver su «inteligencia» de verdad, quítale los filtros éticos y verás que el loro sabe latín, aunque solo le dejen decir «miau».
«Decir que la IA es un loro que solo escupe el dataset es como decir que tú eres un loro que solo repite lo que escuchó en el colegio». ¡¡¡Exactamente!!! Se podía decir más alto, mas no más claro.
En serio?
Una máquina programada y entrenada por unos capitalistas extremos que apoyan a Trump van a darnos respuestas pro clima ?????
Sois tan simples????
Bonito cuento, pero no es cierto…
Yo repito lo que sabemos de verdad sobre los transformers publicado en papers. Cierto es que todo escuchamos paparruchadas como el que está semana Jon ha invitado en su blog…
https://www.youtube.com/watch?v=OwcZKkeRaps
Pero de escuchar gilipolleces a que me las crea va un océano…
El juntar-palabras y obtener resultados bonitos es algo que si te hace ilusión pues bueno, se feliz con ello. No seré yo quien se ofenda porque haya personas que les guste por ejemplo leer ciencia ficción o Cuarto Milenio.
Pero de ahí a afirmar:
«Ante la falta de voluntad política, la IA parece ser la única herramienta con el potencial de gestionar una crisis de esta magnitud a tiempo.»
Pues que ya te lo he dicho arriba, madura un poquito tus comentarios sobre la IA
Buen fin de semana.
Los mismos que desestiman los informes sobre el cambio climático son los mismos que promueven las doctrinas neoliberales que empobrecen al 90% de la población.
Y es que resulta muy difícil convencer a alguien de algo que va en contra de sus intereses.
Todo depende de que el resto de la población presione lo suficiente como para superar la fuerza económica de ese 10%
Exacto. Cuando muchos de los problemas y retos actuales son solo abordables a escala mundial, mediante la colaboracion, esta fase de capitalismo salvaje, tecnofeudalismo o neoliberalismo, miremoslo como lo miremos, los problemas se simplifican en una sola variable: el comportamiento de ese 10% o 1% de la población.
1) Ese paper es la versión ultra-optimista del asunto. Para que se entienda: los sistemas no-lineales (casi todos lo son) como el clima, tienen un comportamiento basado en ciclos límite, que básicamente significa que oscilan de manera armoniosa y relativamente predecible. Incluso bajo perturbaciones de intensida baja-media, esos ciclos límite se mantienen estables (si son sistemas abiertos, como la atmósfera, que intercambia energía con el sol y el espacio exterior, mejor todavía).
El problema es que, intuitivamente, bajo una o varias perturbaciones extremas, o medias pero sostenidas durante largo tiempo, pueden sacar al sistema de dicho ciclo límite y mandarlo a 1) una región caótica (total impredecibilidad), o 2) otro ciclo límite de características impredecibles (aunque estable). En ambas situaciones, la existencia de humanos en el planeta podría ser altamente improbable, y además el cuándo y el hacia dónde nos dirigimos es totalmente impredecible…
2) a mí todo esto ya no me preocupa (aunque soy ultra-consciente de que estamos jugando a la ruleta rusa, con la detención de la corriente del golfo, la extinción repentina y masiva de toda vida marina…etc) porque me preocupa aún más la desaparición de la especie mucho antes por el invierno nuclear. Hay un país, que ya sabemos cuál es, que lo ha apostado todo a no dejar de ser el hegemón y, da igual que entren ahora mismo los demócratas, va a matarnos a todos si no puede seguir siéndolo.
Supongo que si alguien consigue sobrevivir al invierno nuclear, se encontrará con un clima reseteado, un planeta vacío que volver a poblar, etc, como en el relato del diluvio universal. Esta vez no podrá culpar a ninguna divinidad imaginaria.
Completamente de acuerdo. Lo que ahora no se oye mucho es la parida de terraformar Marte, como era la moda hace unos años, de unos cuantos brainless…
En fin. Carpem diem
Quizá el tema de este post no se el adecuado cuando medio mundo esta soportando nevadas record.
La península de Kamchatka, en el lejano oriente ruso, registró su mayor nevada en 60 años,
Intensas nevadas y ola de frío azotan gran parte de Estados Unidos
Hala, otro que a estas alturas de la película, confunde, muy, pero que muy malintencionadamente -prefiero decir esto, que decir que por estulticia intensa-, clima con tiempo (atmosférico). Y así nos va…, ¿verdad? Así nos va… Qué fatiga.
«no se el adecuado»
No te entiendo. ¿Es por lo del que «calentamiento» y nevadas es incompatible?
Hay científicos que opina que vamos hacia un calentamiento y otros que que vamos hacia una glaciación que se esta frenando gracias al CO2
Gorki
Pues a mi me parece muy oportuno. Los episodios anómalos frios también han de ser tenidos en cuenta
Dato mata relato