Mi columna de esta semana en Invertia se titula «La decadencia de un aliado: Trump y la ruptura de la relación transatlántica» (pdf), y trata sobre cómo las decisiones agresivas, arbitrarias e impredecibles de la Administración Trump están erosionando de forma acelerada la relación entre Estados Unidos y sus aliados tradicionales, hasta el punto de provocar que países como Canadá y bloques como la Unión Europea reconsideren no solo su alineación estratégica, sino incluso su interdependencia tecnológica y económica con Washington.
En el artículo analizo cómo medidas aparentemente técnicas, como aranceles unilaterales y amenazas comerciales, han devenido en una fractura profunda de la cooperación transatlántica. Canadá, que durante décadas acompañó las políticas estadounidenses con fe ciega, ha empezado a explorar acuerdos con China y a cuestionar el valor de replicar las protecciones comerciales de Washington, incluso en industrias emergentes como la movilidad eléctrica. El discurso de ayer del primer ministro canadiense Mark Carney en Davos fue brutal, y deja clara la necesidad de abandonar un modelo de hegemonía estadounidense cuya defunción Trump ha certificado claramente. La Unión Europea, por su parte, ha respondido a las presiones de Trump activando herramientas de defensa comercial como el llamado «anti-coercion instrument«, y preparando contramedidas que antes parecían impensables.
Pero más allá del campo puramente económico, está el debate sobre la soberanía tecnológica. En los últimos meses han emergido voces destacadas como la del escritor y activista canadiense Cory Doctorow que cuestionan abiertamente la conveniencia de mantener relaciones tan asimétricas con Estados Unidos y plantean ofensivas directas contra los intereses tanto de Washington como de sus grandes compañías tecnológicas. Doctorow ha argumentado que la dependencia global de la tecnología estadounidense no solo es una vulnerabilidad económica, sino un riesgo geopolítico: leyes y acuerdos internacionales que impiden la modificación o interoperabilidad de dispositivos y software han servido, en la práctica, para encadenar a otros países a plataformas y servicios controlados desde Silicon Valley, con consecuencias que van desde la extracción de datos y dinero hasta la posibilidad de que gobiernos extranjeros sufran bloqueos tecnológicos como los que él mismo ha descrito en casos de organismos internacionales privados de acceso a servicios básicos por sanciones políticas.
Estas críticas no son meramente teóricas. Doctorow propone que, si Canadá o Europa quisieran defender su soberanía digital, tendrían que considerar respuestas mucho más audaces que simples aranceles: desde fomentar el derecho a reparar y modificar hardware y software, lo que él llama «disenshittification» de la tecnología, hasta desarrollar infraestructura tecnológica propia que permita competir con los monopolios estadounidenses. Este enfoque va más allá de la defensa comercial tradicional: se trata de repensar las reglas del juego para recuperar autonomía en un mundo multipolar, donde ya no es sostenible depender de un socio que presiona y castiga a sus aliados cuando estos tratan de regular o diversificar su economía digital.
Lo que está ocurriendo muestra que la relación transatlántica ya no puede basarse únicamente en la defensa de intereses comunes frente a rivales externos. La presión de Trump ha cambiado las reglas: lo que antes era cooperación ha terminado siendo coerción, y las viejas certezas han empezado a resquebrajarse. Desde la política comercial hasta la soberanía tecnológica, pasando por decisiones estratégicas que involucran presencia militar, las alianzas de ayer parecen cada vez más frágiles. Europa, que tradicionalmente ha buscado equilibrios entre integración y autonomía, se encuentra ahora ante un dilema: ¿seguir encadenada a un aliado imprevisible o tomar la senda de la diversificación estratégica? Y más importante aún, ¿qué coste tendría para su seguridad y prosperidad abandonar la sombra de Estados Unidos para construir un espacio propio de cooperación y poder?
La respuesta no está definida, pero lo que sí es evidente es que la percepción de Estados Unidos como un socio fiable está en declive. El debate que plantea Doctorow sobre la necesidad de recuperar la soberanía tecnológica y cuestionar las ventajas de una dependencia tan profunda no es ya marginal, sino que se está colando en las discusiones políticas y económicas más relevantes de nuestros días. Y si países como Canadá están dispuestos a desafiar abiertamente la política de Washington en sectores estratégicos, eso puede ser solo el principio de un replanteamiento mucho más amplio de las alianzas internacionales que han marcado las últimas décadas.
Mi columna de esta semana explora, por tanto, no solo los síntomas de una relación transatlántica en crisis, sino las causas profundas y las posibles ramificaciones: desde el comercio hasta la tecnología y la seguridad, Estados Unidos confronta hoy una corriente de repliegue de confianza que podría marcar un punto de inflexión en el orden global. Europa y Canadá, lejos de aceptar pasivamente las reglas impuestas desde Washington, están empezando a mover ficha. Y eso, en el contexto de un mundo cada vez más multipolar, podría ser el primer paso hacia una nueva arquitectura de poder y cooperación más autónoma y equilibrada.


En condiciones normales, la sola amenaza de que Europa se plantease «mirar hacia China «, ya debería hacer replantearse las cosas a una administración USA. Pero claro, en condiciones normales..
Vivimos en una anormalidad absoluta. El Idiot In Chief usano es capaz de cualquier burrada, más.
El negocio anual de las tecnologicas USA en Europa es de 405.000.000.000 de euros, casi un 30 % de su facturacion total.
Tócales eso y Trump desaparece del mapa.
Totalmente de acuerdo con el artículo.
Ahora empezarán a entrar los comentarios pesimistas de que Europa jamás será capaz de «independizarse» de EEUU, que somos un desastre, etc.
Esos comentarios siempre me recuerdan a mi hijo pequeño, que quiere todo ya y exactamente a su gusto… Pues la realidad no es así, sino que requiere trabajo constante y tiempo hasta que a veces se consigue algo cercano a lo que se desea.
Sobre el articulo: un simple “ya tardamos”.
De tu comentario: ”Europa jamás será capaz de «independizarse» de EEUU, que somos un desastre, etc.” es que desgraciadamente es así. EU ha estado durmiendo los laureles demasiado tiempo. Tardaríamos décadas en acercarnos lo suficiente y precisaríamos de inversiones siderales. Y no creo que estén por la labor.
Pero, Lúa, ¿en serio crees que Europa es un desastre? A mí me parece el mejor sitio del mundo para vivir y en este momento es la única región del planeta que tiene la capacidad real de liderar la defensa de la ley, la justicia, la paz y la democracia. Caer en el pesimismo no me parece una buena idea en estos tiempos difíciles.
Mauricio: si tienes una dependencia tecnología tan grande de USA, si, eres un desastre.
Cuanto costaría (tiempo/dinero), sin ir más lejos, crear suficientes centros de datos para deshacerse de Azure, AWS, etc…???
Por que se sigue dependiendo de Microsoft, teniendo la alternativa Linux y todo el software libre a tu disposición…???
y podemos seguir…
QWEN responde:
Crear una infraestructura de centros de datos (data centers) suficiente para que Europa pueda reemplazar completamente a los grandes proveedores de nube como Microsoft Azure, Amazon Web Services (AWS) y Google Cloud Platform (GCP) es un proyecto colosal, tanto en términos de tiempo como de dinero. A continuación, te doy un análisis realista basado en datos disponibles hasta 2024 y proyecciones razonables hacia 2026 y más allá.
1. Contexto: ¿Cuánta capacidad necesitaría Europa?
AWS, Azure y GCP dominan ~65% del mercado global de cloud.
En Europa, se estima que más del 70% de la infraestructura cloud utilizada por empresas europeas está alojada fuera de la UE, principalmente en EE.UU.
Según la European Cloud Capacity Report (2023), Europa necesitaría entre 10 y 15 GW adicionales de capacidad de centros de datos para 2030 solo para alcanzar la autosuficiencia digital.
Hoy, la capacidad total instalada en Europa es de ~8–10 GW; en comparación, solo AWS tiene más de 20 GW globalmente.
2. Costo estimado (inversión total)
a) Costo por vatio (W) de capacidad de centro de datos
El costo promedio de construcción de un centro de datos moderno en Europa ronda los $10–15 por vatio instalado.
Para proyectos de escala masiva (como los de hyperscalers), puede bajar a $7–10/W, pero con regulaciones estrictas en la UE (energía, sostenibilidad, seguridad), el costo tiende a ser más alto.
b) Capacidad necesaria
Para reemplazar la dependencia actual de AWS/Azure/GCP en Europa, se necesitarían al menos 10–15 GW adicionales (conservador).
Esto equivale a 10,000,000,000 a 15,000,000,000 vatios.
c) Cálculo de inversión
A $12/W promedio:
10 GW → $120 mil millones
15 GW → $180 mil millones
✅ Estimación conservadora: entre €110,000M y €170,000M (110–170 mil millones de euros) solo en infraestructura física.
d) Costos adicionales
Redes de fibra óptica y conectividad: +€20–30 mil millones.
Energía renovable dedicada (obligatorio en muchos países): +€15–25 mil millones.
Software, plataformas cloud, I+D, talento: +€30–50 mil millones.
Operación y mantenimiento anual: ~5–7% del CAPEX inicial → €6–12 mil millones/año.
Inversión total estimada (CAPEX + OPEX inicial + ecosistema): entre €170,000M y €250,000M (170–250 mil millones de euros).
⏳ 3. Tiempo requerido
Construcción de un centro de datos grande: 2–4 años (permisos, energía, construcción).
Desarrollo de una red de centros a escala continental: no se hace de forma secuencial, sino paralela.
Con voluntad política y financiamiento masivo, se podría lograr una capacidad sustancial en 5–7 años.
Pero para igualar la madurez, eficiencia y servicios de AWS/Azure, se necesitarían 10–15 años (por la curva de aprendizaje en software, automatización, AI, etc.).
Plazo realista para autonomía funcional: 2035–2040.
4. ¿Quién lo haría?
No es viable que cada país lo haga solo. Se necesitaría:
Colaboración público-privada (ej. Gaia-X, aunque ha tenido limitado éxito).
Consorcios europeos (Telefónica, Orange, Deutsche Telekom, OVHcloud, etc.).
Apoyo masivo de la UE (NextGenerationEU, Chips Act, Digital Europe Programme).
Regulación que obligue a usar infraestructura europea (como propone la Ley de Datos de la UE).
5. ¿Vale la pena?
Pros:
Soberanía digital.
Control sobre datos sensibles (salud, defensa, gobierno).
Menor latencia para usuarios europeos.
Creación de empleo tecnológico en la UE.
Contras:
Ineficiencia económica (los hyperscalers tienen economías de escala insuperables).
Riesgo de fragmentación del mercado único digital.
Duplicación de inversiones globales ya existentes.
✅ Conclusión
Reemplazar completamente a AWS, Azure y GCP en Europa costaría entre 170,000 y 250,000 millones de euros y tomaría al menos 10–15 años.
Es técnicamente posible, pero económicamente cuestionable sin una estrategia muy focalizada (ej.: solo para cargas de trabajo críticas o sensibles).
Lo más probable es que Europa busque complementar, no reemplazar: mantener una “nube soberana” para usos estratégicos, mientras sigue usando los grandes proveedores para el resto.
La realidad se desnuda continuamente y los humanos corren como locos para que no los alcance.
Las «democracias liberales» que nos han traido hasta aqui se desnudan. Y se ve el retrato de Dorian Gray.
Llevan varios siglos esclavizando y masacrando el planeta y sus gentes para alimentar una avaricia eterna e infinita.
Y ahora, por sorpresa, hemos llegado a… volver a Caligula pero a lo bestia.
Julio Cesar tardo 10 años en matar un tercio de los galos y esclavizar otros tantos.
Ahora bombardean con drones a los niños sin que nadie mueva ni una ceja real.
A la habitabilidad ecologica planetaria le queda menos futuro que a la ONU y sus valores.
Saludos