Aparquemos de una vez el maldito tranvía

IMAGE: A trolley on tracks and an autonomous car on a road, visually contrasting the classic trolley dilemma with modern self-driving scenarios

Cada vez que surge una conversación sobre coches autónomos, aparece alguien blandiendo alguna de las variaciones del famoso dilema del tranvía como si fuera un argumento decisivo. Y no falla: la misma simplificación infantil, la misma reducción al absurdo, el mismo «¿y si el coche tiene que decidir entre matar a una anciana o a un niño?»

Por favor: aparquemos de una vez el maldito tranvía. Ese experimento mental, planteado en los años ’60 para discutir intuiciones morales, no tiene absolutamente nada que ver, ni la más mínima relación con cómo funcionan los sistemas de conducción autónoma. Usarlo para discutir su seguridad es una señal inequívoca de cuñadismo, de que no se ha dedicado ni siquiera un mínimo esfuerzo a entender la tecnología.

En el mundo real, nunca, jamás, bajo ningún concepto ningún ingeniero va a programar un coche para «decidir quién vive y quién muere» en un accidente. Eso simplemente no ocurre ni va a ocurrir. Ni en Waymo, ni en Cruise, ni en Tesla, ni en ningún laboratorio serio del planeta. Mientras seguimos discutiendo dilemas filosóficos irrelevantes, los coches autónomos ya llevan millones de kilómetros recorridos en más de treinta ciudades de todo el mundo, con tasas de accidentes sistemáticamente más bajas que las de los conductores humanos.

Dejémonos de simplezas, por favor. El dilema del tranvía es dicotómico porque está diseñado para generar un conflicto moral extremo; la conducción autónoma, en cambio, consiste precisamente en evitar que la realidad se acerque a ese absurdo. Los vehículos analizan trayectorias, frenan, corrigen, replanifican rutas y aplican controles dinámicos que buscan siempre una cosa: minimizar el daño y evitar la colisión. No hay palancas, no hay vías alternativas, no hay sacrificios preprogramados de ningún tipo. Eso solo existe en la calenturienta imaginación de quienes no tienen ni maldita idea de lo que hablan.

De hecho, la literatura especializada señala que la premisa básica del tranvía, una pérdida inevitable ya asumida, no se sostiene en los sistemas de conducción automatizada: la mayoría de decisiones reales consisten en manejar incertidumbres, aplicar controles de frenado y replantear trayectorias para evitar colisiones siempre que sea posible, no en «seleccionar» vidas para sacrificar. La idea de un algoritmo supuestamente analizando la edad de las posibles víctimas o quién ha pagado más y eligiendo a quien matar es tan ridícula como patética.

El problema del tranvía simplemente no aparece jamás en escenarios prácticos de conducción autónoma, y suponer que hay que programar un algoritmo moral para decidir víctimas es una mala interpretación de cómo funcionan los sistemas de planificación y control. Pero la prevalencia de esta discusión absurda ha hecho que incluso haya voces académicas que han debatido ésta cuestión: no tecnólogos de andar por casa, sino expertos en ética y tecnología, que argumentan que la analogía es engañosamente simplista y no sirve como marco para pensar en la ética real de los vehículos autónomos. El paradigma del tranvía se basa en escenarios binarios que no reflejan la variedad infinita de opciones posibles en el mundo real, donde los coches cuentan con sensores, modelos dinámicos y tiempo de cálculo para intentar soluciones que reduzcan el daño sin necesidad de binarismo moral.

Que se siga hablando de estas supuestas «decisiones de vida o muerte» desconectadas de la realidad técnica y como supuesta «objeción» a la conducción autónoma no es una curiosidad académica: desvía la atención de los verdaderos retos éticos y normativos, como la responsabilidad legal, la asignación de culpa en fallos complejos y la desigualdad de acceso a tecnologías más seguras.

El famoso experimento Moral Machine del MIT, del que muchos han oído hablar como si fuera algún tipo de «prueba real» de cómo programar un Tesla o un Waymo, no dice nada sobre decisiones que los coches autónomos de verdad toman en tiempo real. Es simplemente un ejercicio de opinión pública sobre dilemas hipotéticos, con millones de respuestas que reflejan más prejuicios culturales que realidades de ingeniería. Los resultados van desde simples sesgos culturales y prejuicios hasta intuiciones contradictorias, y es simplemente sociología, no ingeniería. No existe ni un solo coche autónomo en el mundo que utilice algo remotamente parecido a esos criterios.

Y lo más importante: jamás se ha programado ni una sola línea de código para decidir quién vive o quién muere. Los coches autónomos hacen lo que cualquier humano razonable intentaría hacer en una emergencia, pero con mayor anticipación y precisión: frenar todo lo posible, maniobrar todo lo posible y evitar cualquier colisión que pueda evitarse. Eso es todo. No hay «jerarquías de víctimas», no hay dilemas éticos dramatizados, no hay «algoritmos morales». Lo demás es ficción filosófica convertida en arma arrojadiza por quienes no han entendido nada.

Seguir usando el dilema del tranvía para criticar los coches autónomos no es solo ridículo: es contraproducente, entre otras cosas para la imagen pública de quien lo hace. Nos aleja del debate real, infantiliza la discusión pública y revela una profunda falta de comprensión sobre la tecnología. Si de verdad queremos hablar de ética y coches autónomos, dejemos de lado el argumento más gastado, simplón y desconectado de la realidad. En serio: aparquemos de una vez el maldito tranvía y empecemos a pensar con un poco más de rigor.


This article is also openly available in English on Medium, «Park the trolley and let’s address the real ethical questions of self-driving cars»

18 comentarios

  • #001
    Javier Cuchí - 20 diciembre 2025 - 11:23

    Llegado a la edad de jubilación de la conducción, paliada únicamente por la capacidad para ello de mi santa (que tampoco será eterna), se me ocurre que para los que están en mi situación -o debieran estarlo- el vehículo eléctrico será una excelente solución de movilidad donde el avión o el tren, sin el complemento del coche en destino, se convierten en una forma de viajar muy incómoda, cuando no imposible. Yo no creo que llegue a verlo -o, si lo veo, no sé si estaré ya en situación de que me resulte practicable- pero, en fin, por suerte para vosotros -os presumo más jóvenes, salvo Gorki- el mundo no se acabará conmigo (con permiso de los dementes de oriente y occidente)

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  • #002
    Xaquín - 20 diciembre 2025 - 11:41

    «La idea de un algoritmo supuestamente analizando la edad de las posibles víctimas o quién ha pagado más y eligiendo a quien matar… » (EDans).

    Quien le llame a esto argumento para un debate, es que magnifica su mediocridad intelectual… porque hay que se humano (mediocre versión de HS) para plantearse que una I no H, puede caer en estes pormenores de ficción, salvo que le guste debatir consigo mismo, en vez de tomar decisiones que permitan resolver un problema real.

    O ser amigos de programar una IA como si fuera una IH (con el principio de la duda permanente).

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  • #003
    Gorki - 20 diciembre 2025 - 17:49

    La emergía de fusión, la retirada de Jordi Hurtado y el vehículo autónomo, son esas tres cosas que llevan años que parece que están a punto de llegar pero no llegan,

    Hace siete años iba a renovar mi vehículo, (Que coche comprar hoy ¿De motor de explosión o eléctrico? – Ninguno, (de momento) ), pero pensé mejor espero a que llegue un electrico a mi gusto., Seria mi último coche y jme llevarian al cementerio en un coche autonomo. pues el coche eléctrico no llegó y estoy seguro que el coche fúnebre llevara chofer.

    Pero ciertamente el coche autónomo llegará y será mucho mas seguro que el conducido por un chofer, aunque no desaparezcan los accidentes al 100%. El plantearse el dilema del tranvía es un bonita cuestión moral pero sin consecuencias prácticas.

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    • Arturo - 21 diciembre 2025 - 08:11

      Ese argumento del dilema del tranvía dice del que lo emplea que conduce con complejo de Dios, con poder sobre la vida y la muerte. Y por desgracia en muchos casos es así.
      Solo con retirar de las carreteras a todos los conductores kamikazes, imprudentes o meramente impulsivos ya valdría la pena en términos de costes de vidas.

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  • #005
    Dedo-en-la-llaga - 20 diciembre 2025 - 18:01

    «En el mundo real, nunca, jamás, bajo ningún concepto ningún ingeniero va a programar un coche para «decidir quién vive y quién muere» en un accidente. Eso simplemente no ocurre ni va a ocurrir. Ni en Waymo, ni en Cruise, ni en Tesla, ni en ningún laboratorio serio del planeta.»

    Bueno, a excepción de en Madrid… (creo que me he explicado bien…)

    Lo siento, pero no lo he podido evitar…

    Pd: Y sí, la burremia ambiente ya no tiene límites ni fronteras. Y cada vez es más y más intensa… Peeeero también corre pareja al sesgo de cenutruio de la aplicación situacional en pantalla de un Tesla, en la que los peatones que son detectados y aparecen en pantalla, son todos hombres…, pero es que todos. En fin.

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    • Buzzword - 20 diciembre 2025 - 21:39

      Te has explicado perfectamente… 7291

      Que no se nos olviden nunca

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    • Alqvimista - 21 diciembre 2025 - 10:58

      Yo las que recuerdo siempre son las más de 27.000 de las otras comunidades incluidas las más de 400 de mi pequeña comunidad. Todas ellas murieron igual de tratadas y olvidadas aplicándoles los mismos protocolos que a las de Madrid , aunque en ellas Madrid no interviniera para nada.
      Y aquí lo dejo porque es una discusión inútil entre hooligans irracionales y sólo puede servir para que el Sr. Dans nos eche a todos.

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      • Hstadndvamosallegar - 23 diciembre 2025 - 13:00

        Madrid es España y cualquiera que hable castellano-español tiene la conveniencia-casi-obligación de conocer su Capus Mundi.

        Fdo: Un provinciano.

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  • #009
    Miguel - 20 diciembre 2025 - 19:09

    Pues yo cuando voy conduciendo siempre voy pensando cuál es el peatón que me voy a llevar por delante si de repente se lanzan un grupo de niños delante del mi

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  • #010
    Greg - 20 diciembre 2025 - 19:42

    Me suena igual que la pregunta «± de actualidad» tan imposible como absurda: ¿Naranjito o Maduro?
    (¿O Putin… O Netanyahu… O [pon a quien quieras]?)

    PS: la respuesta a mi no-pregunta es ‘La Java des Bombes Atomiques’ [La Java de las Bombas Atómicas] (Boris Vian – 1955) – Texto traducido [Esp]

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  • #011
    Alqvimista - 21 diciembre 2025 - 11:00

    Ese supuesto cálculo de a quién matar es un planteamiento estúpido desde el momento en que nadie en este mundo se lo hace en los escasos 1-2 segundos que tiene para reaccionar en un accidente de tráfico. Ningún ser humano se lo hace, ¿por qué ha de hacerlo la máquina?

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    • Enrique Dans - 21 diciembre 2025 - 11:03

      De hecho, y para reafirmar más aún tu argumento, dos o tres segundos es lo que suele durar el accidente como tal, pero las decisiones que le dieron origen o que podrían haberlo evitado son cuestión de décimas de segundo. Plantearse una actuación determinada y preprogramada que supuestamente analiza varias variables antes de tomar una decisión es completamente estúpido, de no saber de qué se está hablando…

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      • Dedo-en-la-llaga - 21 diciembre 2025 - 14:35

        Espérate a que te vendan el algoritmo correspondiente con «segundos de antelación», y luego horas de antelación, y al final meses de antelación, tipo Minority Report… verás qué risas… (Porque así será, y si no, al tiempo…).

        PD: Hay un empresa que lleva tiempo y tiempo anunciando dispositivos de seguridad para casa, con «pre-robo».

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  • #014
    Guillermo - 21 diciembre 2025 - 14:01

    Cero que sin las excusas que usan algunos para evitar la implementación de cambios.
    Los conductores humanos son infalibles?
    Lo son los médicos?
    Acaso lo son los humanos?
    Otra cosa es que todavía no hemos resuelto el problema que viene de automatizar todo y la destrucción laboral que se avecina.

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  • #015
    Mauricio - 22 diciembre 2025 - 10:22

    Efectivamente, Enrique, el dilema del tranvía no tiene un paralelismo real con las situaciones a las que se enfrenta un automóvil autónomo actual. Me pregunto, sin embargo, si esto no sería diferente en el futuro cuando todos los vehículos se conecten y se coordinen entre sí para evitar colisiones, lo que haría que los programadores probablemente terminen jerarquizándolos, de modo que, por ejemplo, ningún vehículo pueda chocar contra un camión cisterna, un bus escolar o una ambulancia (a menos que estén fuera de servicio) o que incluso se distingan niveles de ocupación, por lo que no sería valorado de igual manera un auto con un ocupante que otro con cinco.

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    • Hstadndvamosallegar - 23 diciembre 2025 - 13:04

      El dilema del tranvía está bien como erudito ejercicio filosófico-intelectual de salón, pero si lo que queremos, seriamente, es salvar vidas hay que priorizar que tu coche te impida conducir manualmente si detecta que habitualmente infringes las normas,¿No es lo suyo?

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  • #017
    Dioni - 6 enero 2026 - 18:27

    Quisiera creer que este artículo tiene razón. Pero definitivamente la IA tendrá que decidir si salva a los pasajeros que lleva al querer esquivar a un animal, persona aturdida o imprudente en el medio. No siempre es tan sencillo como, chocaré esa pared.

    Ejemplo:
    Si un bus autónomo perdiera los frenos (o cualquier otra falla mecánica) ¿no tendrá nunca que decidir si chocar fuertemente contra un restaurante en carretera o dejarse ir al abismo?

    Responder
    • Enrique Dans - 6 enero 2026 - 21:00

      No, no tendría que decidir nada. Frenaría todo lo que pudiese y trataría de evitar la colisión, sin más, como haría un ser humano. Obviamente, jamás te vas a encontrar con que las dos única opciones son darse con una pared o tirarse por un barranco, esas situaciones puramente dicotómicas no existen.

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