Smartphones y distopías injustificadas

IMAGE: Bicubic - 123RFUn artículo largo de fin de semana en The Guardian, ‘Our minds can be hijacked’: the tech insiders who fear a smartphone dystopia, habla de las preocupaciones acerca de un presente en el que nuestra capacidad de atención se encuentra completamente destruída por culpa de unos dispositivos conscientemente diseñados para atraerla de manera constante, de fenómenos que algunos insisten en describir como “adicciones” a pesar de que ni una sola asociación de psicólogos o psiquiatras en ningún lugar del mundo lo admiten, y de ex-trabajadores de compañías tecnológicas convertidos en fervientes luditas que preconizan que nos alejemos de nuestros dispositivos como si de la peste se tratase.

La adicción a internet o al smartphone no existe. Por mucho que nos hartemos de ver personas con la cabeza hundida en su pantalla a todas horas, con aspecto de zombies cuando supuestamente quedan para verse mientras cada uno revisa sus notificaciones sin hablarse, o caminando por la calle – o conduciendo – con riesgo de matarse por intentar mirar esa pantalla “solo un segundo más”, la adicción a internet o al smartphone no es un fenómeno real. Usamos mucho nuestros smartphones porque nos son útiles y nos gustan, punto. Eso no es una adicción: es la constatación de que algo es práctico y agradable.

El uso del smartphone no va a disminuir, sino a aumentar. Seamos racionales: como consecuencia del desarrollo de fenómenos como el “there’s an app for that” o el internet de las cosas, hemos pasado de usar un terminal para hablar por teléfono, a usarlo para todo, desde encender y apagar las luces de casa, hasta poner y quitar la alarma, abrir la puerta, consultar un mapa, hacer una foto o poner música. Las funciones sociales no solo nos entretienen, sino que nos entregan regularmente pinchazos de dopamina cada vez que alguien nos hace un follow o un like, y nos llevan a modificar nuestros hábitos de maneras que algunos encuentran irresistibles mientras otros se rascan la cabeza y consideran enfermizas. Y aún así, el uso de nuestros smartphones no va a reducirse: va a seguir aumentando.

¿Es todo bueno, de color de rosa y no hay ningún problema? Por supuesto que no. La transición a un modelo de hiperabundancia constante de información nos ha hecho distraídos, nos cuesta centrarnos para leer un artículo largo, no verificamos nada o incluso algunos comparten artículos que no han leído, simplemente en función de lo que dice un titular diseñado para atraer su atención a toda costa. Ese tipo de fenómenos nos ha pillado poco preparados, la educación que nos proporcionaron – y la que seguimos proporcionando – no nos enseñó cómo tratar con un entorno así, y somos tan malos haciéndolo, que algunos han conseguido incluso aprovecharlo para fines verdaderamente inauditos, como meter a un idiota en la Casa Blanca. Gestionar nuestros hábitos y nuestra capacidad de concentración en la edad moderna no es sencillo, y requiere de aprendizaje, de adiestramiento y de técnicas específicas. En un entorno nuevo, hay comportamientos que se generan de manera automática, y otros que deben ser probados y enseñados, convertidos en materias lectivas.

La generación que estamos viendo en este momento no está llena de enfermos ni de adictos: simplemente es la primera que se ha desarrollado en un entorno para el que no estaban completamente preparados, y para el que los sistemas educativos no supieron adaptarse. Y la solución a ese problema no es restringir el uso de los dispositivos, sino paradójicamente, utilizarlos más. Convertirlos en algo completamente normal, en lo que usamos para estudiar, para trabajar, para encontrar lo que necesitamos en cada momento, para entretenernos y para un montón de cosas más. Pero que también nos permiten priorizar otras cosas cuando llega el momento. Para eso, hace falta cierto entrenamiento. Lo he comentado en infinidad de ocasiones: los protocolos sociales y de uso se desarrollan después de la fase de adopción masiva, no antes ni durante, y como parte de un consenso social que se ejerce a través de múltiples herramientas: leyes (ahora no podemos manejar el smartphone cuando conducimos, por ejemplo), costumbres, enseñanza, etc. Aprenderemos a gestionar nuestra atención en un entorno de hiperabundancia no cuando nos intenten restringir su disponibilidad, sino cuando nos adiestren, como parte de nuestra educación, para extraerle partido y manejarlo ventajosamente.

¿Podemos abandonar la dinámica de histeria colectiva y centrarnos en aprender a utilizar una herramienta que va a formar parte del panorama durante muchas generaciones? Por mucho que nos empeñemos, los smartphones no van a desaparecer, no van a poder ser prohibidos con éxito en casi ningún entorno salvo en aquellos donde la atención única sea indispensable, y hacerlo, además, agravaría el problema. Los niños, por supuesto, tendrán que entender cómo esas dosis de dopamina afectan su forma de comportarse y como el obtenerlas no justifica todo: tendrán que aprender a poner sus pasiones bajo control, como antes los niños aprendían a que no se podía jugar todo el tiempo. Si no los educamos, si hacemos dejación de nuestras funciones, lógicamente, irán pasando de subir una foto y ver que obtiene cincuenta likes, a subir otra en la que muestran más piel o hacen algo más estúpido y obtiene quinientos, y por supuesto, esa dinámica les enganchará, no querrán parar, y tildarán a sus padres de “no entender nada”. No, no son adictos. No podemos usar la excusa de la adicción para echarle la culpa de todos los males: simplemente, no los hemos educado bien y nos les hemos explicado bien las cosas, tan sencillo como eso. Por tentador que sea echarle la culpa a una supuesta adicción o a la tecnología, seamos serios y pongamos las cosas en su sitio.

No restrinjamos cosas que resulta absurdo intentar restringir y que van en contra de los tiempos. Simplemente, introduzcámoslas como parte normal de nuestra vida, utilicémoslas sin complejos cuando nos sean útiles, y aprendamos a ponerlas a un lado cuando nos impidan disfrutar de otras cosas. Es así de sencillo, y obviamente, así de complicado. Pero sea de la manera que sea, no nos queda otra que analizarlo, entenderlo, y ponernos en ello.

 

 

 

This post is also available in English in my Medium page, “Let’s keep a sense of perspective about smartphones, shall we?” 

28 comentarios

  • #001
    Jorge Molinera - 9 octubre 2017 - 10:54

    Enrique, si me permites el comentario creo (desde el profundo respeto que tengo a tu opinión que suelo seguir desde hace años) que no deberíamos de tomar en este caso tan a la ligera el impacto que la irrupción de la conexión permanente está ocasionando en nuestra forma de interactuar en el mundo. Es cuanto menos un tema que amerita una reflexión más profunda. Creo que existen síntomas significativos para hacernos pensar que una herramienta muy poderosa y como tu comentas agradable y práctica también puede ser un catalizador alienador y que fomenta hábitos que nos pueden perjudicar como personas. Me gustaría recomendarte un artículo donde extiendo mi postura y en la que de forma indirecta contesta a algunas de las premisas que expones y las rebate… http://www.sociedad-digital.com/adiccion-al-movil/

    En cualquier caso, un tema que invita a la reflexión y el debate. La tecnología y su impacto en la sociedad es un tema con muchos temas a poner encima de la mesa y uno es este …

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    • Lucio M - 9 octubre 2017 - 17:32

      ¿Tu postura sobre la addicción tiene respaldo de alguna asociacion de psicólogos/psiquiatras que realizaron estudios sobre ello?

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    • Abelardo Ojeda - 10 octubre 2017 - 00:29

      En tu texto hablas de “nativos digitales”. Eso no existe. Tengo 44 años y he perdido la cuenta de la cantidad de gente joven que me pide ayuda para entender una app o su propio móvil (no saben configurar, no entienden la interfaz o les da miedo hacer pagos en línea). Existe cualquier cantidad de adolescentes y universitarios usando sus móviles al 5% de su capacidad, comenzando porque a muchos en efecto sólo les interesa usar los mensajes y las redes sociales. Tienen un conocimiento de seguridad igual a cero y son hackeados constantemente. Saben operar un móvil pero no saben cómo funciona. Hay un analfabetismo digital que se contrapone a ese concepto de “nativo digital”. A mi gusto un adjetivo creado por gente mayor que no entiende a sus hijos.

      En cuanto al concepto de adicción… no sé, mi mujer se la pasa leyendo varias novelas a la vez (es bibliotecaria). Su “adicción” a los libros es 24/7. ¿alguna asociación de psicólogos tiene identificado esto?

      Hay fotografías interesantes de los 50s donde se pueden apreciar tranvías y autobuses por la mañana llenos con personas que van leyendo el periódico y ninguno va conversando, todos se ignoran… ¿adictos a las noticias de la mañana? ¿adictos al periódico?

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      • Krigan - 10 octubre 2017 - 08:59

        100% de acuerdo, y me siento identificado por lo que expones en el primer párrafo. Tengo 53 años.

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      • JJ - 10 octubre 2017 - 10:54

        Es cierto que hay jóvenes y analfabetos o casi, pero ese es otro problema; la educación.

        El nativo digital es el niño enseñando a su padre a usar el smartphone, etc.

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  • #006
    Krigan - 9 octubre 2017 - 11:01

    Un smartphone es un ordenador, y lo llevamos siempre encima. Por tanto, es normal que lo usemos a todas horas, porque un ordenador sirve para hacer de todo. Cuando una persona sale de casa, ¿qué lleva encima? Las llaves, el DNI, el móvil, algo de dinero en metálico, y la tarjeta de crédito o débito… y esta última ya empieza a ser sustituida por el móvil.

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  • #007
    Juan - 9 octubre 2017 - 11:34

    Creo que el problema es que va todo demasiado rápido, hay un gran déficit de educadores sobre la materia, la mayoría de los padres no estan en condiciones de asumir ese rol, y en el sector educativo ya ni hablamos. ¿Quién ha de encargarse de esa tarea cuando educadores y alumnos se encuentran, como mucho, al mismo nivel?

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    • Ebridge - 9 octubre 2017 - 14:30

      Juan, suscribo plenamente lo que dices, e incluso, creo que es hasta optimista considerar que los educadores estén al mismo nivel que los alumnos… Con dos hijos entre los 16 y los 20 años, tengo clarísimo que el sector educativo todavía ni se ha enterado de qué va todo esto. Se sigue enseñando exactamente igual que hace cincuenta años y, lo que es peor, no veo ningún incicio de que esto vaya a cambiar en el corto/medio plazo.

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  • #009
    Pedro - 9 octubre 2017 - 12:30

    Mi comentario a este artículo

    https://www.enriquedans.com/2017/10/smartphones-y-distopias-injustificadas.html#comment-439880

    “Respeto su opinión, es otra forma de pensar, pero considero que eso de que no existe “adicción” es mucho decir. Hay muchos psicólogos dedicados a combatir este problema con terapias. Según la RAE el término «adicción» tiene dos acepciones:
    “1. Dependencia de sustancias o actividades nocivas para la salud o el equilibrio psíquico.”
    2. f. Afición extrema a alguien o algo.”.

    Así que ciñéndonos a eso, pienso que es un problema de etiqueta, de reglas de conducta. He podido observar a dos chavales ya mayores de edad en la terraza de un bar frente a frente, cada uno centrado en la mensajería de su móvil, sin parar de teclear. ¿Acaso no se ve esa escena indecorosa? Lo que yo presencié fue una falta de ética enorme, una escena patética, por no hablar de lo perjudicial que es quedarse durmiendo con el móvil. Hay casos de adicción, pero en diversos grados, a ver si ahora va a resultar que no puede haber adicción, yo lo veo más propio en el móvil y a un videojuego que a Internet en sí.

    Como usted dice, seamos racionales, hay que darle un uso racional a estas tecnologías. Para mí es un mal modal, una falta de educación muy grande, desentenderte de la persona que tienes delante, desatenderla para centrarse en tus cosas, hay que ser metódico y centrarse en lo que uno está. De lo contrario, se fomenta la incomunicación personal y se aísla socialmente. Este problema está a la orden del día y se debe tratar desde edades tempranas antes de que sea demasiado tarde. El cerebro y el smartphone lo tenemos que dominar nosotros, no viceversa, lo mismo que ocurre con los robots o autómatas. Debemos estar lo suficientemente capacitados para que sepamos establecer los límites de uso de cada aparato y no dejarnos caer en la tentación de nuestros impulsos de conducta y morder el anzuelo. Hay vicios que pueden ser difíciles de tratar, porque se tenga un tic nervioso y mecánicamente se repitan el mismo tipo de operaciones y gestos táctiles.”

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  • #010
    Carlos Quintero - 9 octubre 2017 - 12:53

    No es solo que el uso del smartphone vaya a ir a más. Yo creo que llevaremos más dispositivos encima: los wearables, empezando por los smartwatches y siguiendo por los auriculares “inteligentes” tipo AirPods o los que acaba de anunciar Google van a ir asumiendo en los próximos años independencia del móvil y funciones mediante voz, asistentes, etc. que ahora realizamos exclusivamente tecleando malamente en un móvil y viendo los resultados en una pantalla porque aún no hay una alternativa mejor.

    Sí, actualmente son muy limitados, y siguen requiriendo una pantalla, pero cuando las interfaces de voz funcionen realmente bien…

    Así que los prohibicionistas cada vez van a tener que prohibir más “cacharritos”.

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  • #011
    Miguel Durán - 9 octubre 2017 - 14:55

    Perdone pero ¿Po que no hay una legión de psicólogos tratando de curarnos de la adición extrema al fútbol? Porque es casi de lo único que se habla los lunes hace que mandes al carajo todo atisbo de racionalidad y siempre los de tu color son buenos y no hacen trampas y los demás solo ganan por comprar árbitros dar leñazos o hacer piscinas… Que animes a una alineación de inútiles como si fueran el state of the art de balompié y les perdones todas las c#####s cometidas…

    Y ahora sustituya Vd fútbol pprnpolitics y vera retratada la realidad…

    Luego dirán que eso no es una adiccion ni entraña peligro…

    Y ahora

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  • #012
    Xaquín - 9 octubre 2017 - 15:40

    En desacuerdo con la adicción, pero muy de acuerdo con la manía de “pasarse”(en contra del móvil). Hace días vi en facebook, que aparecia la típica imagen del trío monil (ciego, sordo y mudo) incorporando un cuarto mono con su móvil (y cara de “pirado”). Se supone que era para resaltar el carácter de “incomunicado” (con alguien que tiene al lado).

    Pero, cómo es posible tildar de ciego, sordo y mudo a un ser vivo que está con un aparato en la mano que le permite ver, escuchar y hablar (aparte de escribir) con un universo infinito y con un formato AV?

    También puede ser que malinterpretara el mensaje, que quería decir cómo se debe hacer para estar comunicado realmente (si, realmente!).

    Los que usan esa imagen (con el primer significado) aún no se dieron cuenta de que está obsoleta.

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  • #013
    JJ - 9 octubre 2017 - 15:59

    “Las funciones sociales no solo nos entretienen, sino que nos entregan regularmente pinchazos de dopamina cada vez que alguien nos hace un follow o un like…”

    Creo que puede considerarse adicción en algunos o quizas muchos casos en el mismo sentido que la ludopatía.

    http://psicologiaycomunicacion.com/el-circuito-de-la-dopamina/

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    • Krigan - 9 octubre 2017 - 20:33

      ¿Relacionarse con otras personas es adictivo?

      Responder
      • JJ - 9 octubre 2017 - 22:20

        La frase entrecomillada es del post de Enrique.

        En los 90 yo he estado enganchado a los chats y, por mi experiencia, debo responder que sí a tu pregunta, que, según cada caso, puede llegar a ser adictivo.

        Responder
        • Krigan - 10 octubre 2017 - 08:56

          Las palabras “adicción” y “ludopatía” no son del entrecomillado.

          Cuando dejaste de chatear, ¿tuviste un síndrome de abstinencia?

          Responder
          • JJ - 10 octubre 2017 - 10:47

            No sé si llamarlo así, pero estuve bastante tiempo intentando dejarlo y no lo conseguía y tuve síntomas de adicción, la falta de esa recompensa psicológica relacionada con la dopamina.

  • #018
    Angel Mayo Prada - 9 octubre 2017 - 17:38

    Estimado Enrique,

    en algún art. he discrepado contigo. En este creo que tienes TODA la razón. Como bien sabes me relaciono con todo tipo de gente de toda índole (por desgracia), clase social o ámbito, del tipo que sea.
    Últimamente ha habido gente que me ha dicho sandeces sobre los smartphones, que si estabamos enganchados, que si no sabiamos hacer otra cosa, etc, etc. Comentarios que incluso venian de alguien con un esquisito nivel cultural, pero algo entrado en edad, por desgracia…
    Yo, como siempre, lo argumentaba con mis ejemplos escatologicos que son los que mas me gustan. Por ello le expliqué a esta persona los grandes beneficios de disponer de este tipo de aparatos y el acceso que nos da a casi cualquier cosa, incluso en tipo real, por lo que le argumenté que hacer popo en el campo está bien, incluso miccionar bajo las estrellas puede llegar a ser un placer sin parangón, pero que por desgracia desde que se inventó el inodoro, ¿cuanta gente había visto haciedo estas cosas por la calle, sobre todo en una ciudad???
    Por lo que concluí diciendo: YA NO HAY VUELTA ATRAS. Creo que me entendió.
    Por no hablar de otros “wearables” como papel higienico, toallitas, colonias, perfumes, etc…
    Como digo, creo que me entendió…

    Un abrazo !

    Pd. Por mi parte solo creo que deberías argumentar un poquito mas la última parte de el segundo párrafo. Sentenciar con un “y punto” no es suficiente para mi. La realidad es… que son necesarios, punto y seguido…. ;)

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  • #019
    Gorki - 9 octubre 2017 - 20:26

    «¡Oh rey! Esta invención hará a los egipcios más sabios y servirá a su memoria; he descubierto un remedio contra la dificultad de aprender y retener.

    –Ingenioso Teut –respondió el rey– el genio que inventa las artes no está en el mismo caso que el sabio que aprecia las ventajas y las desventajas que deben resultar de su aplicación. Padre de la escritura y entusiasmado con tu invención, le atribuyes todo lo contrario de sus efectos verdaderos. Ella sólo producirá el olvido en las almas de los que la conozcan, haciéndoles despreciar la memoria; confiados en este auxilio extraño abandonarán a caracteres materiales el cuidado de conservar los recuerdos, cuyo rastro habrá perdido su espíritu.

    Tú no has encontrado un medio de cultivar la memoria, sino de despertar reminiscencias; y das a tus discípulos la sombra de la ciencia y no la ciencia misma. Porque, cuando vean que pueden aprender muchas cosas sin maestros, se tendrán ya por sabios, y no serán más que ignorantes, en su mayor parte, y falsos sabios insoportables en el comercio de la vida.»

    El sabio Sócrates, rechazó la escritura, como contraria a la memoria y se confundió, todos hoy tenemos claro que si la Cultura ha llegado a lo que ha llegado ,es gracias a la existencia de los libros.

    Hoy hay sabios que rechazan los Smartphones porque atentan nuestra capacidad de atención y se equivocan igualmente. Serán auxiliares poderos e insustituibles de nuestra inteligencia, pero habrá que tener perspectiva de siglos para reconocerlo de forma generalizada, como hoy la tenemos respecto de que la escritura es un gran invento, mientras que Sócrates, contoda su inteligencia, no fue capaz de evaluar su importancia.

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    • Garepubaro - 10 octubre 2017 - 01:54

      Pues yo lo que sigo viendo es que mientras l@s chonis tienen todos los gadgets esos y cada vez mas chonizados, que si varios telefonillos caros, tablets, televisor led para ver tele5 de esto y lo otro todo el dia enganchado disperso y mal informado desde luego … la gente de provecho que tiene un doctorado y sacandose otro anda con sus libros y cada vez mas lejos de estas cosas … o quien llego a algo en la vida leyendo el movil ?

      Responder
      • Miguel Durán Uña - 10 octubre 2017 - 10:00

        El móvil es una herramienta, del mismo modo que lo es un libro a fin de cuentas. Eres tú quien decide si te lees Mein Kanf o Der Capital, del mismo modo que decides entre verte el peñazo lavacerebros de Ana Rosa o un documental, Raza o Blade Runner…
        ¿Por qué asumes que la gente va solo “haciendo el mal” con esos trastos invenciones demoníacas de Satán en persona? (tiene daemons, ergo es Satánico y de Carabanchel)

        Mi sobrino tiene un Ipad de los gordos y lo usa para verse Movistar +… y para haberse sacado un master en Derecho, pasando en seis meses de becario sin sueldo a fijo en el bufete con un sueldo mayor que el mío.

        Deja de culpar de una vez a los aparatos y culpa a las personas, en particular al poder, empeñado en convertir todo en Fútbol (el moderno pan y circo) y en borregos Lemmings que solo saben votar por el líder en lugar de pensar por sí mismos.

        Responder
      • Gorki - 10 octubre 2017 - 12:16

        Cree el ladrón que todos son de su condición

        Responder
  • #023
    Michel Henric-Coll - 10 octubre 2017 - 09:56

    “La adicción a internet o al smartphone no existe.”

    Cualquier acto que repetimos con suficiente frecuencia y que genera endorfinas puede convertirse en una adicción.

    Por tanto, internet y el móvil también puede. Los psiquiatras se dedican al tratamiento de trastornos mentales, y una adicción no es un trastorno mental. Algunas sí, como la monománía, otras no como la adicción al tabaco.

    Tampoco los psiquiatras han incluido la práctica diaria del running en sus tratamientos, y sin embargo puede crear adicción también.

    No es internet ni la tecnología ‘per se’ que crea adición, sino la generación suficientemente repetida de endorfinas.

    No hay que temer a las tecnologías, hay que temer la obsesión exclusiva por una actividad, sea la que sea.

    Responder
  • #024
    Luis Hernández - 10 octubre 2017 - 10:01

    Estoy preparando la oposición a profesor de educación secundaria en la Comunidad de Madrid, donde la utilización de móviles en las clases por parte de los alumnos está prohibida desde el año 2007.
    De terminar aprobando, debido a mi trayectoria profesional hasta ahora, creo que podría aportar mucho valor a la utilización educativa de estos dispositivos, pero probablemente visto lo visto ni siquiera vaya a tener la oportunidad.
    Estoy convencido de que es una auténtica negligencia no formar a los alumnos en el aula en su uso y seguir educando como si estos y otros adelantos tecnológicos no existieran.
    La mayor parte de los problemas relacionados con los móviles que surgen en las aulas y fuera de ellas , se derivan precisamente de esa falta de educación, de códigos de conducta y de desconocimiento.
    Utilizados adecuadamente son unas herramientas mágnificas para enseñar, aprender, motivar y ayudar a entender el complejo mundo en que nos ha tocado vivir.

    Responder
    • PERCEBE - 14 octubre 2017 - 15:11

      El sistema educativo español no está desfasado, sino ‘lo siguiente’, y como tal, me parece un desprósito.

      Un simple ejemplo ilustrativo:

      * Horas dedicadas a la enseñaza de la escritura a mano – caligrafía -: pues las mismas que hace 40 años, un montón y más allá. Uso actual de dicha práctica en la vida real: pues tiende a usarse con una periodicidad similar al tiempo dedicado a hacer raices cuadradas manualmente, tiende a cero.

      * Horas dedicadas al aprendizaje en el uso seguro y racional de móviles y tablets: prácticamente cero. Uso actual de dicha práctica en la vida real: constante, a todas horas e ‘in crescendo’ con el paso del tiempo.

      Como veis, la enseñanaza actual prepara a nuestros hijos para el mundo del siglo XX., pero vivimos en el XXI. Y no será porque nuestros políticos no modifiquen los planes de estudios cada cuando les viene en gana. Pero claro, ellos tambien siguen, en su mayoría, viviendo – o incluso añorando – en el pasado.

      Responder
  • #026
    Juan Manuel - 10 octubre 2017 - 11:54

    Sigo pensando que es un tema manido como otros muchos que tira de tópicos, especialmente cuando se trata de un cambio social, que como animales de costumbres, a los que no nos pilla de por medio nos ponemos en contra.

    Supongo que si la escena de ver a todo el mundo con un smartphone la cambiamos por un libro o un periodico todo parece razonable ¿no?

    https://machbel.com/fotos/2014/03/Leyendo-en-el-metro.jpg

    https://enlenguapropia.files.wordpress.com/2015/05/periodicos-con-los-medios-1.jpg

    Esta era la escena típica hasta hace 10 años, yo creo que criticar el smartphone y parecer correcto estos otros casos es simplemente hipocresia, porque queda muy bien “leer libros” pero esos libros pueden tener tanta información basura como internet, puede ir desde bestsellers hasta la ultima magufada de turno. Prensa amarilla, prensa rosa, adoctrinamiento politico, chistes o humor verde

    Si os fijáis nadie se queja de “qué lee la gente” “sino de que usan el movil”, si leyeras lo mismo que estas leyendo en el smartphone pero en formato libro, hasta podrías presumir de adicción y muchos te aplaudirian. Pero usar el smartphone está feo.

    En definitiva lo que criticamos es el medio de acceso a la información, es simplemente negarse a avanzar los tiempos.

    Como pasa con todas las generaciones desde la antiguedad, todas las modas que adoptan los jóvenes son vistas como escandalosas y groseras por los adultos, posteriormente el tiempo pasa y esos jóvenes son adultos y critican las nuevas modas de los nuevos jóvenes con los mismos argumentos que criticaron sus costumbres.

    Hablo de generalidades, pero en los 60 los beatles era “ruido” para los mayores, después el rock mas duro, el pop, y ahora el reaggeton. Cada moda, a sido vista como nociva por las generaciones anteriores, y con el paso de los años se ha convertido en la nueva norma.

    Podéis encontrar ejemplos en todos los sectores, como las generaciones anteriores se han ido quejando de los nuevos avances.

    Un ejemplo gracioso para ilustrar la situación, a un sobrino mio siempre tiene guerra con sus padres porque no le dejan jugar con el ordenador y o se lo restringen o se pasan el rato regañandole. Y no hace mucho me dijo indignado, que se había visto juego de tronos entero en una semana, una media de 10 capítulos al día sin ningún reproche por sus padres… porque no estaba “jugando”. Me lo decía y no podía parar de reír.

    Responder
  • #027
    Javier Valdepérez - 10 octubre 2017 - 12:03

    Hola Enrique, yo también puedo decir que la adicción al alcohol no existe, que podemos considerarlo como parte de nuestras vidas, relaciones sociales, y aprender a beber con moderación y de forma controlada … Pero no es cierto, igual que decir que la adicción al móvil no existe.

    “Usamos mucho nuestros smartphones porque nos son útiles y nos gustan, punto. Eso no es una adicción: es la constatación de que algo es práctico y agradable”. Creo sinceramente que aquí estás perdiendo el punto, pero cada uno ve el mundo desde sus propios ojos. Desde los míos sin embargo la adicción me parece obvia, pero yo no soy psicólogo. El hecho de que no haya ni una sola asociación que lo admita en mi opinión se justifica por la novedad del fenómeno, 10 años.

    Ahora bien, y aquí estoy de acuerdo contigo, el teléfono es un accesorio externo que mejora nuestras capacidades como seres humanos, nos facilita la comunicación instantánea, aumenta nuestro conocimiento al poder buscar en internet cualquier cosa. No debería restringirse su uso, sino tratar de buscar la mejor manera de utilizarlo (gracias a los protocolos sociales y de uso que se irán adoptando). El uso del móvil irá en aumento hasta tal punto que llegará un día en que podamos integrarlo a nosotros mismos (dentro de mucho), pero eso no quiere decir que no esté generando problemas de comportamiento asociados a su uso.

    Gracias por tus artículos, son de gran calidad. Un saludo.

    Responder
  • #028
    Jose Carlos - 10 octubre 2017 - 13:08

    Esto me recuerda a un artículo que escribí hace tiempo en mi blog sobre la percepción del tiempo en estos dispositivos tecnológicos.

    Responder

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