Kickstarter busca su sitio

Funded with KickstarterKickstarter es uno de esos casos en los que la evolución de la idea original llegan a cuestionar su esencia y a generar auténticos problemas de identidad a su equipo fundador: creada en abril de 2009 por Perry Chen, Yancey Strickler y Charles Adler como una forma alternativa de buscar financiación para proyectos artísticos y creativos, la plataforma vio crecer rápidamente una variedad de proyectos diferentes, centrados en la innovación, la tecnología y la electrónica de consumo que, sencillamente no estaban incluidos en el modelo de partida.

Ese tipo de proyectos, sin embargo, resultaron enormemente exitosos: hablamos de un mundo, el de la tecnología y la electrónica de consumo, en el que las ideas fluyen de manera rápida y eficiente a través de todo un entramado hiperactivo de blogs y medios especializados al tiempo que reciben fácilmente atención de medios generalistas. Un entorno en el que ser referenciado en determinadas páginas asegura flujos de clics y de atención capaces de definir el ser o no ser de una idea. Con la llegada de ese tipo de proyectos a Kickstarter, se impuso la práctica en los blogs y páginas de tecnología de empezar a vigilar Kickstarter como si fuera una auténtica fuente de inspiración, una meca del diseño y las nuevas tendencias, rodeada además de un cierto “aura de provocación”, de “antes no se podría llevar a la práctica pero ahora, gracias al crowdfunding, funciona”. La propia existencia y el éxito de Kickstarter, que representaba un éxito sin precedentes y convertía a los proyectos en historias que resultaban agradecidas cuando se contaban, contribuyó en gran medida al desarrollo de una especie de “leyenda del crowdfunding“.

Kickstarter se convirtió en una especie de “sello de aprobación” para proyectos tecnológicos, de “este negocio funciona porque los usuarios lo han querido así”, una especie de “prueba del nueve” del emprendimiento. La realidad, en muchos casos, es que se trataba de un fenómeno provocado por la propia difusión que las páginas de tecnología otorgaban a los proyectos. El caso de Pebble, el smartwatch que aún a día de hoy marca el record de financiación en la página, resulta claro y evidente: cuando sus creadores, tras salir de la prestigiosa incubadora Y Combinator, acudieron al mercado de capital riesgo, la contestación unánime de los inversores fue “el hardware es muy duro”, y no consiguieron levantar capital. El intento de hacerlo en Kickstarter, sin embargo, se encontró con el apoyo y difusión unánime de todas las páginas de tecnología conocidas, lo que redundó en una visibilidad que elevó rápidamente el proyecto al Olimpo de las siete cifras.

¿Qué es Kickstarter a día de hoy? En muchos casos, una idea muy alejada de su original función de “simplemente” financiar proyectos. Un buen paso por Kickstarter puede, en muchos casos, representar el ser o no ser de la viabilidad de una empresa, en sentidos que van muchas veces más allá de lo puramente económico. No son pocos los proyectos que se presentan en la plataforma atraídos no tanto por el dinero que se pueda captar, sino por el valor que esta tiene como tienda, como estudio de mercado o como generador de feedback. En un número nada despreciable de casos, hablamos de emprendedores que podrían holgadamente poner el dinero necesario para lanzar su proyecto encima de la mesa, pero que ven que financiarse en Kickstarter puede aportar mucho a la esencia del proyecto (convertirlo en una idea “empujada” por aquellos que la apoyan) o, en muchos casos, a su visibilidad en páginas de tecnología. Muchos emprendedores, de hecho, se lanzan en la plataforma solicitando niveles de financiación ridículamente bajos que prácticamente aseguren que el proyecto alcanza el umbral necesario para considerarse exitoso, aunque en realidad, lo que esperaban no era ese dinero, sino la explosión de publicidad que en ocasiones acompaña su paso por la plataforma. Una práctica que, por otro lado, minimiza el riesgo de pasar por Kickstarter con etiqueta de “no lo consiguió”.

El uso de Kickstarter como canal de distribución, como auténtica tienda capaz de generar un tráfico muy superior al que se obtendría en caso de abrir una página independiente, fue censurado por la propia dirección de la compañía en septiembre de 2012, pero las evidencias apuntan claramente a que este tipo de uso ha seguido teniendo lugar de manera muy generalizada: para muchos, Kickstarter no es más que una galería comercial incomparablemente más transitada que una página web propia, en la que abrir un escaparate a cambio de una módica comisión.

Este tipo de usos  convierte a Kickstarter no tanto en una plataforma de financiación colectiva como en una especie de “centro de investigación de mercado” o incluso prácticamente en una “agencia artística”, aportes que indudablemente pueden hacer mucho por el desarrollo de un proyecto, pero que no tienen nada que ver con la idea original. La gran pregunta, purismos aparte, es hasta qué punto esta característica es algo negativo. En muchos sentidos, los fundadores de Kickstarter se encuentran ahora con que su idea original se ha desvirtuado, pero que su contribución al ecosistema innovador y emprendedor es, si cabe, muy superior bajo su nuevo pelaje. Los emprendedores han tomado la plataforma de Kickstarter poco menos que por asalto y la han redefinido para darle la esencia que ellos necesitaban que tuviese. Han reinventado Kickstarter a partir de la idea original, y lo han hecho, aparentemente, de una manera razonablemente sostenible. ¿Sería razonable, a estas alturas, restringir este tipo de usos para tratar de salvaguardar la esencia que el proyecto tuvo en sus orígenes? En el fondo, las ideas tienden a evolucionar, en muchos casos, como sus usuarios quieren que evolucionen, y esa es, precisamente, una de las características fundamentales de la economía participativa o colaborativa que constituye la base sobre la que se apoya Kickstarter…

Por otro lado, el cambio de naturaleza Kickstarter también deben cambiar los factores críticos de éxito que los emprendedores manejan a la hora de dirigirse a una plataforma como esta. Si eres emprendedor y te planteas acudir a un mecanismo de crowdfunding, no te quedes en la idea original: apunta a – y trata de maximizar –  todos los posibles beneficios que una plataforma así podría ofrecerte en términos de publicidad, visibilidad, prospección de mercado, feedback de usuarios y canal de gestión de pedidos. En muchos casos, esos beneficios supuestamente colaterales pueden llegar a exceder la magnitud que tenía la mera obtención de recursos que se planteó en su momento como mecanismo original.

 

(This article is also available in English in my Medium page, “Just what is Kickstarter for, anyway?” 

4 comentarios

  • #001
    Alfonso - 25 junio 2014 - 09:43

    Sigo Kickstarter desde hace mucho tiempo e incluso he financiado algunos proyectos. Para mi es genial encontrar en un sitio tal amalgama de ideas nuevas aunque es verdad que algunos proyectos ‘huelen a estrategia de márketing’ .
    En mi opinión pueden seguir por el mismo camino, evolucionando según los creadores y usuarios demanden sin aferrarse a una idea inicial que fuese más restrictiva.
    Seguramente cuando los fundadores hacían sus primeros planes no podían ni imaginar la dimensión que tienen ahora. De haberlo sabido quizá hubiesen arrancado directamente de otra forma.

    Eso si, un misterio porqué algunos proyectos consiguen tanto y otros tan poco… No deja de sorprenderme.

  • #002
    Felix Maocho - 25 junio 2014 - 13:29

    Un sitio donde poder hacer “la prueba del 9” a una nueva idea de negocio, no es ninguna tontería, si no valiera más que para eso, creo que ya sería lo suficientemente interesante, como para que mereciera su existencia.

    Quizá deberían considerar sus fundadores desdoblar Kickstarter en dos áreas independientes, (aunque bajo la misma marca), una especializada en financiar actividades artísticas y otras que ellos consideren conveniente, y una especializada e ser escaparate de ideas de negocio que esperan el veredicto del mercado. A mi juicio, (y sin haber dedicado suficiente tempo a pensar en ello), ambas actividades son viables, y ambas cubren auténticas necesidades en la sociedad actual.

  • #003
    semseoweb blog - 26 junio 2014 - 02:15

    Hola Enrique, imagino que en muchas ocasiones hay que reinventarse.
    Cambiar de estrategias sobre la marcha, no siempre acaban en desastre. En cierto modo es una forma de evolucionar y dar forma al proyecto.

  • #004
    Mario - 28 junio 2014 - 17:39

    Si kickstarter es un fracaso para financiar cultura pero resulta ser fantástico como un shopping center de gadgets futuristas pues que así sea. Esto es como pasarse años buscando una cura a la jaqueca y que la píldora resultante sea la cura del cáncer.
    Lo que me sorprende a mí es por qué la entrada más interesante en mucho tiempo casi no tiene comentarios. Cuando Enrique deja de lado la demagogia es un analista de primera.

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