Las consecuencias de amenazar la neutralidad de la red

Internet a dos velocidades: rica y pobre - ABC (pdf, haz clic para leer)Jose Manuel Sánchez, de ABC, me llamó la semana pasada para hablar acerca de la neutralidad de la red, su definición, su importancia, y el peligro que para la misma podían representar los últimos movimientos que estamos viendo en los Estados Unidos. Hoy domingo ha publicado un artículo, titulado «Internet a dos velocidades: rica y pobre» (pdf) en el que me cita brevemente.

La Red Neutral es un concepto claro y definido en el ámbito académico, donde no suscita debate:

los ciudadanos y las empresas tienen derecho a que el tráfico de datos recibido o generado no sea manipulado, tergiversado, impedido, desviado, priorizado o retrasado en función del tipo de contenido, del protocolo o aplicación utilizado, del origen o destino de la comunicación ni de cualquier otra consideración ajena a la de su propia voluntad. Ese tráfico se tratará como una comunicación privada y exclusivamente bajo mandato judicial podrá ser espiado, trazado, archivado o analizado en su contenido, como correspondencia privada que es en realidad.

 

Además de su definición completa y canónica, es necesario explicar con claridad lo que ocurre cuando la neutralidad de la red no es protegida: las empresas de telecomunicaciones pasan a tener un incentivo para negociar con los proveedores de contenido para ofrecerles, a cambio de un coste, una garantía de que la comunicación de sus bits recibirán prioridad. En realidad, el ancho de banda es cada vez más abundante, por lo que la «oferta de priorizar contenidos» de las operadoras es, en realidad, un chantaje que se articula para evitar que esos bits sean degradados. En realidad, las operadoras no «priorizan» nada, simplemente degradan a todo aquel que no les paga.

Esto implica fundamentalmente cuatro cosas muy importantes: por un lado, que quienes no pagan – startups, empresas pequeñas, bloggers o cualquiera que simplemente no pueda planteárselo – son relegados a una «internet de segunda», que por pura lógica se va viendo progresivamente abandonada, frente a una oferta de contenidos «de primera» que los usuarios pueden ver con calidad. La situación es idéntica a la de un gobierno repartiendo licencias de emisión de televisión o radio, pero sin más salvaguardia de la pluralidad que la que ofrece una empresa privada con sus intereses.

La segunda, que las operadoras pueden controlar cualquier servicio que pretenda competir con los suyos, sean servicios de telefonía IP, de transmisión de oferta audiovisual, o de cualquier otro tipo. Y no solo servicios consolidados: eliminar la neutralidad de la red convierte a los operadoras en auténticos «aduaneros» que si ven pasar cualquier servicio que les interese, pueden ofrecerle prioridad a cambio de participación en sus beneficios. Pueden decidir qué ideas funcionan o no, qué startups lo consiguen o se quedan por el camino, y competir en ventaja con su oferta de servicios frente a cualquiera de ellas.

La tercera, que los proveedores de contenido que deciden hacer frente al pago ven como sus costes se incrementan, y lógicamente, los repercuten en los usuarios, lo que conlleva un encarecimiento generalizado de los precios al cliente, acompañado de un empobrecimiento de la oferta.

Y la cuarta, que una red en la que únicamente unos cuantos pueden emitir con calidad, el flujo de información es mucho más fácilmente controlable por una autoridad centralizada. Es infinitamente más difícil controlar a una multitud de medios que emiten sus bits en igualdad de condiciones, que a unos pocos medios que tienen el privilegio de «pagar por su licencia».

La neutralidad de la red no tiene nada que ver con que todos recibamos todo a la misma velocidad: cada uno recibe los bits a la velocidad que los contrata. Tampoco tiene nada que ver con que haya servicios críticos que necesiten más calidad: esta calidad diferencial ya se puede ofrecer hoy en día sin vulnerar. Es, simplemente, un principio básico de internet, y lo que ha convertido la red en lo que es hoy. Si quieres tener claros algunos de los argumentos más habituales a favor de la neutralidad de la red, escribí una entrada hace unos cuatro años sobre ello.

¿Está realmente en peligro la neutralidad de la red? Mi impresión es que es fundamental mantener la vigilancia sobre el tema, pero que las cosas van moviéndose, aunque sea lentamente, en la dirección correcta. Que muchos países empiecen a garantizarla por ley es un movimiento muy importante, que además emerge claramente de la presión ciudadana. Son casos como Chile, la Unión Europea, o más recientemente, Brasil. En los Estados Unidos, la famosa «puerta giratoria» de la política ha llevado a que actualmente ocupe la dirección de la FCC un lobbista de la industria, Tom Wheeler, lo que podría invitar a pensar que la neutralidad de la red está en peligro. Pero cualquier movimiento en falso que amenace la neutralidad de la red se encontrará con la mayor respuesta ciudadana de todos los tiempos. No garantiza nada, por supuesto, pero estamos mucho mejor que hace algunos años, cuando este concepto no estaba claro, se veía como algo técnico y oscuro, y pocos hablaban de ello. Una labor de concienciación y educación progresiva que, precisamente, ha sido posible gracias a que existe la neutralidad de la red.

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