Cuando el teléfono es tu ordenador

Por invitación de Motorola llevo una semana probando su último smartphone, el Atrix, y su accesorio más llamativo, el lapdock que veis en la foto. Un concepto curioso que te lleva a darte cuenta de que eso que se dice siempre de que los teléfonos móviles actuales son en realidad ordenadores de bolsillo es ya rigurosamente cierto.

Motorola define en su página el Atrix como «el smartphone más poderoso del mundo«, y aunque estas cosas obviamente duren lo que duran en los tiempos que corren, no cabe duda que es un terminal ambicioso: procesador dual-core, Android 2.2, 16 GB de memoria en el dispositivo más 32 en tarjeta, pantalla qHD, doble cámara, salida HDMI, escáner de huella digital para desbloqueo… el teléfono, pese a su aspecto completamente normal, va como un tiro. Pero más allá de analizar el producto como tal, que no es algo a lo que me suela dedicar en esta página, lo que me resultó mentalmente más provocativo fue la idea del lapdock: una carcasa de portátil agradablemente fina con su teclado, su touchpad y su pantalla, diseñada para pinchar en ella el smartphone y utilizarlo como ordenador.

A mi la palabra que mejor me evoca el lapdock es «zombi»: un cuerpo carente de vida, que solo la cobra cuando le insertas el teléfono, a modo de «cerebro». El lapdock carece incluso de botón de encendido, puedes tomar el pelo a cualquiera pasándoselo como si fuera un portátil y viendo cómo intenta encenderlo. Mientras no encuentres una pieza que se voltea en la parte posterior izquierda para acomodar los dos conectores del Atrix, aquello no da ninguna señal de vida inteligente. Lo que sí tiene es una buena batería (¡será por espacio!), que no solo le proporciona un buen número de horas de uso, sino que también se usa para cargar la del teléfono, y un par de puertos USB. El trackpad, bastante razonable, puede ser desactivado mediante un par de toques en un piloto blanco que tiene en su esquina superior izquierda por si prefieres usar un ratón externo o lo accionas involuntariamente al teclear.

Se hace raro encontrar Firefox en lugar de Chrome, sobre todo teniendo en cuenta que lo que acabas de pinchar en el lapdock es un teléfono Android. Aunque en el teléfono estés perfectamente logado con todas tus aplicaciones sociales y de correo, el Firefox del lapdock te obliga a logarte de nuevo, lo que resulta incómodo las primeras veces. El laptop como tal resulta algo lento de apariencia, tanto en arranque como en ejecución, y tiene una superficie en el que cualquier roce con los dedos hace que quede una desagradable marca grasa. La pantalla no es táctil, y la del teléfono queda detrás de la del lapdock, y por tanto prácticamente inaccesible; podría ser interesante pensar en un diseño que mantuviese accesible la pantalla del teléfono para poder utilizarla como segunda pantalla con interfaz táctil, porque ahí donde está no parece que tenga mucho sentido. Lo que sí se puede es mostrar la pantalla del teléfono en la del lapdock, lo que hace que instantáneamente intentes tocar sus iconos con el dedo, y da lugar a cuestiones curiosas cuando, por ejemplo, usas la cámara del teléfono y la muestras directamente en el lapdock… casi una especie de «disonancia cognitiva».

El precio, aunque desconozco los detalle para España, ha sido considerado caro para lo que es: en Estados Unidos está en torno a los $500 por sí solo (más de lo que cuestan muchos ultraportátiles) o sobre $300 en un pack con el teléfono y un plan de tethering de $20 al mes que ha irritado a muchos (¿tethering para conectar el teléfono con su base?) y que ha sido ya abundantemente hackeado.

Más allá del modelo en sí, lo que me ha llamado la atención es lo que comentaba al principio: la idea de teléfono como ordenador, llevada a la práctica, y el interesante panorama de diversidad que está apareciendo en el mercado: tablets que se conectan con móviles, móviles que se pinchan en carcasas de portátiles… Y por supuesto, pensar que con el procesador y la memoria que tiene ese teléfono tengo más potencia que con muchos de los ordenadores que he tenido durante una muy buena parte de mi vida…

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