Más difícil ser un patent troll

ImagenVeo en Boing Boing que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, a la luz de recientes casos como el de eBay y otros, ha decidido que las interrupciones judiciales en la fabricación o comercialización (injunctions) de bienes y servicios no serán tan sencillas de conseguir como lo eran hasta el momento en casos de disputa de patentes, sobre todo si la parte litigante no tiene un interés demostrado en la fabricación o prestación del producto o servicio correspondiente (patent trolls). Algo que hacía muchísima falta para evitar la creciente oleada de abusos sobre compañías que hacían usos perfectamente legítimos de procesos de innovación, pero que, al ser atacadas por estos trolls de la patente, se veían obligadas a pactar cuantiosos acuerdos extrajudiciales con el fin de no verse amenazados por una posible interrupción judicial. El mérito de estos destructores profesionales de valor había sido, en la mayoría de los casos, patentar de manera genérica procesos, productos o servicios de los que pensaban que alguien podría extraer en algún momento algún tipo de valor.

La idea es racionalizar el uso de las interrupciones judiciales, concediéndolas tan solo cuando concurran cuatro circunstancias:

  1. Se pueda demostrar un daño irreparable para el demandante
  2. Que las indemnizaciones u otros remedios judiciales se muestren insuficientes
  3. Que existe un claro desequilibrio entre las posibilidades de demandante y demandado
  4. Que dicha interrupción no vaya en contra del interés público

La necesidad de crear un adecuado código de concesión de este tipo de interrupciones judiciales resulta perentoria en un momento en que se ha demostrado claramente que algunas compañías las estaban usando para secuestrar de facto a otras, amenazándolas con dichas medidas y perjudicando claramente su valor y posibilidades. La única manera de solucionar este tipo de casos, desde mi punto de vista, es trayendo a la sala de juicio mucho, muchísimo sentido común, peritajes adecuados y sanciones fuertes para cuando se pueda demostrar que el uso de la pretendida patente haya sido ilegítimo. Se había llegado a un momento en el que cualquier compañía relativamente exitosa que basase dicho éxito en algún tipo de innovación tenía la seguridad de verse amenazada por trolls y aprovechados de este tipo, auténticos «cazadores de agujeros» del sistema de patentes, que estaban, de hecho, contribuyendo a la destrucción de mucho valor y a la generación de un clima adverso al uso de la innovación.

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