La muerte del marketing

Llevábamos mucho tiempo avisándolo: en plena era de la tecnología, el marketing entendido como «voy a interrumpir a los espectadores para que vean mi mensaje publicitario» era algo claramente destinado a morir. Ahora, los PVR (Personal Video Recorders) le están asestando la puñalada definitiva. El usuario puede ver la televisión, pero decirle que, simplemente, omita los anuncios que no cumplan determinadas características. Por ejemplo, quítame todos los anuncios de detergentes, de comida rápida o de bancos. O quítame todos los de Colón, los de McDonalds y los del SCH, por ejemplo. O, porque nó, quítame todos los que ya he visto. ¿Cuáles querré ver caiga quien caiga? Los de aquellas empresas que o bien hagan un derroche de creatividad y consigan que sus anuncios me gusten, me apetezcan, o aquellas con las que yo me sienta «asociado» como cliente, actual o potencial. Esto significará un cambio total en la forma de hacer marketing en muy poco tiempo. El pop-up no ha resistido gran cosa al software de bloqueo de pop-ups… simplemente, los anunciantes se han dado cuenta de que estaban pagando por unos pop-ups que no eran vistos por los usuarios, y que si alguno se colaba, provocaba el odio africano hacia la empresa en el molesto internauta… como solían ponía en las paredes… R.E.A., «Responsable Empresa Anunciadora». Ante eso, los creativos han ido lentamente dejando de prescribir el formato, y los clientes han ido dejando de pedirlo, salvo imbéciles como esta empresa, empeñada en luchar con el usuario para imponerle lo que debe ver. Este mismo camino lo veremos, en no mucho tiempo, con la publicidad convencional. Estamos a punto de ver el fin de toda una era.

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