Desde hace cierto tiempo tenía ganas de escribir acerca de mi gestión de comentarios en el blog. Aunque ha ido evolucionando con el tiempo, la verdad es que no difiere demasiado desde el principio, y mi impresión cuando hablo con otros bloggers es, sin embargo, que sí tiene algunos elementos diferenciales que me llaman la atención. Históricamente, esta página empezó en Febrero de 2003 como blog sin comentarios. Simplemente, Blogger no los tenía, y yo no sabía ni me había planteado como ponerlos. Al cabo de muy poco tiempo, en menos de un mes, tras soltarme mi amigo Alberto Knapp la lapidaria frase de
“Sin comentarios, un blog no es un blog”
me puse a buscar y encontré Enetation, un sistema la mar de amateur que aún existe de manera prácticamente idéntica a la de entonces, en el que si pagabas una pequeña donación, podías tener comentarios ilimitados y sin publicidad. Los comentarios con Enetation se iniciaron el 3 de Marzo de 2003, estrenados precisamente por Alberto Knapp, y aún están accesibles cuando se hace clic en el puntito que aparece tras el paréntesis final detrás de la palabra “Trackback” al pie de cada entrada. Ese “truco tonto”, en realidad, no es más que un reflejo de mi caos particular: aunque los comentarios del año 2003, que eran pocos, los pasé manualmente al siguiente sistema, para los del 2004, que eran una cantidad mucho más respetable, no tuve tiempo de hacerlo, y permanecen en Enetation, razón por la cual los mantengo accesibles así.
Enetation fue un sistema que, siendo la mar de simple, me funcionó bien durante bastante tiempo. Tenía una disponibilidad bastante elevada, no fallaba casi nunca… hasta que llegó el spam de comentarios. A lo largo del año 2004, el problema del spam fue empeorando. Carente de un sistema de detección y filtrado, y con sistemas como los captcha aún inexistentes o no aplicados a estos temas, la profusión de comentarios que invitaban a visitar páginas de todo tipo fue creciendo, obligándome a sesiones maratonianas de borrado de más de doscientos comentarios en una sola sentada, tarea a la que además nunca renuncié. Tener el blog con comentarios de ese pelaje me parecía una falta de respeto hacia los que lo visitaban, de manera que la lucha se fue intensificando, hasta que llegó un punto en el que resultaba completamente agotadora. Y así, el 28 de Diciembre de 2004, a riesgo de parecer una inocentada, decidí dejar Enetation y pasarme a Haloscan, un sistema entonces incipiente pero del que me habían hablado bien. Justo en aquel momento empezó Blogger a tener comentarios, pero tras probarlos brevemente a principios de Enero del 2005 y ver que no admitían anónimos ni usuarios no registrados en Blogger, me pareció que decididamente no eran para mí.
Haloscan ha sido, sin duda, una verdadera bendición. Aunque criticado por algunos por su espartana interfaz y su presentación en modo pop-up, el servicio mantenido a través de donaciones por Jeevan ha conseguido no sólo una fiabilidad a prueba de bomba, sino algo mucho más complicado y que, francamente, no sé como consigue hacer: mantener mi blog, que sería ahora un objetivo mucho más jugoso para los spammers, completamente libre de spam. Completamente quiere decir cero, nada, nothing, zip, nil… totalmente limpio. Alguna vez, alguien manualmente coloca un comentario de spam, para encontrarse con que es borrado de forma igualmente manual por mí en cosa de minutos u horas, según como me pille de liado, a veces desde la propia BlackBerry. Pero por el lado de Haloscan, nada, ningún ruido. Si un día me encuentro a Jeevan, de cuya vida no sé nada aparte de que mantiene Haloscan presuntamente él solito, parece muy majo y que responde mis e-mails con asombrosa prontitud, pienso invitarle a todas las copas que tenga a bien tomarse. La donación anual de $12 a Haloscan es de esas que repito gustoso todos los años, y a veces hasta duplico con esa sensación de “es que es tan poquito a cambio de todo lo que me da…”
Pero pasemos a un aspecto mucho más interesante que la tecnología que hay detrás de los comentarios: su contenido y el control del mismo. Durante toda la época descrita, y hasta el 31 de Marzo de 2006, esta página se preciaba de ser un foro en el que no se borraban comentarios. Y efectivamente, así era. Dejando aparte el caso del spam, durante toda esa época, algo más de tres años, había borrado algo menos de diez comentarios. Los menos de diez comentarios eliminados lo habían sido por insultos graves contra otros comentaristas, contra otras personas diferentes a mí, o por decir barbaridades sin relación alguna con el tema tratado, y eran tan pocos casos que hasta me los sabía de memoria. Sin embargo, a partir del notorio incremento de popularidad que esta página vivió desde principios de 2006, y partiendo sobre todo de algunos artículos míos que fueron enlazados desde páginas que invitaban abiertamente al insulto, el número de comentarios que, lejos de aportar algo a las discusiones, pretendían únicamente bombardear el debate con descalificaciones, modales y términos abiertamente reprobables para cualquier tipo de foro creció de manera preocupante, lo que me llevó, el pasado 31 de Marzo, a repensar mi política de comentarios e introducir un texto en la ventana correspondiente avisando de ello.
Desde ese día, el número de comentarios borrados fue sensiblemente mayor. Sin embargo, todavía me parece sumamente bajo: calculando a ojo, habré borrado en torno a unos treinta o cuarenta como mucho. En general, lo borrado responde a spam manual, insultos graves (aunque el trolling activo desde determinadas páginas tuvo tanto de estúpido como inconstante, y los trolls desaparecieron a los pocos días llevándose todas sus babas y mala leche), pero también a mensajes absurdos, obscenos o simplemente absurdos que suelen aparecer en oleadas: perturbados que entran, dejan caer tres o cuatro comentarios sin sentido insultando o diciendo simplemente estupideces, y desaparecen después. En alguna ocasión uso la opción de Ban, que normalmente desactivo a los pocos dias cuando el problema ha desaparecido para evitar problemas con IPs dinámicas, de manera que si un día alguien intenta poner un comentario legítimo y éste no aparece, pido por favor que me avise para arreglarlo.
Otros temas que quería comentar con respecto a los comentarios: los offtopics son, en general, perfectamente aceptados, sobre todo si se plantean con la debida educación, como quien cambia de tema en cualquier conversación. Los autovínculos son, más que aceptados, absolutamente bienvenidos: aunque en general la persona que se autocita tiende a excusarse por ello, a mí me parece completamente razonable que alguien que conteste a una entrada mía con otra suya pueda, además de hacer un trackback si lo estima oportuno, ponerlo en los comentarios para llamar más la atención y continuar la conversación en su sitio. Sobre todo teniendo en cuenta que un significativo porcentaje de los comentaristas habituales que son parte de la conversación en esta página son personas que tienen, además, sus propios blogs.
Dejando aparte estas leves tareas de jardinería, los entre 1.200 y 1.500 comentarios que esta página cosecha cada mes siguen siendo algo para mí fundamental, una de las más importantes razones de ser de esta página, y que en ocasiones regalan perlas mucho más interesantes que las propias entradas de las que cuelgan. A través de los comentarios recibo un constante flujo de ideas, inspiración para artículos, correcciones, vínculos y reacciones que resultan fundamentales para múltiples aspectos de mi trabajo, y que agradezco en todo lo que valen. Y con esta entrada, que ahora veo que me ha quedado tan larga, pretendia, simplemente, compartir algunos de los aspectos que ha habido o hay detrás de su gestión.






09.04.2007 a las 21:10 Permalink
[...] tiempos y que me llevaron en su momento a escribir entradas progresivamente más duras, como ésta, ésta, ésta o esta otra, y que han ido dando forma a la frase que hoy veis encima de la ventanita [...]