La noticia del día, recogida ya en Boing Boing y Wired a partir de un reportaje de fin de semana de un periodista inglés, es la presunta utilización de sweatshops por parte de Apple para el ensamblaje de la mayoría de su gama de productos, desde el mítico iPod hasta los MacBook Pro o los iBooks. Las prácticas de Apple en las llamadas iPod cities parecen incluir fábricas de más de doscientos mil trabajadores, principalmente mujeres, que trabajan en jornadas de quince horas y cobran unos cincuenta dólares, muy bajo incluso para estándares chinos. Algunas de las plantas impiden el acceso a las visitas, parecen estar protegidas por la policía, y proporcionan dormitorios de cien personas a los trabajadores a cambio de fuertes descuentos de alrededor del 50% de sus salarios.
Obviamente, la situación no es nueva. Sin ser general para toda China, lo que resulta evidente es que los bajos costes de manufactura y ensamblaje que ofrece el gigante asiático vienen a casmbio de algo. Mientras en muchos casos las empresas allí establecidas mantienen prácticas laborales uniformes y comparables a las de otros países, otras, y especialmente las que emplean subcontratistas, desarrollan una política de “mirar hacia otro lado”. En algunos casos, las fábricas son comparables y podrían estar situadas en cualquier otro país, pero parece que en otros no es así.
Es muy posible que gran parte del negocio de ensamblaje en China y países del área se esté desarrollando en condiciones de ese tipo. Pero las acusaciones son poco coherentes con la imagen de una compañía que siempre ha mantenido una imagen de liderazgo social y think different, e inciden en un tema al que, sin duda, el público consumidor de los productos de la compañía sería bastante sensible. Por el momento, no ha habido más testimonios al respecto ni ningún tipo de desmentido por parte de la compañía. El debate plantea una cuestión ética evidente: los consumidores de cierto nivel adquisitivo han tendido, en otras ocasiones, a rechazar productos asociados a la imagen de sweatshops, pero ¿aceptarían el incremento de precio derivado de una fabricación en otras condiciones? Las preguntas son múltiples, empezando por la propia comprobación de los hechos: ¿está Apple realmente utilizando ese tipo de prácticas? ¿Son generales en la industria, o se trata de un caso especialmente extremo, que supera lo que hacen otros competidores? ¿Es Apple la única que está aquí “mirando hacia otro lado”?
ACTUALIZACIÓN (15/06): Apple dice (vía MacWorld) que investigará las alegaciones del periodista con respecto a las condiciones de los trabajadores de sus subcontratas en China, y que no permitirá ningún comportamiento en sus suministradores que infrinja su código de conducta, disponible en pdf en este vínculo.






13.06.2006 a las 23:35 Permalink
[...] Encontre este post de Enrique Dans, donde se hace referencia a la presunta utilización de sweatshops por parte de Apple para el ensamblaje de la mayorÃa de su gama de productos. Es decir explotacion de miles de personas en China. La revista Wired y e… [...]