Vía Xataka, llego a esta cerradura RFID para puertas, DoorCap Smart, de Hyundai. Viene con seis tarjetas RFID para abrir la pueerta, y un teclado para que, en caso de olvido, puedas introducir un PIN.
Sin que me guste el tema en concreto – demasiadas objeciones e inseguridades aún en la tecnología RFID, seguramente -, si encaja con un tema recurrente para mí: el del “mundo sin llaves”. Tan recurrente como que soy el mayor desastre del mundo mundial en todo lo que esté de alguna manera relacionado con unas llaves. Es un objeto que odio africanamente, un estúpido pedazo de metal con dientes que me olvido constantemente y que por Ley de Murphy siempre está en un lugar al que no puedo acceder, custodiado por otra estúpida llave que no tengo. Hoy mismo, al llegar a mi despacho – que tiene una maravillosa cerradura de combinación – me he encontrado con que no podía entrar en el portal porque, al no poder conducir, había venido en taxi, y las llaves estaban… adivínalo… en mi coche en el garaje de mi casa.
¿No podríamos vincular las cerraduras a algo que llevamos siempre encima como, por ejemplo, el móvil? Un código emitido por tu móvil abriría las puertas que necesitases y en las que tuvieses la autorización correspondiente. Eso posibilitaría, además, que pudieses abrir la puerta a distancia cuando alguien autorizado por ti necesita entrar, por ejemplo. No hay cosa más estúpida que un despistado como yo esperando quince minutos en la calle a que un vecino tenga a bien entrar o salir de su portal…
¿Problemas? Se me ocurren muchos. Pero eso no quita que no sea una tecnología que ya debería estar probándose mucho más. A estas alturas de siglo XXI, seguir usando con escasas variaciones la misma tecnología de pedazos de metal dentados inventada allá en la noche de los tiempos hace más de cuatro mil años es algo que me parece profundamente absurdo.






12.08.2011 a las 14:01 Permalink
[...] Un mundo sin llaves (en abril de 2006, sobre llaves RFID) [...]