Llevo unas semanas que prácticamente vivo en la Terminal 4. Normalmente no suelo tener que volar tanto, pero últimamente se han juntado una serie de circunstancias y han hecho que me conozca ya la nueva terminal como la palma de mi mano. Y lo segundo que me llamó la atención de ella, después de su magnitud e impresionante estética, fue lo mismo que comenta Martín en esta entrada: la falta total de conectividad inalámbrica. Ni pagando, ni sin pagar. Simplemente, no hay. Pero ya no sólo es que no haya conectividad inalámbrica, sino que además falta otra cosa también muy importante y relacionada: enchufes. No hay forma de encontrar un triste enchufe. Por más que recorres los recovecos de tan postmoderna estructura, no hay manera. La única posibilidad es irse al baño, en donde abundan los enchufes libres situados a media altura en la pared. Obviamente, irse al baño a recargar el portátil es de todo menos apetecible, de manera que las razones por las cuales hacer un derroche de enchufes libres en un lugar semejante, francamente, se me escapan.
Y lo que no tengo duda es que los responsables de AENA encargados del diseño y equipamiento de la nueva terminal son una panda de retrógrados e ignorantes. Diseñar hoy en día una terminal de aeropuerto, un lugar en donde muchísima gente pasa ratos perdidos esperando sus aviones, sin poner ni un triste enchufe para que recarguen un gadget o un portátil, y sin una mísera red inalámbrica con la que conectarse es, simplemente, ir contra el progreso. Es construir a propósito un entorno hostil para el viajero. Cuando espero, quiero conectarme desde mi portátil, no desde una maquinita de monedas en la que tengo que estar de pie y pagar un precio abusivo. Una red inalámbrica es lo natural para un aeropuerto, no ponerla es, simplemente, una declaración de guerra al viajero. Y si encima sales de la Terminal 4 y llegas a ese encantador y recoleto aeropuerto de Hondarribia, en el que hay enchufes en las paredes, la red llega a todas partes, es abierta, gratuita, y financiada por el gobierno vasco, el contraste es brutal.
La Terminal 4 y su falta de equipamiento suponen un deliberado acto de hostilidad hacia el progreso y hacia los viajeros. Que pena. Qué retrógrados. Qué impresentables. En este país vamos al revés como los cangrejos.






01.03.2006 a las 23:04 Permalink
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13.05.2007 a las 22:59 Permalink
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