Es simplemente alucinante. Un entorno de escenario de película, como estar paseando por el set de grabación de Blade Runner, como en esa foto de la izquierda tomada con el móvil desde la terraza del Bar Rouge, en el Bund. Acabo de subir una pequeña selección de fotos de mis primeros paseos por Shanghai, están agrupadas en este set, o bien con el tag IEShanghai, con el que se podrán encontrar además en breve fotos de otras personas de la “expedición”.
Mi impresión, sobre todo, es de fortísimos contrastes. A dos pasos del escenario futurista plagado de edificios iluminados y macropaneles de publicidad de colores, te puede encontrar perfectamente el callejón más oscuro, la casa más vieja o la aquitectura más tradicional de la ciudad antigua. En realidad se ven clarísimamente tres Chinas: una antigua, tradicional, roja y dorada, con farolillos, columnas y oropel. Otra, simplemente vieja, arquitectura claramente necesitada de renovación, fea, sucia, llena de ropa tendida – cuando no pedazos de pescado o chorizos a secar en la ventana -, madejas de cables y transformadores en medio de las calles… Y una tercera, la China del futuro, en la que se emplean hoy en día, sólo en Shanghai, el 17% de todas las grúas de construcción del mundo.
Ver cambios tan grandes produciéndose a esa velocidad da una especie de vértigo, de sensación de descontrol, que convierte esa frase de recomendación de “vete a ver China” en una obviedad absoluta, en una garantía total de que ahí “está pasando algo muy gordo”. La sociedad se mueve a la velocidad que aparenta, destroza reglas y genera una ¿controlada? anarquía a medida que se mueve. El tráfico es absolutamente de locos, los taxis te hacen pensar si deberías presignarte y echar un responso antes de subirte al siguiente, pitan y dan ráfagas de luces constantemente, como si fuera para pasárselo bien, para contribuir a esa amalgama inmensa de luces y sonidos. Las compras requieren regateos inverosímiles, que recomiendan iniciar con entre el 5% y el 10% del valor pedido por el vendedor: se vende todo, de todas las marcas imitadas o verdaderas. Por todas partes hay carteles de todos los colores,, fluorescentes, cables, transformadores, construcción, grúas… Y en el medio, la niebla, una niebla persistente , húmeda, fría, que le da un ambiente todavía más peliculero, de “vaya que se han pasado los de los efectos especiales”…
Impresionante experiencia.






14.01.2006 a las 18:08 Permalink
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