Ayer, el feed de Bloglines ese al que la mayoría de sus usuarios estamos suscritos – y que utilizan con muchísima prudencia – nos sirvió otro de sus últimamente frecuentes avisos de problemas. Decía:
Bloglines is experiencing some slowing in posting new blog and news feed articles during busy blogging hours. This is a temporary issue — we’ve simply outgrown our current facility. To fix it, we are moving our computer operations to a larger location that will give us plenty of room to grow. The slowdown doesn’t put any user accounts or subscriptions at risk, and everything will be back to speedy once our move is complete. We apologize for the inconvenience, and thank you for your patience during this process.
Efectivamente, era algo que habíamos notado. Algunas entradas de blogs a los que estoy suscrito tardan en aparecer en mi lista varias horas, en algunos casos más de cuatro. Esto motivó hace cierto tiempo, cuando lo noté, que enviase un correo preguntando qué pasaba y con que frecuencia se actualizaban los feeds. La respuesta fue que se hacía cada hora, aunque podía ser algo superior en peak periods, ante lo cual se podía deducir que el comportamiento reciente venía a ser parte de un problema. Obviamente, la utilidad de una hgerramienta como Bloglines en una blogosfera que se mueve a la velocidad que se mueve se ve enormemente limitada si un post puede tardar varias horas en aparecer en tu pantalla. Claramente, la tarea de recibir y organizar entre dos y tres millones de nuevos posts todos los días no es una cosa sencilla y para tomársela a risa en términos de dimensionamiento.
De todas maneras, y aunque se agradecen las excusas de Bloglines y las promesas de mejora, se está convirtiendo en una de esas compañías que me ayudan cada día más a definir un término: el “síndrome post-adquisición“. Con él me refiero a la parálisis aparente que aqueja a las compañías innovadoras que, tras ser adquiridas por una empresa mayor y que se supone que va a inyectar fondos en su desarrollo e instigar toda una revolución en sus posibilidades competitivas, caen víctimas de un estado letárgico y se limitan, durante muchos meses después de la adquisición a poner en su portada el logo de la compañía compradora, a sacar actualizaciones cosméticas, traducciones de interfaz y cosas poco novedosas que no aportan realmente gran cosa y que decepcionan enormemente las expectativas generadas. En la lista de compañías con marcado síndrome post-adquisición en este momento podríamos citar unas cuantas compañías, de las que se esperaban grandes cosas y ahora permanecen silenciosas, sin decir esta boca es mía, sin aprovechar nigún tipo de sinergia lógica que cabría esperar de su integración con la empresa compradora, sin anunciar nuevas versiones ni nuevas prestaciones, cuando antes de la compra las noticias fluían por doquier. En el caso de Bloglines, por ejemplo, la búsqueda en feeds sigue siendo muy floja y carente de posibilidades, a pesar de haber sido comprada por… ¡un buscador! (y además, con tecnología propia).
La compañía comprada parece comportarse tras la adquisición como ese invitado tímido que vemos en una esquinita del salón, sin bailar con nadie y sin decir nada… En algunas ocasiones existe una variante más grave del síndrome post-adquisición que incluye la salida de los ejecutivos principales de la empresa comprada, a los cuales acompañan en ocasiones una parte significativa del equipo de desarrollo. Directivos que tras salir de la compañía aprovechan para, a modo de “segunda vida” y con los bolsillos bien forrados, montar otras compañías que pasan a gozar del frenesí innovador que se suponía que se esperaba de la empresa adquirida. Revisad vuestra memoria, seguro que se os ocurren unas cuantas víctimas de este síndrome…






20.07.2008 a las 14:20 Permalink
[...] Julio), especula con el llamado “síndrome post-adquisición” sobre el que llevo cierto tiempo escribiendo, y lanza algunas hipótesis sobre su fuerte incidencia en una compañía con tanta [...]