Una comparativa de rendimiento de navegadores llevada a cabo por Brave demuestra que la carga de páginas en su navegador es en torno a un 20% más rápida que en Chrome, Firefox o Edge, pero además, lo es gracias a un factor interesante: si bien tanto Brave como Chrome muestran el contenido principal visible (LCP, o Largest Contentful Paint) de una página en 2.4 segundos, la ventaja de Brave se produce posteriormente, debido a que bloquea la carga de la inmensa mayoría del contenido de publicidad, analíticas y tracking. La parte de la historia que me interesa no es tanto si Brave es o no más rápido en un estudio hecho por la propia Brave, sino el ser conscientes de todo lo que las páginas web cargan en nuestros ordenadores, los recursos que les obligan a consumir y por qué no nos beneficia en absoluto.
Intentemos cuantificar: Brave viene a utilizar un 33% de CPU frente a un 47% de Chrome, un 53% de Edge y un 78% de Firefox; alrededor de 1.2GB de memoria frente a los entre 1.62GB y 1.75GB del resto de navegadores; un 10% menos de energía como media; y un 39% menos de datos salientes. Tengamos en cuenta que tanto Brave, Chrome y Edge comparten el mismo motor, Chromium, y que por tanto, las diferencias de rendimiento no se deben a tener un motor de renderizado más rápido, sino simplemente al hecho de hacer menos cosas innecesarias que el usuario no ha solicitado.
¿Cómo de grande se ha vuelto esa maquinaria de espionaje que consume los recursos de nuestros ordenadores? Según el 2025 HTTP Archive Web Almanac, en un estudio que tuvo en consideración 16.2 millones de sitios web, el 90% de ellos contenían código de terceras partes. La página media genera 83 peticiones de terceras partes, una cifra que se eleva a las 129 si consideramos únicamente las mil páginas más populares. ¿Qué pretenden todas esas peticiones? Una proporción muy significativa pretende hacer analíticas e insertar publicidad hiper-personalizada. En la práctica, bloquear los anuncios visibles es casi anecdótico si lo comparamos con la cantidad de scripts, subastas instantáneas, trackers, peticiones de consentimiento y cadenas de inclusión que insertan las mismas compañías y otras.
Un estudio muy extenso presentado en la ACM Web Conference 2026 que incluía datos de 724,994 visitas a 5,000 páginas web en cuatro ordenadores reales, y probó que add-ons como uBlock Origin eran capaces de reducir el consumo de energía en el lado del cliente en un 9.62%, a pesar de generar su propio consumo de recursos. Esa reducción alcanzó un 17.67% en páginas de noticias, que dependen generalmente de la publicidad. Incluso hacer clic en «Aceptar todo» en un aviso de cookies incrementa el consumo medio de energía en un 2.57%, y genera 8.5 peticiones adicionales. Repitamos para ver si captamos la lógica, o mejor, la ausencia de ella: simplemente consentir que te espíen tiene una consecuencia física medible que tienes que pagar tú.
Los usuarios, por tanto, pagamos por la vigilancia dos veces: primero, con nuestros datos personales y la pérdida de privacidad que ello conlleva, pero posteriormente, con ancho de banda, ciclos de procesador, memoria, ciclos de carga y descarga de la batería y electricidad. La protección de la privacidad no es simplemente un add-on añadido a un navegador: en muchos casos, de lo que hablamos es de un incremento significativo de eficiencia y de sostenibilidad. Y considerando el tiempo que pasamos delante de la pantalla de un navegador, creo que eso es algo que definitivamente deberíamos tener muy en cuenta.

