Pandemias y falsas dicotomías

IMAGE: Fernando Zhiminaicela - Pixabay (CC0)

Un muy recomendable artículo en The New York Times de John M. Barry, profesor de Salud Pública en Tulane University y autor de varios libros sobre pandemias históricas, titulado «A Warning for the United States From the Author of ‘The Great Influenza’«, establece claramente cuáles deberían ser las prioridades de cara al futuro en la falsa dicotomía planteada entre la pandemia y la economía: hagamos todo lo que haya que hacer para detener la infección, con todas las medidas que sea necesario poner en marcha para ello, y la economía ya se recuperará posteriormente.

La biología es la biología, y no atiende a razones humanas. La economía es una entelequia humana que puede ser redefinida de infinidad de maneras. Ahora, más de medio año después de los primeros casos detectados en Wuhan y varios meses después de la declaración de pandemia por la Organización Mundial de la Salud, sabemos más sobre la transmisión del COVID-19 de lo que sabíamos entonces, y lo que sabemos es muy poco tranquilizador: ni siquiera las medidas de distancia social planteadas en interiores sirven para evitar las infecciones. La transmisión del virus en espacios interiores se produce incluso a varios metros de distancia, lo que convierte decisiones como la vuelta al trabajo en oficinas o la reapertura de los colegios en una auténtica temeridad, y en la garantía de que las cifras de infecciones y las víctimas seguirán subiendo.

Las interdependencias de la economía son evidentes: si no abres los colegios, muchos padres no pueden ir a trabajar, y la economía se ralentiza. Pero todo ello parte de una falsedad: que con determinadas medidas de seguridad, tiene sentido reabrir los colegios. No es cierto. La reapertura de los colegios es irresponsable, porque sabemos por varios países que lo han hecho ya que la transmisión se sigue produciendo, y porque sabemos también que la capacidad infecciosa de los niños es más elevada de lo que se pensaba. Abrir los colegios es, en primer lugar, una forma de expandir la infección, y en segundo, una garantía de que, muy probablemente, tendrás que cerrarlos en cuestión de semanas.

Volver al trabajo en condiciones normales en espacio cerrado de oficinas es exactamente lo mismo: la única decisión corporativa responsable ahora mismo es proteger la salud y las vidas de los empleados, y seguir trabajando en remoto el tiempo que sea necesario, hasta que el progreso de la investigación haya logrado que tengamos formas seguras de prevenir y de tratar la enfermedad. Eso es lo que están haciendo las compañías con un cierto sentido de la responsabilidad. Es momento de reforzar la transformación digital, de desarrollar metodologías de trabajo distribuido, y de no arriesgar más que lo que sea completamente imprescindible arriesgar, siendo todo lo conservadores y prudentes que sea necesario.

Estamos ante una pandemia de la que, si algo sabemos, es que sus efectos son mucho peores de lo que inicialmente pensábamos. El problema ya no es que las cifras sean un espanto, sino que además, sabemos que la infección provoca que muchas personas sufran problemas de coagulación, de trombosis o de lesiones permanentes en sus pulmones tras haberse recuperado, suponiendo que hayan tenido la suerte de recuperarse y de no morir. Sabemos también que la transmisión crece de manera muy significativa con tiempo frío y con el incremento de actividades en interiores. Es un problema importantísimo, que cambia dramáticamente las condiciones del entorno en el que vivimos y desarrollamos nuestra actividad: pretender seguir con nuestra vida cotidiana como si no pasase nada, o simplemente con unas medidas de precaución mínimas es algo completamente irresponsable. Las prisas por volver a la normalidad son simplemente ignorancia: la normalidad no volverá. Cuando hayamos logrado controlar la pandemia, todo será muy distinto.

Hay demasiadas personas, y muchas en puestos de gran responsabilidad, equivocándose completamente con la dimensión de lo que estamos viviendo. Fruto de esas equivocaciones, salimos del confinamiento antes de tiempo, y ya hemos comprobado que fue un grave error. No repitamos los mismos errores. Confinemos todo lo que haya que confinar, impongamos todas las medidas de precaución que sean necesarias, hagamos las mascarillas completa y radicalmente obligatorias, olvidémonos durante mucho tiempo de restaurantes, de ocio nocturno, de reuniones familiares, de fiestas y de todo lo que suponga para el virus una oportunidad de transmisión. Desarrollemos y pongamos en marcha apps que permitan monitorizar todo nuevo contagio. Luchemos con todas nuestras fuerzas contra la desinformación. Planteemos medidas de emergencia, no parches temporales. Hagámoslo, además, coordinándonos globalmente, aprendiendo unos países de otros, reuniendo esfuerzos, y no pensando absurdamente que el virus se va a parar en una frontera.

Pero sobre todo, no admitamos falsas dicotomías: la economía es mucho menos importante que el permitir que una pandemia peligrosa se convierta en endémica y escale hasta el infinito. Hay que acabar con el virus como sea, de la única manera que sabemos hacerlo, y tenga las consecuencias que tenga sobre la economía. Por favor, hagamos las cosas bien y pongamos las prioridades en su sitio.


The original article was also published on Forbes, «Covid-19: there is only one priority«


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