La pandemia y los sistemas de información

IMAGE: Spain's Autonomous Communities map

Mi columna de esta semana en Invertia se titula «Sistemas de información y espectáculos lamentables» (pdf), y habla del absoluto estupor y la total indignación que me genera ver cómo, en un país supuestamente desarrollado como España, somos completamente incapaces de cuestiones tan fundamentales de cara a la gestión de una pandemia como reportar datos de calidad en tiempo y forma, plantear el despliegue de una app de trazabilidad de contagios en todo el territorio nacional, o simplemente, dar unas directrices coherentes para un proceso como la vuelta a las actividades académicas.

España es la decimotercera economìa del mundo por volumen de PIB, o la decimoséptima si lo estimamos en función de la paridad de poder adquisitivo. Somos un país desarrollado, con infraestructuras a muy buen nivel, con un nivel de alfabetización y formación elevado, y con uno de los mejores sistemas de sanidad del mundo. Y sin embargo, fallamos en elementos que harían que cualquier país de nuestro entorno enrojeciese de vergüenza: ¿cómo explicar el desbarajuste total de los datos de afectados y fallecidos? ¿Cómo entender que en nos sea tan difícil contabilizar que una persona dé positivo en una prueba diagnóstica, que sea ingresada, que pase a una unidad de cuidados intensivos o que fallezca? ¿Qué lleva a ofrecer el patético espectáculo de un baile de cifras constante, de días enteros sin reportar datos a los analistas y observadores internacionales, de esparcir dudas sobre si estamos maquillando la realidad, o de volver locos a unos investigadores que no tienen más remedio que buscarse indicadores y fuentes múltiples que les permitan corroborar los datos?

Muy relacionado con eso: ¿qué nos lleva a ver como una tarea complicada y que lleva varias semanas el despliegue de una app de trazabilidad a nivel nacional? ¿Cómo es posible que, a finales de agosto y con la vuelta a las clases y a la actividad ya muy próxima, la app solo esté operativa en unas pocas comunidades autónomas, convirtiéndose por tanto en prácticamente inútil si consideramos el movimiento de los ciudadanos por el territorio nacional habitual en estas fechas?

Y esa vuelta a las clases… ¿cómo explicar que cada comunidad autónoma tenga sus propias políticas, unas diferentes a las otras, ninguna de ellas teniendo en cuenta que la transmisión del virus en lugares cerrados es muy superior a lo que inicialmente se estimaba o que los niños son vectores mucho más activos de lo que se creía?

Esos problemas y muchos más, en el caso de España, se derivan únicamente de una cuestión: el planteamiento del estado de las autonomías. Un sistema que nos lleva a tratar el territorio como unidades de gestión independientes en competencias como la sanidad o la educación, en las que no tiene absolutamente ningún sentido hacerlo. Pensar en el dinero que se ha malgastado a lo largo de los años desarrollando nada menos que diecisiete sistemas de salud separados, cada uno contratando a las compañías que cada territorio estimó oportunas, con criterios de desarrollo no unificados y una vocación prácticamente nula de hablarse entre sí, haría que cualquier observador cualificado se frotase los ojos con incredulidad. En su momento lo comenté al hilo de un episodio personal con la prescripción de un medicamento que terminó nada menos que en pregunta parlamentaria, pero cuando vemos el problema a la luz de una pandemia, las carencias sobresalen obviamente muchísimo más.

No me opongo frontalmente a que cada territorio disfrute de un cierto nivel de autonomía. Está en la Constitución, se aprobó mayoritariamente, y como principio general, incluso puede tener sus ventajas: desde muchos puntos de vista, la mejor gestión es, en muchas ocasiones, la que se hace más cerca del terreno. Pero desarrollar un sistema autonómico como lo hemos hecho, plagado de duplicidades, no priorizando su coordinación integral, la compartición de información en tiempo real o la compatibilidad absoluta de sus sistemas nos ha llevado a ser muchísimo más vulnerables ante una amenaza de carácter global, y mientras no lo entendamos así y no tratemos de hacer frente a ese problema en concreto, seguiremos haciendo el ridículo a nivel internacional y sufriendo un impacto muy superior al que deberíamos haber tenido en la pandemia si esos deberes se hubiesen hecho bien y con los condicionantes adecuados.

Los sistemas de información – o en este caso, la falta de ellos – son un factor mucho más importante de lo que parece de cara a la resolución de algunos problemas, sobre todo cuando son de naturaleza global. En un mundo de amenazas globales, el que no sabe coordinarse adecuadamente, siempre pierde.


The original article was also published on Forbes, «The pandemic and the importance of coordinated information systems: a letter from Spain«


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