Si tu negocio consiste en impedir el acceso a la información, cambia de negocio

Según noticias que he leído en ArsTechnica y en TorrentFreak, Google parece estar amenazando a un servicio web, YouTube-mp3, por incumplir los términos de servicio al ofrecer un método sencillo para descargar vídeos de YouTube. La empresa afirma que el servicio que ofrecen no difiere en absoluto de lo que hace un grabador de vídeo o de sonido.

Dejando aparte la posible infracción de marca registrada que supone utilizar la palabra «YouTube» en el nombre del servicio, propuestas de este tipo existen prácticamente desde los orígenes de YouTube: no hay más que buscar «descargar vídeos YouTube» para encontrarse infinidad de ellos, generalmente consistentes en la instalación de un software o plugin determinado, o en la sustitución de una parte de la URL del vídeo para redirigir a una página que lleva a cabo la descarga. Yo llevo toda la vida descargando de manera rutinaria todos los vídeos que utilizo en mis clases y conferencias utilizando un plugin de Firefox, Video DownloadHelper, que me funciona razonablemente bien, pero existe todo un amplio muestrario de herramientas similares.

De acuerdo: los términos de servicio de YouTube pueden decir que un contenido o parte del mismo no debería ser descargado si en la página correspondiente no se ofrece un enlace de descarga. Pero como bien sabe Google o cualquiera con dos dedos de frente y conocimientos tecnológicos, plantear una limitación así es, con la tecnología de hoy en día, sencillamente imposible. Mientras los patéticos personajes del mundo de la industria cultural afirman pomposamente su ignorancia con frases como «el campo se puede vallar», la respuesta de la tecnología ha sido siempre clara e inequívoca: no es así, y si en algún momento se pretende que lo sea, ese obstáculo será únicamente temporal. Si el obstáculo persiste, será porque lo que hay al otro lado de la valla no genera interés ni incentivos suficientes como para que alguien quiera desarrollar herramientas adecuadas para saltársela.

Es lo que hay. Si tu misión dice «organizar la información mundial y hacerla accesible y útil de manera universal», eso es precisamente lo que tienes que hacer, y no dedicarte a enviar cartas amenazantes a quienes ofrecen prestaciones razonables que tú no ofreces debido a tus compromisos con determinadas industrias del pasado. Herramientas para descargar vídeos o sonido de YouTube las ha habido siempre y las va a seguir habiendo se pongan Google y la industria como se pongan. Si insisten en enviar cartas, no va a haber papel para todas ellas. Mi impresión es que lo que Google pretende con un comportamiento así es sencillamente cubrir el expediente frente a las discográficas de turno, como un Capitán Renault que grita eso de «¡Es un escándalo!¡He descubierto que aquí se juega!» mientras le entregan sus ganancias.

Cada día más, toda información es susceptible de ser digitalizada. Y la información digital, como llevamos años y años diciendo, fluye sin que dicho flujo pueda ser técnicamente impedido. Los bits son libres. Si ofreces vídeos en streaming, alguien encontrará la manera de descargárselos, te pongas como te pongas (y si no es así, siempre nos quedará el agujero analógico, de la misma manera que «siempre nos quedará París»). Tu papel, si quieres construir en torno a ello un modelo de negocio válido, será ofrecer un sistema tan cómodo, sencillo y accesible que lleve a que la necesidad de descargárselos ni tan siquiera se plantee, o si lo hace, sea en un número de casos escasamente representativo. Lo demás, como Google sabe perfectamente, son tonterías.

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