Un artículo muy interesante publicado en Wired, “Why Google continues to fund Firefox“, permite entender algunos de los factores no tan obvios detrás de la sempiterna guerra por el dominio de la cuota de mercado en navegadores en la web, en la que ocurren cosas aparentemente tan extrañas como el que uno de los competidores financie a otro. En esta página, Chrome es desde hace cierto tiempo el navegador más habitual, por delante de Firefox y relegando a Internet Explorer a un muy distante tercer puesto, pero obviamente el público de esta página no es representativo de la web en su conjunto. Para una imagen global, puedes ir a esta página.
Un factor fundamental es, sin duda, la dinámica competitiva: a partir del momento en que los navegadores se convirtieron en máquinas de disparar consultas a buscadores, mediante mecanismos como la caja de búsquedas de la esquina superior derecha o como el envío a un buscador predeterminado de aquellos parámetros recibidos en la línea de direcciones que no son interpretados como direcciones web, la opción de ser el buscador preinstalado por defecto en un navegador pasa a ser sumamente atractiva. Así, Google, a pesar de tener en el mercado su propio navegador, Chrome, no estaría dispuesta a renunciar a la cuota de origen de búsquedas que representa Firefox, que genera trescientos millones de dólares al año y que actúa en este sentido como la principal fuente de financiación de Mozilla. Para una compañía como Google, que vive de llevar pares de ojos a su publicidad, renunciar a la cuota de uno de los principales navegadores no es una opción razonable, una visión que resulta mucho más adecuada que la de “financiar a un competidor” en una guerra que, realmente, no es la suya.
Por otro lado, está el posible factor competencia que apunta MG Siegler en “Pay to stay“: que perder esa cuota no solo supusiese perder esos clics, sino incluso que el principal competidor, Microsoft, pudiese hacerse con ellos aprovechando las necesidades de financiación de Mozilla. Imaginar a Bing como motor de búsqueda por defecto de Firefox resulta sin duda un tanto extraño, pero tendría mucho sentido para la compañía, hasta el punto de ser susceptible de provocar una guerra de ofertas por estar presente en el navegador. La experiencia ha demostrado el poderío de ser la opción configurada por defecto: aunque sea enormemente sencillo hacerlo, muy pocos usuarios la cambian.
Por último, está la idea de fomentar el progreso de la web: un ecosistema con más competidores es un ecosistema más sano, con mayor diversidad, y con más posibilidades de acomodar un crecimiento mayor. En este sentido, el propósito de Google con Chrome no sería el de “destruir a la competencia”, sino el de contar con una plataforma propia por el interés que dicha posición conlleva, pero sin renunciar por ello a financiar otras. Una visión de la competencia interesante, pero con mucho sentido. Y por supuesto, muy buenas noticias: tenemos Firefox para rato.








09.01.2012 a las 15:37 Permalink
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28.08.2012 a las 13:33 Permalink
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