Llego a través de esta buena reseña en Techdirt, “How the Pentagon’s reaction to Wikileaks is like the RIAA’s reaction to Napster“ a este gran artículo del New Yorker, “Chasing Wikileaks“, que resalta los claros paralelismos entre las reacciones que el gobierno y las autoridades militares de los Estados Unidos están mostrando frente al caso Wikileaks y las que en su momento desplegó la Recording Ass. of America (RIAA) frente a Napster.
El Pentágono está protagonizando una importante batalla legal centrada en perseguir la actividad y a sus responsables – ya hay desde opiniones que piden al gobierno el empleo de fuerzas militares para poner a Julian Assange delante de la justicia, hasta incluso peticiones de pena de muerte para el militar implicado en una de las filtraciones, Bradley Manning – sin tener en cuenta que en caso de caer Wikileaks, muchos otros sitios estarían dispuestos a tomar su relevo de manera prácticamente inmediata. Wikileaks no es el problema, es el síntoma.
Es imposible, incluso para el gobierno y el ejército de los Estados Unidos, luchar contra el esfuerzo determinado y descentralizado de muchas personas que desde el anonimato intentan sacar a la luz situaciones como las que Wikileaks denuncia. Prohibir al personal militar que accedan a Wikileaks es simplemente esconder la cabeza bajo la arena. Solicitar la devolución de los documentos es otra soberana estupidez. Aunque el gobierno y el ejército de los Estados Unidos tienen leyes como la Freedom of Information Act y la Mandatory Declassification Review para intentar que las situaciones indeseables puedan ser denunciadas y expuestas a la luz pública, estos mecanismos funcionan mal, son lentos o están excesivamente mediatizados como para ser de utilidad: Wikileaks realiza esta función infinitamente mejor, y termina por resultar mucho más disuasorio de cara a la erradicación de este tipo de conductas que los propios mecanismos oficiales.
La única manera de luchar contra Wikileaks es haciendo lo mismo que Wikileaks: evitando que haya casos que denunciar. Promoviendo mecanismos de transparencia y, lógicamente, erradicando los comportamientos que Wikileaks denuncia. Entra en Wikileaks, lee los títulos de los múltiples casos expuestos, y adquiere una opinión fundada: Wikileaks no tiene nada que ver con la traición y el espionaje, sino con la revelación de situaciones que bajo ningún concepto pueden justificarse y que jamás deberían haber tenido lugar.






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