Los proveedores de servicio Internet (ISP) británicos han rechazado el proyecto de ley británico que, en desafortunada imitación del francés de Sarkozy, pretendía obligarles a vigilar a los clientes para advertir o incluso desconectar a aquellos que descargasen determinados contenidos (Libertad Digital, BBC News).
La negativa, que tiene en cuenta las regulaciones actuales que consideran a los ISP como meros conductos sin responsabilidad sobre los contenidos que circulan por sus redes, nos lleva a pensar acerca del papel de estas empresas en relación a temas como la privacidad y la neutralidad: en Estados Unidos, al menos un ISP, Comcast, ha admitido estar realizando el llamado network traffic management, un eufemismo que supone la degradación arbitraria de la velocidad de determinado tipo de tráfico, y está bajo investigación por la FCC, en una resolución que demostrará hasta qué punto está la FCC dispuesta a defender el principio de la neutralidad de la red. Un nivel de defensa que depende, en gran medida, de lo que ocurra en las próximas elecciones norteamericanas: mientras uno de los candidatos, Barack Obama, ha expresado clara e inequívocamente sus intenciones de mantener el principio de neutralidad de la red, los otros han rehusado pronunciarse al respecto, presuntamente por miedo a perder el favor del poderoso lobby de las telecomunicaciones.
Aquí en España, este debate no nos resulta en absoluto ajeno: de ser uno de las enmiendas clave planteadas en la LSSI, pasó a caerse al ser eliminada personalmente por un Francisco Ros con evidentes intereses en mantener contentas a las empresas de telecomunicaciones. De cara a las próximas Generales del 9 de Marzo, ningún partido – que yo sepa – ha expresado sus intenciones con respecto a la neutralidad de la red. Mientras tanto, parece haber una importante acumulación de evidencias que apuntan a que al menos un proveedor, ONO, está degradando o impidiendo tráfico P2P, en el contexto de un mercado en el que la movilidad entre proveedores sigue teniendo algo de quimera y, por tanto, la amenaza de abandono masivo de clientes del ISP que utilice estas prácticas resulta como mínimo débil.
Desde el punto de vista de usuario, tener un proveedor de acceso a Internet que
no monitorice tu tráfico, respete el secreto de las comunicaciones y trate los bits de manera completamente indiscriminada, “bits are bits”, sin más criterio que el ancho de banda que tengas contratado, es una demanda puramente de mínimos, que sin embargo no todos los ISP parecen dispuestos a mantener. Ni siquiera el no actuar como “policías de los contenidos”, un papel que jamás debería corresponder a una empresa privada, algo que debería conciliar la unanimidad de las empresas implicadas, parece claro: en Francia, los ISP parecen estar dispuestos a convertirse en esbirros del megalómano Sarkozy con un nivel de resistencia mucho menor que el que parecen estar ofreciendo sus homólogos en las islas británicas. Sin duda, un tema fundamental para todos los que vivimos, de un modo u otro, partes significativas de nuestras vidas en Internet, y donde las cosas están, por el momento, de todo menos claras.






17.02.2008 a las 15:08 Permalink
[...] cuestiones relacionadas con cómo enfocar el futuro de Internet. Un ejemplo reciente sería el comentario de un profesor-blogger sobre el rechazo de proveedores de Internet británicos a actuar como “vigilantes de la [...]
19.02.2008 a las 22:12 Permalink
[...] un comentario reciente sobre esta cuestión, su autor sostenía que: Tener un proveedor de acceso a Internet que no [...]