Es una cosa que me resulta la mar de molesta: alguien te envía un correo electrónico, y en la parte inferior, cuando has terminado de leerlo, te aparecen algo así como diez o veinte líneas de texto, en muchas ocasiones más largo que el cuerpo del mensaje como tal, advirtiéndote de las cosas que puedes y no puedes hacer con el correo recibido.
Incluso para alguien sin base jurídica alguna, como es mi caso, estaba bastante claro de que algo así no podía estar bien: ¿que posibilidades tiene alguien, por el mero hecho de enviarme un correo electrónico, de obligarme a nada en virtud de un clausulado incluido en el mismo que yo no he visto, aprobado ni firmado previamente? Es como si yo ahora, en el medio de esta entrada, incluyo una cláusula que indique que todo aquel que la lea se compromete a pagarme tantas copas como palabras haya leído: no solo resulta absurdo, sino que incluso ante la remota posibilidad de que no lo fuese, tendría obligación de avisarlo antes, no después del contenido de la entrada…
¿Por qué tanto rollo por unos simples disclaimers? Pues primero, porque son estúpidos y no sirven para nada. Segundo, porque resultan molestos, sobre todo cuando el mensaje se incluye en un hilo de conversación con múltiples respuestas y resulta que los disclaimers acaban ocupando mucho más que lo verdaderamente interesante. Y tercero, porque revelan un exceso de celo de los departamentos jurídicos de las empresas, o un fenómeno de imitación: un día recibes un mensaje con ese texto absurdo, y piensas: “pues si en esta compañía lo ponen, yo no voy a ser menos…”
Por eso me he llevado un alegrón cuando he visto que Javier Muñoz, un abogado de los más didácticos que conozco, escribía una entrada titulada “Los avisos de confidencialidad en los correos, esos engendros jurídicos“. Porque él sí es un hombre de leyes, y confirma por tanto mi creencia inicial. Y porque además, hasta es posible que en unas cuantas empresas lean su entrada, se convenzan de que es una tontería incluir esas advertencias infumables, y nos ahorren la incomodidad de tenerlas siempre ahí colgadas, ocupando espacio, y revelando su patética inutilidad.






31.01.2008 a las 21:42 Permalink
[...] el blog de Enrique Dans (www.enriquedans.com/2008/01/la-tonteria-de-los-disclaimers-en-los-corrl) me entero de la existencia de este interesante artículo sobre la estupidez de los disclaimers al [...]
01.02.2008 a las 00:28 Permalink
[...] – La tontería de los disclaimers en los correos electrónicos » El Blog de Enrique Dans ¿que posibilidades tiene alguien, por el mero hecho de enviarme un correo electrónico, de [...]
01.02.2008 a las 06:35 Permalink
[...] fuente: E.Dans Tags: email, ley [...]
01.02.2008 a las 20:20 Permalink
[...] Etiquetas:cifrado, claúsula, confidencialidad, correo electrónico, disclaimer. A través de éste artículo del blog de Enrique Dans doy con otro de un abogado poniendo de vuelta y media los avisos de confidencialidad en los correos [...]
03.02.2008 a las 21:28 Permalink
[...] unos días, Enrique Dans comentaba en un post sobre el efecto Disclaimers en los correos electrónicos. Hoy Tench Crunch habla de otro [...]
11.02.2008 a las 22:51 Permalink
[...] son inútiles y jurídicamente cómicos según Javier Muñoz, abogado de iAbogado.com (vía Enrique Dans). Primero, “el remitente no puede establecer unilateralmente, y sin la conformidad del [...]
30.03.2008 a las 21:45 Permalink
[...] basta nuestro sentido comn, en iAbogado.com nos lo aclaran suficientemente (en un artculo al que Enrique Dans tambin hace referencia): “Estas severas advertencias, cargadas de legalismos, provocan hilaridad porque en su [...]
03.07.2008 a las 00:38 Permalink
[...] dice que no y así lo confirma Javier Muñoz en una entrada suya, a la que he llegado a través de otra de Enrique Dans, quien también comentó el asunto en su [...]