
Es curiosa la sensación que tiene uno cuando, de vez en cuando, visita la página de spam de su cuenta de Gmail (haz clic en la imagen para verla entera)… Una impresionante cantidad de basura, mensajes de nombres falsos y desconocidos que ofrecen la elongación de determinadas partes de tu anatomía, bancos que te piden que cambies la contraseña, pastillas de todos los colores, relojes de marcas lujosas… todo lo que se te pueda ocurrir en la galería de sinvergüenzas de la red. Y sin embargo, puedo decir que vivo virtualmente sin spam. Recibo, según cuento ahora mismo tras pasar la tabla a Excel y hacerme una Pivot Table, entre un mínimo de treinta y cinco y un máximo de ciento setenta y dos mensajes de spam por día, pero que en escasísimos casos llegan a aparecer ante mis ojos. Todos ellos vienen dirigidos a mi cuenta de correo principal, la que utilizo para firmar en todas partes, pero son detenidos por los filtros anti-spam de Gmail y enviados convenientemente a ese lugar que sólo miro de vez en cuando para comprobar de un vistazo si se ha equivocado – que no, no suele equivocarse nunca – o para ver por curiosidad lo que hay ahí.
El caso es que el único precio que tengo que pagar para no recibir spam vino al principio de mi utilización de Gmail. Pacientemente, me dediqué a utilizar el botón de Report Spam con los mensajes que se lo merecían, y el buen hacer de Gmail hizo el resto. Tras una breve temporada reportando spam, vinieron los frutos. Hoy, raro es el día en el que tengo que reportar algo, y no veo ni un gramo de spam, una experiencia de uso de e-mail completamente distinta a la que veo en muchos de mis amigos y conocidos.
Al hilo de esto, ayer viernes tomé una decisión: hasta ahora, tenía en mis cuentas principales un reenvío a Gmail que dejaba copia en el servidor, por si acaso necesitaba ir a esas cuentas o por seguridad. Eso provocaba que, periódicamente, mis cuentas principales del Instituto de Empresa se saturasen (a pesar de lo bien que me tratan los administradores de correo, que me dan un montón de espacio), y rebotaba los mensajes a sus remitentes. Pues bien, desde el viernes, mi regla de reenvío ya no deja copia en el servidor. A lo largo de muchos meses de uso, he comprobado que Gmail es tan seguro, que no necesito conservar los mensajes en otra cuenta. Se ha convertido en mi cuenta principal, aunque sigo enviando y recibiendo como ie.edu por una mera cuestión de representación.
Vivir sin spam… Cuando, al principio del lanzamiento de Gmail, lo califiqué como de nueva etapa en la forma de entender el e-mail, no pensé realmente que llegaría hasta ese punto. El vídeo de Monty Python que definió el uso de la palabra spam para el correo basura ya sólo es un chiste para mí.







25.02.2006 a las 19:18 Permalink
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