La noticia de que SpaceX «absorbe» xAI para crear, sobre el papel, la empresa no cotizada más valiosa del planeta no es interesante sólo por el delirio tecnológico que la acompaña, sino por lo que revela sobre el verdadero superpoder de Musk: la capacidad de rediseñar constantemente el perímetro de sus compañías para que, cuando una empieza a oler a problemas de financiación, otra le preste oxígeno… y, de paso, le transfiera prestigio, narrativa y múltiplos. Fast Company lo cuenta desde el ángulo más «sci-fi»: la idea de orbitalizar centros de datos para alimentarlos con energía solar y refrigerarlos «gratis» en el vacío, reduciendo costes y esquivando las limitaciones físicas (electricidad, agua, suelo, permisos) de ...