La revolución del packaging

IMAGE: Steven Depolo (CC BY)

¿Te has parado a pensar en la cantidad de basura que generamos todos los días? ¿Y qué cantidad de esa basura consiste simplemente en envases de diversos tipos de todo tipo de productos, en muchos casos de materiales como el plástico, el cartón plastificado o muchos otros que habitualmente tendemos a no reciclar? El norteamericano medio genera dos kilos de basura al día, y se calcula que en torno al 30% de ella proviene del packaging. Una buena parte de ella, la que no es habitualmente separada como papel, cartón, vidrio u orgánica, no cuenta con protocolos de reciclado, y termina en vertederos.

Históricamente, el packaging de la mayoría de los productos que consumimos ha sido diseñado para optimizar su logística, el apilado o el envasado en cajas, o simplemente para hacerlo atractivo, por razones estéticas o de diseño. En algunas industrias, como la cosmética o las bebidas refrescantes y el agua envasada, se habla de una auténtica “adicción al packaging” para conseguir que sus productos destaquen en los lineales. La gran distribución y el comercio electrónico son también responsables de un uso excesivo de plásticos en sus protocolos de embalaje, que terminan en muchos casos convertidos en residuos no reciclables.

Cada vez son más las marcas que están poniendo en marcha iniciativas para reducir en lo posible su uso de plásticos. Algunas reutilizan plástico procedente del océano, otras venden a través de canales que reducen el packaging al mínimo imprescindible, otras, como Amazon, trabajan con las marcas para que envasen sus productos de forma que combinen una mayor sostenibilidad con una optimización de la logística, mientras que otras rediseñan sus productos para presentarlos en envases más reciclables, como este dentífrico en pastillas.

Ahora, una acción coordinada que incluye a una gran cantidad de marcas de gran consumo como  Procter&Gamble, Nestle, PepsiCo, Unilever, etc. pretende poner en marcha una plataforma circular, Loop, que permitiría a los consumidores, inicialmente en los Estados Unidos y en Francia, recibir sus productos en casa en envases reutilizables, que iríamos depositando en una caja especialmente diseñada a medida que terminamos su contenido, para pedir entonces a un operador logístico que la recoja – o dejarla en un punto de recogida – y que esos envases sean redistribuidos a sus fabricantes, que se encargarían de limpiarlos y reutilizarlos hasta en unas cien ocasiones.

La idea tiene algunos elementos muy interesantes: en primer lugar, se beneficia de la posibilidad de utilizar sistemas logísticos basados en el retorno, que permitiría diseñar rutas capaces de optimizar la capacidad de los vehículos de reparto tanto en la ida como en la vuelta hacia el almacén. En segundo, animan a las marcas a rediseñar su packaging para hacerlo más atractivo o más funcional (como envases de helado que mantienen el producto frío más tiempo, por ejemplo), además de fomentar un modelo de suscripción en el que los usuarios vuelven a pedir los mismos productos que han utilizado anteriormente, lo que puede llegar a suponer una mejora en la fidelidad del consumidor.

El precio de los productos sería similar al de los envasados de manera convencional, al que se añadiría un extra en concepto de depósito por el primer envase, pero que es devuelto cuando se retorna, siguiendo el modelo tradicional que existe con muchos productos en algunos países.

Sin duda, es una iniciativa muy interesante. Lo siguiente es promover que los usuarios no solo quieran utilizar este tipo de fórmulas para llevar a cabo un consumo ecológicamente más responsable, sino que además, tiendan a favorecer con su elección a las marcas que participen en el esquema, para hacer que otras se unan a él. Una gran parte del éxito de este tipo de acciones está en la acogida por parte de los consumidores y en el hecho de que entiendan que sacrificar la conveniencia de poder tirar cómodamente a la basura todo lo que quieran por fórmulas indudablemente más incómodas, pero con una huella ecológica sensiblemente menor es, como tal, una buena idea. O, cada día más, la única idea viable.


This article was also published in English on Forbes, “Could we be on the verge of a packaging revolution that could help reduce plastic waste?


17 comentarios

  • #001
    Javier Cuchí - 27 enero 2019 - 12:39

    Este tema de la plataforma Loop no lo veo yo muy claro… Una de las razones de la compra por Internet -hay muchas, pero esta es una de las importantes- es que te sirvan a domicilio; si, recibido el pedido se tiene que ir a no sé dónde a depositar el envase o el embalaje, mal asunto: o no se comprará o no se reciclará. La opción de recogida a domicilio está mejor pero, claro, incrementará los costes. ¿Y cómo se hará? ¿Otro contenedor? ¿Cuántos contenedores acabaremos teniendo en los vestíbulos de nuestros vecindarios si todos se apuntan a las entregas/retornos mediante diversos elementos de estos?

    Yo creo que hay que ir más bien a investigar sobre materiales biológicos que puedan echarse a la basura normal y corriente o al contenedor de material orgánico. Lo demás, o será carísimo (y encarecerá, a su vez, los productos) o será inasumible.

    • Rodrigo - 28 enero 2019 - 14:25

      La solución es simple: máquinas en los centros comerciales, en las que además te pagan una cantidad pequeña por reciclar.

      Vamos, lo que ya hay en algunos lugares con el vidrio.

  • #003
    Gorki - 27 enero 2019 - 16:35

    Cunado era pequeño toda la basura de la casa iba parar a un basurero en el corral donde en primer lugar las gallinas iban a picotear todo resto de comida que quedara luego entrarian en funcionamiento las lombrices. Sin embargo lo que se tira eran restos orgánicos porque la mayoría de las cosas como vidrio, papel, latas,… o se reutilizaban en casa, o se guardaban par venderlo a los traperos.

    Cuando el basurero se vaciaba para tirarlo en las fincas como abono, tan solo era identificable, alguna suela o tacón de zapato, todo había desaparecido en la fermentación del abono.

    Pero eso era en el pueblo donde el valor del metro cuadrado no tiene importancia. Sin embargo, con el aumento de nivel de vida, el reciclado se hizo antieconómico, la leche y las bebidas que siempre se había comprado a granel, (en lecheras y en garrafas), o vendido en frascos reciclables empezó a venir en briks, y en botes de aluminio y comenzamos a producir más y mas basura inorgánica que tarda siglos en desaparecer.

    Actualmente acumulo en mi casa la basura normal y los envases, el papel, y el vidrio, el aceite quemado, las pilas, el material eléctrico y pequeños electrodomésticos, las bombillas y la ropa vieja. Mi terraza/tendedero, tiene un cierto aspecto de muladar, porque claro está, no vas a hacer un viaje al contenedor con los restos de cristal de un vaso que se te rompió y allí se van acumulando todos los restos.

    Por suerte vivo en una casa relativamente amplia, pero no quiero ni imaginar como se las apañan quienes viven en apartamentos con una cocina americana en una esquina del salón.

    Mi esperanza es que la IA y la robótica sirva precisamente para hacer una selección de las basuras reciclables ahí donde es razonable hacerlo, en los vertederos y no en las viviendas.

  • #004
    Juan Carlos El segundo - 27 enero 2019 - 16:52

    Cuando la caverna se vuelve ecológica es porque hay pasta detrás

  • #005
    Jose Miguel - 27 enero 2019 - 17:35

    O sea que han re-inventado los “cascos”.

    -¿Me pone 3 kilos de patatas?
    -¿Has traído los cascos?

    • Miguel Durán - 27 enero 2019 - 18:33

      Pues tras un año comprando sacos de 10 Kg y viendo como 1/6 o así acababa deteriorada, lo que hago es comprar patatas a granel, y cojo 3o 4 medianas, que las meto en la bolsa en que por la mañana ha ido el tuper y las dejo en una bandeja del carrito de cocina. La Hasta me las he llevado en mano. Y las pillo en la frutería del barrio. La bolsa delgada luego acaba en la papelera del WC tras dos o 3 servicios.
      Estamos tirando todas las botellitas de plástico y nos quedamos con los tercios o medio litro de cristal. No veas lo bien que funciona con las botellas oscuras de cerveza negra

  • #007
    Ramon - 27 enero 2019 - 19:23

    Una vez mas la solución es el civismo: “Comportamiento de la persona que cumple con sus deberes de ciudadano, respeta las leyes y contribuye así al funcionamiento correcto de la sociedad y al bienestar de los demás miembros de la comunidad”.
    Seguro que les viene a la cabeza actos del tema que nos ocupa que ponen los pelos de punta: Contenedor de basura orgánica ocupado por una enorme caja (vacía) de cartón, bolsa de la basura (orgánica, papel, vidrio, o envases) en el suelo (o encima de la tapa) al lado del contenedor medio vacío, latas de refresco por todos lados (menos en su contenedor de reciclaje), etc.
    Otros en cambio tiramos hasta el papel de aluminio que tapa el yogur a la bolsa de reciclar los envases y el “tubo” del papel higiénico al del papel, y no es porque nos hayamos leído el informe del que tanto habla nuestro amigo Dans (que visto el énfasis que pone al comentarlo deberíamos estas haciendo testamento) sino por lo mencionado en el primer párrafo “… funcionamiento correcto de la sociedad y el bienestar de los demás …, que repercutirá en el bienestar propio (si tiro un papel al suelo mejora mi bienestar pero si todos los hacen nos perjudicamos todos.
    Por eso si todos recicláramos (todos) los envases, el problema del que habla el articulo se solucionaría porque, se supone, todos los envases serian “reciclados” en la planta respectiva y no “sobraría nada”.

  • #008
    xaquin - 27 enero 2019 - 20:24

    Hay una frase que me encanta :”los productos han sido diseñados para…” Y me pregunto, cuando se diseñará pensando en los seres humanos y el ecosistema donde se tienen que desenvolver eses seres humanos (y los demás seres vivos)?

    Nunca entenderé como un ser humano, que sea realmente humano, puede concebir sistemas económico-vitales como el capitalismo. O cualquier otro sucedáneo paracapitalista que funcione en plan exprimidor del ecosistema terrestre, aunque lo llamen sovietismo o chinocomunismo.

  • #009
    NAUDOT - 28 enero 2019 - 11:27

    Es una modalidad de la devolución de cascos: desde los años quizá 50 hasta los 90 el reintegro de los envases de vidrio suponía un ahorro referente al envase que se devolvía. Con la llegada anunciada en tv de los envases no retornables se acabó esta práctica, que ofrecía un pequeño incentivo, una zanahoria. Ya comentaba Laurence J. Peter, autor del Principio de Peter en su libro lúcido y visionario El Plan de Peter (muy centrado en ecología y energías renovables) que el mejor sistema para promover el reciclaje es ofrecer pequeñas recompensas económicas (dinero efectivo o descuentos). Yo añado otra recompensa consistente en la autosatisfacción ética, que es la que nos procura la recogida selectiva de tapones, pues se aprovechan para causas solidarias. Creo que deberían existir iniciativas semejantes para otros envases abundantes y frecuentes: Latas, tetrabricks e incluso papel, corcho blanco y otros.

  • #010
    Pedro Torres Asdrubal - 28 enero 2019 - 11:53

    Aquí Ecoembes, una S.A. “sin animo de lucro”, solo recicla cuando no le cuesta dinero, pues la diferencia la tendrían que poner los socios, las propias empresas que generan los residuos y pagan por ley la tasa de “punto verde”, que verían aumentada.

    Parte de sus ingresos los ha dedicado a hacer lobby en contra de otros sistemas de reciclado.

    Ecoembes depende de que le hagamos el trabajo sucio seleccionando la basura, y por ello se opone a sistemas donde pierdan “el chollo”.

    Si viviera en Noruega, sería un apasionado del reciclaje, pues allí toda la sociedad perspira respeto por el medio ambiente, a todos los niveles.

    • Gorki - 28 enero 2019 - 12:34

      Si viviera en Noruega, sería un apasionado del reciclaje, pues allí toda la sociedad perspira respeto por el medio ambiente, a todos los niveles. …. y todo está subvencionado,… , con el dinero d que obtienen de vender petroleo contaminante a otros países.

  • #012
    Pepe - 28 enero 2019 - 12:32

    Pues si en lugar de poner una caja en cada casa, ponen un contenedor grande en cada supermercado, ya lo tienen resuelto para todos. Otra cosa es que a los del súper no les interese tener ese espacio “perdido”. Algún día tendrán que explicar las grandes superficies, que en ocasiones se manifiestan contra una bolsa de la compra de 7 gramos, por qué ellos mismos meten 50 gramos de jamón en una bandeja de poliestireno, la recubren con film transparente, y la rematan envolviendo un cartón laminado plastificado impreso a todo color. Y que el que lo compra piense que es más ecológico si se lo lleva en una bolsa de tela, junto a su rollo de bolsas de basura biocompostables (si van al contenedor amarillo no se van a compostar, y tampoco se pueden reciclar ¿?)

    Otra cosa es la hostelería, donde el repartidor que deja las cajas de cerveza o refrescos, por la misma vía retira las botellas vacías. Pero no estoy seguro que eso se haga con botellas de vino, cavas, licores,… parece claro que sale más rentable tirarlas al contenedor verde que reutilizarlas. De hecho todo el mundo tiende a ver positivo el hecho de depositar el vidrio en su contenedor correpondiente, que es mejor que tirarlo deliberadamente en el general, pero nadie se plantea la reutilización industrial de las botellas (no me refiero a la reutilización doméstica a baja escala para unos litros de vino de pueblo, licor café o unas hierbas).

    • Gorki - 28 enero 2019 - 13:55

      parece claro que sale más rentable tirarlas al contenedor verde que reutilizarlas
      Es mas rentable, pero sobre todo más seguro utilizar botellas recien fabricadas, ¿Quien me asegura que la botella no se ha utilizado para guardar matarratas antes de volverla a utilizar para guardar bebidas?

      • Pepe - 28 enero 2019 - 16:42

        Lo que me preguntaba, es por qué en hostelería se recuperan y se reutilizan las botellas de cerveza y refrescos, y no por ejemplo las de cava, licores o vinos. En cualquier caso, también es posible echar matarratas en una botella de cocacola, y no es el primero ni el segundo que rellena un botellín de Heineken con sus aguas menores, que se llevará el repartidor de vuelta a la fábrica. Mientras, botellas de vidrio grueso, con curiososos diseños y la marca comercial en relieve para whiskys, rones, ginebras, cavas y demás, van directas al contenedor. Será que el producto es tan premium que como se le va a presentar al cliente en una botella rallada y con signos de haber sido usada antes.

        • Gorki - 28 enero 2019 - 17:53

          Hosteleria devuelve los envases de bebidas de gran consumo porque es la propia fábrica la que pasa con frecuencia a entregarles cajas de botellas y se vuelven a llevar en el mismo viaje las cajas y las botellas vacías.

          Las bebidas de menor consumo, como el Whisky o el ron, se vende por unidades, digamos como mucho un par de cajas de cartón, y no las venda la el fabricante, sino almacenistas de hostelería Por tanto el retorno es mucho mas complicado y caro lo mas probable es que en vista de ello, el fabricante no tenga ni siquiera una cadena de lavado de botellas, como suelen tener las grandes marcas cerveceras.,
          No ocurre así con las cervezas extranjeras y artesanales, que también se reparten mediante almacenistas , por lo que estas o se venden en botes o no se recupera el casco.
          Todo es cuestión de volúmenes, el trabajo en gargrandes cantidades abarata procesos productivos.
          Por otra parte se mucho menos probable que se utilice una botella para guardar otro líquido en un bar que en una vivienda particular.

        • Javier Cuchí - 29 enero 2019 - 09:18

          En todas las plantas embotelladoras, en todas, las botellas pasan por un lavado con sosa cáustica antes de ser llenadas.

  • #017
    Jaír Amores - 28 enero 2019 - 21:58

    Buenas! Aquí Jaír, de EfectiVida.

    ¡Vaya saltos de contenido! De Facebook, a coche eléctrico, a packaging, y tiro porque me toca. En realidad le veo el punto de conexión: contaminación. Contaminación por información, medioambiental, o por plástico. Contaminación al fin y al cabo.

    Hace tiempo escuchaba una entrevista en la que se hablaba sobre el corrupto mundo del agua embotellada. Entre otras joyas, me llamó la atención que el agua que uno compra, no vale tanto, ni mucho menos. Lo que se paga es, sobre todo, el envase de plástico. ¡Qué curioso!

    En casa, desde hace tiempo usamos un equipo de ósmosis. Es relativamente barato (unos 90€), y fácil de instalar por uno mismo. Por cierto, hay que decir que en muchas zonas de Gran Canaria, no se puede beber del agua del grifo. Bueno… poder puedes, pero se te pueden caer los dientes en cuestión de días. La alternativa de los equipos de ósmosis es, además, rentable a largo plazo. Por no decir del ahorro de esfuerzo subiendo a casa las garrafitas de 5l y su posterior almacenaje…

    Para controlar la calidad del agua, compré por ebay un par de medidores. Uno de PH, y otro de residuos sólidos. Me hice una tablita de excel, y me puse un recordatorio en el calendario para revisar los niveles cada 3 meses, además de los correspondientes cambios de filtros. El agua es de bastante más calidad que la que uno puede comprar en el supermercado. El equipo se renta en un año apx.

    Es un ejemplo simple.

    Justo la semana pasada hablaba también en mi blog sobre cómo ahorrar papel, orientado sobre todo a la impresión de papel en casas y oficinas.

    En fin, el tema es que, aunque sea a nivel individual o familiar, hay que buscar contaminar menos, en lo posible.

    Un saludo desde Las Palmas!

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